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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2009

Un liberal de nuestro tiempo

Jordi Torrent Bestit
Rebelin


Por qu debera uno decir la verdad si puede serle beneficioso decir una mentira?

L. Wittgenstein (1)

Lejos, muy lejos, quedan los tiempos en los que interesarse por los argumentos de quienes formulaban y defendan ideas liberales poda deparar algn provecho cultural o poltico, as como conocimiento de primera mano acerca de uno de los imaginarios sustantivos sobre los cuales se asentaban y se iran asentando contradictoriamente- tanto los combates revolucionarios por la libertad como el desarrollo del capitalismo. Por otra parte, leer a Adam Smith, a Ferguson, a Constant, a Tocqueville o a Stuart Mill, por sealar unos pocos nombres de la tradicin liberal clsica, ofreca y sigue ofreciendo en la medida que se trata justamente de autores clsicos- la posibilidad de acercarse a un pensamiento cuyo despliegue, con independencia de los acuerdos o desacuerdos importantes que pudiera suscitar en los lectores, no precisaba ultrajar, por via de falsearlas, las ideas del adversario con el fin de mejor apuntalar las propias. Sin duda eran otros tiempos, en efecto.

En los nuestros, la prctica del todo vale se ha extendido de forma compulsiva, realidad a la cual no sea acaso ajeno el agotamiento creativo del que viene dando muestras, y desde hace aos, la imaginacin liberal. Sobresalen en la prctica del todo vale no pocos autores autctonos sobre los cuales bien pudiera decirse que, tras disipar su juventud como Fausto, se han reconvertido (Mefistteles, Reagan y Thatcher ayudando en los inicios) al liberalismo ms asilvestrado, acaso tambin al socaire de la clebre divisa heineniana: besa la mano que no puedas cortar. Helos ah, pues -omnipresentes-, transmutados en fiel calco de la clase de personas que tanto decan menospreciar en sus aos de juvenil mariposeo ideolgico. Infatigables en la permanente laudatio del poder, suelen administrar con mano prdiga cuanto intuyen que puede complacerlo, sin escatimar procedimientos cuya mala ndole hubiera repugnado por completo a los pensadores del liberalismo clsico, por lo comn gente intelectualmente seria y responsable.

Se entender, por tanto, que resulte poco agradable no digamos divertido- tener que ocuparse de tales autores. Otro motivo, a decir verdad, invita suplementariamente a desnimo en tal sentido. No pudiendo ser llamados en propiedad epgonos de lo mejor, por as decir, que ha dado de s la tradicin liberal, los escuderos de ese liberalismo sui generis han acabado por serlo finalmente de algunos encumbrados filsofos y economistas liberales contemporneos en cuya obra asimismo epigonal- son ms advertibles los flancos antinmicos del liberalismo doctrinal clsico, justamente los flancos que con menor dificultad pueden desembocar y han desembocado de hecho- en explcita reaccin poltica. Nos referimos a Hayek, Friedman, Mises, Popper, Berlin et minoresque alii (2), nombres todos ellos objeto de culto en los templos el de la FAES, por ejemplo- mayormente frecuentados por los epgonos autctonos de tales epgonos. Sin embargo, cuando la escalada del todo vale incurre en tropelas de una magnitud tan enorme como la que motiva las presentes lneas, no queda ms remedio que salir de nuevo a su encuentro. Y es una lstima que tan penoso cometido deba hacerse en trminos mesurados y razonables, desatendiendo as, al menos por una vez, la sabia recomendacin de Guy Debord: contestar al necio segn su necedad para que no se crea sensato.

Porque de necedad, en efecto, cabe calificar una de las ltimas muestras de deshonestidad intelectual perpetradas por Miquel Porta Perales (Miguel cuando escribe para ABC). Es relativamente conocida la actitud genuflexiva de este ensayista, periodista, ingeniero tcnico-qumico y filsofo (en algn instante debe finalizar la enumeracin) ante lo que l mismo denomina, en su ltimo ensayo, inapelable triunfo del capitalismo (3). Tiene escritos varios libros y artculos de intervencin poltica (alguno de ellos presentado en pblico por la presidenta de la Comunidad de Madrid), que configuran un conjunto poco dado a la sutileza, como corresponde a alguien convencido de que argumentar ideas y refutar supuestos errores consiste en administrar adjetivos de grueso calibre, meliorativos o peyorativos segn convenga a los intereses del prncipe. Siempre fiel servidor de ste, firm, junto a lo ms granado de la intelectualidad aznarita, un inenarrable manifiesto de apoyo incondicional a la participacin de las tropas espaolas en la Guerra de Irak. Para qu proseguir enumerando ms detalles curriculares, resulta aburridsimo

Ensayista que se define a s mismo como conservador, pero no reaccionario (tratndose de quien se trata, precisin vana donde las haya), Porta Perales suele superar -y ya es decir- a sus colegas en el ejercicio, siempre resentido, del todo vale . En algunas ocasiones utiliza argumentos ad hominem baados en un sarcasmo de nfimo gusto (4); en otras, recurre sin precaucin alguna a la distorsin de las ideas del adversario. Vale decir que en todas, no obstante, se advierte la punta de auto-complacencia con la que cualquier profesional de la teodicea suele ganarse la vida tratando de hacernos creer que, contrariamente a cuanto afirma un puado de pueriles aguafiestas pertenecientes a la izquierda no entregada, nunca habamos disfrutado de tanta dicha como en el presente. Prueba irrefutable de ello: nuestro derecho a ejercer el sufragio cada cuatro aos, junto al de poder adorar libremente, durante todos los que nos queden de existencia, a Mammon, personificacin biblca del poder y de la riqueza.

Cierto que hasta la fecha Porta Perales se limitaba a faltar a la verdad atenindose a los mtodos ms o menos convencionales existentes en tan vasto y concurrido mbito. Sin embargo, en una colaboracin en ABC (Dios en el autobs, 16-01-09), efecta una innovacin tcnica en el arte de la manipulacin realmente sorprendente: apropiarse del nombre de un filsofo de la tradicin emancipatoria con el fin de hacerlo figurar entre quienes valoran positivamente la tica universal que se desprende de la religin catlica.(sic) En qu libro, artculo, conferencia, entrevista o seminario universitario de Cornelius Castoriadis de l se trata- ha podido leer o escuchar Porta Perales una palabra, una sola, que valide semejante vecindaje del pensador greco-francs con la religin catlica?. En parte alguna, desde luego. El estupor que despierta una manipulacin tan grotesca tan slo es equiparable al que sin duda habra de producirnos dar con un redivivo Joseph de Maistre empeado en hacernos creer que Saint-Just fue acrrimo defensor del trono y del altar.

A lo largo de su dilatada obra filosfico-poltica, Castoriadis manifiesta repetidamente que las religiones, en particular las del Libro, deben ser contempladas como pieza clave de la sociedad heternoma, es decir, de la servidumbre poltica y social. En la medida que atribuyen y proporcionan a las instituciones un origen exterior a la propia sociedad, las religiones constituyen un factor determinante de alienacin y, como tal, un enorme obstculo para el proyecto de autonoma, tanto individual como colectiva.

All cada cual con sus filias y fobias, faltara ms. Sin embargo, debiera exigirse en quien las exhibe pblicamente -y encuentra adems, como Porta Perales, su gana-pan en ello- respeto hacia la verdad, as como que renuncie a falsear de forma impdica cuanto tienen dicho y escrito autores situados en orillas polticas y ticas radicalmente alejadas de la propia. Que a veces resulta preferible pasar a la posterioridad ms por lo que se ha dejado de escribir que por lo que efectivamente se ha escrito, es cosa conocida desde los tiempos de La Bruyre. Concluyamos diciendo que si Porta Perales no amerita pasar a ella por lo primero, dista mucho de ser cierto que lo consiga por lo segundo. Salvo que alguien, claro est, decida en el futuro incluir eventualmente su nombre en una historia general de la mentira.

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NOTAS

1.- ste era el tema de las primeras reflexiones filosficas de Ludwig Wittgenstein de que tenemos constancia, seala R. Monk, bigrafo del autor del Tractatus Logico-Philosophicus. La sita ms o menos a la edad de 8 o 9 aos. R. Monk: Ludwig Wittgenstein, Anagrama, Barcelona, 1994. Traduccin de Damin Alou. Pg. 21.

2.- La incidencia que la guerra fra tuvo sobre el pensamiento y la obra de todos estos intelectuales liberales es innegable. Tambin la tuvo en su praxis personal ms cotidiana. Sobre este ltimo extremo acaso no sea ocioso recordar el siguiente episodio. En 1963 Isaiah Berlin, a la sazn miembro del consejo acadmico de la Universidad de Sussex (G.B.), impidi que prospera la candidatura de Isaac Deutscher, bigrafo marxista de Trotski, para acceder a la ctedra de estudios polticos de aqulla. M. Ignatieff: Isaiah Berlin. Su vida. Taurus, Madrid, 1999. Traduccin de Eva Rodrguez Halffter. Pg. 317.

3.- Extraigo las dos frases entrecomilladas, as como los datos referidos a las actividades de Porta Perales, de la resea que Ada Cruz ha escrito a propsito del ltimo libro del ensayista, La tentacin liberal: Entregarse a la tentacin liberal, Suplemento Culturas, n 356, La Vanguardia, edicin 15-IV-09.

4.- Entre otros varios textos aducibles, resulta particularmente ilustrativo el artculo titulado Una figura sobrevalorada, publicado en Lateral, 19-29. La figura en cuestin era la de Manuel Sacristn. Tomo la informacin de la Nota previa que figura en Aforismos. Una antologa de textos de Manuel Sacristn Luzn, editada, presentada y anotada por Salvador Lpez Arnal. Prlogo de Jorge Riechmann.

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