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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2009

El periodista colombofrancs relata cmo su presencia provoc la orden estadounidense de desviar un avin
El da en que a Air France se le prohibi sobrevolar Estados Unidos

Hernando Calvo Ospina
Rebelin


El vuelo de Air France, numero 438, proveniente de Paris, deba aterrizar en ciudad de Mxico hacia las 18h de este sbado 18 de abril. Faltaran unas cinco horas para llegar a su destino, cuando la voz del capitn anuncia que las autoridades estadounidenses desautorizaban el paso de la nave sobre ese pas.

El motivo: entre los pasajeros que colmbamos el avin viajaba una persona que no era bienvenida por motivos de seguridad nacional.

Pocos minutos despus, la misma voz seala a los sorprendidos viajeros que nos debamos dirigir a Fort de France, Martinica, porque el giro que tendra que tomar el avin para llegar a su destino era muy largo y el carburante no alcanzara.

La escala en ese territorio francs del Caribe, sera slo para reabastecer de combustible a la nave.

El cansancio era uno de los temas entre nosotros. Pero el central era, en voz baja, quin podra ser el pasajero terrorista, pues si los gringos dicen eso es porque debe de ser terrorista.

Revisando a los que estbamos en esa ltima seccin del avin, dos pasajeros confirmaron que ah no podra estar porque ninguno tiene cara de musulmn.

De nuevo en el aire, y preparndonos para otras cuatro horas de viaje, lleg hasta m quien se identific como el copiloto. Como tratando de ser discreto me pregunt si yo era el seor Calvo Ospina.

Le dije que s.

El capitn quiere dormir, por eso vine yo.

Y me invit a que lo acompaara hasta la parte trasera del avin.

Y es ah cuando me dice que soy el responsable del desvi de la nave. Qued atnito.

Mi primera reaccin fue preguntarle: usted cree que soy terrorista?

Me dijo que no, que por eso me estaba avisando. Y tambin me aseguro que lo extrao es que era la primera vez que esto le pasaba a un avin de AF.

Ya poco antes de llegar a Martinica, una de las azafatas me haba asegurado que en once aos de trabajo nunca le haba ocurrido algo parecido.

El copiloto, por ltimo, en esa breve conversacin me pidi de no decirle a nadie, incluido al resto de tripulacin. Le asegur que no tena la mnima intencin de hacerlo.

Volv a mi asiento. Y quizs por nervios o realidad, empec a notar que la tripulacin pasaba ms deseguido, reparndome con curiosidad.

Al aterrizar, y sin aun haber llegado al edificio del aeropuerto, una voz femenina peda que el seor Calvo Ospina se presentara a un miembro de la tripulacin apenas el avin se detuviera.

As lo hice. El joven tom el telfono interno y llam a alguien. Al colgar me dijo que no, que ya no me necesitaban, que poda bajar. Me dijo que sabia de mi problema y que me deseaba suerte.

En un instante, en dos pedazos de papel que arranqu de un peridico, escrib el telfono de mi casa y los entregu a dos personas con quienes haba charlado en el avin, dicindoles que yo era el del problema. Me aseguraron que llamaran (no lo hicieron o no entendieron mis nmeros)

Pocos metros despus de salir del avin, justo a la entrada del edificio, nos esperaban varios agentes de civil pidiendo documentos. Yo ya empezaba a sentir que la garganta se me secaba debido a los nervios. Present mi pasaporte, y me dejaron pasar.

Mientras haca fila para pasar migracin me di cuenta que varios hombres buscaban a alguien. Ellos estaban situados atrs de un ventanal, de vidrios transparentes, que estaba a pocos pasos de los agentes de migracin, aunque a buena altura para divisar.

La fila fue lentsima. Iba, sin alternativa, para donde yo presenta que me esperaba lo peor. Pero qu poda hacer ante ello? El escndalo de un hombre sealado como presunto terrorista por Estados Unidos no tendra mucha oportunidad de levantar la mnima solidaridad. Deba seguir: Nada deba, y sigo sin deber, ante mi conciencia.

Entonces not que los tres o cuatro hombres que estaban atrs de ese ventanal me haban identificado. Observaban la pantalla de un computador y me miraban. Yo me hacia el indiferente.

Quien me pareci el jefe (y lo era), baj para decir a los agentes de migracin algo sobre m. Por ms que l disimulaba era imposible que no me diera cuenta, en especial cuando saba que yo era el culpable. Y los de migracin, uno a uno, levantaban los ojos para encontrarse con los mos, pues ya no quera esconder que sabia que era yo a quien esperaban.

Lleg mi turno. Salud amablemente al hombre, y de la misma manera me respondi. Mir al computador, escribi algo y me dijo que esperara un momento que necesitaba una precisin de mi pasaporte. Me pidi que lo siguiera. As hice. Y me hizo entrar a una sala que estaba a un lado de aquella del vidrio. Un agente en uniforme estaba sentado escribiendo algo a su entrada. Apenas deposit mis dos maletines de mano, le dije que quera ir al bao. Me indic donde estaba. Pas por dos grandes salones semi-oscuros, notando que en cada uno haban dos personas durmiendo en el piso en colchonetas. El bao estaba sin luz. Orin sin importar si lo hacia por fuera de la taza: no vea nada.

Volv y me sent en una de las sillas. Busqu un libro mostrando tranquilidad, pero la garganta segua seca. Pocos minutos despus lleg el mismo hombre que ms haba visto buscndome desde el ventanal. Me pidi que lo siguiera en tono muy amable. Y entramos a la sala del ventanal.

El se hizo atrs del escritorio, y me pido sentarme en una de las dos sillas. Me sent y ah me di cuenta que otro hombre estaba atrs de mi, a mi izquierda y de pie. Una joven revisaba una computadora y documentos, alejada de lo nuestro.

Lo primero que me dijo el hombre es que no deba de estar preocupado, que solo queran tener algunas precisiones. Porque cinco puntos de informacin, bases de datos, haban lanzado algunas informaciones sobre m, y me lo mostr. Que necesitaban simplemente hacer un resumen. En ese paquete que me mostr podan haber unas doscientas hojas, amontonadas en unos cinco grupos grapados.

Me calm, se me olvid la sequedad de la garganta. Y les dije: pregunten lo que quieran, no tengo nada que esconder.

Me repiti que eran cosas simples, y breves, que despus podra irme. Conociendo a la polica, tuve mis dudas.

Le pregunt que si en esa cantidad de hojas deca que yo era culpable de algo. El hombre que estaba de pie habl para responder que en verdad yo estaba ah por pedido de las autoridades estadounidenses. Que yo deba de saber que despus del 11 de septiembre (2002), los estadounidenses les haban aumentado el trabajo de colaboracin.

En ese momento les pregunt: entonces soy yo el culpable del desvo del avin?

Me dijeron que no, que ellos tenan entendido que ese desvo haba sido una simple escala tcnica.

Les dije que ellos saban que no era as. Que el capitn del avin nos haba dicho a todos los pasajeros que era por un pasajero.

Se sonrieron, se miraron y volvieron a las preguntas

Preguntaron mi nombre, fecha de nacimiento, lugar de residencia, etc. Nada de trascendental, o que no estuviera en mis documentos.

El oficial sentado me repeta que en pocos minutos podra irme sin problema

Las preguntas ms destacadas fueron las que hizo el hombre que estaba de pie:

- Es catlico?, le respond que no, pero que tampoco era musulmn, sabiendo lo determinantemente peligrosa en que se ha convertido esta creencia religiosa para ciertas policas.

- Sabe usar armas? Le respond que la nica vez que tuve una en mis manos estaba muy joven, y haba sido una escopeta de caza que me tumb al dispararla. Que ni siquiera haba ido al servicio militar. Les precis que mi nica arma era escribir, en especial para denunciar al gobierno estadounidense al que yo consideraba terrorista.

Se miraron, y el hombre que estaba sentado dijo algo que yo ya saba: esa arma a veces es peor que los fusiles y las bombas.

Me preguntaron el por qu iba a Nicaragua (al da siguiente) y expliqu que deba realizar un reportaje para Le Monde Diplomatique.

Me preguntaron por mi direccin personal, as como los telfonos de casa y celular, los que d sin la mnima duda.

Me preguntaron si tena hijos. Respond que una jovencita y un nio. Y el hombre que estaba de pie, que se haba sentado a mi lado, me dijo con mucha calma, como todas sus frases: qu bien que haya logrado la parejita. Eso es muy lindo Y me pareci hasta honesto.

Eso fue bsicamente el interrogatorio, que casi fue una charla. Las anotaciones del hombre sentado no llenaron una hoja. Las del otro oficial no llenaron una pagina de su libreta. Me pareci que este ltimo trabajaba para una seccin de inteligencia ms especializada.

En ningn momento existi, de parte de esos dos oficiales, la mnima palabra agresiva o amenazante. Fueron muy amables y correctos.

Finalmente me devolvieron los documentos de identidad que haban fotocopiado. Y nos despedimos estrechando las manos.

Eran casi las dos de la madrugada del domingo 19 de abril del 2009.

A las 10h30 no tuve problema para abordar el avin a Managua.

Pero hoy sigo pensando que ello fue un sueo con algo de pesadilla. Sigo sin creer que fui el culpable del desvo de un avin 747 de Air France por el temor de las autoridades estadounidenses.

Cunto cost eso? Slo AF puede saberlo, pues adems deba pagar hotel y comida de por lo menos la mitad de pasajeros que tenan correspondencia.

Fui testigo del cansancio de los pasajeros, en especial de los nios, y algunos de ellos empezaron a vomitar. Adems del temor de los mayores al saber que entre ellos haba un terrorista.

Tambin fui testigo de la tranquilidad del personal de la cabina ante m (despus supe que todos lo saban). No me pareci que me hicieran culpable de un delito.

Hasta dnde va a llegar la paranoia de las autoridades estadounidenses? Y por qu Air France y las autoridades francesas siguen guardando silencio hasta hoy?

Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano, radicado en Francia



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