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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2009

El Decrecimiento ser socialista o no ser

Enric Momp
Rebelin


Las teoras del decrecimiento econmico, defendidas en su da por Nicols Georgescu-Roegen, estn a la orden del da entre la izquierda anticapitalista europea. Sus defensores resaltan la urgencia de detener el tren desbocado de la economa capitalista, que amenaza con llevar al planeta entero a la catstrofe, para sustituirla por un nuevo modelo social y econmico, que sustituya el consumismo y el productivismo atroz, por el ocio, la vida social y el desarrollo de las cualidades humanas. Algunos critican al marxismo por haber asumido el modelo desarrollista del capitalismo, aceptando uno de los principales mitos de ste: el crecimiento como panacea de todos los males.

Sus crticos aluden a los estrechos lmites en los que se mueve. Su desarrollo terico al margen de las relaciones y la lucha de clases, lleva a sustituir el proyecto revolucionario por un llamamiento a adoptar en el seno del capitalismo formas individualizadas de resistencia, basadas en el consumo racional y la vuelta a la agricultura local y ecolgica, sin plantear un modelo social y econmico alternativo coherente. Los objetivos se alcanzaran mediante un cambio de mentalidad de la mayora, pero en ningn momento se habla de cmo conseguirlo, especialmente en un mundo en el que el gran capital dispone del poder y de inmensos recursos para

manipular a la sociedad. En la problemtica norte-sur, la mayora de los decrecentistas defiende la bandera del etnocentrismo frente al imperialismo cultural del capitalismo occidental. La idealizacin de las culturas locales no sera otra cosa que el reverso exacto del occidentalcentrismo hoy imperante. Se sustituye la apologa del imperialismo cultural, por la exaltacin de las culturas autctonas, como si en stas no existiera la explotacin del hombre por el hombre y no existieran opresores y oprimidos. Est claro que no todo es tan sencillo.

Las teoras del decrecimiento tienen importantes limitaciones y graves contradicciones que hay que cuestionar, pero tambin debemos rescatar sus virtudes.

Sus ms y sus menos

La primera y quizs la ms importante es la denuncia de que el capitalismo y su mscara el crecimiento econmico indefinido) constituyen una amenaza mortal para el planeta y la humanidad. La necesidad de reproduccin infinita del capital se estrella con la tozuda realidad, vivimos en un planeta con enormes recursos, pero limitados. El desarrollismo (en todo el mundo) y el consumismo desenfrenados (en las metrpolis imperialistas y entre las clases dirigentes de los pases coloniales y semicoloniales) llevan a la agudizacin de la depredacin de los ecosistemas y al agotamiento de los recursos. En 2004 la huella ecolgica de la humanidad era de 1,25 (los planetas como el nuestro necesarios para mantener la produccin y el consumo actuales). Pero la huella ecolgica de un norteamericano y un afgano no son comparables. Tampoco el consumo de las clases sociales es el mismo. El consumo de la burguesa no es el mismo que el de las clases trabajadoras Para sobrevivir, el capitalismo hipoteca nuestras vidas y tambin las de las generaciones venideras. Pan para hoy, hambre para maana Agota los recursos minerales, expolia la biodiversidad sin darle tiempo para recuperarse, contamina el planeta y lo llena de deshechos. El antropochovinismo es la coartada para tranquilizar los temores y la conciencia: cuando se presente el problema, la ciencia y la tcnica al servicio del ingenio humano encontrarn la solucin. La fe ciega en la ciencia y la tcnica no es pensamiento cientfico, sino supersticin.

Otra de las ideas clave del decrecimiento, es la crtica al desarrollismo que durante muchos aos hizo suyo el movimiento socialista. No hablamos del ala izquierda del capitalismo que, como la actual socialdemocracia pretende transformarlo para hacerlo ms tragable, sino de los que pretenden sustituirlo. Esto les ha llevado a hacer una crtica injustificada de Marx y Engels. Es cierto que a lo largo de la historia la mayora de las corrientes del movimiento socialista abrazaron el modelo desarrollista. El capitalismo era un enorme salto cualitativo de las fuerzas productivas, con respecto al feudalismo y los modos de produccin anteriores. La humanidad, por primera vez en su historia, tena la posibilidad de liberarse de la escasez y la penuria, y de la extrema dependencia de la naturaleza, que le acompaaban desde la noche de los tiempos. Marx y Engels lo comprendieron perfectamente, pero esto no significa que no denunciaran los aspectos negativos (el empobrecimiento de la tierra, la contaminacin). No profundizaron en la cuestin porque en aquella poca no constitua una amenaza seria para la supervivencia del planeta. El desarrollo de las fuerzas productivas permitira la emancipacin de la esclavitud del trabajo (de sus aspectos ms penosos y alienantes) y la naturaleza (no como su dueo y seor, sino como su gestor, que aprovecha el conocimiento de sus leyes en su propio beneficio, sin destruirla, ni perjudicarla). No se les puede atribuir los errores que cometieron sus seguidores.

Hay que encuadrar cada situacin en su momento histrico, sino corremos el riesgo de no entender nada. La mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y la mayora de la sociedad estaba asociada a la superacin del capitalismo, que permitira un nuevo desarrollo de las fuerzas productivas. Esto hizo que muchos socialistas abrazaran el modelo desarrollista, como una especie de cornucopia moderna que llevara a la humanidad a la sociedad de la abundancia sin fin y les impidi comprender los aspectos destructivos que se acumulaban con el capitalismo. Socialismo era ms de todo para todos. La era de las conquistas cientficas y tecnolgicas prendi en la mayor parte del movimiento socialista, que hizo suyo la nocin capitalista del progreso y la exaltacin de la inteligencia humana como fundamento del nuevo pensamiento mgico. Pero tambin hubo corrientes minoritarias que se plantearon la cuestin. Todo esto est ampliamente desarrollado por John Bellamy Foster en su libro La ecologa de Marx[1]y no es necesario que nos extendamos ms.

La revolucin bolchevique tuvo como tarea prioritaria crecer, porque el primer paso para su supervivencia era escapar de la miseria generalizada, que el feudalismo zarista primero, la I Guerra mundial y la guerra civil despus, haban provocado. El socialismo no poda ser la socializacin de la miseria. Lo que corresponda en aquel momento era el desarrollo planificado, democrtico y participativo. Lamentablemente la revolucin no escoge los escenarios en los que se desarrolla. Ideas tan admirables como la democracia obrera y el control y la participacin de los trabajadores en las fbricas y el destino del pas, casaban mal con la realidad de una Rusia feudal y analfabeta. La que tena que ser la primera dictadura del proletariado (es decir, del 90% de la sociedad) se transform en una siniestra y sanguinaria dictadura sobre el proletariado. La carrera entre la URSS y el capitalismo, para demostrar qu modelo era ms eficaz en el crecimiento fue una aberracin del estalinismo, para justificar la razn de ser de la casta burocrtica que usurpaba el nombre del socialismo. En esa carrera el capitalismo demostr ser ms eficaz, hasta el punto de convertir la vorgine productivista en un peligro para todos.

El socialismo no compite con el capitalismo para ver quien crece ms. Abre la va a una realidad cualitativamente distinta: la de la planificacin solidaria, democrtica y participativa de la produccin, la de la economa al servicio del ser humano (y no al revs). La libertad y la felicidad consisten en la satisfaccin de las necesidades reales de las personas y en la potenciacin de sus cualidades, y no pueden basarse en un modo de produccin que inventa cada da nuevas necesidades para que la gente produzca y consuma ms y ms, en una carrera demencial hacia la nada, que slo beneficia al capital.

Algunas de las posiciones ms extremas de los tericos del decrecimiento corren el peligro de caer en el antiindustrialismo. El capitalismo pretende justificarse con el mito del crecimiento ilimitado como la senda hacia el paraso de la abundancia infinita, y con el de que, gracias a la ciencia y la tcnica, siempre se encontrar una solucin a los problemas. Cuando hay malas noticias (cambio climtico, agotamiento de los recursos) a veces existe la tentacin de querer matar al mensajero. Industria, crecimiento y desarrollo, ciencia y tcnica, son conceptos vacos si no los situamos en un momento y en manos de una clase social concreta. Los instrumentos no son buenos, ni malos, todo depende de lo que pretendamos conseguir. La ciencia y la tcnica al servicio del capital pueden destruir el mundo, pero tambin pueden ayudarnos a preservarlo y a regenerarlo, si el objetivo es el beneficio de la humanidad y su entorno. Si crecer implica expoliar la naturaleza, con el objetivo de obtener ganancias inmediatas, sin que importen las consecuencias, es negativo; pero si crecer implica aprender las leyes de la naturaleza en nuestro beneficio, conscientes y responsables de que hay que preservarla para las generaciones venideras, no hay nada que decir.

El crecimiento de las fuerzas productivas que supuso el capitalismo fue positivo en su momento, porque permiti a una parte de la humanidad mejorar su calidad de vida. El objetivo del socialismo y los movimientos antiimperialistas fue que estas mejoras pudieran llegar a todos y no slo a una minora. El contexto ahora es ms complicado. Los primeros intentos de llevar a cabo el socialismo fracasaron, y el capitalismo en plena senilidad ha pasado de ser un factor positivo a convertirse justo en lo contrario.

Capitalismo o socialismo?

El crecimiento capitalista no es la panacea de los males de la humanidad, sino una de sus causas. Pero Cmo superar el capitalismo? Una cuestin en la que existe una gran confusin y que el fracaso histrico en la construccin del socialismo no ayuda a aclarar. Los partidarios del decrecimiento han lanzado esbozos interesantes sobre algunas cuestiones, pero se escabullen a la hora de plantear un modelo de sociedad.

Capitalismo o socialismo?, Defendemos la posibilidad de reformar el capitalismo o asumimos que la sociedad que defendemos est en abierta ruptura con l? A lo largo de ciento cincuenta aos los partidarios de reformar el capitalismo han acabado convirtindose en sus ms firmes defensores. Puede existir un capitalismo que no sea la dictadura del capital? No, incluso en las democracias ms avanzadas las leyes del mercado, es decir, las necesidades de reproduccin infinita del capital, son las que imperan, las que derriban y ponen gobiernos, las que hunden y levantan pases y las que condenan a millones de personas a la miseria. El emperador Obama fue puesto en el trono por obra y gracia del espritu del capital, y es l y slo l, el que decidir si contina o tiene que ser destronado. El capitalismo que existe (algunos se empean en llamarle neoliberalismo) es el nico capitalismo posible, porque es el que obedece ms fielmente las necesidades del capital.

Entonces porqu aadir ms confusin?, no puede existir una sociedad del ocio, vida social y altruismo en su seno, ni tampoco un consumo responsable (salvo como una opcin individual o claramente minoritaria, muy loable pero totalmente insuficiente). No puede existir un capitalismo verde, o ecolgico que sea consecuente y no una mscara para vender ms. No, por la sencilla razn de que esas cuestiones estn en abierta contradiccin con sus leyes. El consumo responsable, la lucha eficaz por el medio ambiente, el fomento de la fraternidad slo sern posibles, en una sociedad en la que no imperen las leyes del capital, el socialismo (a todos nosotros nos toca darle contenido).

Veamos dos ejemplos. Recientemente el profesor Carlos Taibo[2], al que admiro por muchos de sus trabajos, defenda entre otras cosas, la idea de reducir el horario laboral recortando los salarios, para crear ms puestos de trabajo (asegurndose de que el dinero ir a parar a los trabajadores y no a los empresarios). Quin le pone el cascabel al gato?, la democracia?, la constitucin? La idea que hay que defender es justamente la contraria!, hay que recortar las horas de trabajo, pero sin reduccin de los salarios (salvo para una minora, el poder adquisitivo de los salarios no permite grandes alegras). El salario de los que se reincorporen a los nuevos puestos debe venir de las ganancias empresariales. No es nuestra funcin hacer de consejeros del capital. La escala mvil de horas de trabajo y de salarios, tan olvidadas hoy da, tenan la virtud de desarrollar la conciencia de los explotados. Pedirle a los trabajadores que acepten voluntariamente la reduccin de sus ya reducidos salarios, con la idea de que el dinero no da la felicidad ralla el absurdo. Ellos le contestaran: La crisis? Qu la paguen los ricos!

Tambin no hace mucho, en una entrevista en El Pas a Serge Latouche[3] , le preguntaron si sus teoras no eran algo utpicas. El terico se descolg diciendo. Es una revolucin y toda revolucin implica un cambio de mentalidad, para despus hablar de la revolucin de mayo de 1968 que no fue violenta (por si alguien se asustaba ante el trmino), cuando la gente sali a la calle a pedir otro modelo de vida. No fue un cambio tan espectacular como la revolucin francesa, pero s trajo transformaciones. El planeta necesita que cambiemos de estilo de vida. Los lmites de mayo del 68 marcaron su fracaso y la vuelta de De Gaulle al poder. Las transformaciones a las que alude fueron un simple maquillaje para el capitalismo francs siguiera intacto. Un cambio de la conciencia de la mayora es necesario, pero no es suficiente, sino se encarna. Una revolucin es el parto de una nueva sociedad, no una operacin de ciruga esttica. Violencia? Depende. Eso s, no la deseamos. En cualquier caso, la encarnacin de esa conciencia no puede ser obstaculizada por una minora que se resista a perder sus privilegios. Mientras tanto hay que tener claro que, con los mecanismos de la democracia burguesa se pueden ganar batallas pero no la guerra. No despreciamos las batallas, pero no tenemos que perder de vista que el objetivo de cada batalla, es ganar la guerra.

(Publicacin EN DEFENSA DEL MARXISMO)

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[1]JOHN BELLAMY FOSTER. La ecologa de Marx. Materialismo y naturaleza. Ed. El Viejo Topo.Espaa 2004.

[2] CARLOS TAIBO. Rebelin. En Defensa del decrecimiento.23.03.09

[3] SERGE LATOUCHE. El Pas, 30.03.09



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