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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-04-2009

El orden que comienza

William Ospina
El Espectador


La V Cumbre de las Amricas en Trinidad empez llena de gestos de Estados Unidos hacia Cuba y ms bien ausente de gestos hacia Colombia.

Esto suena a paradoja, porque suele pensarse que Cuba es el principal adversario de los Estados Unidos en el continente, y que Colombia por el contrario es el principal socio de ese pas en un vecindario hostil.

Pero todo eso est revelando ser una lectura del pasado. Estamos entrando en una nueva era, marcada por nuevos paradigmas, y el viejo debate ideolgico, bajo el cual se han enmascarado las eternas injusticias colombianas, est quedando atrs.

Los poderes en Colombia llevan noventa aos luchando contra el comunismo, pero en realidad bajo ese pretexto se han perseguido y eliminado muchas fuerzas que buscaban la transformacin y la modernizacin de la sociedad. Se persigui el pensamiento liberal en los aos 30 y 40 del siglo XX; se acab con el gaitanismo y se precipit en los aos 50 una guerra salvaje contra el campesinado; se cerr la democracia con el Frente Nacional en los aos 60; se persigui al movimiento estudiantil, al sindicalismo obrero, y al Frente Unido de Camilo Torres, hasta arrojarlos en brazos de las guerrillas doctrinarias o de los apstoles del resentimiento; se ahogaron en los aos 70 las aspiraciones de la clase media y se abandonaron millares de destinos a las malas artes de la delincuencia y del narcotrfico; se difam y extermin a todo un partido poltico de oposicin, que pudo haber propiciado la reinsercin de las guerrillas a la vida civil, y se favoreci as un nuevo auge del movimiento guerrillero que pareca eclipsado por las mafias de narcotraficantes; desde los aos 80 se emprendi, con el viejo pretexto de combatir a las guerrillas y a la subversin, una nueva guerra, ms brutal, contra el campesinado, que arrebat millones de hectreas y arroj a las ciudades a millones de desplazados, cambiando y estrechando el mapa de la propiedad territorial; y, lo peor, se permiti que ciertos sectores antes respetables de la dirigencia agraria, empresarial y poltica, se volvieran patrocinadores de un vasto proceso criminal que dej atrs en sevicia los secuestros, los asaltos, las emboscadas y dems crmenes despreciables de la guerrilla.

Tantos horrores persiguiendo un comunismo que en todas partes ha sido superado por la dinmica de la historia, y cuya aplicacin en pases como Cuba, por ejemplo, se nos antoja hoy mucho menos terrible que las monstruosidades del anticomunismo colombiano. Para salvarnos del supuesto horror, nos precipitaron en un horror real, ms continuo y ms espantoso.

Ahora Cuba ingresa en el orden internacional con hartas tareas atrasadas en trminos de libertades individuales, de acceso a la informacin y de iniciativas econmicas, pero con unos modelos de educacin, de salud y de solidaridad social que slo discuten quienes nunca los intentaron en sus propios pases, y con una moralidad pblica que es nica en el continente. Colombia, en cambio, no parece estar en la lista de los pases protagonistas del nuevo momento histrico.

La verdad es que lvaro Uribe no ha sido en Amrica Latina el principal aliado de Estados Unidos sino slo el principal aliado de George Bush, y hoy nadie en ese pas quiere recordar a tan repugnante personaje. Uribe y sus brillantes consejeros escogieron el peor lado en la geopoltica de los ltimos diez aos, y eso tiene su precio.

Tal vez hasta los Estados Unidos saben que los avances en seguridad que Colombia ha logrado en estos aos desafortunadamente no son sostenibles, porque no parten de un esfuerzo por corregir los tremendos desequilibrios sociales, injusticias salvajes como el robo de tierras y el desplazamiento forzado, ni las eternas carencias en educacin e ingreso productivo que padeci siempre esta sociedad, tan recursiva pero tan maltratada, sino que se deben a una onerosa poltica basada en crecientes e insostenibles gastos militares.

Un sector importante de la sociedad colombiana se ha sentido protegido en este tiempo, pero no puede ignorar que la verdadera seguridad no se hace apenas con fusiles, con crceles o con oscuros partes de victoria, sino mediante la construccin de una sociedad ms justa y mucho ms transparente.

Un nuevo orden internacional est comenzando y casi todo nuestro continente forma parte de l. El actual modelo colombiano, incluido el actual proceso de socavamiento de las instituciones, forma parte del viejo orden, del crispado y a menudo brutal orden de la Guerra Fra y de la histeria anticomunista. Pero ahora el comunismo no es una posibilidad, ni siquiera en Cuba.

Colombia se demora en sus guerras medievales, que fueron siempre la mscara de oscuras y crueles injusticias, como un smbolo de cunto nos ha costado ingresar en la modernidad, por la torpeza y el egosmo de nuestra dirigencia. Por eso no es de extraar que a nuestros gobiernos les pasen estas cosas: que sus adorados socios no quieran sentarse con ellos a la mesa, que los supuestos aliados les dediquen ms atencin a sus viejos adversarios, que nunca tuvieron servilismo pero siempre tuvieron carcter.



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