Portada :: Amrica Latina y Caribe :: V Cumbre de las Amercas. Puerto Espaa 16-19 abril 2009
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-04-2009

Puerto Rico
El lamentable espectculo de Trinidad y Tobago

Noel Coln Martnez
Claridad



A la lucha por la independencia de Puerto Rico, y ahora me refiero al conjunto de los esfuerzos que se realizan desde Puerto Rico por todas las organizaciones, dirigidos al logro de la liberacin nacional, se le ha hecho difcil, histricamente, obtener el apoyo del conjunto de naciones latinoamericanas para la accin concertada que impulse ese objetivo tan lgico y natural. El Libertador, con muy buenas intenciones, fue bloqueado en la segunda dcada del siglo 19, desde adentro y desde afuera, para impedir que se liberara a Puerto Rico. Unas repblicas que recin obtenan su independencia carecan de la fuerza poltica y militar para impedir que se cumplieran los designios expansionistas de Estados Unidos.

Luego se produjo la guerra de 1898 y entonces Estados Unidos se convirti en el rbitro final de todas las decisiones hemisfricas y se desarroll un panamericanismo hecho a la medida de las intenciones coloniales y neocoloniales de ese pas. Puerto Rico fue sembrado entonces en el anonimato total y su situacin colonial fue ignorada por todo el continente. Voces heroicas se levantaban y eran ahogadas inmediatamente. Con la Organizacin de Naciones Unidas no nos ha ido mucho mejor salvo por las resoluciones del Comit de Descolonizacin que ha cumplido su funcin de aprobar resoluciones que la Asamblea General ha desconocido por ms de 35 aos. Todava queda como una mancha la farsa que constituy el proceso de aprobacin de la Resolucin 748 (VIII) dndole legitimidad al Estado Libre Asociado como frmula de asociacin poltica.

En 1948 se celebr en Bogot la Novena Conferencia Hemisfrica que dej estructurada la Organizacin de Estados Americanos dirigida a amarrar un apoyo hemisfrico a las polticas de Estados Unidos durante la Guerra Fra. Una explosin popular conocida como El Bogotazo dio seales del rechazo popular a las polticas imperialistas de Estados Unidos. Entonces se organiz la prxima Conferencia para celebrarse en Caracas el 1 de marzo de 1954. Ese mismo da y por esa misma razn un comando armado del Partido Nacionalista de Puerto Rico realiz un ataque contra el Congreso de Estados Unidos para llamar la atencin del mundo sobre el carcter colonial de las relaciones que an perduraban en nuestro pas. Venezuela, en vez de alzar su voz en apoyo a Puerto Rico, procedi a detener al Doctor Clemente Pereda y a Juan Noriega Maldonado, residentes permanentes de aquel pas y defensores de nuestra independencia nacional y a ahogar cualquier manifestacin de protesta. De igual manera acta ahora Trinidad y Tobago al deportar a nuestro Tito Kayak y en menor grado a intimidar a toda la delegacin que habra de asistir a la Cumbre de los Pueblos.

A pesar de aquel gigantesco esfuerzo del nacionalismo en 1954, que don Pedro Albizu Campos caracteriz expresando donde ha llegado la repulsa puertorriquea a su intensidad ms trgica, en Venezuela, Estados Unidos logr lo que se propona y slo se levant all una voz en defensa del derecho de Puerto Rico, la del Canciller guatemalteco Torriello. Esa intervencin solidaria de Guatemala, entre otros proyectos revolucionarios, provoc que tres meses despus la CIA derrocara al presidente Jacobo Arbenz, que era la voz que entonces defenda los verdaderos intereses de la regin. Resulta innecesario sealar que la OEA ha sido cmplice del proyecto estadounidense para mantener a Puerto Rico como zona aislada, ignorada, carente de derechos colectivos y sujeto solamente al derecho domstico de Estados Unidos.

Todo lo anterior nos obliga a desembocar en Trinidad y Tobago y su ya histrica Quinta Cumbre de las Amricas. El trato que nos ofreci el anfitrin con la deportacin de parte de la delegacin patritica puertorriquea, no puede hablar ms elocuentemente de la indiferencia de esa isla por nuestra lucha por la descolonizacin. Excepto por la expresin firme, autntica y valiente de Daniel Ortega y su reclamo de que sa no poda considerarse una Cumbre de las Amricas porque all no estaban Cuba y Puerto Rico, el silencio de todas las otras delegaciones me hicieron pensar que no ha cambiado mucho el mundo de la solidaridad. Pienso que sa era una oportunidad brillante para que el Presidente de la Repblica Bolivariana de Venezuela reclamara la consigna de su mentor y su agenda inconclusa de integracin de la familia latinoamericana.

Hablemos claro: Los luchadores por la independencia de Puerto Rico somos muy solidarios con las causas ms justas que se desarrollan en el mundo y, sobre todo, defendemos esta revolucin democrtica en la que estn enfrascados los hermanos latinoamericanos y los caribeos de la misma manera y con la misma pasin que hemos defendido la Revolucin Cubana contra tanto detractor peligroso y poderoso. La defensa de la Revolucin Cubana ha costado tantas vidas jvenes en Puerto Rico como la propia defensa de nuestra independencia nacional. Hacemos las defensas en pblico y en privado y asumimos las consecuencias. Por eso resulta tan lamentable que el Presidente de Nicaragua haya constituido una voz solitaria aunque llena de legitimidad y representatividad al hacer el sencillo reclamo de que se tomara nota que la omisin de Cuba y Puerto Rico anulaba la pretensin de que el cnclave pudiera llamarse Cumbre de las Amricas.

Hablemos claro: A los independentistas puertorriqueos nos sorprende que los dirigentes de pases que en los encuentros ministeriales o de jefes de estado de la Organizacin de Pases no Alineados suscriben apoyos al derecho de Puerto Rico a su libre determinacin e independencia se inhiban de algn tipo de mencin en una Cumbre donde est el Presidente de la nacin responsable del colonialismo en Puerto Rico. Esos dirigentes estn dispuestos a hacer lo mismo en el Comit de Descolonizacin pero entonces, muchos de ellos, se niegan a que el caso se eleve a la consideracin de la Asamblea General. Esa duplicidad no se corresponde con los principios de la solidaridad internacional.

Resulta inaceptable que en estos cnclaves se establezcan prioridades que hagan inefectiva la defensa de principios cardinales que se dicen defender. Lo dems puede resultar en un ejercicio de negociacin de cosas negociables y de intereses puramente nacionales. Por lo que puedan estar pensando algunos sobre los niveles actuales de nuestra lucha deseo aclarar que, a mi juicio, la defensa del derecho de los puertorriqueos a su libre determinacin e independencia no tiene absolutamente nada que ver con el hecho de que Luis Fortuo, un anexionista, ganara las ltimas elecciones en Puerto Rico. Combatir la esclavitud y la servidumbre no es un problema de aritmtica sino de principios. La realidad es que ste es un pas intervenido al que jams se le ha permitido el ejercicio de su libre determinacin y eso lo acepta todo el mundo en Puerto Rico y adems es lo que condena el derecho internacional vigente.

En la medida en que los cnclaves internacionales ignoren esta realidad estarn coadyuvando al debilitamiento de un rgimen de relaciones internacionales justo y civilizado. Creo que lo ocurrido en Trinidad y Tobago ha sido una lamentable repeticin de la manera que Amrica Latina trata el caso de Puerto Rico, aunque siempre se levante una solitaria voz admonitoria sobre la responsabilidad de defender los principios. Es bueno que no se haya aprobado con el voto de muchos amigos nuestros un documento retrico que nada viene a componer. Es lamentable que muchos amigos nuestros no hayan aprovechado esta coyuntura para afirmar valores de vida democrtica que ellos tanto aprecian en sus pases y a los cuales nosotros aspiramos en Puerto Rico.



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