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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2009

La postura del presidente de EEUU ante la tortura
Obama y la caja de los truenos

Roberto Montoya
El Mundo


Est convencido Barack Obama de querer abrir la caja de los truenos sobre el uso de la tortura bajo la Administracin Bush? Hasta qu punto est dispuesto a tirar del lado ascendente de la cuerda? Esa cuerda es en realidad muy corta y conduce directamente a quienes disearon y ordenaron llevar a cabo la 'guerra contra el terror' entre septiembre de 2001 e inicios de 2009.

Entre esos personajes estn nada menos que Donald Rumsfeld, entonces jefe mximo del Pentgono; John Ashcroft, fiscal general del Estado; Alberto Gonzales, primero en su carcter de consejero clave del Departamento de Justicia y despus como sucesor de Ashcroft; los jefes de la CIA, primero George Tenet y luego Michael Hayden; Condoleezza Rice, primero consejera de Seguridad Nacional y posteriormente secretaria de Estado, y el influyente vicepresidente Dick Cheney.

Esa lista no estara completa, indudablemente, si no figurara en ella su gran estrella, el 43 inquilino de la Casa Blanca, el mismsimo George W. Bush.

Se refera por casualidad a ellos Obama cuando, forzado por la izquierda demcrata y organizaciones defensoras de los derechos civiles y de los derechos humanos, dijo das atrs de que no se descartaba la persecucin de los responsables de haber legitimado la tortura?

No pareciera querer llegar tan lejos: nunca un presidente estadounidense ha hecho algo semejante con su predecesor. Sus asesores, presionados a su vez por el ala derecha demcrata, por la mayora del Partido Republicano, por el Pentgono y por las poderosas agencias de Inteligencia, le estn advirtiendo de las incontrolables consecuencias que una accin de ese tipo podra suponer para su flamante Presidencia.

A pesar de eso, en el entorno ms cercano de Obama hay quienes creen que ste lograra consolidar su imagen de presidente de nuevo tipo y ganar ms autoridad ante el mundo entero, y especialmente ante los pases musulmanes, si demostrara con hechos concretos que los aberrantes crmenes cometidos bajo el paraguas de la 'guerra contra el terror' durante ocho aos no quedan impunes.

Para ello se pretendera buscar unos chivos expiatorios, limitando la accin judicial contra un nmero muy limitado de funcionarios, contra aquellos cuyas firmas aparecen al pie de los principales memorandos secretos elaborados entre 2002 y 2005, en los que proporcionaron el andamiaje legal y las argumentaciones para justificar lo que nunca tendra que haberse justificado: el uso de la tortura sistemtica con los prisioneros (bajo el eufemismo de "interrogatorios coercitivos" o "mtodos extremos").

Ese mismo equipo de abogados del Departamento de Justicia, del Pentgono y de los servicios de Inteligencia, es el que, desde poco despus del 11-S, propuso tambin rocambolescos mecanismos legales para poder 'blindar' ante los tribunales federales y cortes internacionales, tanto al torturador 'de base' de la CIA o de la Inteligencia militar, como hasta al propio comandante en jefe de las fuerzas armadas, a George W.Bush, oficializando la total impunidad de sus delitos.

Ese equipo, que se autodenominaba "Comit de Guerra", estaba compuesto fundamentalmente por David Addington, ex consejero de Dick Cheney; el subsecretario de Defensa, Douglas Feith; Jay S. Bybee y John Yoo, asistentes del fiscal del Estado; Steven G. Bradbury, jefe de la Asesora Legal del Departamento de Justicia, y William J. Haynes II, consejero general del Departamento de Defensa.

Varios de estos asesores aparecen tambin en la lista de aquellos a quienes el juez Baltasar Garzn pretende perseguir por su responsabilidad en ese campo de concentracin del siglo XXI que ha sido Guantnamo desde enero de 2002, accin con la que desacuerda la Fiscala de la Audiencia Nacional.

Sin embargo, la posibilidad de limitar la accin judicial a ese "Comit de Guerra" sera muy difcil, en la medida que el propio informe de ms de 200 pginas que dio a conocer el mircoles una comisin del Senado, as como las investigaciones internas que realiz el Ejrcito a causa del escndalo de Abu Ghraib de 2004, no dejan dudas de que los responsables ltimos eran quienes dirigan la Casa Blanca, el Pentgono, el Departamento de Justicia y la CIA.

Queda por ver cmo se las arregla ahora Obama para salir de esas aguas pantanosas en las que se ha metido, sin que quede demasiado en evidencia de que recula y deja todo como est, con la impunidad asegurada.


Roberto Montoya es jefe de seccin de Internacional del diario EL MUNDO, analista de poltica internacional y autor, entre otras obras, de los ensayos 'El imperio global' y 'La impunidad imperial'.

 

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/23/internacional/1240494775.html




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