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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-04-2009

Crisis econmica global
Hasta cundo?, hasta dnde?

Osvaldo Martnez
Granma


A partir del verano del 2008 la crisis econmica capitalista ha avanzado con rapidez desde una crisis sectorial de valores inmobiliarios en Estados Unidos, que devino poco despus crisis financiera en ese pas, para extenderse de inmediato a todo el mercado financiero globalizado y por ltimo, revelarse como la crisis econmica global que hoy envuelve a la economa real y hace sentir sus efectos a escala mundial.

En ese turbulento perodo inferior a un ao fueron derrumbndose varias falacias que haban adquirido valor de supuesta ciencia en los largos aos de esplendor del Consenso de Washington, la desregulacin y el estado considerado el villano de la economa siempre que interviniera en ella. No pocos neoliberales doctrinarios de ayer, son hoy crticos de la desregulacin y se han pasado a las filas de los keynesianos, partidarios de la regulacin estatal. La retrica del mercado "libre" ha sido sustituida por la retrica del mercado regulado, pero poco o nada se ha regulado.

La crisis es ya la ms profunda desde la ocurrida en los aos treinta y probablemente pueda hablarse ya de una depresin en curso, que sera la etapa ms cruda de ella y estara caracterizada no solo por el desplome de valores financieros, sino por la paralizacin del crdito, la cada del comercio mundial, el descenso de la produccin industrial, la merma en las ventas y el aumento alarmante del desempleo, que en Estados Unidos est devorando ms de 600 000 puestos de trabajo cada mes. Y se dibuja en el horizonte la tendencia que podra marcar su mxima intensidad: la deflacin.

Hasta ahora, la crisis ha alcanzado una intensidad tal que arras las versiones tranquilizadoras emitidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuando aseguraba que ella sera breve y de escasa intensidad. Descenso del 6,3% en el PIB de Estados Unidos, del 4% en Europa, y del 10% en Japn en el primer trimestre del 2009, disminucin del comercio mundial, acelerado aumento del desempleo que alcanza 8,5% en Estados Unidos y hasta 15% en Espaa, cada en la produccin industrial que tiene como smbolo la postracin de General Motors, Ford, Chrysler, son algunos de los indicadores que ilustran su gravedad y su carcter global.

Dos preguntas centrales se plantean gobiernos, empresarios, sindicatos y personas de cualquier pas ante ese proceso que va abarcando y golpeando a todos: cunto durar la crisis? Y hasta dnde llegar su intensidad?

La primera pregunta ha recibido variadas respuestas, algunas de valor nulo por su evidente intencin de tranquilizar, en un remedo de la orquesta del Titanic lanzando alegres notas mientras bajaban los escasos botes de salvamento. Un ejemplo es la opinin de Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, al decir que la crisis se resolver en el 2009 y el ao prximo todo volver a marchar igual.

El FMI, esa calamidad global que el G-20 pretende erigir en baluarte y salvadora de la economa mundial, ha hecho piruetas con sus pronsticos. A principios del 2008 deca que no habra crisis y que la economa mundial, actuando como casino de juego global, continuara con buena salud. En noviembre del 2008, con la crisis ya en curso, pronostic un crecimiento mundial del 2,2% en el 2009. En enero del 2009 lo redujo al 0,5% y en marzo admiti que sera negativo, en un alarde de consistencia y exactitud.

La realidad es que el FMI, el Banco Mundial, y la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (OCDE) ni fueron capaces de pronosticar la crisis que era ya inminente y evidente, ni saben ahora cunto podr durar y hasta dnde podr llegar su intensidad.

No lo pueden saber por tres razones esenciales: no entienden la etiologa de la crisis y al no tener la comprensin de sus causas profundas es imposible aplicar la terapia adecuada, pero adems esta crisis no es otra igual a las anteriores, sino mucho ms compleja, y por ltimo, la desregulacin neoliberal cre un monstruo especulativo tan gigantesco en su tamao como experto en ocultarse, que hoy nadie es capaz de cuantificar con exactitud el monto de valores "txicos" que circulan por los entresijos del mercado financiero globalizado.

LOS PLANES DE RESCATE

Los diversos planes de rescate norteamericanos, europeos y japoneses, puestos en prctica unos tras otros durante el ltimo medio ao han movilizado cifras en apariencia enormes (no menos de 8 billones de dlares), pero sus resultados han sido nulos como freno para la crisis y en cambio, han revelado al desnudo la inmensa hipocresa de negar cifras nfimas para la ayuda al desarrollo como la solicitud de la FAO por 30 000 millones de dlares para resolver los problemas de la agricultura en el Tercer Mundo y destinar sumas enormes para salvar la estructura financiera que se ha desplomado.

Esos planes de rescate en apariencia formidables, pero inefectivos hasta el momento, lo son debido a su insuficiencia cuantitativa y aun ms por su vicio de origen dado por el compromiso con los oligarcas financieros quebrados, ms que con los desempleados, los amenazados de desalojo de sus hogares, la gente comn que sufre la crisis.

El keynesianismo, al cual ahora todos se adhieren de palabra, tiene una frmula para situaciones como esta: aumentar el gasto pblico en actividades que generan o conservan empleos, para suplir la cada del sector privado y as estimular la demanda solvente para sacar a la economa del colapso. Pero, el grueso del gasto pblico destinado a los planes de rescate no ha ido a estos fines, sino a salvar a las instituciones y los personajes que protagonizaron la debacle especulativa.

Las cifras comprometidas en los planes de rescate son pequeas en relacin con el tamao gigantesco que alcanz la masa de productos financieros movindose por el mercado financiero globalizado. Segn algunos autores esa masa alcanza los 600 billones y otros la estiman en hasta 1 000 billones y la pregunta sin respuesta es cunto de esas fabulosas cifras representan valores "txicos", carentes de respaldo real, incobrables. Y la capacidad de los gobiernos de Estados Unidos, Europa y Japn para continuar expandiendo el gasto en nuevos planes de rescate ni es infinita, ni es inofensiva para esos pases.

Los planes de rescate planteados antes de la Cumbre del G-20 en Londres se caracterizaron por inyectar liquidez a los bancos e instituciones financieras golpeadas por la crisis, para restablecer el crdito, pero en la prctica, aquellos lo que hicieron fue utilizar el dinero pblico para mejorar sus estados financieros, para repartir escandalosas regalas a ejecutivos en pago por su fracaso o en comprar y absorber otros bancos en situacin ms precaria aun, pero el crdito no se restableci.

En Europa se ha aplicado alguna nacionalizacin parcial de bancos en crisis, pero en Estados Unidos ni George W. Bush ni tampoco Barack Obama aceptaron siquiera alguna forma de nacionalizacin parcial, alegando Obama que tal accin era rechazada por la cultura poltica estadounidense. El resultado hasta ahora ha sido la entrega sin control a la oligarqua financiera privada de grandes montos de dinero, sin lograr que el crdito fluya de nuevo.

Ese compromiso esencial con los intereses oligrquicos se refleja en el ms reciente plan de rescate de Obama. En l se asume que los activos "txicos" o incobrables reflejados en los estados financieros, valen mucho ms de lo que el mercado est dispuesto a pagar por ellos ahora, y que si pudieran alcanzar su verdadero valor, los bancos no tendran problemas y todo volvera a la normalidad de precrisis. Entonces, el plan es utilizar el gasto pblico para empujar al alza el precio de los activos incobrables hasta que alcancen su "verdadero valor". En poca de Bush el gobierno deba comprar directamente los activos. En poca de Obama el procedimiento se hace ms complejo, aunque igualmente encaminado a favorecer a los especuladores fracasados, mediante la accin del gobierno prestando dinero a inversionistas privados para que a su vez compren dichos activos y de ese modo, utilizar el dictamen infalible del mercado para hacer justicia al valor de los activos depreciados.

Pero, este aparente recurso a la experiencia del mercado no es ms que un subterfugio para hacer que los afortunados inversionistas no solo reciban el prstamo, sino que siempre ganen, pues el plan establece que si el valor de los activos aumenta, aquellos se benefician, pero si no lo hacen, el gobierno asume la prdida, por lo que no se trata de otra cosa ms que subsidiar la compra de activos incobrables, asegurndole a los voraces tiburones financieros una ganancia financiada con el dinero de los contribuyentes.

Muchos millones de personas afectadas por la crisis econmica en cualquier lugar del planeta, se preguntan de dnde sale el dinero para nutrir estos planes de rescate y si ellos pueden continuar aumentando en una danza de billones y billones de dlares en tanto crecen el desempleo, la pobreza, el hambre.

Estados Unidos, el pas donde deton la crisis y el de mayor responsabilidad en los desequilibrios y las polticas que contribuyeron a desatarla, se vale de tres vas para lanzar dinero en los planes de rescate. Una de ellas es la impresin de mayor cantidad de dlares, aprovechando el privilegio de que su moneda nacional sea tambin moneda de reserva internacional. Es lanzar papeles a la circulacin para atender el corto plazo, sin pensar mucho en los efectos que a mediano y largo plazos esto tendr.

Desde marzo del 2006 la Reserva Federal de Estados Unidos no publica la cifra de dlares que circulan en forma de billetes, monedas y depsitos a la vista, lo cual pretende esconder el crecimiento acelerado de la masa de dlares en circulacin. Segn informaciones del Fondo Monetario Internacional, solo en los tres ltimos meses del 2008 la Reserva Federal orden imprimir 600 000 millones de dlares nuevos. Esto no es un elstico que se pueda alargar sin lmites. La emisin alegre de dlares mientras la economa norteamericana cae, los planes de rescate que comprometen sumas que en buena parte no retornarn al Tesoro, el crecimiento desmesurado del dficit presupuestal que se estima alcanzar 1,7 billones de dlares en el 2008-2009 (12,3% del PIB), minan la escasa confianza todava existente respecto al dlar. No es necesario ser experto en finanzas para comprender que emitir billetes sin respaldo en crecimiento productivo, conduce a la depreciacin de cualquier moneda.

La Reserva Federal de Estados Unidos no crea ms valor imprimiendo billetes sin respaldo como fortaleza efectiva de su economa, sino que reduce el valor real de ellos, de la misma forma en que no es posible multiplicar los panes sin pasar por la panadera.

Otra va para echar dinero en planes de rescate es el mayor endeudamiento externo de Estados Unidos mediante la colocacin de bonos y otros ttulos de deuda, que a la postre debilitan y hacen ms dependiente a esa economa.

Una tercera va es el cobro de impuestos a los ciudadanos norteamericanos o la renuncia a gastos pblicos que significan ingresos para la poblacin como la salud, la educacin y las pensiones.

Los planes de rescate no han sido efectivos en su objetivo principal de frenar la crisis y tampoco son inocuos para el capitalismo en crisis, adems del desgaste de credibilidad que implica el anuncio solemne de sucesivos planes salvadores que fracasan uno tras otro.

MISIN IMPOSIBLE: EL FMI COMO SALVADOR DE LA CRISIS

La Cumbre del G-20 en Londres agreg otra pieza de conviccin para entender cmo la desorientacin gua las decisiones de los principales gobiernos que proclaman enfrentar la crisis y aseguran poder vencerla. De esa Cumbre sobresalen dos resultados: la resurreccin del FMI y el planteo de una nueva retrica "regulacionista" que contrasta con la anterior retrica del "libre mercado" y convierte en keynesianos reales o aparentes incluso a los ayer neoliberales. Hasta ahora esa nueva retrica no ha aportado ninguna regulacin coherente ms all del proteccionismo comercial y financiero expresado en comprar slo a empresas nacionales y darles crdito solo a ellas.

El papel central concedido al Fondo Monetario Internacional es el intento de revivir un cadver y no cualquier cadver, sino al peor de ellos. Es insensato triplicar los recursos manejados por el FMI y convertir a esta desprestigiada institucin en centro ejecutor de un supuesto plan concertado entre los grandes de la globalizacin, para sacar a la economa mundial de la crisis.

Esa institucin es el smbolo mayor de la poltica de ajuste neoliberal, de la ortodoxia monetarista ms estrecha y de la rigidez doctrinal ante el desarrollo de los pases pobres y el manejo de crisis econmicas.

En Amrica Latina su nombre se asocia a la "dcada perdida" de los aos ochenta, a la crisis de la deuda externa y la imposicin del ajuste neoliberal para sacrificar el desarrollo al pago de la deuda y establecer el neoliberalismo como triste lastre en casi toda la regin.

En los aos de la crisis asitica (1997-1998) el FMI desempe un destacado papel en agravarla al eliminar las restricciones a los movimientos de capitales especulativos, colocar errneamente a la inflacin como el problema a resolver, recortar el gasto pblico necesario para compensar la cada y entregar miles de millones de dlares no al rescate de las economas en crisis, sino a tapar las prdidas de empresas financieras de pases desarrollados.

Nada ha cambiado en esencia en el FMI, bien conocido por sus gruesos errores de poltica y su reaccionaria ideologa. Los acuerdos con el FMI siguen teniendo como base la contraccin del gasto pblico, el aumento de la tasa de inters y la reduccin salarial; recetas todas venenosas en un contexto de crisis global.

Hasta la absurda decisin revitalizadora del G-20, el FMI se encontraba agonizando, bajo la influencia de una triple crisis: institucional, de financiamiento y de pensamiento.

La crisis institucional era evidente en la renuncia el pasado ao del espaol Rodrigo Rato como director gerente, en una accin entendida como el abandono de un barco que se hunde.

La crisis de financiamiento era grave y se basaba en que varios pases hastiados de la condicionalidad y rigidez del FMI decidieron liquidar sus deudas con esa institucin y no aceptar nuevos prstamos de ella. Venezuela, Argentina, Brasil, Tailandia, Indonesia lo hicieron, y otros pases prefirieron no contraer nuevas deudas con el Fondo.

Esto provoc una crisis financiera a la institucin, pues sus ingresos dependen del cobro del servicio de sus prstamos y debe sostener una abultada nmina de miles de bien pagados empleados, comenzando por su director gerente que gana medio milln de dlares libres de impuestos al ao.

La crisis de pensamiento es la crisis del neoliberalismo, que en el FMI adquiere la forma extrema de ortodoxia monetarista.

Es a esta institucin fallida, absolutamente antidemocrtica, donde Estados Unidos tiene poder de veto en las decisiones, donde dos terceras partes de los puestos del Directorio permanecen invariables en manos de norteamericanos y europeos, a la que el G-20 asigna el papel central en el plan para dejar atrs la crisis econmica global.

Alguna prensa y algunos pocos economistas exaltados han presentado a la reunin del G-20 en Londres como un "nuevo Bretton Woods", pero hay grandes distancias entre aquella reunin que en julio de 1944 intent disear con cierta seriedad el funcionamiento de la economa mundial de posguerra y la apresurada e insustancial reunin en Londres.

En Bretton Woods, an en plena guerra mundial, se reunieron 44 pases, que no eran pocos, teniendo en cuenta que la cantidad de pases soberanos era entonces muy inferior porque no haba ocurrido la descolonizacin de las dcadas siguientes. All los representantes de gobiernos sesionaron durante 21 das de complejos debates que llevaron al surgimiento de nuevas instituciones multilaterales y reglas para el funcionamiento del mundo de posguerra.

En Londres se reunieron 20 pases que pretenden tomar decisiones cerradas sobre asuntos que afectan a los 192 gobiernos representados en la Asamblea General de Naciones Unidas, y apenas sesionaron unas pocas horas sin otro resultado que darle respiracin artificial a una anquilosada institucin como el FMI.

Mientras tanto, la crisis contina su curso destructor. A fines de marzo Obama crey encontrar "ligeros signos de mejora" al disminuir levemente los pedidos de subsidio por desempleo, pero los datos dados a conocer en la primera semana de abril sobre la disminucin de las ventas minoristas en la economa de Estados Unidos, altamente dependiente del consumo, borraron la pequea luz de esperanza y trajeron de nuevo la dura realidad de una crisis que no revela hasta cundo podr durar y hasta dnde alcanzar su intensidad.

Comienza a perfilarse en la realidad econmica de Estados Unidos una peligrosa combinacin de factores que podran marcar una fase ms aguda an: es la combinacin de la paralizacin del crdito, y la disminucin de la demanda solvente que puede abrir paso a la deflacin, esto es, al descenso generalizado de todos los precios en una espiral depresiva que en la crisis de los aos treinta signific la mayor intensidad y crudeza de ella.

En ese pas se est acumulando una gran masa de dinero por va de la emisin y el crecimiento de un enorme dficit fiscal, en tanto que el crdito contina paralizado. Los bancos no dan crdito y ciertas empresas todava no en quiebra tampoco quieren pedirlo, porque ante la desaparicin de la ganancia y el recorte de la demanda solvente, no se sienten estimuladas a producir y prefieren atesorar o congelar el capital en forma de dinero, en una actitud de espera. Algo similar ocurre a nivel individual, pues los consumidores que an conservan sus ingresos, no quieren endeudarse para nuevas compras, prefieren ahorrar lo que antes gastaban con creces y el resultado es una cada generalizada de la demanda y la deflacin consiguiente.

Esa deflacin no significara ventajas para los trabajadores por la reduccin de los precios de sus medios de vida, porque el descenso incluye sus salarios, los que generalmente caen con mayor velocidad.

La crisis de 1929-1933 dur cuatro aos, aunque en rigor, diez aos despus, en 1939, en vsperas de la Segunda Guerra Mundial, no se haban recuperado del todo los niveles de actividad econmica de 1928. Solo la destruccin ocasionada por la guerra y la posterior reconstruccin, fueron capaces de dejar atrs la crisis. La actual recesin no tiene que seguir el mismo patrn de duracin, pero la historia sirve para refutar a los que siguen sosteniendo que en unos meses todo volver a ser como antes.

Es mucho ms complicado pronosticar el curso de una gran crisis econmica capitalista, que el curso de un huracn tropical. No existen radares, barmetros o modelos matemticos que abarquen la enorme complejidad de este fenmeno en el cual convergen y estallan las contradicciones de fondo del capitalismo, las polticas econmicas que las agravan, la suicida agresin que el lucro del capital le hace al medio ambiente global, en el vrtice de una crisis que no es una ms, sino la ms grave de todas.

Ella es destructora, pero tambin puede ser creadora, si los humanos la aprovechan, no simplemente para salir de ella, sino para salir del capitalismo que las engendra.

* Presidente de la Comisin de Asuntos Econmicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la Repblica de Cuba



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