Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2009

La India y Occidente

Jean-Luc Racine
Le Monde diplomatique

Traducido para Rebelin por Caty R.


Del 15 de abril al 13 de mayo, 714 millones de indios elegirn a sus 543 diputados. En ese pas, inmerso en su lucha contra la crisis, nadie puede predecir el resultado de dichas elecciones. Cules son las evoluciones del pas y sus relaciones con Occidente? Durante el coloquio anual organizado por Le Monde diplomatique y la asociacin Les Carreforus de la pense, en Mans del 13 al 15 de marzo, Jean-Luc Racine ha analizado dichas relaciones. Publicamos su conferencia (1).

La relacin actual de la India con Occidente se puede analizar bajo diversos prismas. Yo sealara tres: 1) La historia nacional y el origen de la modernidad india; 2) La evolucin de las ideas que nutren, en la India y en otras partes, la reflexin sobre la universalidad concebida por Occidente y cuestionada por diversas corrientes de pensamiento, en parte nacidas en Asia; y 3) La geopoltica y la postura que la India adopta, o adoptar, en dos espacios interrelacionados: el rea sobre la que se despliegan las nuevas competiciones interasiticas relacionadas con el auge de China y el mbito internacional en el cual, despus de la era Bush, la administracin Obama se esfuerza por mantener la supremaca estadounidense por medio de un enfoque menos unilateralista de los problemas.

Dicho esto, es importante precisar que el concepto de Occidente utilizado aqu es problemtico, al menos por dos razones. En primer lugar, se puede enjuiciar la frmula perezosa que engloba a Estados Unidos y Europa. Pero si algunos europeos recuerdan, con razn, que Europa y Estados Unidos son dos entidades distintas en muchos aspectos, si se miran desde otras partes, especialmente desde Asia, lo que les une predomina sobre lo que les diferencia.

La pasin francesa que alardea continuamente de la excepcionalidad gala a veces est justificada por ejemplo en 2003, en la oposicin de Pars a la intervencin estadounidense en Iraq-, pero los rboles no deben ocultar el bosque, puesto que entonces varios pases europeos se unieron a la coalicin estadounidense contra Sadam Husein.

Visto desde fuera, Occidente se define por un manojo de particularidades que han contribuido a consolidar su supremaca, una combinacin de factores tcnicos e ideolgicos que han permitido su expansin poltica, econmica y cultural ruptura liberadora del Renacimiento, filosofa de la Ilustracin, utilitarismo britnico, revolucin industrial, conquistas coloniales, imperialismo, avances cientficos, prosperidad general-, aunque de manera desigual. El resultado fue un modelo de vida, erigido en prototipo, fundado sobre la democracia, el consumismo y el individualismo, es decir, los valores que se han difundido gracias a los instrumentos decisivos del soft power, que son la supremaca de las imgenes (hollywoodienses entre otras) y los sistemas de informacin utilizados por los medios de comunicacin anglosajones, escritos y audiovisuales.

Segunda observacin: Apenas salamos de la fase nacida del fin de la Guerra Fra cuando la supremaca ideolgica estadounidense, ms all de los neoconservadores tpicos, puso por delante a Occidente, bien para celebrar el triunfo de sus ideas (El fin de la Historia, Fukuyama en 1989 y 1992), bien para alertar contra las amenazas que se cernan sobre dicho triunfo (El Choque de las civilizaciones, Huntington, 1993 y 1996). Es obvio que aqu no se situaba en la dicotoma The West and the Rest (Occidente y el resto del mundo), ni en la perspectiva conflictiva resumida en la frmula The West against the Rest (Occidente contra el resto del mundo). Por lo tanto, dicha ideologa no se puede eliminar de un manotazo. Las ideas, correctas o incorrectas, son el motor de la historia, tanto por lo que promueven como por las reacciones que suscitan.

Historia nacional y origen de la modernidad india

Los indios saben que son los herederos de una gran civilizacin, enraizada en la tierra india desde hace milenios, y marcada con el sello de una poderosa originalidad de la que el hinduismo es, sin lugar a dudas, una marca esencial aunque el hinduismo es un concepto mucho ms reciente que las fuentes espirituales, intelectuales y sociales que forjaron el pensamiento clsico de la India, del vedismo al brahmanismo-. Esta herencia ha dado lugar a dos lecturas opuestas de la historia.

Mientra los idelogos del nacionalismo hind remontan el origen de la nacin a la mayor antigedad y se lamentan de la decadencia multisecular que acarrearon, desde su punto de vista, la llegada del Islam y despus la dominacin occidental, la ideologa dominante conducida por el Partido del Congreso desde antes de la independencia, e inscrita en la Constitucin de 1950, considera la India como una entidad esencialmente heterognea. El hinduismo ya no es la esencia de la nacin. Ciertamente es un parmetro principal, pero no privilegiado, que ha permitido a la India acoger a las religiones extranjeras: Islam, cristianismo, zoroastrismo de los parsi, judasmo -hoy residual-, al igual que ha permitido, sin duda, encontrar en la democracia parlamentaria una traduccin poltica contempornea de la gestin de la diversidad.

Los idelogos del nacionalismo hind echan con mucho gusto la misma capa reprobatoria sobre los siglos de la dominacin musulmana en el subcontinente y los de la presencia colonial, celebrando por un lado una India pre islmica reinventada la de los imperios y los reinos hindes- y por otro el resurgimiento del hinduismo, cuya manifestacin los llev al poder en 1998 (2). Pero de hecho, muchas de sus ideas se nutren de ciertas filosofas europeas sobre la nacin; y el Rashtriya Swayamsevak Sangh (El partido poltico RSS: Asociacin de Servidores de la Nacin), ncleo del nacionalismo hind, ha tomado directamente su gusto por el uniforme y la fuerza de ciertas milicias fascistas o fascistoides europeas, mezcla de pantaln corto y camisas de la polica colonial. Mucho antes de la emergencia de ese movimiento en los aos 20 y en un plano ideolgico muy diferente, el impacto del pensamiento europeo se empez a sentir desde principios del siglo XIX. As, Ram Mohan Roy (1774-1833) fue uno de los padres del Renacimiento bengal en un siglo en el que mltiples movimientos reformadores, con una tonalidad tan claramente religiosa como poltica y cultural, transformaron la India por un doble movimiento.

Por una parte, la influencia de las ideas occidentales, amplificada por ciertas reformas administrativas y jurdicas del imperio britnico, pone de manifiesto un injerto ampliamente exitoso de una parte de la filosofa de la Ilustracin. Por otro lado, y de una forma muy clsica, esta influencia suscita movimientos que se inspiraran para tomar mejor sus distancias de los portadores de esas ideas. Por ejemplo, el Arya Samaj, en el plano socio religioso, pretenda contrarrestar a los misioneros cristianos y reafirmar la vitalidad de un hinduismo reasumido, mientras que el movimiento nacionalista, en el plano poltico, vuelve el principio democrtico contra la potencia colonial en su bsqueda de la independencia poltica.

En una sociedad ciertamente fundada sobre la ideologa injusta de las castas, pero tambin sobre el principio del pluralismo y sobre una brillante tradicin intelectual abierta al debate y al comentario, la amplia infiltracin de las ideas nacidas en Europa y la lenta puesta en marcha del principio electoral desde finales del siglo XIX han preparado a la India para gestionar su independencia segn los principios democrticos, fijando a la vez su singularidad.

Figuras emblemticas muy diferentes pero en parte complementarias, como Mohandas Karamchand, Gandhi y Jawaharla Neru representan as, cada una a su manera, una parte de la modernidad india y su influencia universal. Gandhi, por la estrategia no violenta que puso en prctica, por su capacidad inigualable de transformar un movimiento reivindicativo elitista en un movimiento nacionalista de masas, por su crtica de la modernidad tecnolgica y consumista de Occidente en nombre de la necesaria bsqueda de otro modelo de organizacin socioeconmica. Nehru, el agnstico, por los tres pilares sobre los cuales fund la India postcolonial que dirigi de 1947 a 1964: la democracia parlamentaria, la economa mixta y la no alineacin.

La modernidad india, que se construy a travs de un lento proceso, no es evidentemente una plida copia de un modelo occidental unvoco. Se vio pronto, con la Guerra Fra, que la opcin democrtica no era suficiente para anudar las alianzas geopolticas. La no alineacin promovida por Nehru le alej de Estados Unidos en razn del viejo principio de la poltica exterior estadounidense Quien no est conmigo, est contra m. La amplia opcin del proteccionismo econmico, incluso en la poca del thatcherismo y el reaganismo triunfantes, reforz entonces la singularidad de la India democrtica.

De la construccin postcolonial a la emergencia post-postcolonial

Provista de una herramienta universal la lengua inglesa- y alimentada por una doble herencia a menudo adquirida de lo cotidiano, de las ideas occidentales y del indianismo, desde los aos 80, una parte de los intelectuales indios comenz a replantear la historia de las ideas, la historia poltica y la historia sin ms. La crtica del orientalismo tiene mltiples fuentes, y el estadounidense de origen palestino Edward Said, ms que ningn otro, lanz el movimiento en su obra emblemtica de 1979, El orientalismo. Occidente no slo habra inventado el orientalismo como disciplina cientfica. Habra inventado el propio Oriente como una categora. En la India, los crticos del secularismo esa forma de laicismo a la india sobre la cual est fundada la Repblica india que no ha querido ser repblica hind- lanzan el debate con Ashis Nandy y T. N. Madan, dos sobresalientes acadmicos asiduos de los grandes circuitos intelectuales internacionales. Nandy abri el fuego en 1985 con su Manifiesto antisecularista (2). Madan, en 1987, abogaba por que el secularismo permaneciera en su sitio (3). Ambos se interrogan sobre la viabilidad de una ideologa de origen extranjero fruto de un momento muy particular y muy concreto de la historia universal: el cruce entre la Reforma protestante y la filosofa de la Ilustracin. As, la hegemona europea habra querido injertar sus valores afirmando su inevitable vocacin universal, en detrimento del pensamiento y la forma de vida precoloniales.

Al mismo tiempo, numerosos intelectuales indios replanteaban la historia social y desarmaban el Estado-nacin heredado de Occidente para poner en evidencia otra historia, la de los subalternos (4). Paradoja: es en el centro de los acadmicos ms prestigiosos de la Ivy League estadounidense donde aparecen las crticas indias (y no indias!) de las pretensiones hegemnicas de Occidente que se acabaron imponiendo. As, los estudios postcoloniales y trabajos subalternistas irrigaron, en el corazn del imperio estadounidense, un nuevo pensamiento crtico cuyo espritu apareci en el emblemtico ttulo de la obra publicada en Princeton por Dipesh Chakravarty en 2000: Provincializing Europe: Post Colonial Thought and Historical Difference. Europa, como metfora de Occidente, se representa como la fuente de una modernidad que se pretende imprescindible, mientras que cualquier injerto, cualquier transicin, implica adems una traduccin local. El mundo no puede ser eurocntrico y Occidente en general no puede definir por s solo la universalidad.

La India no participara en el movimiento a favor de los valores asiticos que se puso en marcha en los aos 90, de Malasia a Japn, afirmando contra la universalidad de las ideas occidentales la pertinencia de otras formas de pensar la sociedad y el poder un intento que tambin buscaba, de paso, defender los regmenes autoritarios, como el Partido Comunista chino que, por su parte, revalorizaba el confucionismo combinando el socialismo de mercado y el partido nico. Por lo tanto, la India constituye un caso peculiar, nada extrao teniendo en cuenta su peso, su trayectoria histrica y la vitalidad de su vida intelectual.

Ciertamente, el nacionalismo hind, en su fiebre identitaria, anhela una India fuerte, reconocida en el mundo. Pero en su discurso, la estigmatizacin de la debilidad de la mayora hind, mientras celebra la promesa de su despertar y la voluntad de ser amo en su casa especialmente frente a las minoras religiosas- cuenta tanto como la denuncia de Occidente. Por lo dems, el BJP (Partido del Pueblo Indio, N. de T.), cuando estuvo en el poder de 1998 a 2004, trabaj en la aproximacin a Estados Unidos como lo hizo despus, de 2004 a 2009 el gobierno congresista de Manmohan Singh.

En definitiva, la relacin de la India con Occidente es ambigua, como debe ser en un perodo de transicin que ve pasar la India postcolonial a un nuevo estatuto post-postcolonial, en esta ocasin.

El giro se tom en los aos 90 y lo dirigieron, por turno, las dos fuerzas polticas mayoritarias del pas. En 1991, el Partido del Congreso volvi al poder y aprovech la grave crisis financiera para lanzar una poltica de liberalizacin econmica, mesurada y gradual pero continua. Desmantel ampliamente el proteccionismo salvo en ciertos sectores sensibles, aunque el Estado sigui desempeando su papel de regulador. Este cambio fue decisivo porque pona de manifiesto un nuevo estado de nimo, una confianza renovada en la capacidad de la economa india para mejorar su rendimiento, su productividad y su competitividad. El hundimiento de la URSS y la evolucin de China tuvieron algo que ver, pero la reforma ya estaba en el ambiente de la poca. Se puso en marcha por los gobernantes que ya estaban en los negocios y por un partido que gobernaba el pas desde haca ms tiempo que cualquier otro, y sigui un ritmo ms lento que el que preconiz el Consenso de Washington. En este sentido, el movimiento fue esencialmente endgeno a pesar de que llev a cabo la apertura al mundo.

El segundo giro, mucho ms tajante, estuvo marcado por los ensayos nucleares de 1998, que se pusieron en marcha tres meses despus de la llegada al poder del BJP en un contexto internacional particularmente hostil. Tres aos antes, la comunidad internacional haba prorrogado el Tratado de no proliferacin (TNP), que entr en vigor en 1970, y en 1996 el Tratado de prohibicin total de ensayos nucleares que firmaron (o ratificaron) 180 Estados. En ambos casos, bajo dos gobiernos diferentes, la India se neg a firmar el TNP rechazando el reconocimiento de Estados nucleares legtimos a los que haban hecho ensayos antes de 1967 (el primer ensayo indio en solitario data de 1974).

Tanto en el aspecto econmico como en el campo estratgico, esas decisiones, objetos de un amplio consenso poltico, testimonian un doble enfoque que hay que aclarar para comprender la naturaleza del cambio que se puso en marcha en la India emergente. Por una parte, la India se abra al mundo y a las dinmicas de la globalizacin, pero a su manera y a su ritmo. Por otro lado, rompa el consenso estratgico del momento, al cual calificaba de apartheid nuclear, porque favoreca injustamente a los cinco pases legtimamente nuclearizados que adems son los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Voluntad de integracin, ajuste pragmtico, afirmacin de s misma y postura crtica del sistema internacional se combinaban, pues, al servicio de una ambicin prefijada: dar a la India un estatuto a su medida en el nuevo orden mundial.

Esta dinmica slo poda durar si daba resultados. Y as fue, esencialmente, tanto en trminos de crecimiento como en el aspecto de la aceptabilidad estratgica, los aos 2000 lo demuestran. Menos de dos aos despus de los ensayos nucleares sancionados por Estados Unidos, el presidente William Clinton en visita de Estado a Nueva Delhi, celebraba las convergencias entre la ms antigua y la mayor democracia del mundo. La aproximacin se intensific bajo la administracin Bush, quien ha cerrado su mandato firmando, despus de tres aos de difciles negociaciones, un acuerdo marco para la cooperacin en el delicado sector de la nuclearizacin civil, sin exigir que la India firmase el Tratado de no proliferacin. Por eso la administracin estadounidense se dedic a convencer a la comunidad internacional de la excepcionalidad india. Pars, Londres y Mosc estn en la misma lnea que Washington.

Desde hace casi veinte aos, esta emergencia de la India marca su entrada en la poca post-postcolonial. El pasado colonial, pero tambin los avances y los fracasos de los decenios posteriores al colonialismo, de alguna forma se asumen y nace una nueva confianza en el futuro, de lo que da fe la nueva visin de la India sobre s misma y sobre el mundo, y tambin la nueva visin del mundo sobre la India.

En este sentido, el discurso de Manmohan Singh en la Universidad de Oxford en 2005, es emblemtico. Un Primer Ministro en ejercicio que declara que la colonizacin britnica slo tuvo efectos negativos sobre la India, demuestra una libertad de juicio que adems es un smbolo: los rencores contra el racismo y la explotacin colonial estn inscritos en la historia. El presente, por su parte, es rico en nuevas promesas, inspiradas por lo que Singh define como un sentimiento renovado de confianza en s misma de la India emergente.

As, vemos que se entrecruzan, en tres planos muy distintos, los parmetros que convergen involuntariamente para definir las relaciones que mantiene actualmente la India con Occidente y con el mundo. Cuenta, en primer lugar, un deseo de Occidente, parafraseando al ensayista Pankaj Mishra, que se declina de dos formas. Una, que Mishra aclara tras muchas investigaciones acadmicas, trata sobre la historicidad de las manifestaciones identitarias o reivindicativas y su deuda con respecto a Occidente: lo han expresado desde los contemporneos de Occidente, despus de los comunistas, hasta los nacionalistas, con la matriz ideolgica de las ideas prestadas por Occidente pero adaptadas al contexto local del marxismo a la nacin, pasando por la crispacin de las identidades religiosas-. La otra forma, menos sofisticada, cede a la atraccin del modelo consumista y empresarial del capitalismo. Ambas pueden mezclarse y prosperar en la misma India, pero tambin en la dispora, en particular en la dispora india de Estados Unidos, convertida en un poderoso lobby. En cuanto a la postura crtica de los tericos indios del postcolonialismo, aunque influyente en el pensamiento universitario estadounidense, converge, sin que estuviera necesariamente previsto, con la postura poltica geopoltica post-postcolonial de los gobernantes indios, que claramente pretenden, si no volver a colocar a corto plazo a la India al centro del mundo, al menos dejar claro a Occidente que la era de su hegemona triunfante toca a su fin y que ahora lo ms importante es la construccin de un mundo autnticamente multipolar.

Geopoltica de la nueva India. Cuestiones falsas y verdaderas

El fin de la Guerra Fra permiti a la India replantearse, necesidad obliga, su poltica extranjera y normalizar sus relaciones con Estados Unidos. La aproximacin india-estadounidense, que avanz espectacularmente bajo la administracin Bush, no significa, sin embargo, una alianza. Al contrario de lo que piensan algunos halcones pakistanes, la India no ser, como el Estado de Israel en oriente Prximo, un bastin de la poltica estadounidense en el sur de Asia, ni tampoco en lo que la India denomina su vecindario extendido, que va de Oriente Medio al sur de Asia, de Asia central al Ocano ndico.

Nueva Delhi tiene a su favor la estrategia estadounidense dirigida a favorecer su potenciacin para contrarrestar el ascenso de China. Sin embargo, la tentacin de unirse a un arco de las democracias pro estadounidenses en Asia (Japn, Australia, Singapur) que a veces se manifiesta, nunca se ha concretado del todo. Aunque la India trabaj para acercarse a Washington, al mismo tiempo lleva a cabo una poltica de normalizacin de sus relaciones con Pekn, a pesar de la persistencia del contencioso frontal chino-indio. Tras la Unin Europea, pero por delante de Estados Unidos, China se ha convertido en el segundo socio comercial de la India.

Por lo tanto, es una falsa cuestin preguntarse sobre lo que podra suponer el basculamiento de la India antes no alineada: bien hacia Occidente o hacia un hipottico consorcio Rusia-India-China. La tradicin de no alineada se ha convertido en una diplomacia en todas direcciones que conduce a la India a establecer relaciones con el mximo posible de socios. Nueva Delhi tambin juega bien sus cartas tanto en los grupos norte-sur (India, Brasil, Japn, Alemania) para reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, como en los grupos sur-sur, en la Organizacin Mundial del Comercio (OMC), para denunciar el proteccionismo encubierto de Estados Unidos y la Unin Europea que protegen a sus agricultores a golpes de miles de millones de euros de subvenciones. Lo que no le impide en absoluto trabajar sobre un nuevo eje transcontinental de los pases emergentes: India, Brasil y Sudfrica (IBSA).

Sin embargo, es conveniente ser cauteloso al evocar el irresistible deslizamiento del poder mundial hacia el este, una tesis querida por el singapurense de origen indio Kishore Mabhubani, quien exhorta a Occidente aunque le perdona gustosamente su ceguera- a alegrarse por el auge de Asia y a no mirarla como una amenaza. Seguramente, Asia va a recuperar un lugar que perdi desde hace siglos con la potenciacin de Europa y despus de Estados Unidos. Pero desde Nueva Delhi, en realidad, se trata de dialogar con todo el mundo, incluida Europa, aunque la Unin Europea a menudo sea menos receptiva con respecto a los asuntos que interesan a Nueva Delhi que, ciertamente, no son el inters de los grandes Estados miembros, como Francia. En resumen la India, que busca su lugar en un mundo multipolar, considera tambin la regulacin del orden internacional como un reajuste de las reglas que juzga obsoletas- de un multilateralismo establecido incluso antes de su independencia, en 1944 por Bretton Woods en su dimensin financiera, y en 1945 en San Francisco con la Carta de las Naciones Unidas.

La cuestin verdadera, por lo tanto, tiende menos a hacer preguntas sobre lo que separa Occidente y Oriente; el mundo atlntico y Asia; el norte y el sur- o sobre quin dominar a quin, que a imaginar lo que se puede hacer que surja de un orden mundial ms seguro a travs de un mayor equilibrio. As, Nueva Delhi llama a buscar el equilibrio de los intereses ms que el equilibrio de las potencias querido por la vieja historia europea o la Guerra Fra. Sin embargo, no es nicamente el idealismo lo que la gua aunque invoque fcilmente a Gandhi y Nehru. La poltica real tambin est en los mandos mezclada, como corresponde, con un pragmatismo asumido y, si puede ser, una visin a largo plazo.

La crisis, un problema o una oportunidad?

Obviamente, la India no se libra de la crisis y sufre un impacto mayor del que pensaba el gobierno al principio. Las evaluaciones gubernamentales del crecimiento para 2008-2009 del 7% sin duda son demasiado optimistas, otras previsiones sealan el 5%. La reduccin del mercado de las exportaciones, textil, automvil, y transporte areo bsico afectan al mercado del empleo. Pero el impacto de la crisis hay que tomarlo en cuenta en dos aspectos: el absoluto y el relativo. Aunque la India est apoyada en su opcin de una liberalizacin mesurada dejando al Estado un papel regulador, en materia monetaria y financiera ciertos observadores son optimistas a medio plazo, para despus de la crisis. Las observaciones formuladas en febrero de 2009 en Nueva Delhi por Shyam Saran, ex secretario de Asuntos Exteriores convertido en enviado especial del Primer Ministro, merecen atencin.

Qu dijo Saran? Que la crisis financiera y despus econmica ha sacudido hasta sus cimientos la hegemona occidental, y que dicha crisis se duplica con una crisis intelectual debida al cuestionamiento de la creencia occidental en la magia del mercado y su capacidad de autorregulacin, as como en el repliegue inevitable del Estado prcticamente en todas las manifestaciones esenciales de la vida econmica. Consecuencias? Habr que pensar en una nueva distribucin del poder poltico sobre la base de la realidad de las fuerzas econmicas. Habr que repensar el liberalismo del mercado, que ha sido la ideologa dominante desde hace ms de dos siglos. Qu implicaciones se deducen para la India? Que, seguramente, la crisis no ser necesariamente negativa, en la medida en que podra alentar el movimiento hacia un orden internacional ms diversificado, compatible con la preferencia instintiva de la India por un mundo multipolar. Por lo tanto, para Nueva Delhi se trata de mantener, e incluso acentuar, una lnea diplomtica muy abierta. En ese escenario, las relaciones con Estados Unidos siguen siendo decisivas, as como con la Unin Europea, y surge un interrogante al respecto: En la actualidad, Europa parece dividida entre el deseo de preservar la dominacin occidental y el de dirigir una ambiciosa renovacin de las estructuras que gobiernan el orden econmico y poltico mundial. Y Saran concluye: Debemos fomentar esta segunda tendencia. Su lectura de las consecuencias geopolticas de la crisis slo es una hiptesis, pero ofrece una buena perspectiva de los objetivos que actualmente se perfilan en una India que todava no es una potencia mundial, el intercambio dialctico entre pases emergentes y pases dominantes.


Notas

(1) El conjunto de las intervenciones se publicar en marzo de 2010 en los boletines de la Universidad de Rennes. El programa del coloquio se puede consultar en: http://carrefoursdelapensee.univ-lemans.fr/

(2) El Partido Bharatiya Janata (BJP) se mantuvo en el poder hasta 2004.

(3) An Anti-secularism Manifesto, Seminar, Nueva Delhi, n 314, 1985, pp. 14-24.

(3) Secularism in its place Journal of Asian Studies, n 46/4, 1987.

(4) Partha Chatterje Controverses en Inde autor de lhistoire coloniale, le Monde diplomatique, Febrero de 2006.

Jean-Luc Racine es director de investigacin en el Centro Nacional de Investigacin Cientfica (CNRS), Centro de Estudios de la India y del sur de Asia (EHESS), entre sus obras destacan Pakistan. The Contours of State and Society, Oxford University Press, Karachi, 2002; y Cachemire, Au pril de la guerre, Autrement, Pars, 2002.

Texto original en francs: http://blog.mondediplo.net/2009-04-15-L-Inde-et-l-Occident


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter