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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-12-2004

El Crculo de Bellas Artes se convirti, por un da, en Crculo Bolivariano

Iaki Errazkin
Cdiz Rebelde/Rebelin


El lunes 22 de noviembre entr en el Crculo de Bellas Artes de Madrid con el equipaje habitual de un reportero. Ya saben: acreditacin, cmara digital, grabadora, cuaderno de notas, un par de bolgrafos, mucha paciencia y unas cuantas preguntas que hacer al presidente Hugo Chvez. Fue una experiencia aleccionadora.

Espero que ustedes disimulen si, en esta ocasin, mezclo aqu informacin con opinin. Estoy seguro de que su buen criterio les ayudar a separar la una de la otra aunque vayan batidas. Porque he de empezar diciendo que los que nos dedicamos al esforzado oficio de juntar letras no somos, por humanos, imparciales. Hay entrevistados que nos caen bien, con los que sintonizamos y nos comportamos amablemente, incluso con ternura; otros, que se nos antojan personajes odiosos, son interrogados por nosotros con displicencia, si no hostilmente, como si de enemigos personales se tratasen; y, por fin, una gran mayora que nos deja indiferentes y a los que, consecuentemente con la falta de sensaciones que nos producen, les obsequiamos con distante cortesa.

El actual presidente electo de la Repblica Bolivariana de Venezuela, no pertenece, desde luego, al ltimo grupo. Las pasiones se desatan ante la sola presencia meditica de Hugo Chvez y las simpatas y los rechazos inundan los corazones de la audiencia, pastoreada por los responsables de los programas en los que aparece o, simplemente, se le menciona. Lo mismo sucede con las lectoras y lectores de las opiniones que sobre l vierten sesudos columnistas de a euro por palabra (alguno hay de euro por carcter, espacios incluidos) que nunca escriben en contra del pensamiento de sus pagadores.

Reconozco que llegu al Crculo de Bellas Artes albergando ms de un prejuicio sobre el presidente venezolano. Su profesin marcial, su histrionismo y, sobre todo, el operativo represivo que se sald con la extradicin de dos refugiados vascos (Bittor Galarza y Sebas Etxaniz) a este reino borbnico de las maravillas -denunciado una y otra vez por el Relator Especial contra la Tortura de la ONU como empecinado practicante de infames tormentos-, no me predisponan favorablemente hacia el dirigente bolivariano.

Y, como deca el otro da mi querida amiga Mara Toledano, en esto lleg Hugo Chvez. Y se reuni con un selecto grupo de intelectuales, acompaados, por cierto, de un par de polticos y de algn otro cmico. Juntos, pero no revueltos, que, aunque el razonamiento, la poltica y la farndula no son necesariamente incompatibles, es mejor evitar embarazosas confusiones.

Reconoc a un tercio aproximado del petit comit, a saber: Beln Gopegui, Carlos Fernndez Liria, Manuel Fernndez-Cuesta, Pascual Serrano, Carlos Prieto, Lolo Rico, Miguel Riera, Ramn Acal, Montserrat Galcern, Juan Carlos Monedero, Pilar Bardem, Juan Diego, Fernando Vallespn, Nativel Preciado, Jaime Pastor, Gaspar Llamazares, Moncho Alpuente, Antonio Elorza y el Gran Wyoming. Lamento no poder darles cuenta de otros tantos invitados, de los que desconozco su filiacin, pero que, sin duda, estn en la pomada. A los dems, sus fornidas hechuras y los pinganillos en sus pabellones auriculares los delataban como miembros del Servicio de Seguridad de la Presidencia.

Y, por fin, habl Chvez. Y result que, afortunadamente, yo estaba equivocado. Porque, con sus contradicciones, es un tipo chvere. Y es que juzgar al Jefe del Estado de la Repblica Bolivariana de Venezuela con los clichs vigentes en el europeo Madrid de los Austrias, es, cuando menos, arriesgado. As, su aparente populismo no es sino el genuino e inocultable temperamento de un jugador de bisbol de Sabaneta, de un hombre a pie de calle venezolana. Y result tambin que, bajo su mando, hay militares demcratas yo slo haba conocido a unos pocos "medos" de la UMD-, que ms bien son milicianos del, por y para el pueblo, de esos que pretenden ayudar sinceramente a sus gentes a salir de la miseria a la que les conden el imperialismo. Hasta en el asunto de las extradiciones acab por convencerme de que la desgraciada decisin fue tomada por el Tribunal Supremo y, algo indito por estos pagos, la Constitucin Bolivariana garantiza efectivamente la separacin de poderes.

Pero lo que determin mi definitiva conversin, fue la declaracin formal de su intencin de exportar estratgicamente la revolucin social al resto de Amrica Latina y de poner la riqueza petrolera al servicio de esa noble causa ayudando a los pases que se vayan despegando del Imperio. A Uruguay, por ejemplo.

Hugo Chvez no se define como comunista. Ni siquiera se reconoce socialista. Es -y eso es lo que hay- bolivariano. A secas. Nada ms y nada menos. A m, la verdad, me preocupan muy poco los gentilicios ideolgicos. Me importan bastante ms las acciones concretas. Y los hechos hablan por s solos. Que se lo pregunten, si no, a la legin de pobres venezolanos que han recuperado la dignidad y la esperanza, pese a los palos en las ruedas de los esculidos.

No soy Saulo, no tengo planificado viajar prximamente a Damasco y tampoco me he cado de caballo alguno. Pero pienso que la anunciada estrategia de Hugo Chvez es tctica para los que vivimos a este lado del charco y, por lo tanto, debemos apoyarla con todas nuestras fuerzas. Esa es la leccin que aprend el lunes 22 de noviembre de 2004 en el Crculo de Bellas Artes que, por un da, y sin que sirva de precedente, se convirti en un autntico Crculo Bolivariano.

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