Portada :: Economa :: Especial "El capitalismo cruje"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2009

A propsito del cierre de empresas
A vueltas con la propiedad privada

Joaquim Sempere
Sin Permiso


Los repetidos cierres de empresas, que dejan en el paro a unos cientos, cuando no miles, de trabajadores, suelen aceptarse como una fatalidad inevitable.

En aos anteriores, sin crisis, hemos asistido a casos de empresas viables, que obtenan beneficios, y sin embargo cerraban su factora para instalarse en otros pases con costes ambientales y salariales menores, en busca de beneficios mayores. La decisin empresarial dejaba en la calle a unos cientos de asalariados, y sin ingresos vitales a ellos y sus familias. El recorte de los ingresos de esos cientos de familias repercuta en otros sectores econmicos de la comunidad local (comercios, pequea industria local, servicios...) o de la sociedad en su conjunto, que vean menguada tambin su actividad.

Todo esto en la ms estricta legalidad. Por eso es normal preguntarse: cmo es posible que la ley permita que unas cuantas personas poseedoras del capital de la empresa o del paquete determinante de acciones de la misma puedan tomar decisiones que afectan a la supervivencia y seguridad econmica de unos cientos o miles de personas aunque la empresa arroje beneficios? El capitalismo funciona as, claro est. Pero cmo exactamente? A principios del siglo XX el historiador econmico britnico R.H. Tawney, en un libro titulado La sociedad adquisitiva, someta la propiedad capitalista a un anlisis hoy muy actual. Se suele presentar la propiedad como un derecho ilimitado de disposicin sobre lo posedo. Pero no es lo mismo poseer un paraguas o una casa que poseer una tierra cultivable o una fbrica. La tierra y la fbrica son medios de produccin necesarios para crear riqueza, mientras que el paraguas y la casa son bienes de consumo. En una economa moderna, las personas que, sin ser propietarias, utilizan esos medios de trabajo para producir bienes a cambio de un salario, y ganarse as la vida, entran con esos medios en una relacin peculiar e intensa, vital para ellas. Es una relacin distinta a la del propietario con su propiedad, pero una relacin humana significativa. Y si consideramos la comunidad local y el pas en que est situada la tierra o la fbrica, deberemos admitir que esa comunidad humana adquiere tambin una relacin y una dependencia respecto de estos medios de produccin.

Por qu el orden jurdico slo contempla derechos de la propiedad y no derechos del trabajo ni de la comunidad? Es obvio que el propietario arriesga un patrimonio, y parece de justicia que reciba compensacin. Pero el trabajador y la comunidad arriesgan sus fuentes de ingresos y su seguridad econmica. Acaso no merecen compensaciones tambin ellos? Tawney propona que la propiedad del capital que se invierte fuera recompensada con un pago al uso de ese capital, con un inters. Pero que los derechos de decisin (sobre inversiones, nivel de capitalizacin, organizacin del trabajo, gestin del riesgo, poltica comercial, etc.) recayeran sobre quienes efectivamente realizan el servicio, desde el organizador y el cientfico hasta el obrero.

Tawney era socialista, y, como se ve, moderado. No planteaba estatalizar o socializar el capital; aceptaba que siguiera siendo al menos una parte del mismo de propiedad privada. Perteneca a la corriente fabiana, muy criticada por Lenin por su moderacin. Pero el anlisis descrito es sumamente desmixtificador, porque desvela con gran claridad que unos derechos asociados a la propiedad quedan ocultos tras una amalgama confusa de derechos distintos, y nos permite comprender mejor que las relaciones capitalistas no son relaciones meramente tcnicas entre factores de produccin, sino relaciones sociales de dominacin, en que unos pocos detentan, con el amparo del orden jurdico-poltico. un poder desmesurado sobre otros muchos, sobre sus vidas, sus ingresos, su seguridad.

A estas alturas, el razonamiento de Tawney me parece, si no revolucionario, s subversivo. Pone en cuestin el poder capitalista sobre las personas y su legitimidad. Cuando la propiedad tiene derechos casi absolutos sobre la empresa, obtener la mxima ganancia monetaria pasa por delante de cualquier otra consideracin, sobre todo cuando el propietario es un mero rentista o accionista sin ningn vnculo con la empresa que no sean los dividendos que arroja. Si los trabajadores, incluidos tcnicos, administrativos y gestores, tienen derechos y poder sobre la empresa, tendern a dar prioridad a otros objetivos, como la subsistencia y la seguridad de quienes trabajan en ella (incluso, para salvar puestos de trabajo, aceptando reducciones de salarios que se aceptan mejor cuando se tiene el control de los recursos de la empresa que cuando se depende de unos dueos que monopolizan la informacin y el control). Y se ocuparn ellos de buscar salida a su produccin para asegurar su empleo, o de reconvertir la industria, etc. A partir de esta idea, cabe imaginar muchas frmulas para articular capital (o sea, el ahorro destinado a la inversin), trabajo, comunidad local y representacin poltica al nivel que corresponda, y dar a los trabajadores y a la sociedad unos derechos sobre la economa que hoy no se les reconoce.

Se nos ha hecho creer durante muchos aos que una economa moderna y compleja slo puede funcionar bajo la gida de una clase de propietarios capitalistas, y que a los dems les toca someterse a su poder e iniciativa. Pero cada vez es ms claro que hace falta revisar los derechos hoy atribuidos a la propiedad y reivindicar derechos de decisin para los trabajadores y los representantes de la sociedad en la direccin de la actividad econmica. Seguramente lo que hoy se necesita no es refundar el capitalismo, como proponen los amos del mundo, sino refundar el socialismo.

Joaquim Sempere es profesor de sociologa de la Universidad de Barcelona.


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