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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-05-2009

La legitimidad de Patxi

Colectivo Prometeo
Rebelin


Desde el momento en que se comunicaron los resultados definitivos de las elecciones vascas del 1-M, la mayor parte de los medios de comunicacin se pusieron manos a la obra, con esfuerzo enconado, para transmitir la idea de que los nacionalistas, haban dejado de ser mayora en el Pas Vasco. La posibilidad de que PP y PSE pudieran formar gobierno apresuraba sus ansias, para el logro de las cuales no dudaron en multiplicar sus energas para expandir su perpetuo inters en confundir al personal intentando demostrar connivencias con ETA por parte de quienes no apoyan las tesituras que anan al bloque que se autodenomina constitucionalista. Y como no las tenan todas consigo, ante la imperiosa necesidad, se han visto abocados a descubrir una presunta confabulacin abertzale independentista afanada en la deslegitimacin de un resultado que cuestionara el pregonado cambio como logro democrtico.

En la inmensa mayora de los casos, las reflexiones, los anlisis, las consideraciones, los comentarios y las disquisiciones realizadas por ese personal, no se han parado lo ms mnimo en tener en cuenta que la superioridad de los intitulados constitucionalistas se produce como resultado de una componenda que, ciertamente, han conseguido dotar de legalidad, por desatinada y aberrante que pueda parecernos.

A cualquier estudio o razonamiento medianamente serio de los resultados electorales no se le puede escapar que lo que se est produciendo se debe al escamoteo tctico de ms de cien mil votos de la izquierda abertzale ilegalizada. Con los 100.924 votos nulos que se produjeron en los comicios del 1-M, el 8,84% del total, la mayor parte de los cuales nadie duda que correspondan a las papeletas de D3M y Askatasuna, hubieran obtenido siete escaos en el Parlamento Vasco. Lo cual nos dice, en primer lugar, que la opcin poltica apartada del debate electoral y demonizada por la mayor parte de los medios, seis aos despus de la primera ilegalizacin -aunque hayan obtenido 50.000 votos menos que en 2005-, ha seguido consiguiendo que ms de cien mil personas continen yendo a votar cuando se les reclama, a pesar de que sepan a ciencia cierta que su voto no va a servir para nada. Y en segundo lugar que los derechos de estos ciudadanos que se sitan en los sectores cercanos a las candidaturas ilegalizadas, han sido vulnerados con una privacin comportada, an a regaadientes, por el gobierno vasco del tripartito. Es verdad, y por eso cabe sealarlo que los partidos integrados en el gobierno de Ibarretxe se han desgaitado con sus continuas manifestaciones de rechazo por la aplicacin de la Ley de partidos. No obstante creemos que ahora pagan las consecuencias de no haber hecho algo ms ante una ley concebida y respaldada por el bloque autodenominado constitucionalista, que no ha dudado, amparndose en la lucha antiterrorista, en utilizar a su antojo, pervirtindolas, las caractersticas fundamentales de un Estado de Derecho.

Con estas premisas quin se puede sorprender porque se pueda pensar que la exclusin electoral ha servido para incrementar, los ya de por si, amplios sectores de la sociedad vasca que tienen y manifiestan sus dudas respecto a la legitimidad de las instituciones que saldrn del 1-M?. Acaso no se ha dado pie a que estas gentes se pregunten si unas elecciones dnde no se permite presentar a una parte del espectro poltico vasco pueden ser verdaderamente democrticas?, o si un Parlamento resultado de esta mutilacin puede representar la voluntad popular?.

 

Queramos o no, nos guste o no, ms all de su cuestionada legitimidad la eleccin de Patxi Lpez como lehendakari est marcando y sin duda marcar un punto y aparte en la trayectoria seguida en este pas desde que Carlos Garaicoetxea fuera elegido presidente del gobierno vasco en 1980. El resultado electoral del 1-M lo ha propiciado.

La primera muestra de esos derroteros no se entretuvo en llegar. Enfrascados en la lucha por alcanzar el poder a toda costa, al parecer no tardaron en sucederse vertiginosamente las propuestas del PNV ofrecindole una coalicin al PSE de la que Patxi Lpez no quiso hablar, y de ste ofreciendo la mayora de las carteras al PNV con la condicin de que l fuera elegido presidente del gobierno vasco, con lo que obtuvo el rechazo de los nacionalistas, producindose despus la del PNV proponindole al PP su colaboracin parlamentaria o un gobierno de coalicin, obteniendo como respuesta de los populares que ni siquiera se diera pie al planteamiento. En definitiva, un verdadero culebrn materializado con los diversos intentos iniciales de negociacin a todas las bandas que nos ofrece alguna luz sobre la integridad de unos postulados que no se demoran en disolverse y la coherencia de unos postulantes que se fractura ante la ms mnima posibilidad de alcanzar el poder.

 

Desde bases ideolgicas supuestamente distintas, socialistas y populares, suscribieron el pacto, por escrito y firmado (porque segn Iturgiz los socialistas y a la cabeza Lpez por su reunin con Arnaldo Otegi no son de fiar), con el fin de concretar los objetivos del inters que comparten, una vez predispuestos e inducidos para llegar a un acuerdo por la consideracin de que son muchas las cosas que les unen. Porque les une el sentimiento de creerse nicos objetivos de ETA y del entorno de la izquierda abertzale histrica, as como su disposicin a combatir y aniquilar el terrorismo etarra en todos los frentes hasta el exterminio de sus bases, al coste que sea. A ese victimismo se le une la predisposicin para concretar cambios en las cuestiones programticas, porque estn en sintona sus planteamientos en lo relativo a la economa, la convivencia, la educacin y la sanidad. Desde el PP se ha hablado de alcanzar un compromiso de cambios en las reas ms importantes, como por ejemplo en la Ertzaintza, en la Televisin vasca (sobre todo en lo referente al mapa del tiempo y el discurso del rey) y en educacin, de manera que no se mantendrn los actuales modelos educativos. As pues socialistas y conservadores vascos han aparcado y consensuado las diferencias superficiales que les separan y no han dudado en escenificar su comunin en lo fundamental, de la misma manera que lo hacen en Madrid PP y PSOE a pesar de las melodramticas representaciones de enfrentamientos sobre lo trivial que se encargan de bombardear desde sus medios.

El PP sabindose indispensable en la satisfaccin de los deseos de Lpez por alcanzar la presidencia del gobierno vasco, a pesar de haber perdido dos escaos respecto a 2005, ha podido sacar pecho con la intencin de implementar sus postulados. Para los populares en Euskadi se vive una verdadera emergencia nacional, por ello buscan todas las frmulas posibles para un cambio que propicie que el entorno de la izquierda abertzale no pueda participar en la vida poltica y social del pas. El frentismo radical de los populares respecto a los nacionalistas vascos defiende un modelo de solucin al conflicto vasco fundamentado en la exclusin, la ausencia de dilogo y el recorte de libertades, de manera que choca con el deseado por la mayor parte de la poblacin de Euskadi que apuesta por el final de la violencia, el dilogo y el acuerdo. De ah que la posibilidad de que puedan decidir aspectos importantes de la poltica vasca cause recelo entre quienes buscan soluciones al conflicto.

Ante esta tesitura los socialistas, ansiosos por tocar poder, han optado por blindarse y cerrar flancos, de manera que no introducirn nada, tanto en Madrid como en Vitoria, que les pueda asegurar una bronca con la eterna trifulca alimentada por el PP. De ah que para vencer las resistencias al pacto, el PSE ponga sus esfuerzos en intentar presentar un mensaje de normalidad democrtica, tranquilidad y estabilidad que no consigue hacer llegar a la sociedad vasca, ante quien fracasa dada su escasa credibilidad.

Mientras tanto al PNV le quedan las lamentaciones, mucho le costar asimilar su sustitucin en Ajuria Enea despus de tantos aos monopolizando el poder poltico vasco. A Ibarretxe, candidato a lehendakari por el partido ms votado, no obstante se sienta respaldado por la sociedad vasca para formar gobierno por ochenta mil razones ms que Patxi Lpez, le queda el papel de conformarse como referencia de cambio ante un eventual fracaso de la coalicin.

El pinchazo en la elecciones del 1-M de las coaliciones de la izquierda vasca que participaban en el gobierno tripartito tuvo algo que ver con la polarizacin de la campaa entre Lpez e Ibarretxe, haciendo perder relevancia tanto a EA como a EB. Pero quizs, lo que influy sobremanera, fue su papel de comparsas en el gobierno de Ibarretxe y, sin duda, los problemas internos y sus diferentes opciones han tenido que ver con sus resultados. En el caso de EA la decisin de acudir en solitario. Para EB la incapacidad de defender el trabajo realizado durante la legislatura.

EB perdi un 40 de votos respecto a 2005 provocando la dimisin de Madrazo, que ahora ha sido ascendido a presidente, y su sustitucin por Mikel Arana, primer coordinador general no afiliado al PCE. No obstante los cambios contina la sangra con la separacin de Oscar Matute y Alternativa Eraikitzen, respondiendo a la demostrada falta de voluntad para asumir responsabilidades que permitan la regeneracin de un proyecto descalabrado y abandonado por la sociedad.

Aralar, beneficindose inequvocamente de la ilegalizacin de D3M y Askatasuna recogi, adems de los sectores cercanos a los ilegalizados que han repudiado la violencia, el entorno de Elkarri y a los desencantados de Esker Batua. Por eso con sus 62.000 votos y cuatro escaos, se sienten autorizados para dirigir una llamada hacia la agrupacin de las fuerzas de la izquierda abertzale.

De la izquierda abertzale ilegalizada cabra esperar una reconsideracin de su papel en la poltica vasca, planteando algn paso ms que la mera resistencia, sin embargo la presin del estado en la rbita etarra con el endurecimiento de la persecucin ejercida por los aparatos policial y judicial han provocado su reaccin uniendo lneas que rechazan poner fin a la lucha armada mientras no se detenga la represin de su entorno. Y todo ello, en clara manifestacin de debilidad, an requiriendo hechos al tiempo que muestran su disposicin a pactar la solucin democrtica al conflicto y un compromiso y una estrategia para el cambio poltico que incluya la autodeterminacin. Al parecer la mayora quiere el final de la violencia, pero el problema est en convencer a ETA de que cambie su actitud irreductible o en conseguir de su mundo la condena de los atentados que cometa la organizacin terrorista.

De momento la ilegalizacin de los partidos de la izquierda abertzale histrica y su exclusin de las instituciones han situado al borde de un precipicio el debate sobre el fin de la violencia, obstaculizando la bsqueda de salidas al conflicto vasco. Poco margen de actuacin les queda a quienes apuestan por abrir el cauce de la poltica.

 

A resultas de todo, en el Pas Vasco se conformar prximamente el gobierno ms minoritario y alejado de la masa social que se ha instalado en Gazteiz desde los inicios de la democracia.

As las cosas, la cuestionada legitimidad de Patxi y el acordado gobierno de los autodenominados constitucionalistas, no pueden ms que augurar una poca de luchas enconadas con un frente nacionalista acostumbrado a contemplar la situacin desde el poder. Ese frentismo tambin es alimentado por ETA, que de la misma manera que la mayora de los medios de informacin entiende que existen dos nicos proyectos posibles que colisionan: el independentista y el patrocinado por Madrid, aunque en lucha desigual. Con lo cual, irremediablemente Euskadi se dirige hacia una poltica de bloques enfrentados y el hartazgo de los sectores no alineados que son ninguneados negndoles la posibilidad de desarrollar un proyecto poltico intermedio.

En este momento, ms que nunca, dando respuesta a la difcil situacin que propicia la eleccin de Lpez, en Euskadi tiene sentido el impulso de una referencia poltica que se site con claridad en ese espacio poltico no predeterminado por la dicotoma que presentan los bloques contrapuestos y los griteros de sus servidores.

Tendr alguien capacidad para desarrollarla?.



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