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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-05-2009

Cuaderno de crisis/ 6
Es la estructura, no el mercado laboral

Albert Recio
Mientras Tanto electrnico



I. Seguimos en las mismas. La dramtica destruccin de empleo existente en nuestro pas conduce una y otra vez al mercado laboral como centro y final de las polticas econmicas. Ahora es el nuevo manifiesto http://www.crisis09.es al que El Pas ha dedicado una insistente publicidad: primero en las pginas salmn del domingo 26 de abril, al da siguiente en la columna de Joaqun Estefana y el martes en el artculo de opinin de Ramn Marimn. La razn central de tanta noticia es que se trata de un manifiesto firmado por los ms prestigiosos economistas acadmicos del pas. Y por tanto hay que darles crdito pues han llegado a esta conclusin tras una profunda reflexin intelectual.

Ledo el manifiesto se observa un total paralelismo con los argumentos que en su da ya lanz el Gobernador del Banco de Espaa. No hay casualidades, los verdaderos autores de la propuesta son los mismos que desde hace aos controlan la lnea de anlisis del mercado laboral que se elabora en el Servicio de Estudios del Banco de Espaa y en la Fedea (la Fundacin de las Cajas de Ahorro) y que sin duda son los responsables del presente documento. Se trata de personas que hace muchos aos estn haciendo el mismo discurso sobre la necesidad de flexibilizar el mercado laboral espaol, y que suelen ser especialistas en retorcer su anlisis cuando la realidad les da la espalda. En la dcada de los ochenta sostenan que la rigidez del mercado laboral y la excesiva proteccin al desempleo (en un perodo en el que menos del 25% de los parados reciban alguna prestacin) era la causante del elevado desempleo espaol. En la dcada siguiente, cuando la tasa de temporalidad ya estaba en el 30% adujeron que la rigidez provena de la propia temporalidad, pues este colchn de temporales permita a los empleados fijos estar a salvo de los ajustes de plantilla. Un argumento que eluda la evidencia que en la crisis de 1991-1994 se destruyera bsicamente empleo estable. Despus han seguido con variaciones del tema con independencia de las numerosas reformas habidas desde 1994 y que han afectado a las normas de despido, a la negociacin colectiva y con una larga experiencia de negociacin colectiva dominada por la moderacin salarial. Da igual, el problema del desempleo sigue residiendo en su opinin en la dualidad del mercado laboral (fijos hiperprotegidos, temporales precarios), el carcter inflacionista de la negociacin colectiva, la falta de incentivos a la bsqueda de empleo debida a un exceso de duracin de la proteccin y cosas por estilo.

II. Su argumento llega en un momento aparentemente adecuado. Cuando se puede constatar que en este momento s que la destruccin de empleo se ha cebado ms en los temporales que en los fijos y cuando se acaba de anunciar que los salarios en el ltimo trimestre subieron casi un 5%. Lo segundo es mero engao para inexpertos. Lo primero requiere una explicacin ms compleja.

La encuesta trimestral de salarios recoge el salario medio que reciben los asalariados empleados en el trimestre en cuestin. Entre dos trimestres puede que hayan variado los salarios o el volumen de empleo, y ambas variaciones afectarn al dato final. En situaciones como la actual donde se reduce el empleo, el salario medio del trimestre anterior se obtena de un nmero mayor de asalariados que el siguiente. Si los empleos destruidos se han producido entre los personas con salarios ms bajos, la media del trimestre siguiente dar un resultado superior simplemente porque los que han mantenido el empleo cobran ms. Un pequeo ejemplo numrico puede servir. Supongamos un pas con asalariados de dos tipos, unos ganan 2.000 euros al mes y otros 1.000. Supongamos que en este pas trabajan 3 millones de personas, 1 milln del primer grupo y el resto del segundo. El salario medio ser por tanto de 1.333,33 euros al mes (sumamos 2.000 x 1 milln y 1.000 x 2 millones y lo dividimos por 3 millones). Al trimestre siguiente se han perdido medio milln de empleos, 100 mil del grupo uno y 400 mil del grupo dos. Los salarios no han cambiado. Cuando repetimos la operacin anterior obtenemos un salario medio de 1.360 euros mensuales, el salario medio de los ocupados ha aumentado sin que nadie haya experimentado ninguna mejora salarial, simplemente es que ahora hay una proporcin menor de ocupados con bajos salarios. Esto es lo que explica el ultimo dato de salarios, nada que ver con negociacin colectiva sino simplemente una muestra ms de lo que llamamos efecto composicin. De hecho, este ha sido un importante elemento de moderacin salarial en aos anteriores, pues sistemticamente se han estado creando empleos en sectores u ocupaciones de salarios bajos (por ejemplo va sustitucin de trabajadores con antigedad por jvenes que entraban en la empresa en condiciones a menudo contractualmente distintas). Ahora que se destruye empleo, y esta destruccin se ceba ms en los trabajadores con menores salarios, el efecto es el inverso. Un clculo rpido a partir de los datos de la contabilidad nacional (http://www.ine.es) muestra que entre 2001 y 2007 las remuneraciones de los asalariados pasaron de representar un 49,5% de la Renta Nacional Bruta a un 41,5%, en un perodo donde creci el porcentaje de poblacin asalariada. Un cambio en la distribucin de la renta que difcilmente se sostendra de tener una negociacin colectiva inflacionista.

Ms complejo es el tema de los cambios en el empleo, pero cuando se analizan de forma detallada las cosas aparecen bastante ms complejas de lo que sugieren los firmantes del manifiesto. Comparando la evolucin del empleo asalariado entre el cuarto trimestre del 2007 y el primero del 2009 lo que puede resultar sorprendente es que mientras en conjunto se destruyen 1,03 millones de empleos este valor es el resultado de una destruccin de casi 1,19 millones de empleo temporales y la creacin de 0,16 empleos fijos. Una evolucin tan sorprendente obliga a pensar que debajo subyacen cambios en la estructura ocupacional. La primera pista es que mientras que en el caso de los hombres se destruyen tanto empleos fijos como temporales (en la proporcin aproximada de 1 a 10), en el caso de las mujeres se pierden muchos menos puestos de trabajo y se generan ms de un cuarto de milln de empleos fijos. Conocida la enorme segregacin ocupacional por gnero no hay duda que explicar lo que ocurre requiere analizar las cosas con ms detalle. En primer lugar constatar que de nuevo el sector pblico se comporta de forma diferente que el privado y es el causante neto de 2/3 de la creacin de nuevos empleos estables, el resto son bsicamente empleos femeninos en el sector privado. Cuando analizamos lo que ha ocurrido por sectores volvemos a comprobar, otra vez, la importancia del efecto composicin. La enorme destruccin de empleo temporal es en gran parte debido al enorme peso del empleo temporal en los sectores en los que se ha concentrado en mayor medida la crisis, especialmente en el caso de la construccin, el comercio, la hostelera. En el sector industrial, donde la destruccin de empleo ha sido intensa, efectivamente los empleados temporales estn ms afectados, pero en una proporcin menor, por cada dos empleos temporales destruidos desaparece uno de estable (contando que muchas empresas dilatan el ajuste de plantilla mediante el recurso a expedientes temporales). En resumen los procesos de creacin y destruccin de empleo obedecen a lgicas bastante ms complejas que los simples modelos duales con los que se manejan este sector de economistas. En la estructura del mercado laboral espaol hay enormes desigualdades pero estas no pueden limitarse al sencillo esquema fijo-temporal sino que afectan a un conjunto mucho ms diverso de variables. Por ejemplo, en el seno de una investigacin sobre el sector auxiliar del automvil hemos podido detectar empresas de un mismo grupo con diferencias salariales de un 30-40% entre s. Diferencias que el grupo empresarial consigue mediante la aplicacin de convenios colectivos diferentes en cada planta. Precisamente el fraccionamiento de la negociacin colectiva (lo que pide el manifiesto comentado), combinado con los complejos procesos de subcontratacin, ha generado una enorme variedad de situaciones laborales y una grandsima precariedad social de los actores.

De la misma forma que un anlisis de largo plazo de la evolucin del desempleo permite observar que la evolucin del paro de larga duracin (parados que llevan ms de un ao sin empleo) tiene un comportamiento claramente cclico: crece espectacularmente en los perodos de crisis aguda y se reduce tambin drsticamente cuando el empleo se recupera. Lo que explica esta evolucin no es la existencia de un sistema excesivamente paternalista de proteccin al desempleo sino el proceso de creacin y destruccin de empleo sobre el que las personas desempleadas tienen poca o ninguna incidencia.

Si la economa espaola se ha caracterizado por algo en el perodo neoliberal es por la exageracin de los procesos del mercado laboral. Con fases de aguda destruccin de empleo (fijo o temporal) y otras de creacin rpida, pero a menudo poco consolidada. Cuando se entra al detalle de estos procesos se advierte la importancia de los aspectos estructurales. Del tipo de sectores en los que se concentra la actividad productiva, del tipo de empresas, de los modelos de gestin de la fuerza de trabajo. La ausencia, por ejemplo, de una formacin profesional de calidad es en gran medida producto de la reluctancia empresarial a generar procesos que no slo formen sino que generen reconocimiento profesional que deber traducirse en salarios y condiciones laborales. De la misma forma que el modelo migratorio de los ltimos aos ha sido promocionado con profusin como un medio para obtener una fuerza de trabajo dcil, barata y flexible. Sin cambios en la estructura productiva, en los modelos de gestin social, sin un reforzamiento del sector pblico va a ser difcil salir de la pesadilla social que significa una economa que oscila recurrentemente entre el paro masivo y el empleo de mala calidad.

No deja de ser una muestra de cinismo o de supina ignorancia encabezar un manifiesto (o un artculo) aduciendo que la crisis no la ha causado el mercado laboral para a continuacin hacer recaer todo el cambio del modelo en reformas en este campo. Sin apuntar propuestas en otras direcciones. Uno siempre haba supuesto que buscar las causas era una buena va para encontrar soluciones. Aqu se nos propone que puesto que el suministro elctrico ha fallado lo que tenemos que hacer es cambiar las bombillas.


III. Quienes firman el manifiesto no son adems expertos en el mercado laboral. Tocan de odas o con la confianza inveterada en la calidad analtica de un reducido grupo de economistas del Banco de Espaa o de Fedea (Bentolila, Dolado, Andrs...). Repasando el listado de firmantes se advierte la enorme presencia de personas adscritas a unos pocos departamentos y a una precisa corriente acadmica. Lo que en la profesin se conoce desde hace aos como el grupo de los minessotos. Economistas tericos, la mayora especializados en teora de juegos con poco o ningn inters por el anlisis de la realidad concreta de cada pas. O al menos es lo que siempre les hemos odo comentar, que la alta ciencia debe concentrarse en los modelos abstractos. Un grupo que ha alcanzado un enorme poder en la esfera acadmica y poltica. Personas que manteniendo una evidente comunidad de intereses y proyectos han conseguido colocarse en importantes puestos gubernamentales con el Partido Popular, el Partido Socialista, Convergencia y Uni. Personas por tanto influyentes a los que quizs habra que preguntar qu opiniones expresaron para evitar que acabramos en el desastre actual. Por qu no advirtieron sobre las causas que han generado el problema. Y por qu siguen sin decir ni mu sobre qu reforma requiere el sistema financiero un causante obvio del problema, cmo se podra cambiar la estructura productiva del pas sin caer en la sobada generalidad del capital humano y el i+d que ya se ensea en bachillerato y cmo se puede reconducir el cncer inmobiliario. Hay incluso entre los firmantes quien hace aos pronostic el hundimiento inmediato de la Seguridad Social y cuando la realidad le dio un revolcn a sus previsiones, lejos de disculparse y dedicarse a otra cosa, ha seguido dando lecciones sobre el tema.

Hay otras muchas personas en Espaa que llevan muchos aos estudiando el mercado laboral desde una ptica econmica. Con mucho trabajo estadstico y analtico. Prcticamente ninguna de ellas firma el manifiesto. Si en lugar de una mera operacin propagandstica estuviramos ante un verdadero debate social seguramente la opinin de estas personas sera considerada. Pero con la reforma laboral ocurre lo mismo que con el debate de la energa nuclear: los que hablan de abrir el debate sin apriorismos en verdad lo que proponen es que les den carta libre para propagar su unilateral punto de vista. Un punto de vista que en casi todo coincide con lo que estn pidiendo los lderes empresariales. Como alguien me coment, menos mal que bamos a reformar el capitalismo


IV. Que este y otros grupos de inters conspiren no es nada nuevo. Que se intenten colar intereses como ciencia verdadera tampoco. Lo que es increble es la nula capacidad de la izquierda poltica y sindical para articular una mnima respuesta social.

Y no es la primera vez que ocurre. Cuando la reforma laboral de 1994, tuve ocasin de participar en una reunin de especialistas en el mercado laboral con la cpula sindical de CCOO y UGT. La propuesta que sali de la misma fue la de organizar una jornada de anlisis del mercado laboral, con ponentes de enfoques diversos que ayudaran a contestar el discurso dominante y generar ideas en otra direccin. Era un momento propicio a una iniciativa de este tipo. En una poca en la que slo nos comunicbamos por fax, un modesto manifiesto elaborado en Barcelona consigui reunir en pocos das ms de 300 firmas de profesores (no consigui en cambio aparecer citado en casi ningn medio de comunicacin). Pero los sindicatos fueron incapaces de generar tal iniciativa y al final aparecieron como los nicos que se oponan a una reforma que contaba con la bendicin de los expertos.

Ahora las cosas son an ms graves. Porque no estamos slo ante una reforma laboral, sino ante una crisis general que puede dar lugar a dinmicas sociales muy peligrosas. Una crisis que exige respuesta no slo en el campo del empleo. Donde todos nos movemos en grados de incertidumbre e indefinicin que a la postre pueden acabar en una situacin realmente grave. Y donde en el plano de la escena poltica se vislumbra una recomposicin de la derecha, a la que no le temblar el pulso a la hora de aplicar nuevas polticas antisociales con la excusa de salir de la crisis. Por ello parece ya directamente suicida que los sindicatos o lo que queda de Izquierda Unida-Iniciativa sean incapaces de generar procesos en los que, como mnimo, salgan propuestas alternativas al machacn discurso que repiten como mantras la CEOE, el Banco de Espaa, la OCDE y el FMI. Y al que el manifiesto comentado trata de dar patina cientfica. Parafraseando la conocida escena del film de Nanni Moretti, Por favor, hagan algo, promuevan la participacin, promuevan un debate de verdad, ayuden a organizar una respuesta social, organicen. Aunque sea slo por mero instinto de supervivencia. O es que an no han entendido que lo que propone en la prctica esta reforma es la desaparicin efectiva de los sindicatos y el reforzamiento de los derechos del capital?

La peste porcina o de qu va la flexibilidad

Pensaba escribir sobre la cumbre del G20. Pero han pasado tantos das y tiene tan poca chicha que al final me gana la inmediatez. Escribir de nuevo sobre el teatro poltica, la incapacidad real de poner en vereda al sistema financiero, la incapacidad de romper con el modelo de capitalismo neoliberal, resulta a la postre aburrido. Los lectores de este cuaderno veran que me repito. Aunque no puedo pasar por alto subrayar que al final la nica medida efectiva a corto plazo es la de dotar de fondos al caduco Fondo Monetario Internacional, que ya ha empezado a hacer de las suyas con los planes de ajuste impuestos a los pases del Este de Europa.

La peste porcina en cambio es un tema ms nuevo y que da para alguna consideracin. No voy a entrar en el anlisis de las causas. De ello se encarga, creo que con bastante acierto, el artculo de Mike Davis reproducido por los amigos de Sin Permiso. Creo que lo ms sensato es pensar que el problema ha surgido de forma relativamente simple, como un subproducto de las muchas guarreras endmicas del sector crnico. Un sector que en el pasado ya ha dado historias tan escalofriantes como la de las vacas locas, la peste aviar o el mismo trfico de cerdos que se produjo en Catalunya y que amplific la magnitud de la peste porcina. Una industria que tambin en el plano laboral se encuentra entre las que ofrece peores salarios y condiciones de trabajo. No por casualidad suele ser un nicho de mercado para los inmigrantes ms desfavorecidos, un modelo que se repite por igual en Omaha o en Vic. Parecen en cambio rocambolescas y poco relevantes algunas de las historias conspirativas que han comenzado a circular, como la de la contaminacin de los narcos o la de un experimento gentico fallido. A menudo lo ms simple es lo ms verdadero. La misma generalizacin meditica del nombre gripe nueva parece diseada para tapar la responsabilidad del sector crnico . La historia en general, y la historia del capitalismo en particular, est llena de catstrofes no intencionadas, subproductos involuntarios (pero inevitables) de las ansias de acumulacin privada. Eso que los economistas convencionales serios llaman externalidades negativas o que con mayor generalidad podemos llamar costes sociales de la acumulacin de capital.

Sobre lo que quera llamar la atencin es sobre un aspecto particular de la cuestin, tambin subrayada por Davis hoy no soy ni gota de original y que constituye uno de los ncleos sobre los que gira el debate econmico de los ltimos aos. La cuestin de la flexibilidad. Flexibilidad entendida como capacidad de respuesta inmediata a una situacin inesperada, de adaptacin continua al cambio. Ese es el paradigma que se propugna para la organizacin de la vida laboral (flexibilidad de contratacin, de cambio profesional continuado. etc.). Pero que tambin se plantea en otros muchos cambios de la vida social, especialmente en el diseo de servicios pblicos de respuesta inmediata a catstrofes e imprevistos. De hecho, todo el discurso al que estamos asistiendo estos das es de ese tipo: buscar respuestas inmediatas a la expansin de la enfermedad, contar con los medios farmacuticos para hacerle frente. Las autoridades de la mayora de pases estn basando todo su discurso tranquilizador en el hecho de que cuentan con una respuesta flexible adecuada (aunque uno piensa que, de serlo, es ms por casualidad que por previsin, que cuentan con grandes dosis de Tamiflu porque fallaron las previsiones de propagacin de la peste aviar) y que saben cmo responder a la amenaza (aunque escuchando al presidente mexicano decir que no hay sitio tan seguro como la propia casa, en un pas con elevados niveles de violencia domstica, uno se atreva a pensar que el nivel de seguridad quizs no fuera realmente muy alto, especialmente para las mujeres). Lo importante es la respuesta, no la causa ni el proceso.

Esta forma de pensar cierra el espacio a otro planteamiento. No slo el preguntarse por las causas y sus responsables. La amenaza es tan grande que lo prioritario es conjurarla. Tambin el impedir pensar en otro tipo de polticas. Las de priorizar la reduccin de catstrofes mediante la organizacin adecuada de los procesos productivos, la organizacin preventiva, la anticipacin. Lo que supone adems realizar una adecuada evaluacin social tanto de los riesgos que significan el fracaso de las respuestas inmediatas a catstrofes imprevistas, como la comparacin de los costes relativos de las polticas preventivas (de organizacin previa) o de respuesta. Esto que es evidente en todos los mbitos de salud evitar la enfermedad o curarla una vez aparece vale para muchos otros campos de la vida social. Como el de la economa, donde el debate se plantea entre promocionar modelos econmicos que generan una enorme inestabilidad (como el actual sistema financiero, o el modelo de exacerbada especializacin territorial) y exigen respuestas laborales y econmicas flexibles, con elevados costes sociales, o por el contrario desarrollar sistemas productivos ms regulados donde la respuesta rpida se requiere slo para situaciones realmente impredecibles. Lo que tambin es evidente en campos como la planificacin territorial (el uso masivo del automvil es en parte una solucin flexible a un modelo espacial totalmente desajustado) o las polticas de seguridad (sociedades ms tolerantes e integradoras, frente a modelos donde prima el garrote contra el delito inevitable). La poltica de la respuesta flexible es la del predominio de la solucin de fin de conducto, tan bien conocida en el mbito del anlisis de los problemas ambientales.

Por ello la actual peste es una nueva muestra de promocin de una flexibilidad irreflexiva que demasiadas veces se muestra ineficaz. Planteando abiertamente el dilema prevencin-respuesta, en este caso obligando al debate sobre la ordenacin del sistema alimenticio, quizs podamos tambin abrir brecha en el debate ms general sobre el tipo de organizacin social que mejor garantiza el bienestar de las personas. Incluyendo en ello la minimizacin de los episodios terrorficos.



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