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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-05-2009

Nietzsche y el Comunismo (III). Contra la dialctica

Nicols Alberto Gonzlez Varela
Rebelin


Epidmicas Saturnales de la Barbarie: la emancipacin de la multitud

Ante el auditorio suizo Nietzsche dar su ltima conferencia en pblico de toda su vida a lo largo del ao 1872. No deja de recordarle a su selecto auditorio, una y otras vez, la prognosis de la hecatombe final gracias a la nueva Volksbildung, instruccin educativa popular, que Bismarck estaba llevando a cabo en el II Reich despus de derrotar al prfido Esprit de Francia. Su premisa aristocrtico-fisiolgica retorna en su discurso: la Naturaleza (Natur) como tal destina a un desarrollo cultural autntico slo a un nmero extraordinariamente pequeo de hombres, y que para promover felizmente el desarrollo de ellos, es suficiente tambin un nmero limitado de hombres, en tanto que las escuelas actuales, estn destinadas a las grandes masas (Massen) Y ms adelante lo formula con claridad que la formacin cultural y educativa autntica es la partidaria de la Naturaleza aristocrtica del Espritu (der aristokratischen Natur des Geistes).

El II Reich guillermino, que despert tantas esperanzas con la derrota de la tierra de la subversin, est ahora en peligro, ya que los objetivos iluministas consisten en emancipar a las masas del dominio de los Grandes Individuos (die Emanzipation der Massen von der Herrschaft der groen Einzelnen), y en general tienden a destruir la ordenanza ms sagrada del Reino del Intelecto (die heiligste Ordnung im Reiche des Intellektes), es decir: la sujecin de la masa (Dienstbarkeit der Masse), su obediencia sumisa (ihren unterwrfigen Gehorsam), su Instinto de Fidelidad al servir bajo el cetro del Genio (ihren Instinkt der Treue unter dem Zepter des Genius). (BA, III, p. 216-7) Nietzsche describe la creciente amenaza revolucionaria que se incuba en la Volksbildung: las multitudes han nacido para servir, para obedecer (zum Dienen, zum Gehorchen) y cualquier instante en que se agitan sus pensamientos serviles o dbiles o con las alas tullidas, confirma de qu arcilla los ha formado la Naturaleza o qu marca de fbrica ha impreso en dicha arcilla. Nuestro objetivo no puede ser la Cultura de masas (Bildung der Masse), sino la Cultura de individuos, de hombres escogidos (ausgersteten Menschen), equipados para obras grandes y duraderas

A los efectos suicidas y no deseados de educar universalmente a las grandes masas, las situaciones revolucionarias en Europa y en Estados Unidos, Nietzsche las llama con cinismo epidmicas Saturnales de la Barbarie. El populismo autoritario de Bismarck est conduciendo a una catstrofe: el Estado moderno ms fuerte, Prusia, se ha tomado tan en serio ese Derecho a mantener una suprema tutela sobre la formacin de las masas en la cultura y en la escuela, que ese peligroso principio as adoptado, dada la osada que caracteriza a dicho Estado, adquiere un significado universalmente amenazador y peligroso para el verdadero Espritu Alemn (wahren deutschen Geist). Entre lneas aparece en las conferencias el gran enemigo ideolgico en el II Reich de las corrientes reaccionarias: el objetivo primordial, que no es otro que Hegel y su Tendenz. Nietzsche responsabiliza a la herencia hegeliana de este desvo mortal de Prusia hacia la ilustracin democrtica, hacia la demaggica Volksbildung: el Estado se muestra como un mistagogo de la Cultura (Mystagoge der Kultur), y, al tiempo que persigue sus fines, obliga a todos sus servidores a comparecer ante l con la antorcha de la formacin y educacin estatal para todos en las manos (der Fackel der allgemeinen Staatsbildung)... la tendencia afn a se estado, comprendida poco a poco, de una filosofa favorecida tiempo atrs por el Estado y destinada a promover los fines del Estado, o sea: la tendencia de la filosofa hegeliana (die Tendenz der Hegelschen Philosophie); ms an: quiz no fuera exagerado sostener que Prusia, al subordinar todos los esfuerzos culturales a los fines del Estado, se ha apropiado con xito de la parte en que la herencia de la filosofa hegeliana es prcticamente utilizable: la apoteosis del Estado, por obra de dicha filosofa, llega su apogeo indudablemente en esa subordinacin. (BA, III, p. 226).

Sabemos que Nietzsche ocupa un lugar preponderante entre los llamados antihegelianos en la historia de la filosofa, junto a Kierkegaard, Schelling y Schopenhauer. Nietzsche es un caso curioso de un rabioso antihegeliano que desconoca por entero la obra de Hegel, al que jams estudi con seriedad y profundidad.

Condenar a Hegel

Aunque no ha comprendido ni siquiera la elemental divisin hegeliana entre Entendimiento y Razn, aunque no ha ledo ni la Fenomenologa del Espritu, ni la Lgica, ni la Enciclopedia, ni su Filosofa del Derecho, Nietzsche intuitivamente apunta sus armas contra el Hegelianismus qua corriente poltico-ideolgica. Sabemos a ciencia cierta que su nica lectura de un texto de Hegel son las Vorlesungen ber die Philosophie der Geschichte, las lecciones sobre filosofa de la historia editadas en 1837, ejemplar que se conserva en su biblioteca personal, pero que recin las leer muy superficialmente en 1873, mucho despus de estas conferencias.

Su nico concimiento en esta poca era de segunda y tercera mano: las diatribas antisemitas de su gran maestro Richard Wagner, los insultos parafilosficos de Arthur Schopenhauer y lo que pudo encontrar en el manual de historia de la filosofa de Kart Fortlage, el de historia del materialismo del socialista Lange y en los escritos de los neokantianos.

Una segunda vertiente que influenci a Nietzsche es la filosofa poltica de la Restauracin: las crticas a Hegel desde la derecha de historiadores conservadores como von Ranke y su amigo y padrino acadmico en Basilea Jacob Burckhardt. Burckhardt, a cuyas clases asisti personalmente con entusiasmo en 1870-1 durante su estada en Basilea, intent una sntesis entre la herencia del Pesimista de Frankfurt Schopenhauer y el concepto de Vida como pulsin irracional (Leben), pero en el excntrico historiador conservador Vida designa las bases de la totalidad histrica pero no los fundamentos de comprensin, legitimacin y explicacin de lo histrico.

Un giro extremo que realizar Nietzsche: Leben se convertir en el criterio de un juicio normativo de y sobre la historia, de sus ventajas y de sus incovenientes. Para Burckhardt, en continuidad con Hegel, el Espritu en su continuidad no puede reducirse ni replegarse sobre la Vida. El Espritu en su continudidad no puede ser reducido o reconducido a la naturaleza para encontrar su sentido ltimo. La irracional y reaccionaria Voluntad de Vivir (en palabras de Nietzsche: de la vida en tanto Poder oscuro, motor insaciable y ansioso de s mismo) es la sustancia metafsica del acontecer universal y medida de todas las cosas. Una inspiracin adicional se la suministra el manual de historia del materialismo de Friedrich Albert Lange, el socialista-liberal, titulado Geschichte des Materialismus und Kritik seiner Bedeutung in der Gegenwart (Historia del Materialismo y crtica de su significado en el presente, 1866), del que ya hablamos.

Lange critica a Hegel desde el neokantismo y reafirma que el conocimiento humano es limitado, lo que abra la puerta a la posibilidad de la existencia de lo incognoscible, de lo irracional y del mito. Lange tambin le permite conocer, a travs de su exposicin, a Feuerbach, Stirner y su futuro enemigo David Strauus, al que le dedicar la primera diatriba de las Consideraciones Intempestivas.

Otra fuente de argumentos contra Hegel es el propio climax ideolgico del partido del orden, los crculos conservadores y reaccionarios, para quienes Hegel y sus discpulos, los llamados con desprecio affranchis, eran la encarnacin del mismo Satans. El Hegelianismo, y Nietzsche tan preciso en el uso lxico y semntico utiliza no el nombre del filsofo sino sintomticamente el de su corriente, slo haba tenido xito en un exiguo ambiente de intelectuales y las autoridades ya despus de su muerte preparaban la contraofensiva terica y prctica.

Hegel muri en silencio, pero haba escrito un artculo que haba sido censurado por el rey, sus ltimas palabras se referan a otorgar al pueblo una constitucin ms digna y de limitar el poder a los terratenientes prusianos. Se le atribua al Hegelianismus, no sin razn, la responsabilidad de las doctrinas subversivas que pululaban (liberales de izquierda, republicanos masones, socialistas saitsimonistas, comunistas et altri). El rey, la corte, los Junkers, el ejrcito, la burocracia, el gobierno en su totalidad se proponan sepultar su doctrina en el olvido, expulsar de las instituciones a sus discpulos y seguidores y borrar toda influencia desacreditando su filosofa trayendo a Berln a su enemigo declarado, al ms famoso, al ms prometedor y al ms reaccionario: a Schelling. No lo lograron.

Y ahora el II Reich, bien lejos de recuperar la verdadera esencia trgica germana, como reclama Nietzsche, encarna el Socratismo cientfico y peor an: el iluminismo populista bajo la influencia oculta de un Hegel mal extirpado. El numen tutelar del voto universal (masculino), de la multiplicacin de escuelas, institutos y universidades, la formacin supernumeraria de lectores y funcionarios inteligentes no es otro que Hegel el oscuro.

La categora central que est en juego es la concepcin de la forma estado hegeliana y de la idea de Eticidad (Sittlichkeit), condenada en las conferencias como esa visin del estado como organismo tico absolutamente completo (BA, 3, I, p. 711), como una morbosa apoteosis del Estado en irreconciliable contradiccin con el autntico Espritu Alemn (BA, 3, I, 708-10) o en su Nachlass como concepto exagerado de Estado (VII, p. 412). El dursimo juicio de Nietzsche contra Hegel, que llega al argumento ad hominem, es un topos comn a las corrientes ideolgicas nacional-liberales, conservadoras y reaccionarias en Alemania durante esos aos. El concepto de eticidad, dir el filsofo vitalista Wilhem Dilthey en 1872, es extrao al Espritu Alemn y no sera ms que el eco ruinoso del ideal de Rousseau y los jacobinos, la imposicin de la figura del Citoyen, que reivindica la intervencin de la esfera poltica en las relaciones de propiedad econmico-sociales; el historiador conservador, pro imperialista y antisemita Heinrich von Treitschke, a quien Nietzsche le envaba todos sus libros (que acuo el slogan muy popular: Die Juden sind unser Unglck!; Los judos son nuestra desgracia!), contrapone al pathos hegeliano de la eticidad (importado del pueblo francs que lo sufre como una locura hereditaria) el concepto de libertad de los germanos, centrado en el derecho absoluto de las grandes personalidades; el filsofo-telogo conservador Rudolf Haym (en la revista Grenzboten, muy leda por Nietzsche) habla de su repugnancia hacia Hegel al hacer entrar en contradiccin el principio germnico-protestante de la libertad (basado en el ideal helnico trgico).

Ni hablar del odio visceral hacia Hegel de su maestro y educador Schopenhauer: en su obra El Mundo como Voluntad y Representacin, le llama diesen geistigen Kaliban, ese Calibn Espritual (que representa el materialismo vulgar); su obra es calificada como Scharlatanerei, charlatanera sobre el Conocimiento Absoluto; de filistesmo metdico; teora miserable; allgemeinen Mystifikation, mistificacin generalizada; pseudopensamiento insano; Gallimathias der Kopf, galimatas cerebrales; broma de idiotas, Narrenspossen Schopenhauer ataca no slo a Hegel (tena profundas diferencias personales) sino a toda su escuela: se rie con irona de los Junghegelianer, la escuela revolucionaria de los jvenes hegelianos (que integraba el mismo Marx), a quienes hace equivalentes a los socialistas en Inglaterra y a los que califica de estudiantes perdidos cuyas ideas llevan al bestialismo. El insulto filisteo, Philister en alemn, tuvo una connotacin racista durante el 900 que se pierde al traducirla al espaol; lo introduce Schopenhauer para indicar un persona sin necesidades esprituales, a la que slo la mueve lo material, la codicia, el inetrs de corto plazo y se utilizaba para denominar a las personalidades de la cultura alemana de origen judo.

Ms all del estatalismo excesivo o del optimismo en el progreso o la legitimacin de la Gran revolucin Francesa, el ataque contra Hegel es por la sospecha de justificar filosficamente la Modernidad.

Ya en Richard Wagner, del cual Nietzsche haba ledo y estudiado sus panfletos poltico-filosficos, judasmo y modernidad burguesa (que incuba el comunismo) van de la mano, y su crtica se direcciona especialmente contra los hegelianos a quienes combate llamndolos hebreos-liberales-modernos; su lucha antihegeliana es definida por s mismo como un combate perpetuo contra la victoria del moderno mundo judo (Modern de 1878, p. 58 y 60). Otro autor seguido con atencin por Nietzsche, Paul de Lagarde, afirmaba que el Pueblo judo puede definirse, por sobre todas las cosas, como aquel que se encuentra totalmente identificado con la Cultura moderna; agrega que las ideas hegelianas del estado como fin en s mismo, as como que el hombre alcanza la verdadera realidad Espritual mediante el estado son visiones extraas a la autntica Esencia Alemana. Criticando al discpulo ms brillante y famoso de Hegel, Eduard Gans, de origen judo, Lagarde le llama apstata de la Germanidad y en clara alusin a los hegelianos seala que ellos nunca podrn comprender la raza (Art) alemana. No es casualidad que en la defensa de su libro El Nacimiento de la Tragedia, su amigo el aristcrata von Gesdorff, al defenderlo de las crticas del eminente fillogo von Willamowitz, acusara a ste con su dialctica a la Lessing forma parte de la judera literaria de Berln (B, II, 4, p. 9).

Contra la dialctica como lgebra de la revolucin

Nietzsche no se reprime en este punto: ya desde sus aos juveniles condena a Hegel in toto a causa de su pedestre visin optimista del mundo (VII, p. 595), de su cosmovisin apolnea o lo ataca por elevacin, a travs de su discpulo ms popular en la poca, el poeta-publicista revolucionario judo Heinrich Heine. El mismo Heine con quin coincidira con Engels y Marx en el proyecto de los Deutsch-Franzsische Jahrbcher en 1844 y que participaba en la vida poltica de los emigrantes alemanes en Pars escribiendo en el diario comunista Vorwarts! Nietzsche lo desprecia sin remordimientos. A propsito de una estrofa de un poema del hegeliano Heine de su famoso libro Deutschland. Ein Wintermrchen (Alemania. Un cuento de invierno, 1844, c. 1, pp 35-36, estrofa 281), prohbido en el Reich, Nietzsche le contesta desde la otra orilla: Contra la despreciable frase juda de que el Cielo est en la Tierra (Nachlass, 5, 103, p. 135) El poltico e historiador conservador Treitschke, del que ya hablamos, en la misma poca acusaba a Heine de ser un avanzado intelecto hebreo desarrollado en la escuela de Hegel; otro autor que influenci profundamente a Nietzsche, el socialista antisemita Dhring, acusaba a Heine de estar formado en la maldita filosofa abstrusa de Hegel que produce sofistas, un atributo natural de la intelectualidad hebrea, pletrica de hbitos hegelianos; finalmente volvemos a citar al gran maestro, al Genio por antonomasia segn el propio Nietzsche, Wagner, quin no slo condena el lxico del hegelianismo como una jerga dialctico-hebrea (dialektischer Judenjargon), sino que adems subraya que en el mbito de la agitacin juda contra su obra musical, los ataques ms insidiosos son de aquellos que conocen la dialctica hegeliana.

La dialctica iniciada por Scrates en forma de mayutica y llevada su madurez y sofisticacin por Lessing (a quin Nietzsche descalifica como el erudito ideal) y Hegel es sinnimo de modernidad, de optimismo judo, de cultura hebrea, genera el prototipo del hombre terico, irremediablemente sordo al mito y al instinto, y no slo extrao y alienado de la verdadera Esencia Alemana sino que constituye su anttesis absoluta, como seala en su ensayo Richard Wagner en Bayreuth (WB, 9; I, p.485)

En sus manuscritos inditos tambin escribe una advertencia que le hizo Wagner contra la llegada de un germanismo judo (Nachlass, I, 51, p. 72) o ms adelante seala el irreconciliable conflicto entre visin del mundo hegeliana y visin del mundo del perodo clsico (ibdem, 3, 8, p. 95)

De nuevo emerge en esta poca la oposicin sin posibilidad de cancelacin entre la Germanidad de un lado y el Sokratismus-Hegelianismus (en realidad una mutacin de la cultura hebrea) del otro. En el libro sobre David Strauss (por cierto: que haba sido un joven hegeliano), la primera Consideracin Intempestiva, Nietzsche afirma que los hegelianos y su contrahecha descendencia son los ms atroces corruptores de lo Alemn. (DS, 12; I, p. 228) Las diferencias con Hegel no podran ser ms extremas e insalvables: Hegel valora a Scrates! como el que introdujo el principio que el intelecto o razn rige en el mundo y que inici en la historia del pensamiento la Moralidad (Moralitt) que es la vuelta del Espritu sobre s, la reflexin, la fuga del Espritu dentro de s, que no exista; esto solo comenz con Scrates. (VPG, II, p. 72)

En los fragmentos inditos Nietzsche realiza una discusin sobre algunas citas sueltas de Hegel tomadas del manual de historia del neohegeliano Karl Fortlage, Genetische Geschichte der Philosophie seit Kant (1852), donde hay un captulo llamado sugestivamente La relacin entre la Filosofa y el Socialismo. De all toma textos de Hegel de la Enciclopedia de las Ciencias Filosficas, los pargrafos 548 y 549, que aparecen en la tercera parte, y corresponden a la Filosofa del Espritu, segunda seccin El Espritu Objetivo. Se trata de una extraordinaria condensacin realizada por Hegel en pocas pginas de su obra ms poltica y polmica, La Filosofa del Derecho. Es adems la nica exposicin completa del sistema hegeliano que su autor public por escrito. Es casi una de las pocas veces que Nietzsche discute directamente y enfrenta a Hegel textualmente en las reas ms polticas de su pensamiento: en su concepto de historia universal, en su idea de estado, en su mtodo dialctico y no es casualidad.

Nietzsche se opone a la idea hegeliana de una historia del mundo (Weltgeschichte), una historia cosmopolita en la cual los espritus particulares de los pueblos no son ms que momentos, estaciones perecederas, una historia universal donde reina la Razn, que tiene un fin y que es la libertad.

Para Nietzsche Alemania tiene un rol clave en al regeneracin y retorno de lo griego trgico cmo podra ser un momento a superar en la historia! La historia universal hegeliana, en su dialctica infinita de progreso hacia la libertad, le parece Absurd, absurda. Que el mundo de la Humanidad sea en su transcurso la exhibicin del devenir de la Idea de Libertad le sugiere un truco de sofstica. Adems le escandaliza la idea del estado de Hegel como un fin en s mismo, como mediador entre los egosmos y pasiones individuales de la sociedad civil, como rbitro en el sistema de necesidades de la economa. La sola mencin a que el Estado es lo racional en s y para s a travs de una constitucin interna que lo transforma en juez de la moralidad privada e individual es insoportable: Pero el Estado es slo medio para asegurar la conservacin de muchos individuos: cmo puede ser l el fin! Retorna la idea de Nietzsche sobre la forma estado como contratendencia a la decadencia iniciada por el Sokratismus: Entendemos por Estado, nicamente como grilletes de hierro, que aprietan el proceso social (wie gesagt, unter Staat nur die eiserne Klammer, die den Gesellschaftsproze erzwingt). Si el estado no se basa en el descubrimiento y generacin de genios, la aristocracia espiritual designada por el orden jerrquico de la naturaleza, la construccin hegeliana es ms y ms decadencia: La esperanza est en que al asegurar la conservacin de muchos fracasados (vieler Nieven), tambin sean protegidos aquellos pocos hombres en los que culmina la Humanidad. De lo contrario no tiene ningn sentido mantener a tantos hombres miserables (elende Menschen). La historia de los Estados es la historia del egosmo de las Masas (Egoismus der Massen) y del ciego deseo de querer vivir: slo por los Genios (Genien) se justifica en alguna medida esta aspiracin, en cuanto que les permite existir. (Nachlass, 29, 73, p. 480)

El Hegelianismus como tal resume judasmo: ya en la poca de la resistencia contra Napolen, el mismo Hegel en vida era llamado el filisteo par excellence, con el evidente acento judefobo del tal insulto. Para reaccionarios y conservadores alemanes, las afinidades electivas de Hegel con el judasmo estaban fuera de dudas. Nietzsche incluso llega a lanzar la hiptesis al reconstruir la figura moderna del intelectual subversivo, que el origen de esta tradicin morbosa no slo no es griega, ni cristiana, sino en ltima instancia hebrea: El hebreo es dialctico, y Scrates lo era. Y tiene en sus manos un instrumento terrible: se refuta al adversario comprometiendo el intelecto se lo somete a un interrogatorio, dejndolo inerme se obliga a la vctima a la obligacin de demostrar que no se es un idiota. (NF, XIV, p.414)

Judasmo es racionalismo, es Socratismo, y esto significa democracia que vence y lucha contra el Instinto (Nachlass, 2, 1, p. 85) o bien victoria del Pueblo Judo sobre la voluntad debilitada de la cultura griega. (Ibdem, 3, 73, p. 108) o que la idea de extender una educacin universal a todo el pueblo es Influjo de Hegel. (Ibdem, 8, 57, p. 212). El hegelianismo para Nietzsche es el ltimo y ms evolucionado fruto de la Aufklrung y el resultado cultural es una superestructura pica (de ninguna manera heleno-trgica, esencialmente no alemana): La Ilustracin desprecia al Instinto, cree slo en razones Nuestra cultura pica se manifiesta en nuestra ciencia de la naturaleza, en nuestro realismo y en nuestros novelistas. Su filsofo es Hegel. (Ibdem, 5, 46, p. 125). Nietzsche tambin denomina muchas veces a esta cultura moderna, pica, sensual, antigermana como cultura parlamentaria.

La condena de la Dialektik como distorsin judaica, la acusacin de denominar peyorativamente dialcticos judos a la intelectualidad crtica y subversiva cumplirn un rol importante en el curso de la campaa desencadenada en el II Reich contra el judasmo alemn. Y la dialctica reconduce una y otra vez a Hegel sin mediaciones. Y Hegel reconduce a la ideologa francesa, al saintsimonismo, a las ideas socialistas, al comunismo.

O sea: contra la peregrina idea del Nietzschisme, sintetizada en el libro de Deleuze en el captulo V, El superhombre: contra la dialctica, donde llega a sostener que tenemos plenos motivos para suponer en Nietzsche un conocimiento profundo del movimiento hegeliano, desde Hegel hasta el propio Stirner aqu no hay discusin filosfica posible (no podra haberla dado el bajsmo conocimiento de Hegel). La afirmacin de Deleuze que la obra de Nietzsche va dirigida contra la dialectica tiene sentido slo si la entendemos como orientacin eminentemente poltica, una Kritik global al hegelianismo como Tendenz poltico-filosfica plebeya y revolucionaria. Y no sabemos cmo podra uno oponerse a una filosofa, criticarla y superarla sin al menos haberla estudiado en profundidad y comprenderla. Adems la propia presentacin de Deleuze de la dialctica de Hegel es una distorsin y simplificacin que demuestra su propia ignorancia: reducir el ncleo de la dialctica hegeliana a la negacin externa es no haberla comprendido en absoluto.

Volviendo a Nietzsche, su ataque antihegeliano era y ser medularmente una crtica poltica reaccionaria, como se repetir en el futuro. Y Nietzsche era plenamente consciente de ello, ya que la Tendenz hegeliana en el caso especfico de la educacin y el rol del Estado tiene inmediata consecuencias revolucionarias imprevisibles. Como reflexiona en sus ntimos manuscritos: Si las clases trabajadoras (Arbeiterstnde) consiguen comprender que a travs de la Formacin educativa-cultural y de la Virtud (Tugend) pueden hoy fcilmente superarnos, entonces ser nuestro final. (Nachlass, 29, 216, p. 513)



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