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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-05-2009

La realidad que simboliza el Parlamento vasco no se compadece con la que conforma la sociedad
La ptrea realidad

Pello Urzelai
Berria

Traducido para Rebelin por Ramon Bofarull


A pesar de que Patxi Lpez haya proclamado que el Parlamento vasco es un correcto reflejo de la sociedad vasca y que se encuentran en l todos los que deben estar, es notorio que esta imagen es cada vez ms roma, desde el punto de vista territorial lo mismo que desde la perspectiva de la voluntad popular expresada en votos. Se diga lo que se diga, la sesin de investidura refuerza esta sospecha: la realidad que simboliza el Parlamento no se compadece con la que conforma la sociedad.

El resultado final era sabido: Patxi Lpez ha llegado a lehendakari por el acuerdo suscrito con el PP, y eso abrir necesariamente una nueva etapa en el Pas Vasco, poniendo en duda tambin la legitimidad de sus bases.

Confrontar el discurso y los planteamientos de los dos candidatos puede resultar iluminador para entender el meollo de esa nueva etapa. Ha habido una diferencia notoria entre Ibarretxe y Lpez: la perspectiva sobre el conflicto poltico. Para el Lpez que defiende el punto de vista del Estado no existe problema poltico alguno. El nico conflicto es el vinculado a la violencia de ETA: un problema de libertad causado por ETA, nada ms. Pondr todas las fuerzas del nuevo gobierno en hacer frente a ETA. Para esa tarea utilizar a la Ertzaintza y la colaboracin entre los gobiernos de Espaa y Francia. De consuno con esos instrumentos, el principal eje del nuevo gobierno ser la deslegitimacin poltica de la violencia. Quiere influir en el corazn de la ciudadana, con la intencin de quebrar el ptreo silencio que dice que est enraizado en una sociedad desalmada.

El candidato Ibarretxe ha puesto el contrapunto a esa visin. Ha puesto sobre la mesa el problema poltico silenciado por el candidato Lpez: el problema, el problema que tenemos poltica y democrticamente, reside en no reconocer al Pas Vasco como sujeto poltico que tiene identidad propia, en no reconocer, al cabo, que es un pueblo con capacidad de decidir su futuro en libertad y democrticamente.

Al realizar este contraste, se percibe claramente el esfuerzo del nuevo lehendakari de vestir la realidad a su antojo, soslayando el meollo del problema. Pero si en las conversaciones de Loyola y Suiza se habl de ese conflicto poltico, no es posible que ahora desaparezca porque el PSE-EE haya llegado a Ajuria Enea. La combinacin matemtica de las elecciones del 1 de marzo no puede, por s misma, eliminar un conflicto que tiene races histricas.

Una de las principales caractersticas de la nueva poca ser un esfuerzo renovado por ocultar las dimensiones polticas del conflicto, como ha quedado patente en el discurso de investidura de Patxi Lpez. A diferencia de lo ocurrido hasta ahora, el Estado tendr entre manos un nuevo instrumento para imponer su visin de la realidad, esto es, el aparato institucional del Gobierno vasco.

En efecto, con la neutralizacin de Ibarretxe y el gobierno tripartito, el Estado ha dado un gran paso en la estrategia de desfigurar el fondo del conflicto. Como ha admitido recientemente Zapatero, la obtencin por los socialistas del Gobierno vasco ha implicado estabilidad y tranquilidad para Espaa. Y es que, al cabo, han logrado acallar la reivindicacin institucional por el derecho a decidir, que no superaba el muro de la legalidad, pero que mantena encendido el fuego del conflicto.

La principal pregunta a partir de ahora es la siguiente: cmo se encauzar la voluntad de soberana de todo un pueblo? Hay que esclarecer cmo mantendr cada agente este objetivo. Por un lado, qu continuidad habr en el PNV que ha pasado a la oposicin en la etapa posterior al adis de Ibarretxe. Si coger la mano tendida por Patxi Lpez (de momento no: Egibar le ha contestado que ya conocen esa mano, es la que se lanza al cuello) o si emprender la formacin de una alternativa basada en los cimientos de hasta ahora. Por otro lado, hay que ver cmo enfocarn esa reivindicacin el resto de agentes ─los que estn en el Parlamento vasco y los ilegalizados. Si hay posibilidad de organizar un bloque efectivo en torno a ella.

Quienes acusan a Patxi Lpez de haber formado un gobierno que no representa a la mayora social y que actuar en contra de la mayora poltica tendrn que demostrar que son capaces de estructurar esa mayora y de hacerla efectiva.

Las leyes y las instituciones surgidas de stas no eliminan la ptrea realidad que ha permanecido durante siglos. Lo mismo que la Ley de smbolos navarra no ha logrado hacer desaparecer el apego a la ikurria. La clave radica en si la mera permanencia es suficiente y si es posible vencerla.

Una vez logrado el poder, est por ver qu har la alianza entre el PSE y el PP. Es claro que no le pondr la tarea fcil a la oposicin. Ibarretxe ha advertido a Patxi Lpez que quien quiera destruir el camino realizado tendr frente a s al PNV. Pero es posible que el nuevo gobierno no tenga grandes deseos de desandar o destruir lo andado. Porque dejar de caminar en esa direccin o empezar a construir otra puede ser suficiente. Ha empezado el laberinto de espejos.

Berria, 6 de mayo de 2009

http://www.berria.info/paperekoa/harian/2009-05-06/002/013/Harrizko_errealitatea.htm



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