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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2009

La crisis desnuda todas las falacias y miserias del libre mercado de Hayek

Andrs Herrero
Rebelin


Resulta enormemente significativo que el distinguido profesor Hayek, defensor a ultranza de la libertad, proclamase su apoyo incondicional a un dictador tan sanguinario, corrupto y siniestro como el general Pinochet, al afirmar que:

- Cuando no existen reglas, alguien tiene que hacerlas. Una dictadura puede ser necesaria durante un cierto perodo de tiempo como forma de instaurar una democracia estable, limpia de impurezas (los ms de 30.000 chilenos asesinados en el golpe de Estado quizs? )

La mejor manera de defender la libertad es imponerla a sangre y fuego. Las declaraciones de Hayek prueban que prefiere la legalidad surgida de las armas a la elegida pacficamente por la mayora de los ciudadanos, cuando stos tienen la desgracia, o cometen la imprudencia, de desviarse de la buena senda. Pero no se trata aqu de juzgar tanto sus posturas polticas, como sus posiciones ideolgicas.

El gran apstol de la libertad del siglo XX, inici su fervorosa cruzada neoliberal en 1947, recin terminada la segunda guerra mundial, cuando fund la Mont Pelerin Society, un elitista laboratorio de ideas o think thank, al que solo se accede por invitacin, y que a lo largo de su historia ha contado en sus filas con 8 premios Nobel de Economa, desde l mismo, que fue adems su primer presidente, hasta otras personalidades no menos clebres como Milton Friedman, George Stigler o Gary Becker. Desde el primer momento, este selecto club de cerebros, financiado por la fundacin William Volker Fund, se consagr a la tarea de expandir las bases ideolgicas de la revolucin conservadora a lo ancho y largo del globo, desplegando una febril actividad que con el paso del tiempo se revelara como una de las inversiones ms rentables del capitalismo contemporneo.

Desde tan privilegiado pedestal, Hayek ha estado impartiendo su leccin magistral a la humanidad durante cincuenta aos:

- Una dictadura se puede poner lmites a s misma y resultar as ms liberal que una democracia totalitaria . Porque la democracia cumple una funcin higinica: asegurar que los procesos polticos se conducen correctamente y permitir a la gente impedir que el gobierno haga ciertas cosas; pero la democracia no es un fin, sino que constituye tan solo un instrumento al servicio de la libertad, por lo que de ninguna manera tiene la misma categora que ella. Desgraciadamente, la libertad est hoy gravemente amenazada por el afn de la mayora, compuesta por gente asalariada, de imponer sus criterios y opiniones a los dems.

Como no poda ser menos, la mayora constituye la mayor amenaza a la libertad y la democracia. Que la gente asalariada pretenda intervenir en la marcha de la sociedad, atenta contra el buen orden de las cosas. Cada cual tiene que dedicarse a lo suyo. Los currelas a trabajar sin rechistar, y los multimillonarios a ser libres y mandar. Al fin y al cabo, la libertad forma parte del patrimonio de los ricos (como todo lo dems), y sera imperdonable que se la dejasen arrebatar por un puado de personas inferiores, mano de obra a su servicio. El mayor problema para los ricos es que se les acumula el trabajo, ya que la necesidad de un poder capaz de garantizar la propiedad privada, propicia que los gobernantes tiendan a abusar de los poderes a ellos confiados, lo que les obliga a controlar con pulso firme tanto al pueblo como al gobierno, ya que cualquiera de sus dos subordinados le puede traicionar.

Solo la fuerza permite conservar la riqueza (el botn acumulado), por lo que el poder no puede mostrarse dbil ni hacer concesiones. Hayek, su portavoz autorizado, denuncia con sobrada razn que los gobiernos se han convertido en instituciones de beneficencia solo que de la banca y las grandes corporaciones, no de las personas, se le olvida aadir.

Comenzamos domesticando al salvaje y debemos terminar domesticando al Estado, sugiere. La coaccin del gobierno es mala; la de los grupos de presin, estupenda. Nada resulta ms nocivo para la salud de la sociedad, seala Hayek, que confundir el ideal democrtico con la tirana de la mayora . A la interminable legin de dictaduras del capital, militares, religiosas y oligrquicas que en el mundo han sido, nuestro experto en libertad agrega sta de su cosecha, marca de la casa y patentada por l: la tirana de las masas Recrcholis!... Ser que se han revolucionado demasiado stas viendo el ftbol, se habrn declarado quizs en huelga de hambre para protestar por la programacin televisiva, habrn atrapado a nuestro gran hombre en un atasco de trfico un da que iba con prisa, o lo que todava sera peor, pretendern quizs llevadas de su osada sin lmites, acceder a un trabajo estable y unos ingresos suficientes que les permitan vivir con dignidad?

Hay que terminar de una vez con tanto libertinaje y desenfreno. La democracia, para no caer en el totalitarismo, tiene que tener lmites, los humanos no. El peligro radica en los excesos de la mayora, no de los individuos. Todo lo pblico repele a nuestro insigne intelectual, que aplaude calurosamente el intervencionismo estatal que reprime a las masas, mientras rechaza con idntica energa que se ponga coto alguno a las ambiciones particulares. Pero si nadie ms que el propio individuo puede determinar lo mejor para l, tampoco nadie distinto de la propia sociedad, podr decidir lo mejor para ella. Exhortar a que el individuo sea el juez supremo de sus fines, significa convertirlo en la medida de todas las cosas, haciendo de su derecho a enriquecerse sin medida, la norma suprema de las relaciones humanas, y la expresin mxima de su libertad.

- Djenme llamar por los familiares nombres de altruismo y solidaridad a los instintos primitivos que funcionaron bien en el grupo pequeo, pero que en la sociedad civilizada estamos obligados a abandonar. El socialismo solo es la nostalgia de la sociedad tribal.

La libertad de Hayek supone una patente de corso que otorga a los que consiguen alcanzar la cspide de la depredacin social, disponibilidad absoluta para comprar las vidas de sus semejantes, tasadas a su justo precio por el mercado y qu puede haber mejor que la libertad de explotar y ser explotados?...Al abordaje, muchachos!... Bienvenidos a bordo de la repblica independiente del capital, donde somos libres porque no dependemos de que otras personas nos aprueben

Ah, no? y qu, sino eso, es tener que venderse y agradar todos los das a un jefe?... El mercado procura la misma libertad a los asalariados que las arenas del circo a los gladiadores romanos; el contrato del trabajador con la empresa recuerda al de la gacela con el len; si se descuida un segundo, lo devorarn.

Pero a cambio de eso, qu hermosa es la miseria practicada en libertad, y poder disfrutar de la oportunidad de ser despedidos, humillados y malpagados! De la intemperie a la caja de cartn, sin despreciar los pasillos del metro, las filas del paro o las montaas de basura del vertedero, el neoliberalismo brinda a los humanos infinitas oportunidades de situarse en la vida y qu tranquilo se muere uno de hambre o de accidente laboral, sabiendo que el mercado lo ha dispuesto as!... Lo nico que desentona en tan idlico panorama, es que aunque el director general y el vagabundo son libres de vivir bajo el puente, solo uno de ellos lo hace, como observa oportunamente el cientfico Henry Laborit, recordndonos que la nica libertad que de verdad importa es la que nos favorece.

Sin embargo, el padre del neoliberalismo intenta convencernos una y otra vez de que no se puede tener todo, libertad y casa, libertad y pan, libertad y trabajo; ya que la justicia social en una sociedad de hombres libres no tiene ningn significado, solo es una ficcin, que nadie sabe en qu consiste. Pero sin necesidad de poseer una mente tan brillante como la suya, cualquiera puede fijar el mnimo vital de justicia social en que a ningn ser humano le falten 2.000 caloras diarias, una vivienda decente en que cobijarse y un empleo digno de ese nombre. Aunque Hayek no lo crea, la libertad de subsistir en la indigencia seduce a poca gente, por ms que para l la nica injusticia consista en la violacin del derecho a poseer, obviando la infinitamente peor de desposeer a los dems. La libertad de comer para l no existe, por lo que con su demagogia habitual, califica como violentas las huelgas que efectan los asalariados, pero no as los despidos masivos que realizan los patronos:

- Si se concede poder a los sindicatos para conseguir una participacin mayor, el mercado no funcionar. Las amenazas al buen funcionamiento del mercado son an ms graves por el lado del trabajador que por el de la empresa.

La culpa de todo la tienen los de abajo, las vctimas, por no aceptar que su destino es sacrificarse por el bien de la economa. Sabido es que cuanto ms crecen las filas del paro, ms crecen los beneficios . Segn Hayek l a condicin necesaria para que el mercado funcione a las mil maravillas, es que sus dueos naturales, los Rockefeller, Rothschilds y compaa, se lleven la parte del len, como hacen sus parientes de la jungla, dado que las reglas son las mismas. La democracia necesita de la escoba de los gobiernos fuertes (como el de Pinochet o ms), para sofocar el descontento de la mayora, quebrar a los sindicatos y acabar con un sistema modlico de sanidad pblica, como hizo su bien amada discpula Thatcher, la sin par dama de hierro , durante el perodo que rigi los destinos de Gran Bretaa. Reemplazar lo pblico y gratuito beneficioso para todos, por lo privado bueno solo para los pocos que pueden pagarlo, es algo que nunca podrn agradecerle lo suficiente los sbditos de su graciosa majestad.

De ser cierto como argumenta Hayek, que la desigualdad de ingresos permite elevar el nivel de la produccin, entonces si se lograra concentrar toda la riqueza del planeta en manos de un solo hombre, la humanidad conocera una prosperidad sin precedentes, de paso que el interesado se lo pasara de vicio. La desigualdad s que propicia la prosperidad pero solo la de los ricos.

- L as personas son diferentes y nada sera ms injusto que igualar a personas que no lo son. La nica igualdad posible es el trato que todo el mundo recibe del gobierno, y la igualdad sin excepcin de todas las personas ante la ley. Tan pronto como alguien exige ms, entra en conflicto con la libertad. La igualdad material slo puede lograrse limitando la libertad

 

la libertad de algunos de apoderarse de todo. Los que atentan contra la libertad son los que exigen ms salario no ms beneficios. Nuestro impagable libertador profesional afirma que la igualdad es enemiga de la libertad, olvidando que, por definicin, toda desigualdad implica jerarqua y cabe imaginar algo ms opuesto a la libertad que la jerarqua... o acaso dnde ms libre se siente una persona es en presencia de su superior?... En lo que respecta al trato exquisitamente igualitario que el gobierno dispensa a todos los miembros de la sociedad sin excepcin, basta observar la cantidad de veces que la autoridad disuelve a tiros las manifestaciones y huelgas de los empresarios, como hace con las de los obreros.

L a justicia reside en la desigualdad: principio al que se atuvo escrupulosamente a lo largo de toda su carrera poltica, su fiel escudera Thatcher que, sin sonrojarse, reconoci que "su trabajo era glorificar la desigualdad, entendiendo por tal, aumentarla, cuando lo correcto hubiera sido refrenar las malas inclinaciones de los predadores humanos, para que pudieran convivir normalmente con los dems ciudadanos.

Hasta l os impuestos progresivos merecen la reprobacin de Hayek porque infringen su norma suprema de tratar a todos por igual. Que la regla se aplique uniformemente a todos los individuos, impide la progresin ascendente de la carga tributaria, lo que implica que deben pagar lo mismo al fisco, Rockefeller que el parado, el dueo del banco que su empleado, el empresario con ganancias que el que se halla en bancarrota.

Que las personas sean libres, no significa que todas tengan que serlo (basta con que lo sean las relevantes). De hecho, que el dinero sea el mayor instrumento de libertad que se ha inventado nunca, confirma que la libertad de Hayek se halla reservada a los propietarios, no a los asalariados, y se convierte en una utopa por no decir una burla, para la mitad de la humanidad que subsiste con una propina de menos de 2 dlares al da, pues si es la riqueza la que proporciona la libertad a los humanos qu hace la miseria sino robrsela?

Al estado de bienestar, Hayek opone el de desigualdad; la libertad solo puede alcanzarse en el mercado annimo e impersonal que da a cada uno lo suyo. Esfera omnipotente y soberana , sin recurso ni apelacin posible, que lo mismo obliga al trabajador a contratarse por el mero sustento, sin horario, proteccin, seguridad ni derecho alguno, arriesgando su vida y su salud en el tajo, que induce al empresario a producir cantidades excesivas de productos - basura rpidamente obsoletos, a costa de la salud del medio ambiente y del consumidor. Filosofa perversa que qued todava ms en evidencia, cuando Hayek rechaz que se proporcionara ayuda a los miles de africanos que estaban pereciendo de inanicin a causa de la sequa:

- Me opongo absolutamente. No tenemos porque asumir tareas que no nos corresponden. Debe operar la regulacin natural.

Su buen corazn lo delata. Ms all de su total falta de sentimientos, Hayek demuestra poseer la misma sensibilidad que una almorrana. Segn l, cualquier intervencin humanitaria, incluso la que se realiza para socorrer a alguien que se encuentra en peligro, atenta contra la libertad soberana del mercado que no puede tener en cuenta lo que cada persona necesita o se merece, por lo que con arreglo a ese precepto definitivo e irrevocable, quienes no puedan sostenerse a s mismos, han de ser purgados. Del mismo modo que cuando alguien se est ahogando, debe esperar a que el mercado acuda a salvarlo. El neoliberalismo apuesta por deshacerse de los elementos improductivos de la sociedad, aplicando a escala global y con la mxima efectividad la solucin final de Hitler. La suya es una moral de ganadores y perdedores, de tanto tienes tanto vales, el pez grande se come al chico, solo triunfan los ms aptos... Un slvese el que pueda colectivo, en el que a las personas debe dispensrseles el mismo trato que a las mercancas, y su remuneracin debe corresponderse con la utilidad que tengan para los dems miembros de la sociedad. El neoliberalismo se revela as como el ms fiel albacea del nazismo y digno continuador de su obra inacabada:

- La moral de ms xito es la que permite mantener el mayor nmero de personas con vida. Una sociedad libre exige el mantenimiento de vidas, pero no de todas las vidas. Lo moral se identifica con el cumplimiento de los acuerdos y la observancia de las reglas, especialmente la del respeto a la propiedad. Las nicas normas morales son las que conducen al "calculo de vidas": la propiedad y el contrato.

Nada importa que el que posee el oro sea el que dicte las reglas y que stas se compren con la misma facilidad que los hombres. El respeto a la propiedad privada y los contratos que la regulan, son lo nico sagrado para Hayek. Robar (ilegalmente) no se puede consentir, matar de hambre al prjimo, s. Lo esencial es conservar riquezas, no vidas, en una sociedad en la que no queda ms moral que el lucro, ni ms pecados que los de hacienda.

El bienestar de todos solo es posible en la medida que se respeta la inviolabilidad de la propiedad. Un todos que incluye hasta los que no tienen nada ms que sus manos para trabajar o sus riones para vender, y cuya felicidad debe consistir en carecer de lo ms elemental. Pero pese a lo que l opine, la propiedad privada solo tiene sentido para las pertenencias de uso exclusivamente personal (vivienda, cama, vestidos, etc.), y lo pierde en cuanto se extiende a los bienes de uso social (fbricas, tierras, capitales), que le sirven como arma para sojuzgar a sus semejantes.

Acumular por acumular, como un fin en s mismo, torna la propiedad privada en una posesin enfermiza. La sociedad de mercado precariza deliberadamente la vida de las personas, impulsndolas a amasar ms y ms riquezas, como nica manera de adquirir seguridad, ya que trabajar no les garantiza ningn futuro ni estabilidad. Hasta la aparicin del mercado, los propietarios tenan que cargar con sus esclavos toda la vida, incluso cuando se hacan viejos o enfermaban, pero ahora, al convertirlos en asalariados, los alquilan solo cuando los necesitan, con lo que se ahorran su manutencin. La democratizacin de la compraventa de humanos ha tornado libres a los esclavos modernos. El progreso no se detiene.

Con su proverbial lucidez Hayek nos aclara que:

- Solo en las mentes de los individuos existen escalas de valores; y stas, a menudo, son diferentes y contradictorias entre s.

Pero entonces, si no existen valores generales, cmo podremos elaborar leyes generales?... se encargar tambin el mercado de proveerlas? Porque si lo dejamos todo, inclusive la justicia, al arbitrio del mercado, hasta las sentencias tendrn que regirse por la ley de la oferta y la demanda. Cuando en su ms clebre ensayo, Camino de Servidumbre (el del socialismo), publicado en 1944, Hayek sealaba que la cuestin decisiva es si gobernar el comercio al estado, o el estado al comercio, todos sabemos quin ha ganado la partida.

El Mercado es Dios, Hayek su profeta, y los precios la viagra del sistema. La concepcin del mercado de Hayek, recuerda a la del diseo inteligente, y su camino de servidumbre , se parece al camino de salvacin de Escriv en que, para ambos, el dinero es el que hace a los hombres libres y santos.

A pesar de no ser creyente, a Hayek se le apareci el Mercado como a otros la Virgen, y posedo por esa visin mstica, en un ataque de inspiracin, nos alecciona sobre sus bondades :

- El mercado al aumentar la productividad per cpita, logr mantener vivas a un nmero de personas que, sin l, no habran podido sobrevivir. Si el capitalismo se hunde, el Tercer Mundo perecer con l.

Y no ser al revs, querido amigo, que occidente para poder consumir por encima de sus posibilidades, tiene que arrebatarles sus recursos a los habitantes de los pases subdesarrollados, condenndolos a una muerte segura? Tan flaca memoria tiene nuestro venerable maestro, que ha olvidado que el mercado naci con el esclavismo, lleg a la mayora de edad con el colonialismo, y estaba a punto de alcanzar el xtasis con la globalizacin, cuando estall la crisis?

El secreto del xito del capitalismo no ha sido otro que la explotacin intensiva de los recursos fsiles de la tierra. Un barril de petrleo equivale a 25.000 horas de trabajo humano; un tractor cosecha tanto como mil hombres juntos. Las mquinas han suplido con ventaja al msculo, y esa poderosa corriente de energa arrancada de las entraas de la tierra, ha obrado el milagro de que apenas en siglo y medio, la poblacin del globo se haya multiplicado por seis. Mrito que no pertenece al capitalismo, sino a la ciencia, aunque se haya apropiado de l, como de todo lo dems.

El mercado no es el sistema que crea ms riqueza, sino la maquinaria ms eficiente de depredacin y explotacin jams inventada por el hombre. La afirmacin de Hayek de que los pobres reciben en un sistema de mercado ms de lo que obtendran en un sistema centralizado, la desmiente tajantemente la historia, como testimonian los millones de ciudadanos rusos que desaparecieron del mapa con la sbita transicin de su pas del comunismo al capitalismo. Cuando recientemente la revista Russia Now, consult a los ciudadanos de Mosc que sistema socio-econmico preferiran, el 58 % se inclin a favor de regresar a la planificacin y distribucin estatal anterior, frente a un 28 % que se mostraron partidarios de proseguir con la propiedad privada y el mercado. [i]

Con eso est dicho todo. Si alguien de menor categora que Hayek, se permitiera el lujo de asegurar que la libertad viene incorporada en el precio de las mercancas, que son los precios los que nos hacen libres y que nuestra libertad depende de sus fluctuaciones, lo tacharan como mnimo de luntico e irresponsable. Pero si adems semejante prodigio del razonamiento se atreviera a sugerir que los precios se forman por generacin espontnea, entonces s que nadie tendra duda alguna de que se le haba ido definitivamente la olla y no le permitiran salir del siquitrico ni siquiera a dar un paseo. Con u na simple ojeada a los clsicos, Marx le hubiera enseado que el precio de las mercancas no expresa su valor objetivo, sino tan solo la relacin de fuerzas entre vendedores y consumidores.

Se necesita ser extremadamente necio, terco u obtuso, para confundir valor y precio, como manifest el poeta. Sin embargo, nuestro inconmensurable faro del pensamiento reverencia los precios como si fueran manifestaciones del ms all, en cuya configuracin no intervinieran los monopolios, la especulacin, la concertacin, el proteccionismo, el abuso de posicin dominante, las maniobras de acaparamiento y de destruccin de excedentes, o las campaas publicitarias, por citar solo algunas de las maniobras comerciales ms habituales. N ada hay ms manipulable que la utilidad de los bienes, ni ms artificial que sus precios; s i alguien se queda con el nico pozo disponible, los dems pagarn lo que les pidan por un litro de agua.

Algo tan sencillo como eso, resulta demasiado difcil de digerir para Hayek, que contina atribuyendo propiedades mgicas a los precios al manifestar que permiten coordinar acciones separadas, ya que indican lo que se ha de hacer en cada momento de la forma ms efectiva, como si su misin fuera guiar a los humanos a la tierra prometida, en vez de someterlos a las fuerzas econmicas dominantes. Que la utilidad del sistema de precios radica en inducir al individuo, mientras persigue su propio inters, a hacer lo de inters general, donde se aprecia mejor es en quienes destrozan la costa urbanizndola salvajemente, arrasan los caladeros de pesca, talan la selva, o se dedican al trfico de drogas, armas, personas y especies protegidas. Pensar que solo si los precios son determinados exclusivamente por el mercado y no por el gobierno, sealarn lo que se debe producir y qu medios se deben emplear para ello, supone encargar al mercado la cantidad de CO que se debe lanzar a la atmsfera, basndose exclusivamente en criterios de rentabilidad econmica.

En qu torre de marfil se habr pasado toda su vida nuestra rutilante estrella de las finanzas para no enterarse de que no existen mercados libres en ningn sitio, y que todas, absolutamente todas las cosas de este mundo, sean mercados, empresas, tierras, leyes, gobiernos, manos visibles e invisibles, y hasta la misma sociedad, tienen dueo? A quien pretende engaar con el cuento chino de la competitividad y la eficacia, cuando todos sabemos que son la componenda, el chanchullo, el soborno, el amiguismo, el clientelismo, la corrupcin, la informacin privilegiada, las subvenciones, el subempleo y el empleo sumergido, los crteles, el trfico de influencias, la ingeniera financiera, el dinero negro, los parasos fiscales, las mafias y grupos de presin, los que hacen florecer los negocios?

 

Ese mercado autnomo, providencial y todopoderoso, que se basta y regula a s mismo, dirigiendo imparcialmente los asuntos humanos, solo existe en su imaginacin calenturienta; l es la autntica ficcin y no la justicia social. Pero resulta muy difcil discernir qu porcentaje de delirium tremens, y cuanto de empanada mental, impregna sus teoras, perdn, tonteras, aunque se comprende que la cruda realidad no sea rival de entidad para un flamante premio Nobel como l.

 

Sin duda que la mejor manera de coordinar los esfuerzos humanos es mediante la competencia, como demuestra la guerra, competencia en estado puro, que realiza la asignacin de recursos ms eficiente y racional posible. El mercado en su sabidura infinita, nos provee de todo, hasta de conflictos blicos, y las bombas caen sobre los que ms las necesitan. Lo que es bueno para la fbrica de armas, es bueno para sus vctimas, tal y como las reducciones de plantilla benefician ms a los trabajadores que a los accionistas, o fabricar contaminando resulta ms rentable para la sociedad que para los que deciden hacerlo as. Acierta Hayek al sostener que el mercado induce a la gente a producir el mximo de que es capaz, ya que cuanto ms fabrica, vende o crdito concede, ms gana, lo que provoca que, peridicamente, el sistema reviente debido a la inflacin de mercancas, deudas y precios que no puede absorber ni pagar. Nada resulta ms demencial que mantener a la gente ocupada fabricando sin descanso artculos innecesarios, que luego hay que forzarle a consumir. Sin embargo, Hayek no encuentra alternativa vlida al mercado, ya que:

 

- Todos los movimientos hacia el socialismo, en direccin a la planificacin centralizada, implican la prdida de la libertad personal, y acaban en ltima instancia en el totalitarismo.

Gracias a sus benditas aportaciones sabemos que quien le quita a la gente hasta la camisa es el socialismo, no el mercado. Poco importa que arrastre a la humanidad a la miseria, a la guerra, al hiperconsumo desaforado y a la destruccin ecolgica; la idea de repartir horroriza y repugna a partes iguales a nuestro ilustre gur, que anima a los humanos a hacer todo el uso posible de las fuerzas espontneas de la sociedad, ya que la mortal plaga de la centralizacin en ningn sitio ha funcionado bien. Vicio que Hayek achaca al socialismo, olvidando que no existe estructura ms rgida y vertical que la de las multinacionales, cuya dimensin y podero econmico superan con creces al de muchos estados. Porque si realmente cree que las empresas privadas adoptan sus decisiones con participacin de todos y que es en su seno donde mejor se expresa la libre iniciativa de las personas, Hayek chochea. La cpula directiva de una multinacional planifica como lo hara cualquier comit colectivo, y solo difiere de l en sus fines particulares de lucro.

Por tanto, a la hora de elegir entre un sistema donde es la voluntad de unas pocas personas la que decide, y otro que depende del espritu de empresa de la gente, hay que estar muy ciego u ofuscado para no darse cuenta de que son el mismo. Pregonar contra viento y marea que el sistema de mercado es el que da a la iniciativa humana el campo ms amplio posible, ya que con l se evita estar al dictado y arbitrio de los dems, suena a broma de mal gusto si no a tomadura de pelo cuando el que manda y organiza la vida de las personas es el capital. Plantear como hace Hayek, que cuanto ms planifique el estado, menos podr planificar el individuo, resulta aplicable igualmente a la empresa. Lo importante no es quien esclavice ms, la sociedad annima o el partido, sino que nadie pueda hacerlo. Y si el socialismo le parece poco democrtico, la riqueza lo es menos an.

No discrepamos en la superioridad del orden espontneo sobre el decretado, con la salvedad de que el mercado tiene tanto de espontneo como el fascismo, el comunismo o las carreras de galgos, es decir nada. Todos los rdenes sociales son construcciones humanas, que no surgen de la nada, sino de los designios de su mente. La famosa mano invisible del mercado se mueve guiada por la voluntad humana, no por la accin del viento o los impulsos de la guija. Sus grandes motores son la ambicin y la codicia. Invocar a los espritus como los pueblos primitivos para conferirles una participacin activa en las cuestiones materiales de este mundo no engaa a nadie, cuando todos sabemos que son humanos los actores del mercado e igualmente seres de carne y hueso, y no sobrenaturales, quienes establecen sus pautas de funcionamiento. Donde mandan intereses, no domina la improvisacin, sino el clculo; la contabilidad derrota al azar por goleada.

Desde el mismo instante de su fundacin, el libre mercado fue diseado como un sistema universal de rapia, que en teora conceda a todos las mismas oportunidades de enriquecerse a costa de sus congneres, sin atender reglas morales ni contraer responsabilidad alguna hacia ellos. Un mecanismo annimo e indiscriminado de explotacin que garantizaba total impunidad.

Su regla es la falta de reglas. El mercado constituye un gigantesco garito de tahres, y su mano invisible es solo una marioneta de feria teledirigida a distancia. Quien distribuye no es el mercado, sino el hombre. El libre mercado obliga a los humanos a jugar la partida de la supervivencia con naipes marcados. M uchos son los llamados y pocos los enriquecidos. No por casualidad, el ms fuerte impone su ley, como demuestran las escandalosas concentraciones de riqueza, poder y privilegios en una pequea lite, la precariedad e indefensin cada vez mayor que azota a los asalariados, o la indigencia en que yace mortalmente sumida la mitad de la humanidad y qu tienen de espontneo los vaivenes de bolsa, los cambios de divisas, los presupuestos estatales, o las polticas de inversin? Nada. El crculo de elegidos maneja en la sombra todos los hilos y resortes del poder econmico, tejiendo una telaraa asfixiante de la que no puede escapar nadie, del primero al ltimo agente de la sociedad, desde el obrero ms humilde hasta el empresario ms acaudalado.

La principal ventaja de la economa de mercado sobre la centralizada proviene segn Hayek del mayor conocimiento que de las circunstancias concretas tienen los que estn sobre el terreno, pero otorgar valor absoluto a una experiencia relativa, primando lo local sobre lo global, significa transformar al soldado situado en el frente de batalla en la persona idnea para dirigir la guerra, y extrapolando ese mismo criterio a todos los eslabones de la cadena productiva, hacer del obrero prisionero de la cadena de montaje el individuo ms capacitado para determinar el rumbo de la empresa. Clase de descentralizacin que no creo aprobase, ni mucho menos recomendase, Hayek.

Pero del mismo modo que el orden nace del caos, a imagen y semejanza de la naturaleza que an no teniendo un organizador presenta un orden, la humanidad posee la capacidad de autoorganizarse por s misma, sin necesidad de mercado, propiedad privada o jerarquas. Ahora bien, ese orden espontneo solo puede nacer de una economa cooperativa, sin dueos, y de un nuevo modelo de convivencia basado en la autogestin y la democracia de base, sustentado en acuerdos y no en imposiciones. El problema del mercado no procede de su falta de regulacin o de que no sea perfecto - lgicamente si el hombre no lo es, sus sistemas econmicos, polticos y sociales tampoco pueden serlo - sino que radica en su propia naturaleza asocial, que no tiene remedio, ni se puede erradicar.

Toxicidad congnita que, sin embargo, Hayek achaca a terceros:

- Si no fuera por la injerencia del gobierno en el sistema monetario, no tendramos ninguna crisis. La culpa de todo la tiene el monopolio del gobierno sobre la emisin de dinero.

Albricias! Por fin alguien de insuperable talento, atina con la frmula prodigiosa que permitir a la humanidad liquidar todas sus crisis y recesiones econmicas de un plumazo! Lstima que a ese fenmeno capaz de alumbrar la piedra filosofal de la abundancia interminable y del crecimiento indefinido, o le falta seso, o le falta informacin. Desconocer que la Reserva Federal, la entidad emisora del dlar, es un banco privado no pblico, y que los Bancos Centrales de los dems pases, son tambin independientes del ejecutivo, siendo ellos y solo ellos, los que establecen la poltica monetaria, determinan la cantidad de dinero que se pone en circulacin, y deciden por su cuenta y riesgo, sin ayuda de nadie, incrementar o bajar los tipos de inters oficiales, es de primero de primaria.

Pero n i la clarividencia ni el acierto forman parte del repertorio de cualidades de Hayek, cuyas teoras valen tanto como sus profecas. L a crisis ha derrumbado de golpe l os falsos dogmas del neoliberalismo, exponiendo todas sus vergenzas a los ojos del mundo. Debajo de sus bellos ropajes de libertad, bienestar y progreso, se ocultaba un nido de buitres. El mito de que el libre mercado, la libertad absoluta de capitales, la privatizacin de todas las actividades humanas, la no ingerencia del estado, las rebajas de impuestos, la mxima acumulacin de riqueza y la libre competencia, conformaban el sistema ms eficiente posible, se ha revelado como una supersticin fracasada y sin fundamento alguno. Denominar crecimiento econmico al incremento imparable del endeudamiento, ha sido la ltima de sus fechoras. La quiebra del mercado es tan grande como flagrante su insolvencia moral, con la diferencia que, de esta ltima, no podr salvarle ni siquiera el escandaloso saqueo de las arcas pblicas.

Recientemente, en un programa de radio de EE.UU, un chico de 14 aos le hizo esta pregunta al poderossimo asesor econmico de la oficina del Presidente de EEUU, Sr. Lawrence Summers: Por qu el Estado no le presta dinero directamente a la gente y a las empresas en lugar de hacerlo a travs de los bancos?. El Sr. Summers le respondi que porque el sector privado es ms eficiente que el publico, a lo cual el chico, muy avispado l, le pregunt de nuevo: Pero si son tan eficientes, por qu han creado el problema que han creado, y el estado tiene ahora que salvarlos? El Sr. Summers no supo que contestarle. [ii]

No hay respuesta, porque este modelo de pillaje est agotado. Si Hayek lleg a figura no fue por su genio, sus luces o la profundidad de su pensamiento, sino por los buenos servicios prestados al capital. A pesar de ello, le deseamos que - como a los antiguos faraones - sus gastadas doctrinas le hagan grata compaa en su largo viaje hasta la otra orilla, y Satans las tenga eternamente en su gloria.


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Citas de Hayek tomadas de sus textos: Camino de Servidumbre, La libertad y el sistema econmico, Los fundamentos ticos de una sociedad libre, Los principios de un orden social liberal, El uso del conocimiento en la sociedad, La competencia como proceso, Los orgenes de la propiedad privada, la libertad y la justicia, El atavismo de la justicia social y de sus entrevistas a Reason Magazine (1977), a Guy Sorman, al peridico El Mercurio (1981) y a la revista Realidad (1981).

Otras fuentes, artculo La concepcin de Hayek del Estado de Derecho, de Jorge Vergara Estvez.


[i] Algunos pensamientos sobre el socialismo, William Blum, 8.04.2009, rebelin.org http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83519

[ii] Qu quiere decir estimular la economa?, Vicenc Navarro, 21.04.2009, rebelin.org http://www.rebelion.org/noticia.php?id=84139



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