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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-05-2009

Obituario: 'in memriam'
Augusto Boal, defensor del teatro participativo

Ariel Dorfman
El Pas

La primera palabra que me salt a la mente cuando conoc a Augusto Boal es que l era... elstico. Flexible, dctil, fluido, abierto al mundo; pero a la vez con algo casi infinitamente resistente, no de esos elsticos que cuando se estiran se rompen.


Para el dramaturgo, los espectadores eran coautores de sus obras
 

Nuestro encuentro inicial fue en La Habana en 1973 cuando fuimos co-jurados para el Concurso de la Casa de las Amricas y ya era una leyenda su Teatro del Oprimido. Aprovech su sabidura en esa ocasin de una manera ms bien pragmtica. En Chile, estaba ya en marcha la contra-revolucin que ese mismo septiembre derrocara a Salvador Allende y mis conversaciones con Augusto volvan una y otra vez al papel que poda jugar el teatro en una coyuntura tan crtica. Fue su espritu creador travieso, su conviccin de que los espectadores eran de veras coautores, su optimismo inagotable, que me llev de vuelta a Santiago. Meses ms tarde, trabajando ya en La Moneda como asesor cultural de Fernando Flores, secretario general del Gobierno de Allende, aprovech sus enseanzas para planificar unas acciones teatrales en los espacios pblicos de Santiago que podan retrasar la asonada que amenazaba la democracia de mi pas.

Justamente, el 11 de septiembre de 1973 me iba a encontrar con Oscar Castro, del Teatro El Aleph, para infiltrar las calles de Santiago con escenas creadas en base a lo que Boal llamaba el Teatro Invisible. Esto de invisible me gustaba en particular porque ramos vctimas del bloque llamado invisible del Gobierno norteamericano que, junto con el sabotaje econmico de la derecha, haba creado una escasez artificial y largas colas de ciudadanos para hacer compras de los alimentos ms esenciales. Una de mis ideas era que un tropel de actores se pusiera en la cola y, sin revelar su origen teatral, fueran acusando sutilmente a los verdaderos responsables de aquellas carencias, de manera que las protestas de la gente se dirigieran contra los golpistas y no contra el Gobierno popular.

Nunca pudimos escenificar ni sa ni otras presentaciones similares. El gran teatro de Chile fue usurpado por el Director de la Muerte, Augusto Pinochet, y yo me fui, eventualmente, a un exilio nada de invisible.

Y en Buenos Aires me esperaba, por cierto, Augusto Boal, que haba tenido que salir de su Brasil despus de caer preso y que se haba instalado en el pas de su mujer. Ah me ofreci una leccin que poco tena que ver con el teatro. Me acuerdo que yo hablaba de las noticias terribles que salan de Chile como si fueran una cloaca, y Chile y ms Chile... y fue entonces que Boal me dijo, muy calladamente, pero con mucho fervor: s, Chile, dijo, Chile, sin duda, Ariel, pero no te olvides del resto de Amrica Latina. Yo me qued perplejo, tena razn: con tanto protagonismo de mi pas era fcil dejar de lado a tantos otros pases que sufran. Y tal como un ao antes me haba llevado a Santiago sus palabras sobre el teatro como un infinito instrumento de liberacin y participacin, me fui de Argentina con esas otras palabras, cargadas de tica continental y compasin humana, y nunca las olvid.

Y ahora que dicen los cables que ya no respira en este mundo quiero desmentir aquella informacin falaz que vino desde Ro de Janeiro y asegurar que Boal (78 aos) se encuentra increblemente vivo y tan elstico como siempre, que su muerte es invisible porque sigue l adentro de miles y miles de hombres y mujeres y nios que encontraron en sus obras y sus dichos y su vida la iluminacin para hacerse ellos mismos los muy visibles protagonistas de su destino.




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