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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2004

Elecciones y Constitucin Europea

Bernard Cassen
El Peridico


Un observador ingenuo podra pensar que las elecciones europeas del 13 de junio representaran una buena ocasin para abordar el asunto central de la actualidad europea del momento: el tratado constitucional que algunos llaman Constitucin, pero que jurdicamente slo es un tratado, al igual que los precedentes desde el de Roma en 1957 (Acta nica en 1986, Maastricht en 1992, Amsterdam en 1997, Niza en el 2000).

Todo parece indicar que este tratado se adoptar en la cumbre europea del 17 y 18 de junio; es decir, slo cuatro o cinco das despus de las elecciones al Parlamento Europeo. La llegada al poder del seor Zapatero en Espaa, y la salida del primer ministro polaco, el seor Miller, permitirn, en efecto, alcanzar un compromiso en relacin con el asunto que hizo capotar la cumbre de Bruselas en diciembre de 2003: el reparto de poderes entre los estados miembros de la UE, en particular el nmero de comisarios y la forma de clculo de la mayora cualificada.

Dejando aparte estas cuestiones de naturaleza institucional, el contenido del tratado es sobradamente conocido, en particular el del apartado 3, titulado Las polticas de la Unin. Esta parte reagrupa el conjunto de las polticas (mercado interior, comercio, medio ambiente, agricultura, euro) decididas a partir de 1958 y que, desde hace una veintena de aos, estn marcadas por el sello del liberalismo, es decir del ultraliberalismo. El objetivo de su incorporacin a una pretendida Constitucin es consagrarlas y excluirlas del debate poltico. En otras palabras, el liberalismo ya no es una opcin ideolgica entre otras, sino un principio constitucional. Para garantizar este no retorno, las clusulas de revisin del tratado son claras: es necesaria la unanimidad de los estados. Si 24 de los 25 gobiernos se ponen de acuerdo para modificar un artculo sobre estas polticas (por ejemplo, sobre los controles de flujos de capitales), y el 25 se opone, este ltimo se saldr con la suya.

Este apartado hubiera debido escandalizar a los miembros no liberales (y principalmente a los socialistas) de la Convencin sobre el futuro de Europa que ha elaborado este proyecto de tratado. Pero no ha sucedido as en absoluto y sus partidos estn dispuestos, en toda Europa (y en particular en Espaa), a votar a favor del tratado. Es una manera eficaz de impedir que, en lo sucesivo, se realicen polticas no liberales a nivel europeo, lo cual tambin quiere decir a nivel nacional, puesto que el 70% de las leyes nacionales no son ms que la transposicin de decisiones tomadas a nivel europeo.

En el seno de la Unin Europea, el debate sobre este apartado slo ha adquirido cierta fuerza en Francia. Por lo que yo s, en Espaa slo lo plantean IU y Attac. Este apartado es enrgicamente denunciado por los partidos de extrema izquierda, por el PC y por la casi totalidad de los movimientos sociales. El Partido Socialista y los Verdes adoptan una actitud ambigua, que confina a la mistificacin poltica. Declaran efectivamente estar en contra de este apartado 3, y afirman que debe ser retirado del tratado antes de su aprobacin, pero se niegan a decir lo que harn si no se produce tal caso. Ante los electores, su mensaje es a grandes rasgos el siguiente: votadnos el 13 de junio y ya os diremos ms tarde lo que pensamos del tratado. Cmo si no supieran realmente lo que contendr!

Volvemos a encontrar la misma ambigedad en la postura a adoptar sobre el procedimiento de ratificacin del tratado. Las disposiciones de la Constitucin francesa prevn un voto del Parlamento o un referendo, decisin que depende del presidente de la Repblica. El PS es oficialmente partidario del referendo pero, en privado e incluso a veces en pblico, sus responsables no ocultan que son contrarios a este procedimiento. Al igual que Chirac, temen que, si se consulta al conjunto de la poblacin, gane el no. Si es el Parlamento el que decide, y teniendo en cuenta la abrumadora mayora de cargos electos de la derecha en la Asamblea Nacional y en el Senado, podrn permitirse el lujo de abstenerse y, quiz, al menos una parte de ellos, emitir un voto contrario sin cambiar el resultado final.


BERNARD Cassen es Director general de Le Monde diplomatique.

Traduccin de Xavier Nern.



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