Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2009

Los gobiernos de izquierda y la crisis de la izquierda radical latinoamericana

Jos Bustos
Rebelin


Entiendo por izquierda radical, en principio, lo que queda de aquellas organizaciones que nacieron bajo el influjo de la Revolucin Cubana, que se lanzaron a la lucha armada y que esperaban tomar el poder para comenzar a construir la tan deseada sociedad socialista. Tambin incluyo en esta categora a otras organizaciones, sin experiencia insurreccional, que siguen postulando como las primeras, el objetivo estratgico de construir una sociedad socialista a travs de rpidas y profundas transformaciones econmicas, sociales, polticas y culturales.

Esta comn visin revolucionaria de la accin poltica ha llevado a estos dos segmentos de la izquierda a considerar a los nuevos gobiernos que se han constituido en Amrica Latina, como producto de victorias electorales (Venezuela, Bolivia, Ecuador, etc.), apenas como progresistas. No es extrao leer artculos de sus principales voceros donde se enumeran y explican las razones por las cuales no pueden ser considerados revolucionarios.

Pero no es solo eso lo que tienen en comn, estas dos versiones de lo que fue en alguna poca la nueva izquierda, sino tambin el hecho indiscutible que las dos estn en crisis y que han perdido toda influencia en la vida poltica de sus respectivos pases.

Los problemas que enfrentan son varios, pero, probablemente, el ms importante tenga que ver con la crisis de las ideas socialistas.

Despus del derrumbe de la Unin Sovitica, de la llamada patria de los trabajadores, el Socialismo ha dejado de ser una promesa susceptible de interesar a grandes capas de nuestras sociedades, aun en sus escalones ms pobres. Esto representa tambin un enorme cambio en la subjetividad de ciertos sectores especficos (jvenes, obreros, estudiantes, campesinos, intelectuales, dirigentes sindicales, etc.) que constituyeron en los aos 60 y 70 del siglo pasado, el reservorio natural de los procesos insurreccionales. Es duro decirlo, pero hay que decirlo, la gran esperanza que despert el socialismo al comienzo del siglo pasado, ha muerto.

Accesoriamente, esta izquierda -como todas las otras- no ha querido nunca hacer un verdadero balance del socialismo real. Todos se conforman con la explicacin ms simple, y superficial, de que se trat de procesos desvirtuados por la burocracia. En esta ptica el modelo de socialismo que se impuso en los pases del Este queda indemne y los malos de pelcula, fueron los que hicieron de l una experiencia histrica lamentable.

Esta interpretacin evidentemente reductora de esas experiencias ha privado, a la izquierda en general, de reformular un proyecto de sociedad socialista. As, el Socialismo ha devenido hoy un concepto vaco, al que cada uno le pone los contenidos que quiera, algunos definindolo como del siglo XXI, slo para que se entienda que no tiene nada que ver con el que existi en el siglo pasado. Pocos parecen darse cuenta que este manoseo conceptual contribuye en realidad a banalizarlo, a desvalorizarlo a los ojos de los pueblos.

A partir de esta crisis de las ideas socialistas se generan otras dos. Una, tiene que ver con la tctica, o camino para llegar al poder. La otra con los medios a emplear para alcanzar ese objetivo.

Esta izquierda radical sabe que, para estar en condiciones de transformar profundamente la sociedad, es indispensable tomar el poder. Ella naci con una firme vocacin insurreccional, es decir, de acceder al poder por alguna de las opciones de violencia revolucionaria. Pero sabe tambin que estas opciones, debido a los cambios ocurridos en el mundo, ya no estn a la orden del da y que probablemente no lo estn aun en el ms largo plazo.

El problema para esta izquierda es que, paralelamente, est convencida que la va electoral no garantiza en absoluto la toma del poder. En efecto, como ya se ha dicho muchas veces y lo confirman las experiencias actuales, por la va electoral se puede alcanzar el gobierno, pero no tomar el poder.

Sin embargo, aun si aceptan a regaadientes participar en elecciones, lo hacen con la parafernalia revolucionaria de siempre y con propuestas tan desmesuradas que no consiguen retener la atencin del electorado. Ese evidente ultra-izquierdismo, que en el mejor de los casos pasa como testimonial, amplifica en la percepcin de la ciudadana la idea de una incapacidad casi gentica para asumir cualquier tipo de responsabilidad y, con mayor razn, la de conducir los destinos de un pas. Eso es lo que explica las performances irrisorias que obtienen en cada justa electoral.

El segundo problema tiene que ver con el medio y con el modo de intervencin en la vida poltica, que se funden ambos en la estructura y el funcionamiento del partido. En primer lugar, esta izquierda no ha comprendido todava que la nocin de partido no puede ser la misma en una perspectiva insurreccional que en una perspectiva electoral.

El partido de cuadros o de profesionales de la poltica, el partido vertical, compartimentado, cuasi clandestino, sin la minima democracia interna, como lo ha querido siempre la tradicin revolucionaria, no corresponde en absoluto a las exigencias de la participacin electoral. La primera de estas exigencias es la de la transparencia, en la eleccin de candidatos, en la elaboracin del programa y en el origen y la gestin de los recursos financieros.

En este aspecto vale la pena seguir con atencin la experiencia del partido francs LCR (Liga comunista revolucionaria), de origen trotskista, que ha decidido recientemente disolverse y crear un nuevo partido, el NPA (Nuevo partido anticapitalista). Ha dejado de ser entonces un partido marxista clsico para devenir un conglomerado heterogneo de voluntades dispuestas a tratar de cambiar la sociedad, o de crear un mundo nuevo. La primera consecuencia observable de ese cambio, es la irrupcin en las filas de ese partido de muchos jvenes, atrados entre otras razones por la propia juventud de su principal lder Olivier Besancenot.

La otra dimensin del problema tiene que ver con la estrategia electoral. La izquierda radical, como ya lo he dicho en otras ocasiones, no consigue entender que la democracia burguesa, basada en las elecciones, esta concebida para generar mayoras. Mayoras que se obtienen, sea por medio de alianzas entre partidos, sea por la captacin de votantes potenciales de otras tendencias.

Esta izquierda sigue creyendo que basta con dirigirse a la clase obrera y a los pobres en general, con consignas y objetivos revolucionarios, para obtener resultados por lo menos significativos, lo que no es nunca el caso. Por lo dems, aparte de no tener ninguna poltica de alianzas, no ha hecho nada para ir poco a poco implantndose en los diferentes niveles administrativos (municipalidad, provincias, regiones, etc.) como lo han hecho, precisamente, todos los partidos reputados reformistas. Por lo visto, parecen ignorar tambin que, desde el punto de vista electoral, es en la prctica que una opcin poltica puede adquirir una cierta credibilidad.

Actualmente entonces, cuando la perspectiva de una revolucin entendida como un proceso de rpidas y profundas transformaciones, ha dejado de existir por lo menos temporalmente-, a la izquierda radical no le queda mas remedio que adaptarse a las nuevas condiciones o condenarse a la inexistencia en la vida poltica. Adaptarse a las condiciones tal vez signifique simplemente hacer lo que han hecho otros movimientos, en otros pases, que han conseguido catalizar los movimientos sociales, constituir una mayora electoral y llegar al gobierno. Lo que confirma que nunca antes se ha presentado una ocasin tan favorable para lanzarse a la lucha electoral, como la presente que se caracteriza por una crisis aguda del capitalismo.

Es cierto que en el xito de los movimientos de izquierda que han llegado a imponerse en las elecciones se ha contado con la fuerza de atraccin de una personalidad reconocida (algo que es evidentemente importante), pero, tal vez, lo decisivo haya sido la capacidad que han demostrado de interpretar el profundo deseo que cambio que se ha forjado en los ltimos aos con la experiencia devastadora del neoliberalismo y que no se reduce a las clases ms pobres de la poblacin. Deseo de cambio que tiene que ver, entre otros aspectos, con una cierta redistribucin de la riqueza, con la defensa de los recursos naturales, con el ejercicio pleno de la soberana nacional y con la voluntad de trabajar por la unidad latinoamericana, En suma, lo que constituye un programa mnimo que, en el contexto actual, aparece no slo posible, sino tambin necesario.

Se podr decir que en esos pases la tarea principal, que implique transformaciones profundas en la organizacin y el funcionamiento de la sociedad esta siempre pendiente. Sin embargo, por un lado, debera reconocerse que la refundacin del pas, mediante la elaboracin y adopcin de una nueva constitucin, representa un paso decisivo para poder ir cada da ms lejos y, por otro lado, que mientras los movimientos sociales continen a jugar un rol importante, como lo han hecho hasta ahora, los cambios inevitablemente continuaran a profundizarse.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter