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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2009

Aniversario de las masacres de Stif y Guelma
Argelia, 8 de mayo de 1945

Mohamed Bensalah
socio13.wordpress

Traducido para Rebelin por Caty R.


Mientras en Argelia las ceremonias de rigor, las ofrendas florales y los discursos conmemorativos recuerdan la infame masacre de la primavera del 45, en la otra orilla, el reconocimiento de las injusticias, las canalladas y los crmenes del pasado, se hace esperar.

Cierto, en los ltimos aos, abundan los mea culpa. El reconocimiento de los crmenes en nombre del Estado francs ha dado un paso nada despreciable. Hemos pasado de la tragedia inevitable a sucesos que realmente son un insulto a los principios fundamentales de la Repblica (1), faltas imperdonables, crmenes del pasado colonial francs (2), e incluso masacres espantosas y estallido de locura mortfera en la que las autoridades francesas de la poca tuvieron una gran responsabilidad (3).

Sin embargo, para algunos, esas concesiones verbales slo estn dirigidas a preservar los intercambios econmicos y financieros, es decir, los intereses de Francia en sus relaciones con Argelia (APS, 7 de mayo de 2008). Han pasado sesenta y cuatro aos y la herida sigue abierta de par en par. Los numerosos coloquios organizados en ambas orillas todava no han sacado totalmente a la luz aquellos sucesos trgicos que causaron decenas de miles de vctimas inocentes (4). El acceso a los archivos escritos, audiovisuales y cinematogrficos todava plantea problemas. No es hora de decir, por fin, la verdad?

Aparte de algunos raros historiadores y las familias de las vctimas, entre quienes la herida permanece siempre viva, en realidad poca gente sabe exactamente lo que pas durante aquel trgico mes de mayo. Se renen para despertar y mantener el recuerdo, y eso es bueno. El arraigamiento en las memorias y hacer frente a la historia, sera todava mejor. Durante decenios, grandes pedazos de nuestro pasado se han ocultado o apenas se recuerdan en los libros de texto.

Mientras en todas las aldeas de Francia y Navarra las campanas de la liberacin festejaban la rendicin del III Reich gracias al sacrificio de los jvenes de Stif, Guelma, Kherrata, Dra, Benkhedda, Saida, Bordj Menaiel, Tigzirt, Cap Dinet, Nassiria, Annaba, Batna, etctera, en esos mismos lugares, en el mismo momento, el horror lleg al lmite. El ejrcito francs ayudado por la polica, la legin extranjera y los colonos organizados en milicias, celebraban la victoria en el horror, derramando la sangre de los argelinos. Sacrificaron a 45.000 seres humanos en el altar de la demencia. Hemos liquidado la revolucin escriba con fiereza Duval, el responsable en jefe de la represin, pero prosegua si no hay una reforma, esto empezar otra vez en diez aos. Los indgenas de la Republica: trabajadores agrcolas, campesinos, granjeros, nios, ancianos e incluso los soldados que fueron a verter su sangre sobre los campos de batalla europeos, fueron vctimas de un autntico crimen contra la humanidad que devuelve a los horrores de la conquista.

La Francia colonial y su relacin esquizofrnica con la historia.

Despus de decenios de amnesia, las lenguas se sueltan. La guerra impuesta a los argelinos ha recuperado su nombre. Los cadveres sealan a sus autores. Los muertos de mayo de 1945 empiezan a salir del olvido. Tras los pasos de los escasos periodistas e historiadores valientes que se han atrevido a denunciar las torturas y las masacres, altos responsables polticos alentados por los medios de comunicacin, abren a su vez la caja de Pandora de los abusos coloniales. Estupefactas, las poblaciones descubren el terror que se abati sobre Argelia justo despus de la liberacin, un terror que no tuvo nada que envidiar al de la Alemania de Hitler. Por la orden del Estado francs a la polica, al ejrcito, a la aviacin, a la marina y a todas las fuerzas de tierra, de romper la insurreccin y ahogar en sangre cualquier rebelin. Abrasaron las aldeas. Borraron del mapa pueblos enteros. Arrasamientos, torturas, incendios y ejecuciones se convirtieron en el pan de cada da de los rabes (5), de los cuales 12.000, a las rdenes del mariscal Juin y el general de Montsabert, haban sacrificado sus vidas bajo la bandera francesa en Monte Casino, Crcega, en la isla de Elba y en otros frentes.

El tiempo que ha pasado desde entonces no disminuye en absoluto las llamas de la memoria. A los responsables de las masacre colectivas nunca les han pedido cuentas. Esos crmenes de lesa majestad, como los calific A. P. Esquivel, el Premio Nobel de la Paz de 1981, de los que nada puede mitigar el horror, permanecern imprescriptibles para siempre. Se recupera el honor diciendo la verdad, a veces pidiendo perdn, dijo con razn Bertrand Delanoe, el alcalde de Pars, a propsito de la barbarie de Stif. Ya es hora para la Francia actual de desembarazarse de sus complejos y afrontar lo inimaginable de la colonizacin. Del reconocimiento oficial de sus propias responsabilidades, slo puede salir engrandecida. En vez de tergiversar sobre el papel positivo de la presencia francesa en ultramar, especialmente en el norte de frica (6), la lite poltica hara mejor acabando con la guerra de las memorias y aplicndose, por fin, a la escritura de las pginas trgicas de su historia.

La feroz represin que se abati contra los manifestantes pacficos del 8 de mayo de 1945 ha originado los abismos ms profundos entre colonizadores y colonizados. La sangre vertida durante todo el mes de mayo de 1945 hizo inevitable la insurreccin general diez aos despus. Mayo fue la gran seal, el preludio del despertar de las conciencias. Las atrocidades vividas aceleraron la conviccin de la independencia frente a un colonialismo sin par que durante 132 aos pisote todos los principios morales y humanos. La amnesia sigui a la amnista y el silencio sucedi al ruido ensordecedor de las pginas desgarradas de la historia. La conciencia de la humanidad, que todos los aos se indigna por el holocausto judo, parece poco afectada por los genocidas y sus etnocidios de la colonizacin sobre los que pesa una pesada chapa de plomo amnsico.

Exorcizar el pasado para superarlo

La historia colonial parece que no interesa a nadie. Son muy pocos los investigadores e historiadores serios de ambas orillas que han intentado arrojar luz sobre ese pasado maldito. Los que han cotejado sus testimonios ya han conseguido sacar esa guerra del olvido. La investigacin histrica debe continuar. Cineastas, escritores y periodistas, por su parte, deben invertir sus esfuerzos para hacer que se conozca ese pasado ardiente y turbulento antes de que la hidra xenfoba y racista que vemos resurgir alimente la incomprensin y el olvido definitivo. Tanto como el cine, la televisin contina ignorando la memoria histrica. La ausencia de documentales, pelculas de ficcin e incluso de libros sobre los perodos trgicos de nuestra historia es muy sintomtica. Pero, en un pas donde el oportunismo tiene derecho de ciudadana, es normal que ms de diez mil falsos muyahidines sigan llenndose los bolsillos escupiendo su veneno sobre quienes se atreven a denunciarlos. Con un fuerte sentido del ridculo, los aprendices de historiador no necesitan seguir sumergiendo sus plumas en las heridas abiertas practicando la provocacin a ultranza (7).

Apoyada con continuidad, obstinacin, a veces con agresividad y casi siempre con una venda en los ojos, la historia oficial de la colonizacin se ha emperrado en ocultar los crmenes del Estado contra un pueblo. Estamos lejos de la necesaria tarea de investigacin y de los testimonios que hagan salir a esta guerra del olvido (8). La colonizacin es una pgina de la historia que no ha terminado de escribirse, una historia que se empea en mirar nicamente por el agujero pequeo del telescopio. El ritual ya es inmutable. Como prueba, la ley del 23 de febrero todava vigente, a pesar de la retirada del vergonzoso artculo IV, que tena por objeto sealar los beneficios de la colonizacin. Olvidada la cara odiosa de la conquista colonial. Olvidada la OAS fascistoide a cuyos criminales se ha querido indemnizar. Olvidados los dramas, los saqueos, los asesinatos colectivos, las torturas. El contencioso histrico denominado Guerra de las memorias est bien nutrido. Se llama a la semntica al rescate para conseguir que se olvide el reconocimiento de los crmenes de la colonizacin. Triste situacin en la que se encuentra actualmente el debate histrico y poltico con su fraseologa grandilocuente y sus obsesiones acusadoras que continan animando la mezcolanza poltica preocupada por la mistificacin ideolgica del pasado que le ayude a cuadrar sus cuentas. Mientras vemos alfombras rojas desplegarse ante los necrfagos, esos que vienen a repartirse los despojos, hay de qu preocuparse. A travs de sus panfletos satricos y sus tpicos obsoletos, se comprueba que estamos muy lejos de poder dar la vuelta a la pgina.

En los plats de las cadenas de televisin, los testimonios que se suceden reavivan as los aos traumticos en vez de exorcizarlos y superarlos. A fuerza de aadir aqu y all, desembocan fatalmente en los tpicos y la exageracin. Y como se sabe muy bien, todo lo excesivo es insignificante. Francia no pretende, no quiere seguir ocultando los hechos, dice el diplomtico Bajolet. Entonces, qu impide acabar con la negacin? A la espera de poder acceder a los archivos (prometido para 2037), a la espera de que los historiadores puedan trabajar con serenidad y a la espera de que se expresen competencias precisas y eficaces, un pensamiento para todos aquellos que sufrieron los horrores de la colonizacin.

Notas

* Las manifestaciones nacionales del 1 de mayo de 1945 fueron reprimidas de forma sangrienta en Orn y Argel. El AML (Amigos del Manifiesto y las Libertades) y el PPA (Partido del Pueblo Argelino) se abstuvieron de pedir a los habitantes de Argel y Orn que volviesen a manifestarse el 8 de mayo.

(1) Hubert Colin de Verdire, 26 de febrero de 2004, apoyado por su ministro de Asuntos Exteriores, Michel Barnier, en visita oficial el 13 de julio de 2004.

(2) El presidente francs, en visita oficial a Constantine, en diciembre de 2007.

(3) Bernard Bajolet, embajador de Francia, en la Universidad de Guelma el 22 de abril de 2008.

(4) La instrumentalizacin del nmero de muertos es sintomtica: de 45.000, los investigadores franceses pasaron a una horquilla de entre 6.000 y 25.000, para desembocar en 7.000 vctimas segn las autoridades francesas.

(5) Leer al respecto LAlgrie hors la loi, Seuil, 1995, y Mustaf Lacheraf, Algrie et tiers-monde, Bouchne, 1989.

(6) Ley Fillon, aprobada por el Parlamento francs la vspera de la conmemoracin del 8 de mayo de 1945.

(7) Un mesonge franais. Retours sur la guerre dlgrie, Georges-Marc Benamou, Robert Laffont, 2003.

(8) Leer Algrie, una guerre sans gloire, Calmann-Lvy 2005 y Chihab Alger. Ver tambin el documental de Yasmina Adi de 2008 Lautre mai 45. Aux origines de la guerre dAlgrie, que desvela los mecanismos y las consecuencias de la represin colonial que condujeron al 8 de mayo de 1945.

Texto original en francs: http://socio13.wordpress.com/2009/05/08/le-8-mai-1945-ce-jour-la-par-mohamed-bensalah/


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