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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2009

Piratera e Imperio

John Feffer
Foreign Policy In Focus

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


La actual guerra contra la piratera, que se extiende a los tribunales kenianos y estadounidenses despus pasar meses hirviendo a fuego lento ante las costas de Somalia, es slo la ltima en una larga serie de acciones de EE.UU. al servicio del imperio contra protagonistas no-estatales. La Guerra Global contra el Terror, que el gobierno de Obama reemplaz recientemente por el trmino ms vago de operaciones de contingencia en ultramar, justific un aumento en gran escala de los gastos militares, dos grandes intervenciones, y llamados explcitos a que EE.UU. mantenga su podero sin igual. Al poner en peligro los puntos neurlgicos martimos del mundo, los piratas emergen como la ltima amenaza no-estatal: los terroristas de los mares.

Sin embargo, no es una historia nueva. Hace doscientos aos, los piratas de Barbera llevaron a los primeros gastos militares de importancia en la historia pos-revolucionaria de EE.UU. y aumentaron el perfil del Cuerpo de Marines de EE.UU. Despus de los ataques del 11-S, los conservadores utilizaron comparaciones forzadas entre esos piratas y al-Qaeda como justificacin para invadir Afganistn y lanzar una guerra global contra el terrorismo.

Hubo piratas presentes en la creacin del imperio de EE.UU. Han vuelto para el acto final del imperio?

Los neoliberales y los neoconservadores tienen diferentes respuestas a esta pregunta.

El mito del guerrero renuente

Segn un agradable mito liberal excepcionalista, EE.UU. siempre ha defendido la democracia en el extranjero y ha renunciado a primeros ataques militares. George Washington, quien estableci un ejemplo al renunciar a su cargo militar para convertirse en el primer presidente civil del pas, recomend la neutralidad en la poltica exterior del nuevo pas. Como tema utilizado por Jefferson en su advertencia contra alianzas enmaraadas, la neutralidad de los Padres Fundadores inspir un siglo de subsiguientes aislacionistas. En el Siglo XX, EE.UU. entr a dos guerras mundiales slo cuando fue provocado (el Lusitania, Pearl Harbor), y libr las guerras de Vietnam y Corea no para conseguir ventajas territoriales o por ambicin imperial sino para defender a todo el Mundo Libre de una creciente mancha roja.

Las recientes guerras en Afganistn e Iraq pueden ser reempaquetadas para que se ajusten a esa narrativa inofensiva. Lanzamos la guerra contra los talibanes slo despus de que nos atacaron el 11 de septiembre. Luego apuntamos (inicialmente) a Sadam Husein por sus vnculos con el terrorismo, la amenaza (despus) de sus armas de destruccin masiva, y (finalmente) por su verdaderamente atroz historial de violaciones de derechos humanos. En los tres casos, fuimos guerreros renuentes y combatimos por cuenta de otros, por razones altruistas de seguridad general o de democracia iraqu. En la ms amplia Guerra Global contra el Terror, segn la doctrina Bush, EE.UU. combate a terroristas en el extranjero para que no tengamos que combatirlos en nuestro suelo. La guerra preventiva, aunque pueda parecer imprudente y agresiva, es en los hechos prudente y defensiva. Como guerreros renuentes, loa estadounidenses son en ltima instancia hijos de George Washington.

Es un hermoso cuento de hadas para contarlo a nios a la hora de acostarse o a la ONU en tiempos de guerra. Pero, patrocinadores de la Guerra Global contra el Terror, incmodos con la visin de EE.UU. como pacfico excepto cuando es provocado, construyeron una contra-narrativa para servir sus propios propsitos. Para justificar una agenda bastante poco liberal la adopcin de masivos aumentos de los gastos militares, la suspensin de leyes internacionales como las Convenciones de Ginebra y la Convencin de la ONU contra la Tortura, la perpetracin de violaciones generalizadas de las libertades cvicas dentro del pas los neoconservadores prefirieron una narrativa con ms testosterona. Ni siquiera se avergonzaron al utilizar la palabra imperio. Su contra-narrativa ha rastreado la historia intervencionista de EE.UU. desde el comienzo del imperio estadounidense hasta fines del Siglo XIX pasando por la construccin del Siglo Estadounidense durante la Guerra Fra. Esa desenfadada adopcin del imperio suministra el elemento crtico el thyms o el deseo y el esfuerzo y por lograr reconocimiento cuya defuncin fue lamentada por Francis Fukuyama en el fin de la historia. Los nostlgicos por la era del imperio reconocen que el mundo tiende hacia una inmensa democracia uniforme de mercado. Pero siguen existiendo por ah diversas fuerzas antidemocrticas y anticapitalistas vestigios comunistas como Cuba, potencias autoritarias como China, lderes dictatoriales como Robert Mugabe de Zimbabue, y la junta de Myanmar y los facilitadores de la Vieja Europa carecen de las agallas para resistir a toda esa tirana. Slo el coraje y el poder de fuego pueden restaurar el thyms a su lugar de honor en el desarrollo de la historia del mundo.

La historia convencional de la expansin de EE.UU. en el extranjero se ha concentrado en que habra repelido a otros imperios y naciones-estado: espaoles, soviticos, vietnamitas, norcoreanos. Perceptiblemente ausentes en esa lista, excepto por un breve perodo durante el gobierno de Reagan, han quedado los protagonistas no-estatales y el mundo musulmn. Como tal, la campaa inspirada por los ataques del 11-S pareci ser un desvo en la historia de EE.UU.: una reaccin sin precedentes a un evento sin precedentes. La Guerra Global contra el Terror se expona a parecer no-estadounidense en su singularidad. Despus de todo, no fueron las Cruzadas algo europeo? No fue el terrorismo un problema local para Londres, Madrid, Mosc, y Beijing? No eran los Estados totalitarios los que libraban guerras globales?

De modo que, despus de que decreci el choque inicial de los ataques del 11-S, los arquitectos de la nueva campaa de contraterrorismo se apresuraron a establecer una continuidad histrica. Para sustentar lo que se convertira en la campaa militar ms cara de la historia de EE.UU., era importante fabricar una genealoga tal como la familia de un nuevo rico construye un escudo de armas falso para establecer un orgulloso y aristocrtico linaje. La Guerra Global contra el Terror tena que convertirse en una expresin esencial del destino de EE.UU. en lugar de ser un desvo del camino hacia una economa liberal de mercado global.

De esta manera, los propugnadores de la guerra global contra el terror descubrieron a los piratas de Barbera. A fines del Siglo XVIII y comienzos del XIX, EE.UU. mantuvo un conflicto de dos dcadas de duracin contra varios Estados a lo largo de la costa norafricana. La campaa inspir la expansin de los Marines y la creacin de la moderna Armada de EE.UJU. En das de debilidad general de EE.UU. luchando con poco xito contra los franceses y los britnicos las guerras de Barbera constituyeron un raro xito para la joven repblica. Fue, en breve, una historia predispuesta para ser abusada: una guerra contra terroristas musulmanes antes de los hechos que result en una victoria militar de EE.UU. y un temprano triunfo del libre comercio.

La interpretacin errnea de este episodio en la historia de EE.UU. es muy reveladora sobre los objetivos de la guerra global contra el terror. Y sirve como punto de salida til para una consideracin del futuro de la disputa entre los neoliberales y los neoconservadores sobre la trayectoria del poder global en lo que Thomas Friedman ha llamado una era de piratera.

Un paralelo pirata forzado

Los propugnadores de una Guerra Global contra el Terror no tuvieron que buscar mucho en los libros de historia despus del 11-S para encontrar lo que necesitaban. Thomas Jewett, en la edicin de invierno/verano de Early America Review, escribi que el 11-S no es el primer conflicto en el que EE.UU. ha enfrentado semejantes ofensas contra la vida y la propiedad. Hubo otra poca en la que se determin que la diplomacia no sera slo ftil, sino humillante y a la larga desastrosa. Una poca en la que un rescate o tributo no comprara la paz. Una poca en la que la guerra era considerada ms efectiva y honorable. Y una poca en la que la guerra se librara, no contra grandes concentraciones de podero militar, sino por pequeas bandas formadas por individuos de espritu indomable. Hace casi 180 aos nuestro joven pas atac Trpoli bajo circunstancias que son extraamente similares a los tiempos contemporneos.

Los panfletistas identificaron rpidamente los paralelos religiosos. Rick Forcier, director ejecutivo de la Coalicin Cristiana del Estado de Washington, escribi en noviembre de 2001 sobre el terrorismo: Es bastante antiguo, y as es su empleo por fundamentalistas islmicos, quienes durante siglos, han atacado con bombas, secuestrado, raptado, asesinado y extorsionado para difundir su religin y la gloria de su dios Al. Conocidos en el pasado como piratas de Barbera, los terroristas hicieron que el mundo de otrora temblara ante el pensamiento de ser capturado en alta mar y ser muerto o vendido a los traficantes de esclavos de Timbukt.

El periodista conservador Joshua London tambin toc el tema de la Guerra Santa. Escribiendo en The National Review, opin: Aunque hay mucho en la historia de las guerras de EE.UU. contra los piratas de Barbera que es de relevancia directa con la actual guerra global contra el terrorismo, un aspecto parece ser particularmente instructivo para informar nuestro entendimiento de los asuntos contemporneos. Dicho de modo muy simple, los piratas de Barbera eran musulmanes comprometidos, militantes, que insistan en hacer exactamente lo que decan.

Slo un mes despus del 11-S, la derivacin de paralelos era suficientemente significativa como para justificar un artculo del Washington Post que destac los puntos de vista de numerosos historiadores sobre el tema. Entre los citados estaba el profesor de derecho de la Universidad George Washington, Jonathan Turley, quien utiliz explcitamente la analoga histrica en su recomendacin al Congreso. Invoc el precedente de los piratas de Barbera, diciendo que EE.UU. tena pleno derecho a atacar y destruir a la dirigencia terrorista sin declarar la guerra, inform el artculo.

Tres aos despus, cuando el entusiasmo por la Guerra de Iraq segua siendo fuerte en las filas conservadoras, Christopher Hitchens escribi una apologa de alto perfil de Thomas Jefferson y su tratamiento de los piratas de Barbera en la revista Time. El punto de partida para Hitchens fue el carcter definitivo de Jefferson. Considerado en conjunto con algunas otras acciones ambiciosas y casi-constitucionales de Jefferson la Compra de Luisiana y el envo de la expedicin de Lewis y Clark al Oeste la guerra de Barbera lo expuso a algunas crticas federalistas y en los peridicos por su secretismo, su prepotencia y su estilo exageradamente presidencial. Pero no fue posible argir contra el xito, escribi en una obvia reverencia hacia el gobierno de Bush.

En su minera de la historia estadounidense, periodistas, historiadores, y activistas conservadores encontraron las pepitas que buscaban: las humillaciones de la diplomacia, la importancia de demostraciones individuales de valor (el thyms!), las contribuciones de un poderoso presidente, y la perfidia militante de los musulmanes. Este establecimiento de paralelos entre los talibanes y al-Qaeda por una parte y los piratas de Barbera por la otra logr varios objetivos. Primero, estableci que los propios Padres Fundadores de EE.UU. haban ido a la guerra contra terroristas islmicos, dando a la guerra global contra el terror un pedigr indiscutible. Segundo, revel que desde el comienzo, el apaciguamiento en la forma de diplomacia estril y del pago a chantajistas era poco efectivo, y que slo una enrgica reaccin militar poda asegurar la victoria. Tercero, esas batallas necesitaban nuevos enfoques (guerra preventiva) y nuevas capacidades (una armada expandida, una guerra centrada en la red). Finalmente, no se trataba de un simple conflicto local sino de una guerra global entre fundamentalistas retrasados y los que defendan el vigor de la ley.

Los mismos temas reaparecieron en una ms reciente vinculacin de la reaccin del gobierno de Obama frente los piratas somales con el enfoque de Jefferson ante los piratas de Barbera. Los piratas somales son musulmanes y vinculados a fundamentalistas, el apaciguamiento no funciona, y la guerra es la respuesta. Y los expertos utilizan a los piratas como argumento a favor de una transformacin de las capacidades del Pentgono. La asociacin de piratas y terroristas es tan poco probable hoy en Somalia como lo fue en la histrica malinterpretacin de las guerras de Barbera.

El descubrimiento de los piratas de Barbera es casi demasiado bueno como para ser verdad como si un activista contra el aborto descubriera un dictamen desapercibido de la Corte Suprema del Siglo XVII sobre la concepcin como inicio de la vida. Al proyectar sus prejuicios hacia el pasado, los neoconservadores deformaron la historia para que sirviera sus intenciones. Por cierto hay paralelos entre las Guerras de Barbera y los conflictos actuales. Pero no son los paralelos aprovechados por Jewett, London, y otros.

La verdadera historia del contraterrorismo

A pesar de las interpretaciones de los neoconservadores, las guerras de Barbera no tuvieron que ver con la religin. Los Estados del Norte de frica, distantes tributarios del Imperio Otomano, no eran califatos islmicos sino gobiernos seculares dirigidos por un dey y sus jenzaros turcos. Clrigos musulmanes controlaban la esfera eclesistica pero tenan poco poder poltico real. Adems, los ataques contra los barcos comerciales no tenan nada que ver con el yihad. Ms bien, excluidos de los mercados europeos, Argel, Trpoli y Marruecos se volvieron a la piratera para sobrevivir econmicamente. EE.UU., en el intertanto, no inici una guerra santa contra esos Estados. En su lugar, estaba librando la Guerra Revolucionaria a posteriori a fin de conseguir mercados abiertos para productos estadounidenses. Fue, como argument Thomas Paine en Common Sense, una clave para la supervivencia de un pas recientemente independizado. Pero Gran Bretaa no dio la bienvenida al recin independizado EE.UU. en sus mercados. Peor todava, los britnicos lanzaron a los piratas de Barbera contra la navegacin comercial de EE.UU. en el Mediterrneo. Lo que algunos intrpretes contemporneos ven como una temprana confrontacin entre Occidente y el Resto un prototipo para el choque de civilizaciones fue en realidad la continuacin de una batalla entre EE.UU. y sus rivales europeos.

Sin embargo, existen algunos paralelos tiles entre entonces y ahora. Por ejemplo, los Padres Fundadores identificaron rpidamente a sus oponentes de Barbera como piratas y negreros. Pero los britnicos interpretaron las incursiones realizadas por John Paul Jones durante la Guerra Revolucionaria como poco ms que piratera. La piratera, como el terrorismo, depende del punto de vista del observador. En cuando a la esclavitud, EE.UU. era en esos das el centro de la trata de esclavos. La hipocresa del trato por los Estados de Barbera de un par de cientos de marineros estadounidenses cuando los negreros estadounidenses haba llevando cientos de miles de esclavos africanos no fue percibida por la mayora de los comentaristas de la poca (con la notable excepcin de Benjamin Franklin).

Se puede encontrar un paralelo ms pertinente en la esfera militar. A fines del Siglo XVIII, EE.UU. careca de fuerzas armadas que se pudieran enfrentar frente a frente con las potencias europeas, mucho menos con la flota de Barbera. Muchos Padres Fundadores consideraban que una armada permanente era una amenaza para la libertad. Era costosa y, con el fin de la Guerra Revolucionaria, no existan razones compulsivas para gastar dinero en la construccin de barcos de guerra. James Madison recomend que EE.UU., en una temprana versin de la Seguridad Interior, se concentrara en la defensa de las lneas costeras. En 1794, sin embargo, el Congreso rechaz los argumentos de Madison y Jefferson y aprob legislacin, firmada por el presidente Washington, para la construccin de seis fragatas. Los propugnadores de la ley utilizaron a los piratas de Barbera como justificacin explcita para ese fuerte aumento en los gastos militares, pero sin duda tambin pensaban en las flotas de Gran Bretaa y Francia.

Haba, sin embargo, una clusula interesante en la ley: Si llegara a haber paz entre EE.UU. y la Regencia de Argel, no habr actuaciones ulteriores bajo esta ley. Despus, EE.UU. firm un tal tratado con Argel. Washington invoc esa clusula en 1796 para reducir los desembolsos navales. Pero incluso entonces, cuando el complejo militar-industrial estaba en su nadir histrico, hubo preocupaciones sobre el desempleo en el sector de la defensa. De modo que, en un compromiso, la temprana repblica sigui adelante con la construccin de tres barcos.

La guerra que termin por acontecer entre EE.UU. y primero Trpoli, y luego Argel, estableci muchos de los mitos fundadores de las hazaas militares de EE.UU. (las hazaas de Stephen Decatur), nuevos tipos de guerra (misiones militares secretas), y la vinculacin de la intervencin en el extranjero con el comercio. En otras palabras, los neoconservadores del Siglo XXI recibieron una cierta mitologa prefabricada en la cual basarse. Todo lo que necesitaban era vincular a los piratas de Barbera con al-Qaeda. Eso precisaba que se convirtiera a los agentes de gobiernos seculares con limitados objetivos econmicos en musulmanes terroristas con los ms amplios objetivos ideolgicos. De esta manera, una guerra de EE.UU. contra el terrorismo islmico adquirira la distincin de un antiguo inters nacional.

Piratera y globalizacin

Cuando EE.UU. declar la Doctrina Monroe en 1823, slo ocho aos despus del fin de la Guerra Argelina, tena el deseo, pero no la capacidad, de mantener a sus rivales europeos fuera del Caribe y de Latinoamrica. Fueron las guerras contra los Estados de Barbera y ciertamente no la desastrosa guerra de 1812 lo que haba dado a EE.UU. la confianza necesaria para desafiar a los imperios europeos. Esos tempranos conflictos suministraron a EE.UU. la retrica y la visin de un imperio comercial cuando EE.UU. no era ms que un simple pramo.

La nocin de que EE.UU. pudiera mantenerse fuera de guerras y de las sucias complicaciones de la poltica imperial europea se acab durante los conflictos de Barbera. El crecimiento econmico de EE.UU. dependa del libre comercio, y los barcos de guerra de EE.UU. eran necesarios para mantener abiertas las lneas de navegacin. Cuando Thomas Friedman escribi sobre la importancia de McDonnell Douglas para la seguridad de los restaurantes McDonald's el puo de hierro de los militares tras la mano invisible del mercado hered esa tradicin de lgica imperial. Es tambin el espritu que anim la visin geoeconmica de Bill Clinton de mantener el poder econmico de EE.UU. mediante la conservacin del poder militar de EE.UU., que he llamado en otro contexto globalizacin de caonera.

Con la presidencia de Barack Obama, sobreviene una cierta versin resucitada del enfoque de Clinton. Se deja de lado toda el habla de imperio, en la que los adversarios son derrotados definitivamente, y viene el arte de la hegemona, en el que aliados y adversarios de EE.UU. son persuadidos para que vean la confluencia de sus intereses y de los intereses de EE.UU. Obama sigue comprometido con unas inmensas fuerzas armadas est redistribuyendo tropas de Iraq a Afganistn, aumentando la cantidad de soldados en 92.000 hombres, y mantenindose a la ofensiva de Djibouti a Kandahar" incluso mientras promete utilizar su pericia persuasiva con los dirigentes de Irn, Corea del Norte, y Venezuela. Obama ha prometido echar marcha atrs en algunos de los aspectos ms ofensivos de la Guerra Global contra el Terror (Centro de detencin de Guantnamo, la tortura) pero el marco general ser mantenido bajo la designacin AfPak. Mientras tanto, el nuevo presidente se concentrar en la expansin del poder econmico global de EE.UU. como parte de un intento de reanimar la moribunda economa del pas.

En este entorno neoliberal reanimado, al-Qaeda seguir siendo el mismo importante otro que constituyeron los Estados de Barbera en el Siglo XVIII: una excusa til para nuevos gastos militares y la proyeccin de la fuerza. Pero ahora se le suman otros herederos ms directos del manto de Barbera: los piratas de Somalia. Esos piratas atacan la sangre vital misma de la globalizacin los barcos que transportan energa y bienes por el Canal de Suez tal como los piratas de Barbera bloqueaban la intencin del temprano EE.UU. de convertirse en un protagonista econmico global. Como parte de su propia transformacin despus de la Guerra Fra, la Armada est alejando su estrategia de la custodia de alta mar al control de las lneas costeras. Ya ha tenido una importante confrontacin con China (relacionada con el USNS Impeccable). Pero ante las inversiones de China en la economa de EE.UU., los piratas representan una justificacin ms segura para este cambio de direccin.

Los terroristas en tierra y en el mar son tiles de otra manera. Precisamente porque no son Estados sino entidades dispersas, los piratas y los terroristas pueden servir mejor para justificar tanto una guerra global como una nueva doctrina militar. El Pentgono ha insistido en costosos, pero bastante anticuados, sistemas de armas para encarar la creciente amenaza de China: portaaviones de tecnologa avanzada, inmensos destructores navales, y nuevos submarinos nucleares. Una amenaza dispersa, mientras tanto, requiere una defensa dispersa: Bases militares de EE.UU. (reconfiguradas como hojas de nenfar [ciudades flotantes], tanto mejores para salirse de ellas), unidades de reaccin rpida, nuevas capacidades de C4 (comando, control, comunicacin y computadores). Tambin justifica una nueva doctrina militar que subraya la rapidez por sobre la posicin. Obama ha apoyado esos cambios. Permitirn al Pentgono que reaccione rpido ante amenazas a los intereses econmicos de EE.UU., sean ataques paramilitares contra oleoductos en el Golfo de Guinea y Colombia, disputas territoriales que afecten rutas de navegacin en el Sudeste Asitico, o piratas en los Estrechos de Malaca.

El fin de la Guerra Fra cre una crisis de misin para la OTAN. Para qu era necesaria si la Unin Sovitica ya no exista? Pero esa crisis de misin poda ser aplicada ms generalmente al Pentgono. El celebrado segundo frente de la zona desmilitarizada de Corea perdi su propsito cuando Corea del Sur dej de considerar a Corea del Norte como su enemiga. La amenaza china disminuy considerablemente cuando Beijing se convirti en el principal socio comercial de todos los pases de la regin. Cuba ya no representaba ningn potencial de amenaza aparte de enviar botes cargados de refugiados a la costa de Florida. Sadam Husein est muerto. Colin Powell hizo la genial declaracin despus de la primera Guerra del Golfo: Se me acaban los malvados. Slo me quedan Kim Il Sung y Castro. Osama bin Laden lleg justo a tiempo para el gobierno de Bush. Los piratas somales son el ltimo lazo salvavidas para el Pentgono.

La conservacin de altos gastos militares, sea para impulsar los duros objetivos imperiales de los conservadores o los suaves objetivos econmicos hegemnicos de los neoliberales, requiere a malvados de una estatura comparablemente grande. El hermano de Castro y el hijo de Kim Il Sung no bastan. Si al-Qaeda no existiera Washington tendra que crearlos. Por cierto, en su construccin de terroristas islmicos de piratas bastante corrientes, ha hecho precisamente eso.

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John Feffer es co-director de Foreign Policy In Focus.

Redactora: Emily Schwartz Greco

http://www.fpif.org/fpiftxt/6073



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