Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2009

In memoriam de "Carlos Castilla del Pino" recientemente fallecido
Manuel Sacristn en mi recuerdo

Carlos Castilla del Pino
Rebelin

Nota: Texto incluido en Del pensar, del vivir, del hacer (libro que compaa a los documentales que forman Integral Sacristn de Xavier Juncosa.



En 1962 viaj a Barcelona a dar una conferencia en una academia de ciencias mdicas que se haba constituido en el Colegio de Mdicos y que organizaron unos mdicos prximos al crculo de Manuel Sacristn. Fue entonces cuando le conoc, a l y a su mujer, italiana, Giulia Adinolfi, quienes me acogieron con gran afecto.

El que Sacristn hubiera sido con anterioridad falangista, y segn parece de los duros, pareca tenerlo superado. En aquella ocasin, l mismo me habl de cunto supuso Giulia en su paso al marxismo.

Sacristn comenzaba a mostrar entonces problemas depresivos leves, que Montserrat Esteve, un psiquiatra de Barcelona, trataba slo con Marsilid. Giulia juzgaba, con razn, que, adems del frmaco, era necesario un planteamiento de sus muy complicados problemas (consigo mismo, con los que le rodeaban, con su identidad como intelectual y poltico), de los cuales hablamos a veces los tres, pero rozndolos brevemente, porque Sacristn era en extremo pudoroso. Giulia propuso que viniera a Crdoba durante algunas semanas, pero no era una buena idea: yo era el ltimo ante quien Manolo se hubiera atrevido a hablar.

Aos despus, cuando le conoc mejor, resultaba conmovedor y pattico observar la lucha que mantena consigo mismo. Por lo pronto, expulsado de la Universidad, viva a expensas de sus traducciones de Lukcs, Quine, Adorno, Marx, etc. Era un traductor magnfico. Posea, adems, una inteligencia y una cultura excepcionales. Sus ensayos sobre Goethe y Heine, que fueron una introduccin a las obras completas en prosa de uno y otro (habiendo sido tambin l traductor del segundo de ellos), son esplndidos y, para la poca, incomparables con cualquiera de los que, en ese mbito, pudieron escribirse en la Espaa de entonces. Pero su dedicacin poltica -entonces era dirigente del PSUC y del PCE, y lleg a ser miembro de lo que entonces se llamaba comit ejecutivo- lo distraa de su tarea intelectual.

Los aos se le venan encima y su obra, aparte de su tesis doctoral y de su manual de lgica de 1964, se reduca a unos excelentes prlogos a sus traducciones de Engels, Marx, Adorno, Quine y algunos ms. En una ocasin, Giulia esboz una crtica acerca de su trabajo: Pasars como el filsofo de los prlogos. Sacristn se sumi en un silencio que dur unos minutos interminables para los tres.

Una vez, tratando de esta cuestin, le insinu que dejase las traducciones y que se concentrara en su propia obra. Para subsistir econmicamente poda organizar unos seminarios de doce o quince asistentes e impartir cursos sobre lgica y filosofa de la ciencia (Quine, Carnap, Russell, Gdel, Wittgenstein) o sobre Leibniz, Hegel, Ortega o Heidegger, sobre el que haba escrito y publicado su tesis doctoral en 1959. No lo convenc. Su prestigio en la Catalua intelectual era enorme, aunque luego Carlos Barral lo pusiera en cuestin hasta ridiculizarlo en sus memorias, lo que, por lo que s, le afect enormemente. Barral fue, a mi modo de ver, injusto con Sacristn.

Mi relacin con l no sufri altibajos, aunque no nos veamos con la asiduidad que yo hubiera deseado. Durante unos aos coincidimos en la Universidad de Valencia, en ciclos de conferencias organizados por el Aula de Cultura de la Facultad de Ciencias, impulsados sobre todo por un estudiante de apellido Pl. Conservo una grabacin con la transcripcin mecanografiada de una conferencia que imparti en 1969 con el ttulo Algunas actitudes ideolgicas contemporneas ante la ciencia, con motivo de una semana de renovacin cientfica organizada por el Sindicato Democrtico de Estudiantes de la citada Universidad.

Tambin conservo algunas cartas suyas; una muy jocose*, inspirada por la lectura del artculo necrolgico que escrib sobre Lacan para El Pas, el 16 de septiembre de 1981. Lacan era un personaje al que yo detestaba por lo que tena de impostor, impostura, eso sin duda, de un listo, porque de lo contrario el charlacaneo no habra gozado de tanto xito (el neologismo charlacn y su derivado charlacanera los utilic jugando con charlar y Lacan a propsito de esta necrolgica).

Todos los que le conocimos, le quisimos y le admiramos, aunque no dejamos de reconocer que la relacin con l, en sus ltimos veinte aos, poda ser, sin l pretenderlo, un tanto agobiante por el patetismo que tena. Eso s, nunca fue un victimista: su drama se transparentaba bien a su pesar, pero jams lo exhibi.

En su adolescencia padeci una tuberculosis renal y le extirparon un rin, pero se no fue de momento ningn problema. Tena trastornos de ritmo cardaco. Pese a todo ello, durante los veranos, en Puigcerd, haca excursiones que, cuando me las describa, me dejaban atnito. Al final apareci una insuficiencia renal y tuvo que ser sometido a dilisis. Quince das antes de morir (yo ignoraba la gravedad de su situacin) alguien me dijo que estaba en dilisis y en un estado fisiolgicamente precario. Le llam y hablamos largo rato. No me pareci consciente de la gravedad de su situacin, quiz pensando en la posibilidad de un trasplante. Ironiz incluso sobre su estado y se mostr especialmente afectivo, dentro del pudor con el que siempre velaba aspectos de su vida emocional. Tuve noticias de que, durante un tiempo, su vida fue muy amarga tras la muerte de Giulia de un carcinoma de mama.

Era, sin ninguna duda, una persona extraordinaria y se comprende que a su muerte sus discpulos, familiares y amigos experimentaran un sentimiento de irremediable orfandad.

Carlos Castilla del Pino

Nota: Este breve texto est inspirado en las pginas que dediqu a Sacristn en el segundo tomo de mi autobiografa: Carlos Castilla del Pino, Casa del olivo, Tusquets, Barcelona, 2004, pp. 311-314.

(*) La carta a la que se refiere Carlos Castilla del Pino le fue enviada por Sacristn al da siguiente de la publicacin de su artculo, el 17 de septiembre de 1981:

Querido Carlos.

me acabo de divertir leyendo tu artculo sobre Charlacn y en consecuencia te escribo. Hay que aprovechar la ocasin, tan infrecuente en m, de tener ganas de escribir.

Charlacn me irrita como pocos cretinos arbitrarios. Siendo vos quien sois y lo que sois (esto es, psiquiatra), quedas autorizado para sacarle toda la punta que quieras a mi aversin a Charlacn. Para que puedas medirla aproximadamente, te contar que siendo, como soy, profesor degenerado, de manga ancha, aprobado fcil e incapacidad completa para enfadarme porque mis alumnos no sepan, o hagan ruido, o no hagan nada, sin embargo, me negu maleducadamente a ocuparme de uno porque eran gran lector de Charlacn. Le dije que, en mi opinin, su cerebro no se recuperara ya nunca (quiero decir el neocrtex). Confieso tambin que toda la constelacin correspondiente me pareci desde el primer momento el punto ms bajo de la cultura filosfica francesa: Bachelard, un sucedneo fantasioso de la teora de la ciencia anglosajona, Althusser un escolstico sin la nica calidad del escolstico (la claridad), y Charlacn el triunfo de la arbitrariedad, algo, por consiguiente y pese a toda apariencia, muy prximo al me ne frego fascista.

Pero el refocilarme a propsito de Charlacn es slo una de las motivaciones de mis ganas de escribirte. Otra es el temor de que al aludir a una edicin de obras de Marx suspendida ests pensando en las OME que llevo yo. Si es as, me parece que te equivocas, o, al menos, as lo espero. Los editores no son, ciertamente, entusiastas de la aventura, y me obligan a terminar la edicin del Capital (voy por la primera mitad del libro III) antes de publicar ningn otro de los 12 volmenes ya a punto de edicin (aparte de los que han salido). Sus razonamientos comerciales acerca de la inviabilidad de vender la edicin mientras yo no saque todo El Capital me resultan especiosos y, como te digo, muestra de pocas ganas. Pero de eso no puedo inferir que hayan decidido interrumpir la edicin. Seguramente su versin de los hechos es que yo traduzco demasiado lentamente El Capital (No puedo encargar esa traduccin a otro, porque me compromet con los editores a hacerla personalmente. No as los dems volmenes, claro).

Y el tercer asunto, que es el ms importante, se refiere a la cuestin del biologismo de Freud. Yo estoy de acuerdo contigo en que el campo categorial de las disciplinas sociales y humanas es delimitable y requiere una slida autoconsciencia metodolgica que haya superado el positivismo procedente del siglo pasado. Pero te querra llamar la atencin acerca de la nueva fase biologista que vamos a atravesar (que ya hemos empezado a atravesar) en todas las ciencias del hombre y de la sociedad desde la antropologa y la psicologa hasta la economa y la poltica. Por eso me parece que tendras que rodear de ms cautelas reflexiones como las que presentas en el artculo acerca del biologismo de Freud,

Disclpame la psima mecanografa; me paso el verano en Puigcerd usando una mquina y cuando llego aqu paso a otra. Este rato es el primero que dedico a teclear desde que volv anteayer.

Un abrazo. Tambin para tu mujer y los dems que estn contigo.

Manolo



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