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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2009

Reflexiones sobre el rol de los medios de comunicacin en un estado democrtico liberal
Quin controla el cuarto poder?

Nelly Prigorian
Rebelin



Quiz ms que cualquier otra cosa, se precisa democratizar

las comunicaciones, lo que supone ante todos hacerlas accesibles.

Hay derecho de todos tanto de informarse, lo que supone acceder

a una muchedumbre de fuentes diferentes y plurales,

como a hablar e informar.

Vincenzo Ferrari



Uno de los principales anunciados del liberalismo, la separacin y la autonoma de los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) en procura de limitacin de un poder por otro, fundamenta toda democracia representativa o liberal. Sin embargo, ya para el siglo XVIII en tiempos de la Revolucin Francesa, cuando apenas se formaba la doctrina poltica liberal, Edmund Burke advirti la existencia de un Cuarto Poder, vaticinando que sera mucho ms importante que cualquier otro poder y se unir a la cruzada por las libertades. Burke se refera a los medios de comunicacin, ms concretamente a la prensa escrita. (Mercado, s.f.) Un poco ms tarde, en el 1848, Carl Marx en el Manifiesto del partido comunista, designa a los medios la fuerza de unin y organizacin para la lucha poltica obrera. Y no en vano, en el 1902 un peridico, Iskra, es declarado como principal rgano organizador de la lucha de los marxistas rusos desde todas partes, que tena por objetivo la formacin poltica en todas partes de cuadros militantes del partido (Lenin, 1902). En otras palabras, desde el inicio de la formacin de la democracia moderna ya exista un poder que se deslumbraba como el medio altamente efectivo para la unificacin, organizacin y el accionar poltico. Sin embargo, para aquellos aos era difcil prever la magnitud de este poder y el control poltico, social, econmico y cultural que terminara a ejercer este Cuarto Poder, el poder de los mass media con la proliferacin y penetracin en las sociedades democrticas.

En sus comienzos los medios de comunicacin fueron percibidos: como instancias fiscalizadoras de la gestin pblica, como mediadores entre los poderes y los ciudadanos, en sentido de articular las demandas, descontentos y aspiraciones de los ltimos ante las autoridades electas. Al mismo tiempo se les asignaba el deber de ofrecer una informacin oportuna e imparcial, como una mediacin indispensable para proporcionar a los receptores los conocimientos que posibilitaran su formacin democrtica y ciudadana. (Dragnic, 2005)

Toda democracia liberal reivindica la importancia de la informacin para hacer pblico el poder de Estado (entendiendo pblico como abierto, a la vista de todos, no oculto) y as cumplir una de las premisas bsicas del liberalismo, el resguardo del individuo frente al Estado. Y los medios de comunicacin fueron llamados para cumplir este rol contralor que los ha puesto, en ltima instancia, sobre el resto de los poderes del Estado.

Por otro lado, la redistribucin del conocimiento y la formacin del individuo para ejercer a plenitud sus derechos polticos, econmicos, sociales y culturales, era otra misin a cumplir para los medios de comunicacin. Y despus de la Segunda Guerra Mundial se asumi la tarea de promocin y defensa de los Derechos Humanos. Pero uno en particular fue enarbolado sobre todos los dems derechos, la libertad de expresin.

Y ms compleja se volva la sociedad y ms dependiente de la informacin para su desarrollo, ms roles asuman y con ms fuerza ejerceran su poder los medios de comunicacin en ella. Dentro de este escenario, se podra afirmar que dentro de una democracia liberal los medios se deban a la formacin de conciencia ciudadana para ejercer la democracia misma.

Sin embargo, el creciente poder de los medios no siempre result ser el soporte de la democracia y ciertamente, en muchas ocasiones resultara el obstculo para la misma.

Quedaron atrs los das cuando los medios fueron independientes, es decir sin representar los intereses de distintos grupos sociales, y eran meros medios para la transmisin de la informacin objetiva e imparcial. De hecho, Manuel Vzquez Montalbn (1997, p. 185, 1987, 192-193) en Historia y comunicacin social pone en duda que alguna vez los mass media fuesen realmente independientes, sea del poder de Estado, poltico o econmico, y ya desde el siglo XVII y XVIII eran herramienta para la manipulacin y, en definitiva, la corrupcin de la conciencia del individuo. Sin embargo, es tan solo hace unas dcadas que los medios asumieran abiertamente la representacin de algn grupo de inters, un hecho que debera ser absolutamente normal en una democracia, si no se tratase de una entidad con el enorme poder de condicionamiento que podra ejercer sobre una sociedad. Su poder pudiera llegar a ser tal que con facilidad producira pnico en una sociedad (solo hace falta recordad el famoso programa de radio de Orson Wells con la invasin extraterrestre), quebrar bancos, estimular estafas, ficcionar hechos, convencer de que algo es bueno cuando en realidad es lo peor y un largo etc. Y este poder aumenta cada da con las nuevas tecnologas, con fusiones empresariales, asociaciones trasnacionales que convierten a los medios en monopolios u oligopolios a escala mundial. Y todo este poder est a disposicin de algn grupo de inters, sea privado o del Estado, para crear o manipular la opinin pblica con el fin de alcanzar determinados objetivos. Y como estos intereses pueden ser de ndole diferentes, como econmicos, polticos o legales, es inevitable que sean trastocados los tres pilares fundamentales de la democracia liberal: la deliberacin, el mercado libre y el Estado de Derecho.

Toda democracia se fundamenta en la libre eleccin de los representantes para los cargos de eleccin popular, que a su vez gozan de la igualdad de derechos para ser elegidos. La pregunta que cabe hacer dentro del escenario planteado qu tan libre resulta ser la eleccin y que tan iguales son los derechos de los elegidos? Sin entrar en los asuntos mercantiles que suelen acompaar los eventos electorales como para campaas de los candidatos as como la de compra de votos, es preciso detenerse en la relacin entre la exposicin en los medios de los aspirantes y sus posibilidades de acceder al puesto aspirado. De ejemplo puede servir las elecciones primarias que se dieron en el Partido Socialista Unido de Venezuela para escogencia de los candidatos para las gobernaciones. La gran mayora electa resultaron ser los precandidatos con fuerte presencia meditica nacional, pero escaso arraigo en las localidades que aspiraban gobernar. En Venezuela, tal vez como en ninguna parte del mundo, en toda magnitud se da el fenmeno de ejercicio del liderazgo a travs de las pantallas de televisin, donde desaparece la deliberacin como tal y aparece la imposicin de una figura concreta, mermando cualquier posibilidad de enfrentarla por otro sin el espacio meditico a su disposicin. Esta situacin representa la quiebra de una de las reglas principales del liberalismo: la igualdad de derechos para elegir y ser elegidos. Por otro lado, qu tan libre resulta ser la eleccin cuando los medios crean la opinin pblica vendiendo una determinada tendencia poltica? La misma opinin pblica que despus es sondeada a travs de las encuestas que sirven a los polticos para articular sus discursos y propuestas, tal como lo revela James Fishkin en Democracy and deliberation (1993, p. 3). El crculo vicioso ha sido creado y los interese de un grupo, representante del cual son los medios monoplicos u oligoplicos, han sido asegurados. En pocas palabras, la posibilidad de deliberacin es reducida al mnimo y la eleccin no es tan libre como se podra presumir, por lo tanto, la legitimidad del poder puede ser altamente cuestionado.

Lapidaria resulta para la democracia liberal la reflexin de Vincenzo Ferrari sobre los medios y el estado de derecho, otro postulado fundamental de la democracia liberal:

La lucha poltica a travs de los medios de comunicacin masiva produce epifenmenos y apariencias en vez de hechos y decisiones reales, tal vez hasta leyes aparentes en vez de leyes reales. Es por los medios de comunicacin de masa que se difunde aquella idea de norma que Michel Foucault no le haca corresponder al Derecho, sino que, por contrario, le opona a l, como instrumento tpico de control social de nuestro tiempo. Por lo tanto es de los media que sale el desafo ms insinuante para el Estado de Derecho:.. (2007, p. 19-20)

Aun descartando la posibilidad que la lucha poltica mediatizada tenga influencia determinante en la legislacin y creacin de las leyes aparentes o interesadas, el efecto de la norma impuesta y aceptada tcitamente por la sociedad, afecta directamente el Estado de Derecho. Todo Estado de Derecho es caracterizado por dos premisas: la no arbitrariedad y la interpretacin de las leyes. Las leyes suelen ser un compendio general de criterios que al aplicarse a casos particulares en muchas oportunidades demandan una interpretacin jurdica. Incluso las Constituciones no escapan de las interpretaciones. Y toda interpretacin eventualmente puede ser condicionada por la norma impuesta en el imaginario colectivo por los medios de comunicacin. Y es all donde el Estado de Derecho se vuelve vulnerable y es de all donde eventualmente puede surgir la posibilidad del control social en una sociedad. En consecuencia, otro postulado del liberalismo, la exclusin del poder arbitrario, podra estar objetivamente cuestionado.

El desarrollo del mundo actual est altamente dependiente de la informacin que se posee. No en vano surge el dicho la informacin es poder, pero con seguridad se podra afirmar que la desinformacin tambin es poder. Y los medios de comunicacin son los principales detentores de este poder. El mundo ha visto la quiebra de las empresas, va Bolsa de Valores, descapitalizacin de los bancos, va retiros nerviosos de depsitos, incluso la bancarrota de pases enteros, va restricciones de intercambio. Y para ello solo hace falta emprender una campaa meditica de opiniones especializadas ms o menos bien articulada. No obstante, los medios de comunicacin privados tambin son empresas con fines de lucro y en las ltimas dcadas empezaron a surgir conglomerados industriales de comunicacin y afines, como, por ejemplo General Electric que maneja entre otras cosas lavadoras, bombillas elctricas, cermica, componentes para sistemas de armamento y a travs de RCA, informtica, telecomunicaciones, televisin (Vsquez Moltalbn. P. 226-227). En estas condiciones qu tan libre resulta ser el Mercado Libre, otro postulado fundamental de la democracia liberal? Dnde queda la libre competencia a base de eficiencia?

A todo esto se puede agregar el asunto de educacin de mansos consumidores no solo de productos, sino de ideas, estilos de vida, maneras de ver el mundo que lejos de formar visiones crticas, atonta; lejos de despertar conciencias, las adormece; lejos de libertar, encadena.

Volviendo a Burke, Marx y Lenin. Ciertamente, los medios de comunicacin son un poder y es un poder tan grande que es capaz de imponerse sobre el resto de los poderes y moldear a su antojo las sociedades. Sin duda, su capacidad de unificacin es enorme. Y no se puede negar, su eficacia en el accionar poltico es formidable. Todo depende con qu fines es utilizado este poder y cul es el lmite de su ejercicio. Los escenarios arriba descritos son extremos y difcilmente se dan en su totalidad y en conjunto en alguna parte del mundo, sin embargo, en grados distintos tienen presencia en muchos pases de democracias liberales y lo revela la cada vez mayor preocupacin sobre el rol que asumen los medios de comunicacin en las sociedades de hoy, preocupaciones que desembocan en trabajos de investigacin, conformacin de observatorios de los medios, ensayos crticos, artculos de opinin. Sin embargo, cualquier intento de regular o reglamentar las actividades de los mass media inmediatamente encuentra resistencia y las acusaciones de violacin de la libertad de expresin no se hacen esperar, derecho fundamental recogido en la Declaracin de los Derechos Humanos. Paradjicamente, los medios de comunicacin, producto de la libertad del pensamiento llamado a crear conciencia ciudadana y visin crtica haca el poder, se convierten en creadores de falsa conciencia, realidades ficticias y se vuelven en un poder incontrolable, donde el lmite es solo la tica de los quienes los manejan.

Ante este panorama es legtimo preguntarse qu hacer? La respuesta est en la democracia misma, entendida sta como el gobierno de la mayora. Urge la democratizacin de los medios de comunicacin. Urge la diversidad y multiplicidad de fuentes de informacin. Urge la libertad de expresin para la mayora y no solo para unas lites oligoplicas. Las nuevas tecnologas han permitido surgimiento de los medios alternativos de comunicacin. La Internet hizo posible intercambios de informacin prcticamente instantneos. Los blogs, las web informativas, pginas dnde se pueden subir los audio y los videos entre tantas otras herramientas que estn a disposicin de una comunicacin verdaderamente independiente. Y estos pequeos focos de informacin independiente ya empezaron hacer diferencia. Sin embargo, se hace indispensable democratizar las grandes empresas de la informacin. En Venezuela se hizo un intento de esta democratizacin con la ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisin (ley Resorte) (2005), dnde el 40% del espacio debe ser producido por los Productores Nacionales Independientes (PNI) financiados por el impuesto de 5% aplicados a los mismos medios de comunicacin. Una iniciativa sin igual para democratizar las mass media que lamentablemente es burlada o ignorada por completo por estaciones privadas y del Estado.

Es difcil fiarse tan solo de la tica de los que manejan los medios de comunicacin, sobre todo cuando en juego est el ejercicio de poder casi ilimitado y sumas mil millonarias en ganancias[1]. S bien el Cuarto Poder nace como fiscalizador de los dems poderes, es preciso que estos poderes, tambin tengan la sensatez y la voluntad de controlar los medios de comunicacin a travs de nica herramienta disponible en este caso, la democratizacin de la mass madia.

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Bibliografa:

Dragnic, Olga (2005) Una aproximacin al papel de los observatorios de medios en un sistema Pdemocrtico. Ponencia en el I Simposio Comunicacin para el siglo XXI Universidad de Santiago de Cali, Colombia. Recuperado 1 de mayo 2009 desde http://www.observatoriodemedios.org.ve/documentos/aprox.asp

Ferrari, Vincenzo (2007) Reflexiones sobre el estado de derecho. Caracas Universidad Metropolitana. P. 19-20

Fishkin, James (1993) Democracy and deliberation. Editorial Yale University Press. P. 3

Ley de responsabilidad social en Radio y Televisin. (2005) Gaceta Oficial xxxx, Caracas, Venezuela. Recuperado 4 de mayo 2009 desde http://www.leyresorte.gob.ve/index.asp

Lenin, Vladimir (1902) Qu hacer? Recuperado 1 de mayo 2009 desde http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/index.htm

Marx, Carl y Engels, Freidrich. (2001) Manifiesto de partido comunista Madrid. Alianza editorial. Pag. 53.

Mercado, Alejandro F. (s.f) Cuarto Poder. Revista Latino-Americana de Desarrollo Econmico. Editorial Instituto de Investigaciones socio-econmicas de la Universidad catlica de Bolivia. Recuperado 1 de mayo 2009 desde http://www.iisec.ucb.edu.bo/amercado/articulos_recientes/El_cuarto_poder.pdf

Vsquez Montalbn, Manuel (1997) Historia y comunicacin social. Espaa, Barcelona: Crtica Grijalbo Mondadori. Edicin revisada y ampliada. P.186, 187, 192-193.

[1] La compaa alemana de comunicaciones Bertelsmann con presencia en 63 pases del mundo ha reportado ganancias ms de 18 mil millones de euros en 2007. (http://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/65485/09/06/Economia-Empresas-Bertelsmann-incrementa-un-27-sus-beneficios-semestrales-hasta-339-millones.html )


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