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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2009

Arte tras el cristal antibalas

Jon E. Illescas Martnez (Jon Juanma)
Rebelin


Hace poco muri un buen amigo mo, pintor alemn afincado en la Costa Blanca. Pasaba de los ochenta, amante de todo lo bueno, vividor como l solo. Lleg a la Hispania moderna como tantos otros germanos amantes de los pinceles y los pigmentos: buscando plasmar en sus lienzos la poderosa luz que baa estas tierras con sabor mediterrneo. Claro, tambin vino aqu por la playa, el vino, la temperatura y todo lo dems, por supuesto.

La semana pasada, su hijo me telefone explicndome que haba venido desde Berln para completar la coleccin pictrica que tena su padre en su residencia de Altea, aportando unas obras inditas que haba descubierto en su estudio de Essen. Amablemente me invit a pasar una noche en su casa para conocer a su familia, y de paso poder apreciar las pinturas desconocidas de Philipp.

El encuentro fue muy grato, Franc, como se llama el hijo, es un culto profesor de universidad, de educacin ejemplar y trato exquisito. La cena que prepar junto a su mujer estaba deliciosa y las obras de mi buen amigo tradas de Alemania eran realmente fascinantes. Pero al despedirnos, sucedi algo realmente embarazoso. Al salir de la casa ,me indic que la visita a la exposicin costaba 20 euros, que fuera tan amable de pagarle y que no me preocupase que aceptaba tanto pago al contado como con tarjetas, Mastercard o Visa, daba igual. Aunque me pareci una broma de psimo gusto, por no estropear la velada, sonre y me dirig al ascensor como restando importancia a la ocurrencia. Pero l me cogi del brazo y con gesto airado, me ense un documento un tanto arrugado. Era un contrato de la SGAE 1 , basado en una reciente ley que afirmaba que a partir de ahora, las familias de los artistas se deban beneficiar obligatoriamente ante cualquiera ( con la nica excepcin de los familiares de primer grado) de la explotacin econmica de la obra del desaparecido durante los 50 aos siguientes a la muerte del susodicho, en concepto de derechos de autor. Me result extrao, porque mi amigo el nico derecho que se me ocurra poda disfrutar ya era el del descanso (que no es poco). An as, yo, como atento cumplidor de la ley, saqu el billete de color azulado y afor religiosamente.

Sin embargo y enlazado con lo anterior, mucho ms asombroso fue lo que me ocurri el pasado martes al visitar la biblioteca pblica de mi ciudad. Hice propsito de leer una de esas novelas que toda persona culta que aspira a decir que lee sin sonrojarse, debe haber devorado, tanto del pasado como del presente. As que me dirig al edificio pblico con intencin de sacarme un par de esos clsicos de ayer y de hoy. Llmenme snob, y quizs lo sea un poco, pero me cans de ser un paleto novelil ante tanto ensayo filosfico, econmico y sociolgico almacenado en mi memoria que poco producto me renda en mis relaciones sociales (salvando el Kamasutra claro). Las novelas lucen ms, se lo digo yo, ms distradas y rentables de cara a adquirir capital simblico con los dems. Maldito capitalismo que todo lo cosifica y transforma en mercanca! 2

La cuestin es que me dirig a la bibliotecaria y le ped un ejemplar de Otelo de Shakespeare. sta me contesto que no estaba. Le pregunt por algo ms sencillo: - Romeo y Julieta?, -Nada seor, vaya a Reino Unido a leer uno-. Sorprendido, le pregunt si tena Los miserables de Victor Hugo. -Vaya a Pars, all los tienen todos- respondi.- Guerra y Paz?- dije desesperado, - Pruebe en Mosc- afirm ella sin despeinarse. Ya me estaba mosqueando cuando le pregunt, no sin irona, por El Elogio a la Locura de Erasmo de Rotterdam y eso ya fue demasiado para mi....-Si es tan amable, vaya a Rotterd...- Ya est bien seora!-le dije alzando la voz. Un silencio (mayor) se hizo en la sala y los all presentes se quedaron observndome inquisitivamente. -No entiendo nada, seora- le dije, con dulce y sosegada voz, como nio bueno que se retracta de haber obrado mal. -Ver caballero, a partir de la ley europea del 23 de marzo, ratificada por el Parlamento Europeo y propuesta por la Comisin, las reproducciones de los libros deben ser ledas en el pas de origen del autor-. Ante la cara de higo pasado que se me qued, la mujer, visiblemente preocupada, con intencin de tranquilizarme, dijo: -Pero no se preocupe caballero, que todos esos libros estarn traducidos al castellano, no har falta que aprenda ruso para leer a Tolstoi, slo hacer un viajecito a Rusia.

Ficciones aparte, con las artes plsticas pasa algo parecido. Mientras los polticos y los popes culturales de modo paternalista afirman que el arte est alejado del pueblo, o ms bien el pueblo del arte (pueblo tonto ya se sabe, culpable l solito de todos sus males), l mismo permanece preso en crceles llamadas museos. Es cierto que no hay un inters tan grande de parte de los sectores populares por ver obras de Velzquez o de Rodn como de ver la ltima pelcula de Brad Pitt o Jessica Alba. Por qu? Quizs tenga algo que ver entre otras razones, adems de los abdominales de Pitt y las curvas de Alba , la obligatoriedad de pagar para poder entrar a los museos como si se tratara del cine o Eurodisney (depende del estatus del museo) o que para ver La Gioconda tengamos que viajar a Pars del mismo modo que para ver El Discbolo 3 haya que desplazarse hasta Gran Bretaa.

Hacindome eco de lo afirmado por scar Tusquets en Todo es comparable, no tiene sentido que en la poca de la reproductibilidad tcnica, cuando se pueden tener reproducciones fidedignas de las pinturas e idnticas de las esculturas, haya que peregrinar a un determinado lugar para disfrutar de una pieza artstica. Si podemos considerar disfrutar claro, a amontonarse tras un grupo de turistas ansiosos por echar fotos 4, que miran apelotonados a varios metros una obra protegida por un cristal de seguridad inmune a la metralla y a los ataques bacteriolgicos, mientras la voz del gua narra en perfecto japons 5 cul fue el ltimo propietario histrico de la insigne pieza.

Si de verdad hubiera voluntad de acercar el arte al pueblo, a los ciudadanos de a pie, lo primero que debieran hacer nuestros polticos sera tener claro que el arte es patrimonio de la humanidad y no negocio de unos pocos, para acto seguido desmitificar el fetiche de la obra original. Podramos tener perfectamente museos de reproducciones fidedignas, con las piezas ms importantes del arte universal, en cada pas, incluso en cada comunidad autnoma. Tener un Discbolo y una Gioconda en cada museo pblico, al lado de casa, del mismo modo que en cada biblioteca pblica tenemos un ejemplar de Otelo o de Los miserables. Por ahora, claro.

* Jon Juanma es el seudnimo artistico/revolucionario de Jon E. Illescas Martnez, artista plstico, analista poltico y terico del Socialismo.

18 de mayo de 2009

Para contactar con el autor: [email protected]

Para visitar su blog: http://jonjuanma.blogspot.com/

Parte de su obra plstica: http://jon-juanma.artelista.com/



Notas

1. Siglas de la Sociedad General de Artistas Espaoles, grupo de presin de los derechos de propiedad intelectual

2. Qu bueno esto de la crisis que a los marxistas, hasta hace muy poco marginados como diplodocus y dems bichejos pre-ordenadores porttiles, nos da de pronto la posibilidad de sacar a relucir nuestro pedigr intelectual en todo crculo cultureta. Algo tena que tener bueno, la jodida crisis.

3. Reproduccin en s misma ahora de gira super star por Alicante con el absurdo halo de copia original, si Walter Benjamin levantara la cabeza...

4. Intiles por otra parte, ya que sin flash salen movidas.

5. Disculpe el lector pero todo japons hablado me parece perfecto al no tener ni idea del mismo.



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