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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2009

Se estrena en Londres "Otros siete nios", una rplica sionista a "Siete nios judos", de Caryl Churchill
Siete trucos sionistas

Gilad Atzmon
Palestine Think Tank

Traduccin de Manuel Talens


He ido a ver Otros siete nios [Seven Other Children], un torpe montaje teatral que pretende neutralizar la aclamada obra Siete nios judos [Seven Jewish Children], de Caryl Churchill. Segn la prensa juda, esta obra de siete minutos de duracin ha sido escrita por un gentil llamado Richard Stirling, desconsolado ante la injusta y desequilibrada representacin de la obra de Churchill. En la prctica, Stirling ha Richard Stirlingcreado una contraproduccin, siete minutos unilateralmente pro-sionistas que pretenden desesperadamente retratar a los palestinos bajo una luz negativa. Pero, contrariamente al fenomenal texto de Churchill, una obra que incita a la reflexin, Stirling carece de talento, de bro y de profundidad. Al contrario de Churchill, que ha logrado disertar mgicamente sobre algunas de las capas ms ntimas del discurso de la identidad juda, Stirling se ha quedado en una banal adaptacin de la transicin binaria vctima/agresor en una teatralizada realidad palestina.

Imitando el innovador formato de Churchill, Otros siete nios es un breve movimiento de escenas: empieza en 1948 durante la Nakba, la brutal limpieza tnica de la poblacin nativa de Palestina que llevaron a cabo los israeles, y termina en la realidad palestina actual, que Stirling estpidamente presenta como un adoctrinamiento de odio. El mensaje va surgiendo mediante breves frases pronunciadas por adultos y dirigidas a un imaginario nio palestino. En la prctica, el formato de Churchill, que consista en cortos segmentos de Dile No le digas est aqu reemplazado por Pregntale No le preguntes

No hay mucho que decir de la obra, puesto que el arte mediocre no merece atencin alguna. Parece ser que incluso la prensa sionista se ha sentido confundida por su escaso poder de conviccin y no la ha reseado mucho. Sin embargo, se la puede considerar como una mirada adicional a la ideologa y la prctica tribales. De ella podemos aprender en cabeza ajena la leccin que ha llevado al fracaso a este montaje teatral.

Tal como analic en un artculo anterior, Churchill cre un formato teatral en el que la infancia israel estaba representada por siete nias receptoras de un mensaje que pasaba por sucesivas metamorfosis, desde el victimismo hasta la brutalidad colectiva. En cambio, Stirling ha escogido el sexo masculino y son siete nios palestinos quienes reciben el mensaje. La diferencia es evidente. Mientras que la representacin que hace Churchill del discurso judo en el interior de un marco femenino podra recordar la similar ecuacin que hizo el filsofo misgino Otto Weininger hace 100 aos, para Stirling la identidad palestina est representada por una joven voz masculina. Mientras que el judo de Churchill est sumergido en una imaginera fantasmtica de victimismo, el nio palestino de Stirling es un carcter fuerte a punto de convertirse en un guerrero. Se me permitir que apunte en este momento lo que sigue: si se consideran los fracasos del ejrcito israel en cada una de sus campaas militares de aos recientes y se tienen en cuenta las imgenes propagandsticas israeles de judos sollozantes y traumatizados en Sderot, la eleccin que hizo Churchill de representar al judo como una nia tiene sentido. Pero tambin debemos recordar que la realidad sobre el terreno no deja mucho espacio para la duda: son los israeles quienes propagan la muerte de forma masiva a su alrededor. Son los israeles quienes lanzan armas de destruccin masiva sobre la poblacin civil. Son los israeles quienes adoptan principios nacionales racistas y asesinos. Son los palestinos quienes observan cmo el Estado judo transforma sus pueblos y aldeas en campos de concentracin. La incorporacin de Churchill y Stirling en una realidad unificada nos dejara la clara imagen de una nia salvajemente neurtica que encierra en un stano al inocente y confundido nio y luego tira las llaves. Si uno piensa un poco ms en esto podr ver la devastadora verdad. No se trata solamente de una remota realidad teatral, es la autntica realidad del Estado judo y de su brutalidad. Sin embargo, en la realidad, el nio despierta sin prisa, pero sin pausa, de su ingenuidad. Y hoy est determinado a liberarse contra todos los pronsticos. Y lo lograr.

Vale tambin la pena mencionar que el intento de Stirling de situar el discurso palestino como una transicin desde el victimismo hasta la agresin no solamente carece de imaginacin, sino que es falso, engaoso y, probablemente, el resultado de una banal proyeccin sio-cntrica.

Al contrario que los judos, que persisten en mantener su sufrimiento histrico tanto institucional como jurdicamente, es muy raro que los palestinos se presenten a s mismos como vctimas. De manera similar, la agresin manifestada por el Estado judo en nombre del pueblo judo y aprobada por sus partidarios institucionales no puede trasladarse a la realidad palestina ni al discurso identitario palestino. Los palestinos estn luchando por su liberacin, luchan legtimamente por la libertad. De ninguna manera puede considerarse que la lucha por la libertad sea una agresin, a menos que quien lo considere sea un sionista, un gentil-sionista o ambas cosas a la vez.

Lo dicho basta para demostrar que la premisa sobre la que se construye esta obra teatral era bastante dbil. Sin embargo, es preciso sealar unas cuantas cosas relacionadas con la obra y su motivacin. Los grupos de presin y blogs judos que la promueven insisten en que Churchill ha fracasado a la hora de representar cumplidamente el conflicto. Esta argumentacin es ridcula y roza lo pattico. Desde cuando los artistas han de ser imparciales? Desde cundo un artista tiene que presentar una mirada equilibrada? Los artistas se deben a la belleza. Son obviamente capaces de transmitir un mensaje por medio de la belleza. Acaso exigimos imparcialidad a Shakespeare o a Picasso? Pero podemos ir ms all: acaso los activistas judos, que tan apesadumbrados se han sentido por la obra teatral de Churchill, protestaron contra Steven Spielberg por su presentacin unilateral de las condiciones polticas y sociales en La lista de Schindler? Est claro que la pelcula no present la voz de los nazis. Obviamente, nadie en su sano juicio lo habra exigido. Sin embargo, al igual que en el caso de la lucha contra el racismo, el activismo tnico judo cae en la misma trampa. El activista judo no est contra el racismo en general, sino nicamente contra el racismo antijudo. Igualmente, los activistas tribales judos no tratan de promover aqu un nuevo esquema para una presentacin equilibrada en las artes. Al contrario, nicamente insisten en que a los judos se los trate mejor en cualquier obra teatral.

Todo parece indicar que los grupos de presin sionistas en el Reino Unido estn presionando a todos los teatros donde se representa la obra de Churchill para que esta obra de un gentil, tan querida para ellos, sea representada al mismo tiempo, sea cual sea su calidad intrnseca. Es de suponer que como yo tambin acto todas las noches y todos mis conciertos son a favor de Palestina, no pasar mucho tiempo antes de que los mismos grupos tribales de presin patrocinen conciertos de jazz contrarios al mo. Puede que incluso enseen al afortunado saxofonista a tocar mi msica al revs.

Una cosa parece evidente. Hace aos los principales escenarios de Londres estaban reservados para proyectos de la propaganda sionista. La causa palestina estaba relegada a algunos teatros alternativos, centros comunitarios e iglesias. Esto ha cambiado oficialmente. La obra teatral de Churchill fue representada en el Royal Court Theatre y atrajo triunfalmente la atencin de todos los medios britnicos. El pastiche sionista de Stirling est humillantemente relegado a un pequeo teatro de Hampstead y su pblico es mayoritariamente judo. Puede afirmarse que el discurso palestino est ahora en primera lnea, mientras que el sionista renquea tras l.

En su obra, Stirling no cesa de preguntar al nio palestino:

 

Porque no tenemos amigos pregntale el nombre de un amigo.

 

Pero entonces, en la escena final, la que se centra en la Gaza de 2009, el propio Sterling se da cuenta de que los palestinos tienen ahora muchsimos amigos:

 

Pregntale si conoce a nuestros amigos
Pregntale si sabe que ellos no tienen amigos
Pregntale s conoce a nuestros amigos en Europa

 

 

Est claro que Caryl Churchill y el Royal Court Thatre son dos de los muchos amigos que tienen los palestinos.

Stirling tampoco est solo, hay ahora al menos siete blogueros sionistas que dicen ser sus amigos. El famoso calumniador israel David Hirsch lo est promocionando; el cibernoticiero sio-con Harrys Place le ofrece sus pginas y otro blog judo llamado OyVaGoy amenaza con explotar libidinalmente. Con tan buenos amigos, Stirling no tardar en darse cuenta de que cuando sus asociados kosher hayan terminado de arremeter contra todos los teatros de este pas puede que tenga que cambiar de oficio. Si uno asiste a su obra teatral y ve de lo que Stirling es capaz, no sera desde luego una gran prdida para el teatro britnico.

Sin embargo, quiz alguien deba recordarle a Stirling que el estudio histrico de la realidad juda del siglo XX revelar el hecho devastador de que el proyecto sionista nunca tuvo amigos de verdad. Lo que s tuvo fue poder, influencia, y todava los tiene. Pero poder y amistad son categoras muy distantes.

En la obra, las palabras finales dirigidas al nio pretenden sumir al pblico judo en la desolacin:

 

Pregntale si Hitler se equivoc

 

Como si los palestinos estuviesen motivados por un odio racial contra los judos, como si en algn momento lo hubiesen estado. Alguien debera explicarle a Richard Stirling que, tal como estn las cosas, es el Estado judo quien pone en prctica leyes racistas contra los palestinos y otros grupos. Es el Estado judo quien encierra a millones de personas detrs de alambradas de pas. Es el Estado judo quien los mantiene hacinados. Es el Estado judo quien sigue sistemticamente la doctrina de Hitler. Quin sabe si los sionistas estn convencidos de que el hombre del bigotito no se equivoc.

 

Fuente: Palestine Think Tank - Seven Hasbara Tricks

Artculo original publicado el
18 de mayo de 2009

Sobre el autor


Manuel Talens es miembro de Rebelin y Tlaxcala
, la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.


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