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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2009

Asturies, patria de los experimentos

Carlos X. Blanco
Rebelin


Probablemente Asturies sea la tierra de los experimentos. Lo fue en la ominosa dcada de los 80, con el cierre generalizado de empresas. Lo sigui siendo despus, que a pesar de todo el paro que se gener con los cierres y reconversiones no pararon de abrir grandes superficies.

Se trataba de un test, generalizable al resto del estado, a saber cunto aguanta la clase obrera sin orquestar una rebelin coordinada por medio de su nica arma, la solidaridad?. La poltica socialista de palos y zanahorias fue la que redimension una comunidad como la nuestra dotada de instalaciones industriales excesivas y ajenas a sus necesidades, un pas dependiente de energa y de inversiones externas que ni siquiera serva ya para los fines que Franco y sus autcratas haban diseado, es decir, hacer de Asturies una reserva minero-siderrgica no rentable pero si estratgica, esto es, un complemento de reserva, un contrapeso, de su potente hermana, la vizcana.

Yo he pensado a menudo en esto: hasta qu punto la planificacin econmica que el franquismo hizo de Asturies tuvo ms que ver con el apartado militar y con las obsesiones autrquicas y defensivas del rgimen que con la racionalidad econmica?.

Esa poltica econmica faranica ha dejado en el pas una herencia terrible. Por medio de una inyeccin de capital pblico, inyeccin muy elevada para los estndares de un Estado tan atrasado como era el espaol, Asturies perdi a partir de fines de los 50 su paisaje rural y su sabor tradicional en una medida considerable. Un proletariado artificialmente creado se form en torno a los dinosaurios industriales. El campesino abandon su casera, y junt sus esfuerzos al emigrante (al desplazado por el hambre) que nos vino de toda la Espaa central y del sur, ms msera an. Se fue creando una clase obrera asturiana populosa, nacida o no en el pas, que nutri la regin central en detrimento de las ms tradicionales alas al oriente y al occidente.

Las rentas subieron desde esos finales de los 50, y se alcanzaron unos niveles exageradamente altos, casi comparables a los del Pas Vasco y Catalua, a pesar de no contar Asturies, a diferencia de estas otras zonas, con un capital autctono propio de alguna relevancia ni, en general, con un tejido socio-econmico fuerte. Las reconversiones felipistas de los 80, es cierto, as como todo el rosario que les sigui hasta hoy (los cierres del sector Naval de Xixn, son el ensimo episodio) suponan para Asturies una especie de vuelta a la realidad. Pero se hizo con toda esa dosis de injusticia, totalitarismo, y falta de gratitud histrica para con el pas asturiano que de sobra conocemos, y que nos dejar para siempre un sabor amargo. sta Asturies perdi mucho de su identidad, de su paisaje, de posibilidades de desarrollo por sus rales propios con el fin de que un Estado fascista y una economa autrquica como la espaola completaran sus ciclos de acumulacin. La Transicin (aos 70) anunciaba ya cierres inexorables y ajustes dursimos. Asturies a nivel industrial se sacrific en el sentido de perder posibilidades econmicas autctonas. Esa red de numerosas pymes que complementen a la casera y hagan de ella, a su vez, una pyme agroindustrial digna, sostenible y creadora de autoempleo, esa red, digo, no pudo crearse.

En su lugar, como ya dije en el libro Casera y Socialismo, nos tuvimos que convertir en una enorme masa asalariada en mitad de un agro progresivamente mutilado y en estado de hibernacin econmica (un agro desaprovechado). La masa asalariada, con todas sus conquistas (como le gusta repetir a la elite sindical oficial) era extremadamente dbil en lo que respectaba a las decisiones fundamentales de su existencia. Cuando los Altos Mandarines de Madrid decidieron matar la vaca sagrada (la vaca sagrada era la Gran Industria Pblica), toda una sociedad acostumbrada a chupar de sus tetas tuvo que quitarse de en medio, desaparecer, pre-jubilarse.

Hoy en da, despus de todo esto, Asturies va a la deriva. Por un lado, da la impresin de que el rosario de cierres y reajustes no ha terminado an. Por otro lado, viene la Crisis Mundial que se aparece como una masa de nubarrones que se cierne sobre nosotros. Todo un panorama, el asturiano, que nunca se viera despejado del todo. Se juntan las hambres con las ganas de comer.

Hambre, paro y postergacin oficial de Asturies como colectividad. Porque los experimentos de los que hablbamos al comienzo parece que van a seguir. La supuesta Regin Industrial de quita y pon en que nos hemos convertido dentro del tinglado de Espaa va a tener que seguir sufriendo esos reajustes de los Mandarines. A la parte de len de nuestro proletariado la han mandado a paseo (paro, pre-jubilacin y emigracin), pero los Mandarines por desgracia siguen. Siguen dndoselas de necesarios, con aires de elite imprescindible. La masa de millones de euros que no son suyos, los mueven para sus macro-proyectos, de nuevo altamente dainos para el medio. Los Mandarines socialistas, en su poder de destruccin, se creen cercanos al poder divino. En realidad, la FSA es una gigantesca agencia detractora de dinero. Despus de haber sido ejecutores de lejanas rdenes felipistas, despus de haber ofrecido (como don Pedro de Silva) la espalda hasta donde pierde su nombre, a los planes de re-estructuracin de Asturies, ahora esta clase poltico-sindical y sus satlites pseudo-patronales, no saben hacer otra cosa que una gestin de fondos tipo hambre-para-maana. Pero tampoco nos est quedando el pan para hoy.

Un Museln sin barcos, un suelo industrial para uso especulativo y residencial (Baha de Xixn), una sucursal de las grandes superficies, un monumento al consumo sin produccin, y un homenaje al trapicheo clientelar. Asturies ya parece el Museo del Proletariado (q.e.p.d.)

www.asturbulla.org



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