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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-05-2009

El gasto en pensiones del estado espaol es ostensiblemente inferior a la media europea
Caballo de batalla, las pensiones

Pedro Montes
Diagonal

El autor explica la conexin entre pensiones y presupuestos y cmo la crisis es usada para amenazar derechos conquistados.


En medio de una crisis particularmente devastadora en nuestro pas, con el paro encaminndose a los cinco millones, los poderes econmicos y la derecha poltica han desatado una nueva ofensiva contra las pensiones en un alarde de cinismo que raya la provocacin. Los causantes (reales e ideolgicos) de la crisis se atreven a servirse de ella demandan reformas profundas sin ton ni son para golpear a las vctimas, sabiendo que los trabajadores no tienen nada que ver ni tienen nada que aportar a su solucin, en una demostracin concluyente de que para la burguesa la lucha de clases es permanente. El PSOE, hasta ahora, se resiste a admitir las propuestas que hay sobre el tapete, pero no hay que pasar por alto que son destacados socialistas los que encabezan instituciones que sirven de arietes en la ofensiva: el gobernador del Banco de Espaa, Fernndez Ordez, y el comisario europeo de Economa, Joaqun Almunia.

Est fiablemente demostrado que en el futuro no habra problema con las pensiones, a pesar del envejecimiento de la poblacin y el aumento de la esperanza de vida, si hubiese un crecimiento de la economa que fuera suficiente para absorber el paro y mantenerlo en cotas soportables.

Hay que darle la razn al Banco de Espaa y a la Comisin Europea: si sigue aumentando el paro y la economa permanece largo tiempo postrada, como es muy probable, habr un problema en la Seguridad Social. Pero inmediatamente conviene afirmar que no cabe hablar de una crisis financiera de la Seguridad Social, sino, si la hubiera, de una crisis financiera del Estado, del cual la Seguridad Social es una parte. Desde el Pacto de Toledo se impuso la divisin de fuentes, haciendo de la caja de la Seguridad Social un compartimiento estanco engaoso que no debe confundir: el Estado es nico y hay que contemplar conjuntamente sus ingresos y sus gastos. Las pensiones pueden cubrirse con las cotizaciones, pero tambin con otros ingresos, incluso con impuestos progresivos, aunque esto fuera mucho pedir. En sentido contrario, las cotizaciones han cubierto en el pasado otros gastos del Estado como la sanidad pblica, o ha sostenido al rgimen agrario deficitario. En realidad, slo en 8 de los 27 pases de la UE se financian exclusivamente las pensiones mediante cotizaciones.

El objetivo de esas propuestas es reducir en el futuro los gastos en pensiones por la doble va de disminuir el nmero de pensionistas, aumentando la edad de jubilacin, y reducir el montante de cada pensin ampliando el nmero de aos para determinar la base reguladora, de los 15 actuales hasta toda la vida laboral. No se indaga en el corazn del problema: que en este pas hay muchas pensiones, millones, manifiestamente insuficientes, que el gasto en pensiones es considerablemente ms bajo que en la media europea y que, en la peor de las previsiones, las pensiones requeriran a lo sumo el porcentaje del PIB que ya dedican a ellas otros pases de la UE. Como media, el gasto en pensiones en los pases de la UE es del 12% del PIB. En Espaa no llega al 9%. Cabe complementar esta informacin con el hecho de que el gasto pblico total es inferior al 39% del PIB, mientras que en la Europa de los 15 es del 46%, una diferencia que se concentra sobre todo en los gastos sociales.

Por otro lado, resulta de una inoportunidad extrema airear ahora este tema, en pleno huracn de la crisis econmica: la inseguridad desatada agudizar la depresin y cabe preguntarse, con ms de cuatro millones de parados, si lo que reclama la situacin es prolongar la vida laboral o reducirla para dar encaje a los jvenes desempleados.

Hasta ahora el Gobierno ha sostenido que no aplicar medidas restrictivas sobre los derechos de los trabajadores. Pero no es de fiar, incluso si se admite que lo afirma de buena fe, porque su desconocimiento de la crisis es tan profundo que el brusco choque con la realidad puede llevarle a giros abruptos y sonadas renuncias, y porque no tiene fuerza poltica para resistir una dura ofensiva de la derecha.

Otro tanto puede decirse de las direcciones sindicales: no son fiables, aunque se juegan arrastrar al fango a los sindicatos si consienten las agresiones. En todo caso, corresponde a los trabajadores y a los sectores anticapitalistas prepararse para evitar, con sus luchas y movilizaciones, que el gobierno y las direcciones sindicales flaqueen y que la derecha se atreva a desencadenar una confrontacin social abierta.

Pedro Montes es economista


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