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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2009

Mario Benedetti, un luchador contra la hipocresa

Marcos Roitman
La Jornada


No tengo el don de la escritura, en ocasiones se tuerce y muchas veces es tosca, con ello convivo y busco superarlo. La necesidad de decir y decir bien obliga. Uno busca referentes para aprender. Pero no se trata de una cuestin de estilo. Junto a lo dicho debe haber un motor que impulse las palabras. Una sea de identidad. Octavio Ianni, socilogo brasileo, me llamo la atencin sobre escribir con seso, intestinos y corazn. Todo a la vez, crear un equilibrio entre un buen ensayo y una descripcin agreste sin alma. Pablo Gonzlez Casanova me ha recomendado la lectura de Antonio Machado, tanto como Jorge Luis Borges. Autores donde se refleja frescura y diversidad en el uso del lenguaje. Basta con recordar como inicia Machado la clase de potica y retrica de Juan de Mairena: "Seor Prez salga usted a la pizarra y escriba: 'Los eventos consuetudinarios que acontecen en la ra ...', despus de meditar, escribe: 'Lo que pasa en la calle'".

Conocer la gramtica no lo es todo. Es necesario jugar con las palabras, trasgredir las normas, buscar y recuperar significados. Impedir la condena de los conceptos fuertes evitando que la sociedad enmudezca. Transformar esttica en obligacin tica, en vivencia, conciencia crtica y transgresora. Forma y contenido entrelazados. No es una cuestin estilstica, cuya meta se reduce a la soberbia de engrandecer egos y enaltecer la mezquindad del yo. Seguramente, hay buenos estilistas, pero pocos artesanos de las letras, cuya coherencia les impide torcer el camino en medio de la batalla, negndose a ser vctima de la profeca cumplida y del tpico: A donde dije digo, digo Diego.

Las palabras son un bistur en manos de un buen mdico, manipuladas por chapuzas, auguran lo peor. Se transforman en un amasijo somnoliento y pretensioso, pierden viveza. Supone la muerte de la potica puesta en el lenguaje. El don de la escritura no puede ser una rutina. Benedetti amaba escribir para contar historias. Sus relatos captan el significado profundo del amor, el desengao, la lucha poltica, la memoria. Son la esencia de la vida cotidiana, del alma y del cuerpo. Puso letra a todo cuanto es creacin humana. Indag la maldad. Se bati en duelo a la vieja usanza, con honor. No soport la traicin. Su trabajo consista en llamar a las cosas por su nombre. Formas simples y llanas. Son mritos que convierten su vida y su obra en ejemplar.

No le valieron prendas para condenar la mentira, viniese de donde viniese y lo dijera quien la dijese. Lo dicho qued reflejado en el debate con Mario Vargas Llosa en 1984. Mientras Llosa lo insulta, tildndolo de corrupto por defender las revoluciones como la sandinista y la cubana, amn de considerarlo un robot alegre por apoyar el socialismo. l, Vargas Llosa, se posesiona con una salida democrtica al subdesarrollo y a las dictaduras. Interpretacin maniquea a la cual Benedetti responde, demostrando coraje y algo de lo que careca su contrincante: principios, altura de miras y dignidad. Los encabezados de su respuesta denotan su malestar: "Ni corruptos ni contentos" y "Ni cnicos ni oportunistas".

En ellos subraya: A Me parece absolutamente legtimo que un escritor como Vargas Llosa, se sienta tan presionado por la realidad como para pronunciarse sobre ella. La circunstancia de que muchos intelectuales latinoamericanos, a pesar de no practicar la obsecuencia ni la obediencia ciega que suele atribuirnos Vargas Llosa, mantengamos nuestra adhesin a las revoluciones de Cuba y Nicaragua no impide comprender que vanos aspectos de esas realidades hieran , vulneren o incluso descalabren ciertas pautas y arquetipos de otros intelectuales... A un intelectual del alto rango artstico de Vargas Llosa debe exigrsele una mnima seriedad en los planteos, particularmente cuando estos ponen en entredicho la probidad de sus colegas. Hablar de corruptos y contentos en una regin del mundo en la que hay tantos intelectuales perseguidos, prohibidos, exiliados..., en ese marco de discriminacin y de riesgo, de amenazas y de crimen es, por lo menos, una actitud insoportablemente frvola.

En la segunda entrega , tras nuevos insultos de Vargas Llosa, le recuerda su historia: A Hace ya unos cuantos aos que mi tocayo seal, con una imagen que hizo carrera, que la literatura ha de ser siempre subversiva y que el escritor debe ser una suerte de buitre que est siempre dando vueltas sobre la carroa. Reconozco que mi vocacin de buitre es prcticamente nula, y tambin la capacidad subversiva de la literatura es viable y defendible cuando el escritor distingue honestamente algo que subvertir, pero no como obligacin eterna y menos como un deporte. Parece claro y elemental que si lucho por una sociedad ms justa, cuando ese cambio, as sea primariamente, se produce, tratar de subvertir la situacin equivaldra a proclamar una vuelta a la injusticia.

La discusin se zanj con la salida de las paginas de opinin de El Pas de Mario Benedetti. El grupo Prisa y Juan Luis Cebrian, a la sazn director del matutino, decantaron la lnea editorial hacia el peruano.

Mario Benedetti hace fcil lo difcil. Capta los valores y las vilezas de los mortales. Muestra, como en el ejemplo anterior, la cara de la traicin, de la ignominia. Describi la muerte diseccionando las dictaduras y sus dictadores. No le hicieron falta ttulos universitarios. Tampoco se invento, como el ex-ministro de educacin chileno, Jos Joaqun Brunner, un falso titulo de socilogo y posgrado en Oxford. Era un artesano de la palabra, en poeta. Siempre tuvo una sonrisa y no falt a sus compromisos, se exiga con quien senta eran sus compaeros de viaje.

Mario Benedetti, ha sido un hombre comprometido con su tiempo, y por ello fue perseguido. Su palabra resulta incomoda. l supo el significado de un doble exilio. Enfrent decretos de busca y captura. Desde la firma por el gobierno de Bordaberry el 26 de junio de 1973 llamando a los militares al poder con un joven Julio Mara Sanguinetti en funciones de ministro, se aboc a denunciar las tiranas, sin dejar de escribirle al amor. Exiliado en Madrid, recibi el cario de unos, los mas y el odio de la lite poltica. No le perdonaron vivir el Sur en el Norte, decir que tambin exista, reclamar derechos de autodeterminacin y soberana para los pases que sufren la penetracin imperialista. Hoy, los hipcritas lloran su muerte. Por suerte, Benedetti fue claro, en el tiempo de la globalizacin, lo que se globaliza es la hipocresa.



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