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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2009

Ni dios ni juez ni cerrajero

Carlo Frabetti
Rebelin


Yo no condeno a Aznar por haber arrastrado al pas a una guerra genocida. Lo que quiero es que sea juzgado por su complicidad en la criminal invasin de Iraq (y de hecho ya hay en marcha una campaa en este sentido) y que, tras un juicio justo, se dicte la correspondiente sentencia.

Yo no condeno a Felipe Gonzlez, y mucho menos al PSOE en su conjunto, por la infamia de los GAL. Lo que quiero es que Gonzlez y sus cmplices rindan cuentas ante la justicia.

Ni siquiera condeno a Rubalcaba, a pesar de que l me ha condenado a m, sin juicio previo y sin pruebas, al decir que sigo consignas de ETA. Lo que quiero es que el ministro de Interior sea juzgado por calumnias e injurias, y a tal efecto vamos a presentar la correspondiente demanda.

Y por la misma razn que no condeno a Aznar ni a Gonzlez ni a Rubalcaba, tampoco condeno a ETA: porque yo no soy juez, y mucho menos Dios. Si un miembro o un comando de ETA cometen un crimen, que sean juzgados de acuerdo con la ley.

Pero hay otras dos razones para que quienes no somos ni jueces ni Dios nos neguemos a condenar pblicamente a ETA: primera, porque el Gobierno no puede obligar a nadie a condenar nada, como reconoce el propio Tribunal Constitucional, y oponerse a las exigencias abusivas del poder es, ms que un derecho, un deber democrtico. Y, segunda, porque con sus insistentes condenas pblicas, los poderes establecidos quieren reducir un conflicto sumamente complejo a su expresin ms esquemtica y maniquea, y, sobre todo, pretenden hacernos creer que el problema de Espaa es ETA, como repeta continuamente Aznar cuando era presidente del Gobierno. Y podemos y debemos negarnos a secundar este discurso tergiversador. Porque el problema de Espaa no es ETA. El verdadero problema de los pueblos del Estado espaol, y de los dems pueblos del mundo, es el capitalismo salvaje. El verdadero problema de los pueblos del Estado espaol, y de los dems pueblos del mundo, es que hay una minora depredadora que se enriquece de forma desmedida con el trabajo y el sufrimiento de millones de trabajadores y trabajadoras. Y ese es el problema que II-SP, en la modestsima medida de sus posibilidades, intenta afrontar.

Y esa es la verdadera razn de que se nos criminalice. Interior sabe perfectamente que no seguimos consignas de ETA ni de nadie. Pero tambin sabe que representamos un autntico proyecto de izquierdas, es decir, un proyecto realmente anticapitalista. No somos la izquierda sumisa y conciliadora a la que estn acostumbrados nuestros gobernantes, y eso es lo que les preocupa.

Y una ltima razn para no condenar nada ni a nadie: adems de sus acepciones jurdica y religiosa, el trmino tiene tambin un sentido metafrico; condenar una puerta o una ventana significa cerrarlas definitivamente con sellos o cerrojos inviolables, inutilizarlas para el trnsito y la comunicacin. Condenar significa tambin negar toda posibilidad de dilogo, o lo que es lo mismo, sofocar toda esperanza de una paz justa y duradera.



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