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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2009

Lo ltimo en teora econmica basura

Michael Hudson
Sin Permiso


Parece que las libreras andarn inundadas en el verano y el otoo prximos de textos encargados por los editores hace un ao, cuando la economa estaba descarrilando. La estrategia de marketing preferida es la de ofrecer asesoramiento por parte de celebridades bien ubicadas en el ncleo del sistema sobre el modo de restaurar la feliz era 1981-2007, dominada por ganancias de precios resultantes de deuda apalancada en bienes races, acciones y ttulos de obligaciones. Pero la Economa de la Burbuja estaba a tal punto apalancada en la deuda, que no es razonable esperar restauracin ninguna.

Por ahora, se nos nutre con defensas, nacidas de Wall Street, del intento de Bush-Obama (es decir, de Paulson-Geithner) de rehinchar la burbuja con un obsequioso rescate que ha conseguido triplicar ya la deuda nacional estadounidense en la esperanza de lograr una remontada del crdito bancario (es decir, de aumentar la deuda). El problema es que el apalancamiento de la deuda es, precisamente, lo que caus el colapso econmico. Se estima ahora que un tercio de los bienes races estadounidenses se halla en quiebra tcnica, con una magnitud del volumen de ejecuciones hipotecarias todava en aumento.

A la vista de esa estupefaciente tendencia financiera, al pblico consumidor de libros se le ofrecen unos aperitivos, conforme a los cuales la recuperacin econmica no precisara sino de ms incentivos (especialmente, recortes fiscales para los ricos) capaces de estimular un mayor ahorro, como si los ahorros fueran automticamente capaces de financiar nuevas inversiones y nuevos prstamos de capital. No hay tal: lo que hay es dinero prestado, a fin de crear una mayor deuda para un 90% de la poblacin endeudado con el 10% situado en la cspide de la vida econmica.

Tras cargarle le mochuelo a Alan Greenspan por su papel de tonto til en la promocin de la desregulacin y en el bloqueo de la investigacin y persecucin del fraude fiscal, el grueso de los autores se lanza ahora por los trillados caminos de las panaceas que gozan de mayor aplauso general: regulacin federal de los derivados financieros (y aun proscripcin de los mismos), una tasa Tobin para las transacciones de ttulos de obligaciones, clausura de los centros bancarios radicados en oasis fiscales y erradicacin de las estrategias fiscalmente evasoras de esos institutos bancarios. Nadie se avilanta a ir a la raz del problema financiero, proponiendo remover la deductibilidad fiscal general de los intereses que han subsidiado el apalancamiento de la deuda, proponiendo gravar fiscalmente las ganancias de capital al mismo tipo marginal que los salarios y los beneficios, o proponiendo sellar las escandalosas brechas fiscales ahora abiertas a los sectores FIRE (finanzas, seguros y bienes races, por sus siglas en ingls).

Los editores derechistas reciclan las habituales panaceas como ofrecer ms incentivos fiscales a los ahorradores (otro eufemismo para los regalos obsequiosos a las altas finanzas) y un presupuesto federal reequilibrado para evitar el efecto de expulsin de las finanzas privadas [por parte del sector pblico]. El sueo de Wall Street es privatizar la seguridad social para empezar a crear otra burbuja. Afortunadamente, esas propuestas fracasaron ya durante la administracin Bush controlada por los republicanos como consecuencia del choque de realidad experimentado en forma de clera del contribuyente tras el estallido de la burbuja punto.com en 2000.

Nadie llama a financiar la Seguridad Social y Medicare a partir del presupuesto general, en vez de seguir mantenindolas con recursos obtenidos a partir de unos impuestos particularmente regresivos sobre trabajadores y empresarios, a quienes el Congreso expolia a fin de financiar recortes fiscales para los segmentos ms ricos de la poblacin. Y sin embargo, cmo pueden los EEUU lograr competitividad industrial en los mercados globales con estos impuestos pre-ahorro para la jubilacin y con seguros privatizados de asistencia sanitaria, con costes inmobiliarios apalancados en la deuda y con los conexos gastos que acarrean las deudas personales y empresariales? El resto del mundo suministra a mucho menor coste vivienda, atencin sanitaria y otros bienes complementarios del ingreso de los trabajadores (o, simplemente, mantiene al trabajo por encima de los niveles de susbsistencia). Es ste un problema de gran importancia, que se atraviesa en el camino de los sueos de restauracin de la Economa de Burbuja. Pues esos sueos dejan de lado la dimensin internacional.

Y, ni que decir tiene, hay los tradicionales llamamientos a reconstruir las devastadas infraestructuras norteamericanas. Slo que, cspita!, Wall Street planea hacer eso al estilo de Tony Blair, con cooperaciones pblico-privadas que inyectaran enormes flujos de servicio de intereses en la estructura de precios, al tiempo que proporcionaran a Wall Street crecidos honorarios en materia de gestin y de suscripcin de seguros. Las cadas del empleo y del precio de la vivienda han disminuido a tal punto a las finanzas pblicas, que la inversin en infraestructuras nuevas habr de cobrar inevitablemente la forma de cabinas privatizados de peaje apostadas en los puntos de acceso ms importantes a la economa, como son carreteras y otras vas de transporte pblico, la comunicacin o el agua limpia.

No hay llamamientos a la restauracin de los impuestos estatales y municipales a los niveles de la Era Progresista, cuando la presin fiscal estaba diseada para que tributaran sobre todo las ganancias de barra libre procedentes de las rentas inmobiliarias, llegando esas ganancias a constituirse, con el tiempo, en la base fiscal principal. Restaurar eso ahora significara presionar a la baja los precios de los terrenos (y por ende, de la deuda hipotecaria), previniendo que los acrecidos valores de emplazamiento sean capitalizados y fluyan a los bancos en forma de servicio de intereses. Y ofrecera la ventaja adicional de aligerar las cargas fiscales soportadas por los ingresos y las ventas (un tipo de poltica que incrementa el precio del trabajo, de los bienes y de los servicios). En cambio, el grueso de las reformas que se proponen hoy lo que hacen es llamar a ulteriores recortes de los impuestos a la propiedad inmobiliaria, a fin de promover ms creacin de riqueza en forma de una inflacin de los precios de esa propiedad estimulada por la deuda apalancada. La idea es dejar una mayor proporcin de ingreso rentista para su capitalizacin en hipotecas an ms voluminosas, los intereses de las cuales irn a parar al sector financiero. En vez de caer el precio de la vivienda y de reducirse los impuestos al ingreso y a las ventas, lo que ocurrir es que el crecido valor de emplazamiento de la propiedad inmobiliaria ir a parar a los bancos en forma de servicio de intereses, no a las autoridades fiscales locales. Lo que forzar a estas ltimas a seguir desplazando la carga fiscal hacia consumidores y empresas.

No faltan en esta pltora de libros expuestos en vitrina los habituales llamamientos pro forma a reindustrializar Norteamrica. Pero ninguno apunta a la dinmica financiera deudora que ha socavado el capitalismo industrial, en este pas y por doquiera. Con la perspectiva de una dcada, cmo se vern retrospectivamente estas tmidas reformas? Lo que pretenden los rescates Bush-Obama es que los bancos demasiado grandes para caer se enfrentan nicamente a un problema de liquidez, no a un problema de mala deuda en el marco de una vida econmica de morosidad creciente. La razn de que no puedan volver a hincharse burbujas como las del pasado es que se ha llegado al lmite de la deuda. Y no slo a escala nacional: a escala internacional se ha llegado tambin al lmite poltico de la hegemona del dlar.

Qu omiten todos estos libros? Todo aquello sobre lo que realmente versa la teora econmica: los costos de la deuda; el fraude y el delito financieros (uno de los sectores ms rentables de la vida econmica); el gasto militar (clave para entender el dficit de la balanza de pagos estadounidense y, por lo mismo, para entender la formacin de las reservas de dlares por parte de los bancos centrales en todo el mundo); la proliferacin de ingresos no ganados, rentistas, y de los cabildeos polticos con informacin privilegiada. Porque son sos, y no otros, los fenmenos que estn en el ncleo de lo que est pasando: sin embargo, los apologetas del libre mercado y sus corifeos los han relegado a los stanos institucionalistas del curriculum econmico acadmico.

Por ejemplo, los periodistas no dejan de repetir como loritos el mensaje de Washington, segn el cual los asiticos ahorran demasiado, lo que sera la causa de que prestaran dinero a los EEUU. Pero los asiticos que ahorran esos dlares son los bancos centrales. Los individuos y las empresas ahorran en yuanes y en yenes, no en dlares. Y no son esos ahorros nacionales los que China y Japn han colocado en los bonos del Tesoro norteamericano por valor de 3 billones de dlares. Es el gasto norteamericano, es decir: los billones de dlares que el dficit de su balanza de pagos est bombeando al mundo, el dinero que excede a la demanda exterior de las exportaciones estadounidenses y a las compras de empresas, acciones y bienes races norteamericanos. Este dficit de la balanza de pagos no es el resultado de que los consumidores norteamericanos apuren hasta el lmite sus tarjetas de crdito. Lo que se pasa por alto es el gasto militar, que est en la base del dficit de la balanza de pagos norteamericana desde los tiempos de la Guerra de Corea. Es una tendencia que no puede seguir por mucho tiempo, ahora que los pases extranjeros estn comenzando a reaccionar.

En la medida en que el Banco Central chino es el mayor tenedor de bonos pblicos estadounidenses y de otros ttulos denominados en dlares, se ha convertido en el principal financiador del dficit de la balanza de pagos norteamericana (as como del dficit presupuestario del gobierno federal). La mitad del gasto discrecional a cuenta del presupuesto federal es de naturaleza militar. Eso sita a China en la desairada e incmoda posicin de ser la principal fuente de financiacin del aventurerismo militar estadounidense, incluidos los intentos de los ltimos quince aos por cercar militarmente a China y a Rusia, a fin de bloquear su desarrollo como rivales. No es eso lo que se propona China, pero es el efecto de la hegemona global del dlar.

Otra tendencia que no puede seguir es milagro del inters compuesto. Se llama milagro porque parece demasiado bueno como para ser verdad, y as es: no puede durar mucho tiempo. El endeudamiento muy apalancado termina siempre mal, pues incrementa los cargos por intereses ms rpidamente de lo que la economa est en condiciones de pagarlos. Fundar la poltica nacional en el sueo ilusorio de servir intereses por la va de tomar prestado dinero a cuenta de unos precios de activos ms y ms hinchados se ha convertido en una pesadilla para los compradores de vivienda y para los consumidores, as como para las empresas que se convirtieron en objetivo de los saqueadores financieros que se sirven de deuda apalancada para hacerse con activos. Y es esta poltica la que ahora se aplica a unas infraestructuras pblicas en manos de propietarios absentistas que cargarn intereses sobre los nuevos precios de los servicios suministrados por ellos y a los que se permitir dar a esos cargos de intereses un trato fiscal de gastos tributariamente deducibles. Los lobistas de la banca han conformado el sistema fiscal de modo tal, que deriva la nueva inversin absentista hacia la deuda, antes que hacia la financiacin con capital.

Los animadores de la fiesta que aplaudieron la economa de la burbuja como creacin de riqueza por usar una de las locuciones favoritas de Alan Greenspan querran ahora hacernos creer a nosotros, su audiencia, que ya saban que haba un problema, slo que, sencillamente, no pudieron frenar la exuberancia irracional y los espritus animales de la economa. La idea es culpar a las vctimas: a los propietarios de vivienda, obligados e endeudarse para tener acceso a ella; a los ahorradores de los fondos de pensiones, obligados a confiar lo que lograron apartar de su salario a gestores financieros que operaban para las grandes firmas de Wall Street; y a los empresarios que buscaban defenderse de los saqueadores financieros de empresas, lo que les forzaba a tragar amargas pldoras en forma de deudas lo suficientemente crecidas como para bloquear una toma de control ajena. En vano se buscar un reconocimiento honrado del carcter mafioso progresivamente asumido por el sector financiero, harto ms cercano a los cleptcratas postsoviticos que gozaban de informacin privilegiada, que a innovadores schumpetarianos.

Los tomos posburbuja parten del supuesto de que, en lo que hace a los grandes problemas, hemos llegado al fin de la historia. Lo que les falta es una crtica de la imagen global: del punto hasta el que Wall Street ha llegado en la financiarizacin del dominio pblico para inaugurar una economa neofeudal de peajes, lo que ha llevado al extremo de una privatizacin del propio gobierno encabezada por el Tesoro y la Reserva Federal. Lo que se deja sin mencin es la historia de cmo el capitalismo industrial ha sucumbido a un capitalismo financiero insaciable e insostenible, cuyo ms reciente estadio final parece ser un capitalismo de juego de casino de suma cero, fundado en derivados financieros de cobertura [swaps] y en innovaciones especulativas de fondos hedge manejados entre amiguetes.

Lo que se ha perdido son las dos grandes reformas de la Era Progresista. La primera: la minimizacin de la barra libre a disposicin de los ingresos rentistas no ganados (p.e., el privilegio monoplico y la privatizacin del dominio pblico, que son muy otra cosa que el propio trabajo y la propia empresa) por la va de someter a cargas tributarias a la renta procedente de la propiedad absentista y a las ganancias (de capital) dimanantes de los precios de los activos. El objetivo de la justicia econmica progresista era prevenir la explotacin (lograda, por ejemplo, por la va de cargar ms de lo tecnolgicamente necesario en los costes de produccin y en los beneficios razonablemente exigibles). Ese objetivo tuvo un producto lateral fortuito, que hizo que la Era Progresista diera la impresin de que iba a conquistar el mundo de una manera evolutiva darwiniana: pues la minimizacin de la barra libre rentista de los ingresos no ganados permiti a pases como los EEUU competir con xito y avanzar por encima de otros pases que no pusieron por obra polticas fiscales y financieras progresistas.

Un segundo objetivo de la Era Progresista fue el de obligar al sector financiero a financiar la formacin de capital. El crdito industrial se logr de manera ptima en Alemania y en la Europa central en las dcadas anteriores a la I Guerra Mundial. Pero la victoria aliada trajo consigo el dominio de las prcticas bancarias angloamericanas, basadas en el prstamo respaldado por la propiedad o por flujos de ingresos ya existentes. La actual banca de crdito ha llegado a desacoplarse de la formacin de capital, adoptando sobre todo la forma del crdito hipotecario (80 por ciento) y de prstamos garantizados por las acciones empresariales (para fusiones, adquisiciones y saqueos y tomas de control de otras empresas, as como con vistas a la especulacin). El efecto de lo cual es la estimulacin de la inflacin de los precios de los activos en relacin con el crdito de manera tal, que beneficia a unos pocos a expensas del conjunto de la economa.

El problema que representa la inflacin de los precios de los activos fundada en la deuda apalancada puede verse del modo ms claro en el llamado sndrome bltico postsovitico, al que ahora est sucumbiendo la economa britnica. Las deudas se contraen en moneda extranjera hipotecas inmobiliarias en los pases blticos; fondos fiscalmente evadidos y fugas de capital en la Gran Bretaa, sin la menor perspectiva, hasta donde puede alcanzarse, de que las exportaciones puedan llegar a cubrir los carrying charges (1). El resultado de lo cual es una trampa de liquidez: una austeridad crnica abatida sobre el mercado interno, que es causa de bajos niveles de inversin de capital y de bajos niveles de vida, sin esperanza de recuperacin.

Esos problemas ilustran la medida en la que la economa mundial, en su conjunto, ha venido siguiendo un rumbo errado desde la I Guerra Mundial. Esta larga trayectoria desviada se vio facilitada por el fracaso del socialismo en punto a proporcionar una alternativa viable. Aun cuando el socialismo burocrtico estalinista de Rusia consigui librarse de la barra libre posfeudal de la renta de la tierra, de la renta monoplica y de las ganancias rentistas dimanantes de los intereses, de las finanzas y de los precios de las propiedades, lo cierto es que los gastos y costos generados por su burocracia terminaron lastrando de manera insoportable a su economa. Rusia cay. La cuestin es si la rama angloamericana del capitalismo financiero seguir el mismo camino como consecuencia de sus propias contradicciones internas.

Las debilidades de la economa norteamericana son tan difciles de subsanar porque arraigan en el ncleo mismo de las economas posfeudales occidentales. Sobre eso versaba la tragedia griega: una debilidad trgica que condena al hroe. La principal debilidad arraigada en nuestra economa es que una deuda creciente, ms all de toda posibilidad de ser satisfecha, es parte de un problema de mayor alcance: la barra libre financiera de la que la propiedad inmobiliaria y los tenedores de ttulos financieros extraen rentas que rebasan por mucho los costes correspondientes medidos en esfuerzo laboral o en una carga fiscal equitativamente compartida (la teora clsica de la renta econmica). Lo mismo que la incautacin de tierras o que los cabildeos privatizadores con informacin privilegiada, esa riqueza puede transmitirse hereditariamente, puede robarse o puede obtenerse por la va de la corrupcin poltica. La riqueza y las rentas extradas por la va del actual capitalismo financiero eluden la tributacin fiscal, con lo que reciben, encima, un subsidio fiscal que no reciben, en cambio, ni la inversin industrial tangible ni el beneficio derivado de la actividad empresarial operativa. Sin embargo, los acadmicos y los medios de comunicacin populares tratan esos flujos centrales como exgenos, es decir, como si acontecieran fuera del mbito del anlisis econmico propiamente dicho.

Desgraciadamente para nosotros y para los reformadores que traten de acudir en rescate de nuestra economa posburbuja, la historia del pensamiento econmico ha sido reescrita hasta convertirla en una pueril caricatura, a fin de dar la impresin de que la actual teora econmica basura, demediada y grotescamente trivializada, es algo as como la culminacin de la historia social de Occidente. Si slo se atendiera a los debates presentes, nadie llegara a percatarse de que en las dos ltimas centurias ha prevalecido una pauta de razonamiento harto distinta. Los economistas clsicos distinguieron entre ingresos ganados (salarios y beneficios) e ingreso no ganado (renta de la tierra, renta monoplica e inters). Resultado de lo cual era la ntida distincin entre riqueza ganada a travs del capital y la empresa, que refleja el esfuerzo del trabajo, y la riqueza no ganada, que viene de la apropiacin de tierras o de otros recursos naturales, de privilegios monoplicos (incluidas la banca y la gestin del dinero) y de unas ganancias de capital fundadas en la inflacin de los precios de los activos. Mas ni siquiera la Era Progresista fue demasiado lejos en punto a purgar al capitalismo industrial de las reminiscencias feudales: de la renta de la tierra y de la renta monoplica, procedentes de las conquistas militares, y de la explotacin financiera ejercida por los bancos y (en Norteamrica) por Wall Street en calidad de madre de los monopolios.

Lo que hace distinta de las anteriores a la actual burbuja econmica es que, esta vez, no ha sido generada por los gobiernos como una estratagema para organizar su deuda pblica creando o privatizando monopolios y vendindolos pagaderos en bonos pblicos. No; esta vez, los EEUU y otras naciones se endeudan ms profundamente, simplemente, para poder subvenir a las prdidas que los banqueros registraron con sus malos prstamos. En vez de que las finanzas se subordinen y se aproen a la promocin del crecimiento econmico y de una economa viable con una estructura de costes ms bajos, lo que se hace es, al revs, sacrificar toda la economa para compensar al sector financiero. En tales condiciones, el ahorro no es solucin alguna para el presente encogimiento de la economa; es ms bien parte del problema. A diferencia del acopio de recursos personales cautelosamente escondidos en casa de los das de Keynes, el problema ahora es el poder extractivo del sector financiero en su calidad de acreedor, lo que impide borrar la pizarra sacando de ella las partidas de mala deuda de la forma histricamente normal, es decir, mediante una oleada de quiebras.

Lo que pasa ahora mismo es que el sector financiero est sirvindose de su opulencia (a costa del contribuyente) para ganar un poder poltico que le permite desviar an ms infraestructura pblica de los estados federados y de los gobiernos municipales, y del dominio pblico federal a escala nacional. Y lo hace al estilo de Thatcher y Blair: vendiendo lo pblico a absentistas que lo compran a crdito para sacar buenos rendimientos de la deuda pblica (mientras se recortan todava ms los impuestos a la riqueza). Nadie se acuerda ya del llamamiento de Keynes a practicar la eutanasia del rentista. Hemos entrado en la era rentista ms opresiva desde los tiempos del feudalismo europeo. En vez de suministrar los servicios bsicos de infraestructura a precio de coste, o aun subsidiado, para rebajar la estructura de costos nacional y hacer as a nuestra economa ms barata y ms competitiva internacionalmente, lo que se ha hecho es convertirla en una coleccin de cabinas de peaje. No puede, pues, sorprender demasiado que la episdica ola de libros postburbuja que nos invade este ao se olvide de poner en ese contexto de largo plazo la financiarizacin de los EEUU y de la economa global.

NOTA T.: (1) Son los intereses cargados por el corredor en cuenta de margen, y representan el costo de almacenar un bien tangible fsico, que consiste en inters sobre los fondos invertidos, seguro, derechos por almacenaje y otros costos incidentales. Estos costos estn usualmente reflejados en la diferencia entre los precios de futuros para diferentes meses de entrega. Cuando los precios de futuro por vencimientos postergados de contrato son ms altos que para los vencimientos cercanos, es un mercado de intereses cargados por el corredor. Un mercado total de intereses cargados por el corredor reembolsa al dueo del bien tangible fsico por su almacenamiento hasta la fecha de entrega.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y despus en el Hudson Institute. En 1990 colabor en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor econmico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaa primaria presidencial demcrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canad, Mxico y Letonia, as como al Instituto de Naciones Unidas para la Formacin y la Investigacin. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traduccin para www.sinpermiso.info: Ricardo Timn

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2594


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