Portada :: Cultura :: Leer
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2009

Resea del libro La voz del olvido. La guerra civil en Huesca y la Hoya de Jose M Azproz
Una voz documentada

Salvador Lpez Arnal
El Viejo Topo


Lo ha sealado recientemente Francisco Fernndez Buey para el mbito de la historia de las ideas pero tal vez pueda ser generalizado sin riesgo a todo el mbito de la historiografa:

[] Lo que hay que hacer es enunciar con precisin el problema que uno quiere resolver; arbitrar conjeturas fundadas y contrastables con la experiencia para contestar a las preguntas; tratar de derivar consecuencias lgicas de las conjeturas; inventar tcnicas para someter las conjeturas a contrastacin; someter a contrastacin estas tcnicas para comprobar su relevancia y la confianza que merecen; llevar a cabo la contrastacin e interpretacin de los resultados; discutir la pretensin de verdad de las conjeturas; determinar en qu dominios valen las conjeturas y las tcnicas; y volver a empezar en funcin de los resultados obtenidos.

Este ir y volver, este conjeturar, deducir y comprobar para seguir reflexionando, esta sensata y razonable metodologa ha estado muy presente en este magnfico ensayo, de tan cernudiano ttulo, de Jos M Azproz sobre la guerra civil en la provincia de Huesca, y ms concretamente en Huesca capital y en la comarca de la Hoya.

Componen La voz del olvido una introduccin; primera parte: Huesca durante la guerra civil; segunda parte: La zona de la Hoya ocupada por los sublevados; tercera parte: La zona que permaneci leal a la Repblica; conclusiones, fuentes y bibliografa. Se analizan en el ensayo aspectos de la violencia ejercida en la retaguardia as como la cotidianeidad oscense en tiempos de sublevacin fascista y resistencias. Las dificultades y penurias que padecieron los ciudadanos de aquellas tierras maltratadas por escasez de casi todo y los destrozos materiales que produjeron los bombardeos de la aviacin y de la artillera de ambos ejrcitos, la evolucin de las posiciones militares a lo largo de los veinte meses que dur el frente de Huesca (p. 517). El objetivo ms concreto del volumen es el anlisis de la violencia en la zona de la Hoya ocupada por los rebeldes a partir del 19 de julio de 1936 y de la violencia antifascista que se practic en la zona que se mantuvo fiel a la legalidad republicana. El autor seala que hasta el 11 de agosto de 1937, fecha en que se disolvi el consejo de Defensa de Aragn, esta regin, y por supuesto la parte centro-oriental de la Hoya, ms pareci un cantn independiente muy distante de las resoluciones que se adoptaban por el Gobierno de la Repblica, que a duras penas fueron acatadas (p. 517). La presencia de milicianos de la CNT y el POUM dej su huella en este territorio aragons.

Para Azproz Pascual, sta es una de sus conclusiones bsicas, la represin antifascista fue puntual y se circunscribi al perodo del terror caliente, al verano y principios del otoo de 1936. Por el contrario, la violencia fascista sobre los opositores perdur muchos aos y tuvo diferentes etapas, y fue, diferencia notabilsima, producto de la planificacin y sistematizacin, siempre desde la cpula militar y poltica del incipiente Estado autoritario (p. 518). Consecuencias de esta planificacin: 756 fusilados comprobados y documentados por el bando insurgente en la retaguardia; 170 asesinados por los milicianos. La diferencia es sustancial: se mat 4,5 veces ms en una zona que en la otra (p. 518). Al terminar la guerra, empez la victoria sangrienta de los sublevados, que no la paz (perversa y engaosa palabra donde las haya para describir la situacin vivida): 60.000 republicanos fueron condenados a muerte en todo Espaa, 51 de ellos en la comarca de la Hoya.

De lo que fue la infamia del franquismo desde sus primeros compases militares, retratada con detalle pero sine ira y con enorme contencin en el volumen comentado, quiz valgan estos dos apuntes del libro que comentamos. El primero est narrado en las pginas 192-193 de La voz.

Miguel Saura Serveto trabajaba de barrendero en Cerler, un pueblecito entonces del Pirineo oscense, durante la II Repblica espaola. Acuda frecuentemente a Huesca capital. Estaba mny integrado en la organizacin provincial de la CNT. Saura haba sido encarcelado en tres ocasiones: 1931, 1932 y 1934. Era muy conocido por las denominadas fuerzas de seguridad. El 18 de julio de 1936, tena entonces 45 aos, baj a la ciudad con su hija de 8 aos para informarse directamente de la situacin que se haba creado en la ciudad y la provincia oscences tras el intento de golpe fascista. Fue detenido el 21 de julio. Su mujer, Pilar, que no conoca la situacin, que slo la barruntaba, tuvo que esperar a que finalizara la guerra y fue andando con sus hijos desde Cerler a Huesca para averiguar qu haba sido de su marido, cuando todava no se haban restablecido las comunicaciones por carretera y las carreteras estaban ya llenas de fosas. Slo pudo obtener una informacin, machaconamente repetida: su marido, Miguel Saura, haba desaparecido. Pilar tuvo que regresar a Cerler con sus cinco hijos. Ni ella ni sus descendientes supieron ms de Saura hasta que el Ayuntamiento de Huesca puso una lpida en su tumba el 23 de abril de 2003!, 67 aos despus, que es tambin la tumba de los ediles con l enterrados: Mariano Carderera, Mariano Santamara y Manuel Sender.

Al informar de ello la prensa local, los descendientes, tres de sus hijos que an viven, leyeron el nombre de su padre entre las personas que figuraban en la lpida. Se pusieron en contacto con Jos Santamara Bellosa, hijo de Mariano Cardedera, quien les entreg la partida de defuncin de su padre. Figuraban en ella las circunstancias del fusilamiento de Miguel Saura: 13 de agosto de 1936, sin juicio, 22 das despus de su detencin.

El segundo ejemplo ostenta el mismo grado de abyeccin. Jos Sarasa Juan era un joven maestro de la FETE que ejerca en Peralta de Alcofea, un pueblecito de la comarca del Somontano, pegado a Los Monegros. Francisco Calvo Solana, uno de los alcaldes fascistas que han ejercido mando en plazo en este castigado pueblo, hizo estas declaraciones refirindose a las lecturas del maestro asesinado:

[] las que ms lea eran revistas pornogrficas. Dicho lo anterior se comprender qu clase de individuo era. La disciplina y el respeto que tenan los nios para con l era tan bajo que incluso lo tuteaban. Haca alarde en pblico de tener enfermedades venreas. Era un libertino, un juerguista que se ausentaba mucho de clase, que llevaba un tren de vida superior al que poda permitirse.

Azproz Pascual seala el sonrojo que produce reproducir esas declaraciones. Se entiende du comentario pero bien mirado no hay por qu verlo de este nico modo. Eran as, algunos siguen siendo as y es bueno recordarlo. No es improbable que alguna calle del pueblo referenciado haya llevado el nombre del alcalde. Ninguna calle recuerda el maestro asesinato y en la Iglesia del pueblo, un romnico tardo, hasta inicios del siglo XXI figuraba una ostentosa placa, renovada en poca reciente, con la consabida relacin de los cados por Dios, la Patria y la Falange. Un paseo por el cementerio del pueblo no disminuye el radio de accin de la ignominia.

Ecuanimidad en el juicio; estudio de fuentes; numerosas entrevistas, ms incluso entre personas de la denominada zona nacional; nfasis en la importancia de la represin sobre maestros y profesores; historia local que no pierde visin global; documentacin contrastada; mirada historiogrfica inspirada en estudiosos de la altura de P. Preston, por ejemplo; mirada no cegada ante algunos desmanes desatados en el mbito republicano; detalladas y comprensibles listas, ordenadas alfabticamente por pueblos, de los asesinatos conocidos, con bsqueda minuciosa en los juzgados de Burgos y Salamanca, Adems de todo ello, La voz del olvido es un volumen magnficamente editado y sus fotos no son simples adornos insustantivos. Pueden comprobarlo con la fotografa de un acto religioso en la Iglesia del Colegio de Santa Rosa de Huesca, con ostensibles smbolos nazis y fascistas (pgina 184), y con la entrada, magnfica sin duda, del ensayo: la fotografa que abre el volumen y que seguramente no es slo un detalle de edicin: un miliciano escribe concentrado una carta en el frente, apoyndose en un panel de madera en Montearagn1.

En sntesis: La voz del olvido debera estar muy cercano a la mesa de trabajo de los historiadores y profesores de Historia de universidad y secundaria de esa tierra de polvo, niebla y sol que llamamos Aragn.

(Por lo dems, por qu seguimos llamando fuerzas nacionales, soldados nacionales, bando nacional, a los sublevados fascistas? Por qu llamamos rebeldes a esos mismos sublevados? Por qu hablamos del incipiente Estado autoritario para referirnos a un Estado amigo y colaborador durante aos del fascismo y nazismo europeos, modelo de referencia de dictaduras militares como la encabezada por el fascista Pinochet en Chile?).

El autor finaliza (p. 520) con una palabras que es fcil hacer nuestras:

La autntica recuperacin de la memoria, entre otras cosas, pasa por la anulacin de las sentencias franquistas dictadas a partir de 1938 y sobre todo una vez terminada la guerra: que los condenados por tribunales parciales o sus familiares se sientan reconfortados.

No slo por ello desde luego, es una cuestin de justicia bsica. Elemental, querido Watson, dira el sagaz y no menos querido Holmes. Pero no slo l claro est.




Jos M Azproz Pascual

La voz del olvido. La guerra civil en Huesca y la Hoya.

Diputacin Provincial de Huesca, rea de cultura; Huesca, 2008, pginas 535.



Notas


1 No sabemos quien es el miliciano escritor. Quiero pensar que representa al hermano de mi padre, Salvador Lpez Campo, muerto, asesinado, como tantos otros soldados-milicianos aragoneses y espaoles en la batalla del Ebro, defendiendo la legalidad republicana.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter