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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2009

Hombres de Dios

Ricardo Rodrguez
Rebelin


Corremos el riesgo de que el horror reflejado en el informe que desvela los abusos a que fueron sometidos miles de nios y adolescentes durante siete dcadas en centros religiosos de Irlanda nos impida llegar a alguna conclusin que ya tendra que ser evidente en sociedades democrticas.

La parte que con mayor facilidad mueve a indignacin del informe es aquella que detalla los testimonios de abusos sexuales. Pero ello no tendra que nublar que en l se describe un sistema completo de terror puesto deliberadamente en marcha para formar a ciudadanos temerosos y dciles ante la autoridad. No deberamos olvidar que ese sistema de enseanza se inserta en la visin del pueblo de Dios que aspira a edificar desde tiempos inmemoriales la Iglesia catlica sobre las cenizas de la libertad y la dignidad humanas.

Para nadie medianamente enterado de cmo aligeran sus almas los vendedores de parcelas en el Paraso supondr una sorpresa la depravacin de centenares de religiosos. La morbosa incontinencia clerical qued para siempre retratada en El Decamern o, entre nosotros, en el genial Libro del buen amor, del Arcipreste de Hita. La claustrofbica y estpida crueldad de los centros de enseanza de la Iglesia fue narrada, entre otras muchas, en la novela A.M.D.G., de Ramn Prez de Ayala cuyas insuficiencias literarias propias de obra de juventud han sido en mi opinin injustamente exageradas por la crtica ms reciente. Tambin en unos cuantos excelentes relatos de Juan Garca Hortelano. Bien est, no obstante, que un informe oficial confirme lo que todo el mundo saba, y mejor estar si alguna vez nuestras autoridades se atreven a encargar la elaboracin de un estudio semejante en Espaa.

Pero no podemos pasar por alto que incluso los abusos sexuales no son fruto del desequilibrio de unos cuantos sacerdotes, sino la consecuencia natural promovida o al menos a sabiendas tolerada- de un engranaje armado de forma consecuente con unos determinados fines y atinente a una ideologa reaccionaria y monoltica. Los abusos sexuales sobre nios pobres han sido, al fin y a la postre, una herramienta ms de dominio. As de crudo.

Lo que nos toca pues preguntarnos es si tiene sentido que en una sociedad que pretende ser democrtica y laica resulta aceptable que se ceda una parte de la educacin, que es asunto pblico que compete a toda la ciudadana gestionar colectivamente, a una institucin como la Iglesia. En suma, si es aceptable que existan centros de enseanza de la Iglesia catlica o de cualquier otra-, en los que a una parte de los ciudadanos se les someta a tortura hasta extirpar de sus conciencias la aspiracin a ser libres y la dignidad. Ninguna privatizacin es buena, pero cuando hablamos de la enseanza, se aade a la injusticia de cualquier otra privatizacin el hecho sangrante, en tanto en cuanto la mayora de los colegios privados son religiosos, de regalar a un poder antidemocrtico la facultad de moldear a ciudadanos inermes a voluntad. An as, lo mismo se podra decir de otras parcelas de la vida social sobre las que la Iglesia ejerce un control desvergonzado con el beneplcito de un Estado que se pretende aconfesional.

La mera tolerancia de la diversidad de creencias religiosas no basta para crear una sociedad laica. Ni siquiera basta con la simple y estricta separacin entre la Iglesia y el Estado. En una verdadera sociedad laica, adems, ha de ocurrir que ninguna esfera de la existencia que afecte a los ciudadanos sea sometida a la servidumbre de altar alguno.

Despus de todo, si su reino es de otro mundo, no deberan necesitar tantas fincas en ste.



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