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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2009

Una cuestin moral
Fernando Flores, de ministro de Allende a la derecha de Piera

Javier Meneses
Rebelin


Despus de las volteretas y renegacin de mediados de los ochenta acentuada con la cada del bloque socialista del Este europeo y de la Unin Sovitica, de viejos y no tan viejos militantes socialistas, comunistas, miristas y otros, los cuales, en su gran mayora emigraron o al Partido Socialista ahora Renovado o al Partido por la Democracia (se autodefine progresista), una especie de mquina de emisin de certificados que garantizaba el acceso a los puestos ofrecidos por el Estado, llmese diputaciones, senatorias, alcaldas, directorios y otros puestillos de menor valor, pero que granjean el nuevo clientelismo poltico que es la base de la Concertacin hoy da, cre que lo vivido con mucho dolor y hasto en estos ltimos aos haba tocado fondo. No es que muchos de los renovados de hoy no mantengan relaciones carnales con el antiguo enemigo que antes decan combatir con encono y sobretodo verborrea revolucionaria, sino que al menos, adversaban polticamente con la dirigencia ms rancia de la aristocracia y oligarqua chilena que hoy se representa por los partidos de la Unin Demcrata Independiente y Renovacin Nacional.

Reflexiono sobre esto a propsito de la incorporacin del ahora Senador Fernando Flores ex ministro de Hacienda y Economa de Salvador Allende a la Alianza por el Cambio nombre de marca con que la derecha se presenta a las elecciones de diciembre de este ao. El hecho que un ex ministro de la Unidad Popular aparezca reconvertido pblicamente apoyando decididamente a los que promovieron el golpe de estado de 1973, los mismos que patrocinaron la desaparicin de cerca de 3000 chilenos y de miles de torturados no es un hecho de significancia menor. La explicacin dada por el senador es que est aburrido de la mediocridad que encarna la Concertacin, y cmo l se siente por encima de los mortales se ha sumado a este nuevo proyecto que sera la exaltacin misma de la eficiencia humana.

Cuando sus ex compaeros le reprochan su pasado, espeta que no aceptar el chantaje moral, que l pas por pellejeras (3 aos de reclusin y exilio), y debemos presumir que aquello le da garantas y fuerza argumentativa para elegir el mejor camino para Chile, por supuesto, el que l y otros iluminados como Sebastin Piera, por el cual, confiesa sentir una profunda admiracin, para cambiar de banda y de bando como el quiera. No faltan los que aplauden la valenta del senador, las palmadas vienen siempre de aquellos que no tienen compromiso sino con ellos mismos, como es el caso del socilogo Fernando Villegas quien de oficio sali en su defensa en un artculo del diario la Tercera.

Que distinto puede ser el apego a principios de unos y otros, quien es consecuente hasta el final pasar como mrtir o hroe; el trnsfuga, el escalador, el acomodaticio siempre tarde o temprano quedar reducido al olvido o a la condicin abyecta de traidor. Esto no es una cuestin de ms o menos moral, pues sta siempre se situar en un contexto histrico, y es precisamente en mrito de estos hechos histricos que medimos a unos y a otros. Slo pondr en la memoria dos ejemplos, uno de dimensin universal, la actuacin final del ex presidente Salvador Allende, y otro, mucho menos conocido el asesinato de Vctor Daz Lpez, dirigente sindical de la CUT y a la fecha de su muerte subsecretario General del Partido Comunista de Chile.

No me explayar en la figura de Salvador Allende, slo recordar parte de su ltimo mensaje a la nacin. yo no tengo pasta de apstol ni de mesas. No tengo condiciones de mrtir, soy un luchador social que cumple una tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer la voluntad mayoritaria de Chile; sin tener carne de mrtir, no dar un paso atrs. Que lo sepan, que lo oigan, que se lo graben profundamente: dejar La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera, defender esta revolucin chilena y defender el Gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Slo acribillndome a balazos podrn impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo. Si me asesinan, el pueblo seguir su ruta, seguir el camino con la diferencia quizs que las cosas sern mucho ms duras, mucho ms violentas, porque ser una leccin objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada...

Sin duda que hay una diferencia entre ser un representante de algo, como por ejemplo Senador, a la de un luchador social como se autodefine el ex presidente. La figura de Allende se empina justamente no por su representacin como Jefe de Estado, sino por su amor a la humanidad, especialmente con los trabajadores y el pueblo, a los cuales, el jams traicion.

Vctor Daz Lpez, obrero grfico fue detenido el 12 de Mayo de 1976 en su domicilio. Tena la responsabilidad de dirigir y rearticular al Partido Comunista en la clandestinidad, permaneci en calidad de detenido desaparecido hasta que en 2007 ex agentes de la DINA revelaran al juez que investiga la causa conocida como el Caso Conferencia, las circunstancias de su muerte. La suya fue una muerte cruel, tan cruel como lo fue la tortura que debi soportar, permaneci ms de ocho meses detenido, y debi presenciar la tortura y muerte de algunos de sus compaeros de direccin los cuales todos fueron asesinados. En la declaracin de uno de los ex agentes que develaron el caso se puede leer . Pia ya confes: fue l quien lo asfixi con una bolsa plstica mientras Daza y Escalona lo sujetaban. Y la teniente de Ejrcito Gladys Caldern Carreo, que se deca enfermera, esper a que terminaran y le inyect cianuro en la vena, para asegurarse de que estaba muerto

El agente apodado el mocito fue quien recibi el cuerpo, ya envuelto en un saco y con un trozo de riel amarrado al cuerpo. Traslad el cuerpo de Vctor Daz hasta el estacionamiento del cuartel y lo met en la maleta de un auto , despus de esto contina su relato sealando que el cuerpo de Vctor Daz lo llevaron hasta Peldehue, un recinto militar del Ejrcito, para desde all en helicptero ir a tirarlo al mar junto a los cadveres de otros prisioneros.

Al igual que el ex presidente Allende lo que imprime tal magnnimo sacrificio es una profunda lealtad hacia los otros, hacia el amigo, el vecino, el compaero, a un proyecto de sociedad superior, es un desprendimiento casi absoluto por nuestros intereses egostas incluso al punto de negar el propio instinto de supervivencia. Por el contrario, la traicin asumida por el Senador Fernando Flores y reivindicada como el derecho a cambiar descansa en su propia vanidad. Si, aquella que describiera Nietzsche como La vanidad es la ciega propensin a considerarse como individuo no sindolo.... Es su vanidad extrema quien lo empuja a creer que el puede decidir sin importar el resultado de sus actos, y son sus actos los que lo llevan por el camino de la traicin.

Sin duda, los sacrificios de Allende y de Vctor Daz no estn a la altura de las pellejeras que sufri el Senador Flores, quien en su exilio en los Estados Unidos se dedic a una exitosa carrera empresarial, aprovechando de paso viejos contactos adquiridos en su condicin de ex ministro. Luego, el senador Bitar y amigo personal a mediados de los noventa, quien presida el Partido por la Democracia, lo invit a aportar su talento a Chile, y le abri un cupo senatorial en la primera regin. Es as como este personaje anttesis de un luchador social ocupa hoy uno de los mayores cargos de la nacin. Desde esa privilegiada posicin que seduce an ms su ego, clav primero su estocada a los dueos de casa que lo acogieron, para ahora aterrizar rampante junto al trucho candidato de la derecha que lidera las encuestas a la presidencia.

Nuevamente son las acciones las que permiten juzgar a los hombres, y sobre esas acciones es que afirmo la podredumbre moral del senador Flores.

El cambiar de ideas no es lo malo, pero el tolerar y aceptar la injusticia que antes pregonaba combatir s, un retiro en silencio tal vez sea ms digno, pero por ningn motivo este pueblo del cual soy parte aceptar que se pisotee la memoria de nuestros muertos.



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