Un intelectual que jugó un papel clave en la promoción de esta visión
histórica fue Juan J. Linz, procedente de la nomenclatura de aquel
régimen (y más tarde catedrático de Ciencias Políticas de Yale
University, en EEUU), quien, en un libro prologado por Manuel Fraga
Iribarne (que fue ministro de aquella dictadura), escribió que, aun
reconociendo que aquel régimen no era democrático, tampoco se le podía
definir como una dictadura totalitaria, es decir, una dictadura que
impusiera una ideología totalizante que intentara configurar todas las
dimensiones de la sociedad y del ser humano. Era, pues, un régimen
autoritario (que Linz definió como “católico, social y
representativo”), pero en absoluto una dictadura totalitaria,
distinguiéndosela así de las dictaduras comunistas, en las cuales el
Estado sí que imponía una ideología totalizante –el comunismo– a todos
los ciudadanos.
El régimen dictatorial español, sin embargo, fue mucho más que un
régimen autoritario dirigido por un caudillo: fue una dictadura de
clase que intentó imponer a toda la sociedad una ideología totalizante,
que conjugaba un nacionalismo españolista extremo (promovido por el
Ejército golpista) y un catolicismo profundamente reaccionario
(promovido por la jerarquía de la Iglesia católica), invadiendo todas
las esferas del ser humano –desde la lengua hablada al sexo–, todas
ellas normatizadas, cuya desviación era brutalmente reprimida. Tal
nacionalismo esencialista y misticista (en este caso religioso) tenía
también un componente racista, al promover la superioridad de la raza
hispana, lo que le otorgaba el derecho de conquista y sometimiento
sobre otras razas inferiores, entre las cuales se incluía la raza de
los republicanos “rojos” (considerando como tales a todos aquellos que
fueron críticos de la ideología dominante).
El hecho de que el concepto de raza no tuviera un componente étnico
(aunque tuvo dosis de antisemitismo) sino político-religioso no niega
que el régimen se viera a sí mismo, y así se promoviera, como racista.
El día nacional que celebraba la conquista y el genocidio de América
Latina se llamaba el Día de la Raza. Y la única película que hizo el
dictador la tituló Raza. Vallejo Nájera, director de los Servicios
Psiquiátricos del Ejército y nombrado por el dictador jefe de los
Servicios de Promoción Ideológica del régimen, combinó elementos del
nazismo alemán (del cual fue un fuerte admirador) con una concepción
católica-nacionalista extraordinariamente oprimente y excluyente (ver
su libro Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza). Según
Nájera, “la raza española se caracterizaba por su masculinismo,
disciplina, canto a la fuerza, nacionalismo sublime y profundo
catolicismo”. Según tal ideología, un objetivo del régimen era
precisamente “purificar la raza”, lo cual justificó, según los
dirigentes de aquel régimen, el asesinato de más de 200.000 personas
(desde 1934 a 1945).
En base a estos hechos, negar que la ideología de aquel régimen fuera
totalizante, presentándola como meramente autoritaria, es absurdo. Fue
una ideología que cumplía todos los requisitos de lo que es el
fascismo: nacionalismo extremo, caudillismo, misticismo (religión
católica en el caso español), que controlaba todos los medios para
promover una ideología totalizante, con una visión imperialista y
racista que justificaba su dominio y represión en base a la
purificación de la raza. Se dirá que el régimen fue evolucionando y,
aún siendo fascista al principio, fue cambiando, y que al final era
sólo una cáscara de lo que había sido, dirigida por gente oportunista
carente de cualquier ideología. Sin negar que ello fuera así, lo cierto
es que tanto la narrativa como los símbolos fueron fascistas hasta el
último día.
El símbolo fascista –el yugo y las cinco flechas– estaba en la entrada
de todos los pueblos de España, y el juramento de lealtad al Movimiento
(fascista) Nacional era condición de empleo público hasta el último año
de la dictadura, en 1978. El hecho de que los que dirigían aquel
régimen no se creyeran la ideología oficial también ocurrió en las
dictaduras comunistas, sin que por ello se les dejara de definir como
comunistas. En realidad, había más diferencias entre un Gorbachov (en
1991) y un Stalin (en 1924) que entre un Franco del 1975 y un Franco
del 1936. ¿Por qué se definió entonces al régimen de la Unión Soviética
como comunista hasta el último día de su existencia y al régimen
español no se le definió como totalitario y fascista? Y ¿por qué se
utiliza el término fascismo y nazismo para definir las dictaduras
fascista italiana y nazi alemana y aquí en España se habla sólo de
franquismo?
La causa de esto último fue que el fascismo y el nazismo fueron
derrotados en aquellos países, pero el fascismo español no lo fue en
España. En realidad, elementos importantes de aquella ideología
fascista, como el nacional catolicismo, persisten en las derechas
españolas, que nunca condenaron explícitamente aquella dictadura,
siendo el último caso el del Parlamento Europeo, cuando el portavoz del
PP, Jaime Mayor Oreja, se opuso, junto con la ultraderecha europea, a
que se condenara tal régimen. Esta es la causa de que la derecha
española no sea homologable a la derecha democrática europea.
Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Estudios Políticos en The Johns Hopkins University.
http://blogs.publico.es/dominiopublico/1308/franquismo-o-fascismo/