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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2009

Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos

Alfredo Toro Hardy
Rebelin


General Motors, el nombre ms poderoso del firmamento empresarial norteamericano hasta hace no mucho tiempo atrs y durante 77 aos el lder mundial en venta de automviles (hasta el ao pasado), se encuentra en serias dificultades. El pasado 27 de mayo los acreedores de General Motors rechazaron canjear una deuda de 27.200 millones de dlares por una participacin accionaria del 10% en la compaa. Ello deja a la mtica empresa en situacin de cesacin de pagos y a corta distancia de la quiebra.

Este episodio resulta altamente representativo de la realidad corporativa que prevalece en Estados Unidos y pone sobre el tapete tendencias como las siguientes:

El poco significado que asume la tradicin en una economa globalizada. Las fuerzas liberadas del mercado a escala mundial no admiten rezago de ninguna especie, an cuando ste venga representado por quienes hasta poco tiempo antes lo dominaban. Dentro de la larga lista de conos del escenario empresarial internacional y norteamericano, hoy en serios problemas, encontramos tambin a AT&T. Esta corporacin, que por largos aos detent el liderazgo planetario en telecomunicaciones, se vi tragada por su antigua filial SBC. Mientras GM no supo adaptarse con rapidez suficiente a los gustos cambiantes de los consumidores y a los menores costos de produccin de sus competidores asiticos y europeos, AT&T no tuvo la velocidad necesaria para asimilar la convergencia entre las comunicaciones y la computacin o la flexibilidad para responder al nuevo ambiente de desregulaciones. No en balde, como bien deca Andy Grove, antiguo Presidente de Intel, en el escenario empresarial de nuestros das slo el paranoico sobrevive.

La esencia desnacionalizadora propia de la globalizacin. Si bien es cierto que la trasnacionalizacin es un fenmeno de antigua data, tambin lo es el que las compaas por ms que extendieran sus tentculos por el mundo, solan resultar smbolos distintivos de su pas de origen. Y de todas ellas ninguna exhiba con mayor orgullo su condicin norteamericana que la venerable General Motors. Como bien seal en frase clsica Charles Wilson, Presidente de esa empresa en los aos cincuenta: "Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos". En nuestros das, sin embargo, el vnculo que une a los nacionales de un pas con las empresas que simbolizan la identidad de ste, ha desaparecido. Hace unos aos atrs estuvo planteada la venta de GM a la francesa Renault sin que nadie en Estados Unidos pareciese inmutarse por el traspaso a otra nacionalidad de un factor emblemtico de su identidad corporativa. Hoy su desaparicin del firmamento empresarial norteamericano se plantea con la mayor naturalidad, como simple expresin de la preferencia de los consumidores de ese pas por los productos de empresas forneas como Toyota o de Nissan. Es la consecuencia inevitable de la erosin de las lealtades impuesta por la globalizacin.

La inevitable visin a corto plazo de las empresas norteamericanas, resultante de la dictadura de los informes financieros trimestrales. Segn refera en 1990 un celebre informe del Massachussets Institute of Technology, la industria y las finanzas no hacen buena pareja. Ello hace centrar la atencin de las empresas en la rentabilidad inmediata a expensas de la visin de largo plazo. Una compaa que da prdidas durante algunos trimestres sucesivos, entra en fase acelerada de depreciacin en el mercado, independientemente de sus fortalezas estructurales. Ms significativo an, el nfasis en la rentabilidad financiera inmediata slo puede lograrse a expensas de los factores estructurales de la empresa. No deja de resultar curioso, en tal sentido, que fue Charles Wilson quien en los aos cincuenta fund el primer fondo de pensiones de la historia, el de GM, sentando las bases para la futura dependencia de la industria a las finanzas.

La incapacidad que tienen las empresas que cuentan con sindicatos estructurados para competir con aquellas que enfatizan el trabajo temporal y la mano de obra desprotegida. Lo que Henry Ford no pudo lograr en la fase de consolidacin de su empresa la eliminacin a garrotazos del naciente sindicato de Ford Motors Company- lo han logrado en Estados Unidos empresas como Toyota. La permisividad del mercado laboral impuesta por la globalizacin, ha permitido el surgimiento en ese pas de un nuevo sector automotriz liberado del influjo de los sindicatos. En efecto, las empresas automovilsticas extranjeras se han establecido en el Sur de los Estados Unidos, beneficindose de unas reglas de juego que privilegian claramente a los inversionistas en claro detrimento de los trabajadores. Para la industria automovilstica de Detroit el enemigo no est en China sino en estados como Tennessee.

General Motors est perdiendo su carcter emblemtico dentro de la economa estadounidense. Sin embargo, va camino a transformarse en paradigma de la naturaleza depredadora de la globalizacin. Esta empresa, que el ao pasado cumpli cien aos de existencia, podra desaparecer del mercado en un abrir y cerrar de ojos, dejando en la calle a decenas de miles de empleados y obreros y a miles y miles de empleados de sus concesionarias. Seres humanos que creyeron que asociando sus vidas a un rbol frondoso podran obtener estabilidad laboral y una vejez tranquila. Lo que hoy ocurre en General Motors es una faceta ms del carcter despiadado del capitalismo de mercado. Bajo sus normas ningn empleo es seguro y todos nos encontramos sometidos a la ms absoluta incertidumbre. Siempre a media calle de distancia de la intemperie, en medio de la tormenta.




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