El celibato eclesiástico
Yo
no creo que el celibato eclesiástico sea la causa de la creciente
inundación de pederastia sacerdotal. La pederastia ha existido siempre,
sólo ahora se hace más visible por la combinación contemporánea del
crecimiento de la libertad de expresión y el mayor respeto a los
derechos humanos en la sociedad y especialmente en el sistema judicial.
El
celibato fue una decisión política para proteger el patrimonio
eclesiástico de los eventuales derechos hereditarios de los clérigos.
Antes en la Iglesia católica y ahora en otras confesiones cristianas
había y hay sacerdotes casados que no cumplen sus deberes peor que los
solteros.
Tampoco la Iglesia católica ha perseguido las
actividades sexuales de los clérigos siempre que no sean públicas y
evidentes, como se ha comprobado con el famoso cura Alberto de Miami,
estrella mediática de la ciudad que, al haber sido sorprendido por un
fotógrafo acariciando a su novia y criticado consiguientemente por su
obispo, ha optado por pasarse a una confesión cristiana en la que
ejercer como sacerdote casado.
Algún observador cínico de la
escena sostiene que el celibato les da un gran privilegio a los
clérigos ya que liberados de los condicionantes del matrimonio pueden
perseguir a las mujeres con mayor libertad. De hecho, el clero usa
tanto sus relaciones privilegiadas con las devotas más crédulas y
disponibles como el sexo mercenario. Cuando yo hice una investigación
sociológica sobre consumo de prostitución en el Madrid de los años
setenta descubrí que los principales usuarios eran los solteros
forzosos, es decir, los militares alejados de sus familias, de sus
novias y el clero. Una prostituta me explicó la particular vehemencia
con la que se producía un clérigo de un pueblo de la provincia que
acudía todas las semanas, en día laborable y vestido de paisano, a
hacer uso de sus servicios
Los curas y monjas pederastas lo son
no tanto por su eventual represión sexual cuanto por gozar de una
situación de poder respecto de los menores que les están confiados. Es
posible que si estuvieran emparejados hubieran sido menos pederastas
pero también hay casados pederastas que tienen en común con los
clérigos y monjas su fácil acceso a los menores y su situación de poder
respecto a ellos.
El estremecedor informe de la pederastia de
curas y monjas en Irlanda durante sesenta años tiene que ver, sobre
todo, con su situación prepotente en colegios y orfanatos en los que
actuaban sin control sobre niños y niñas, generalmente pobres,
sometidos a sus caprichos y vesanias y que cuando se quejaban de ello
eran castigados por los superiores. Ni éstos, ni mucho menos los
obispos irlandeses, pusieron remedio a la situación durante todos esos
años mientras que el Gobierno irlandés, uno de los más confesionales,
miraba para otro lado.
Ahora, gracias sobre todo, a los oficios
de abogados americanos codiciosos, bastantes diócesis de ese país han
tenido que pagar millones de dólares a las víctimas de la pederastia
sacerdotal con tal de que no fueran a juicio y algunas diócesis han
quedado en bancarrota por ello. Una organización católica, los
Legionarios de Cristo, cuyo fundador y presidente, el padre Mercier,
era un conocido pederasta, que abusaba sobre todo de sus jóvenes
aspirantes, ha visto como el Vaticano, en vez de denunciar el caso a la
justicia civil, le ha impuesto una leve pena canónica.
En fin,
que los padres y madres de familia deben estar atentos no sólo a las
notas que sacan sus hijos en los colegios sino al perfil de sus tutores.