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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2009

Qu hacer con la OEA?

Atilio A. Born
Rebelin


Las organizaciones -y las burocracias internacionales todava ms- se resisten tercamente a morir. Aunque hayan cumplido su ciclo y perduren como ruinosas huellas de un pasado que ya nunca volver siempre tendrn ingeniosos defensores que urdirn los ms intrincados razonamientos para postergar indefinidamente su inevitable ocaso. En este sentido la prxima reunin de Ministros de Relaciones Exteriores de los pases miembros de la OEA en San Pedro Sula, Honduras, est planteando la pregunta incorrecta, a saber: debe o no Cuba volver a la OEA, y si vuelve, bajo cules condiciones? En realidad lo que hay que preguntarse es si existe alguna razn en virtud de la cual la OEA merece seguir existiendo. Y cuando se plantea esta pregunta, que es la correcta, la respuesta es inequvoca: No. No hay ninguna razn que justifique la continuidad de la OEA.

No slo Cuba no tiene nada que hacer en la OEA. Tampoco los dems pases de Amrica Latina y el Caribe. Esta organizacin reflej un (largo) momento de total hegemona de Estados Unidos en el sistema interamericano. La OEA fue la expresin, en el plano de los organismos internacionales, de ese perodo histrico ya concluido en el cual Washington mandaba y los dems acataban, como lo demostr la ignominiosa expulsin de Cuba ordenada por la Casa Blanca en ocasin de la octava cumbre reunida en Punta del Este, Uruguay, el 31 de Enero de 1962. Como el imperialismo haba sido derrotado en Playa Girn, el 16 de Abril de 1961, la represalia fue declarar el ostracismo de Cuba, su total aislamiento, con la vana esperanza de que abrumada por tamao infortunio la Revolucin plegara sus banderas y se entregara mansamente a sus enemigos. Se equivocaron de medio a medio.

Hay un paralelismo inevitable entre la malograda Sociedad de las Naciones y la OEA. La SN, fundada como resultado del Tratado de Versailles al finalizar la Primera Guerra Mundial tena por objeto promover los llamados derechos del hombre, prevenir el estallido de nuevas guerras, fomentar la seguridad colectiva y resolver las controversias internacionales mediante la negociacin y la diplomacia. Su manifiesta incapacidad para cumplir con tales propsitos provoc, a mediados de los aos treintas, su progresiva obsolescencia al comps de la expansin del fascismo en Europa y, sobre todo, de la arrolladora marcha del ejrcito Nazi ante la cual la SN no hizo otra cosa que lamentarse. La OEA, por su parte, declara que su misin no es otra que la de ser un foro adecuado para facilitar el dilogo multilateral y la toma de decisiones dentro del sistema interamericano, fortalecer la paz y la seguridad, consolidar la democracia , promover los derechos humanos , apoyar el desarrollo social y econmico y promover el desarrollo sostenible en todo el mbito americano. No obstante, sus bellas intenciones se vieron invariablemente frustradas porque antes que nada la OEA fue, desde su nacimiento, un instrumento del imperialismo norteamericano y todos aquellos loables objetivos quedaban invariablemente supeditados al inters de la potencia hegemnica. Consolidar la democracia s, pero siempre y cuando los gobiernos democrticos no amenazaran los intereses de Estados Unidos. Fortalecer la paz y la seguridad s, pero si hay gobiernos dscolos que desafan al poder imperial invasiones como las de Playa Girn, Santo Domingo, Panam o Granada se tornan perfectamente justificables.

El sometimiento y control de las naciones al Sur del Ro Grande fue un imperativo estratgico de Estados Unidos desde fechas tan tempranas como 1823, cuando el Presidente James Monroe formulara la doctrina que lleva su nombre: Amrica para los (norte) americanos. En lnea con esta directiva estratgica Washington promovi la realizacin, en 1890, de la Primera Conferencia Interamericana , misma que fuera brillantemente cubierta por Jos Mart en su carcter de corresponsal del diario La Nacin de Buenos Aires. [1] Dicha conferencia instituy una Secretara Permanente que, en 1910, se convertira en la Unin Panamericana. Habra de ser en Bogot, el 30 de Abril de 1948, cuando esta institucin diera nacimiento a la OEA en medio de las enormes convulsiones desencadenadas por el asesinato de Jorge Elicer Gaitn, el popular lder del partido Liberal colombiano perpetrado pocas semanas antes. No es un dato menor que desde 1890 hasta la fecha de la creacin de la OEA todos los directores de este organismo interamericano hayan sido ciudadanos estadounidenses y que, una vez constituida la OEA, ningn Secretario General fuese designado sin la explcita aprobacin de la Casa Blanca que ejerca en los hechos un poder (para nada discreto o disimulado) de veto.

A partir de su creacin la OEA se destac por su incondicional sumisin a los intereses norteamericanos y a las directivas emanadas desde Washington, transmitidas ora directamente, ora a travs de voceros reclutados entre los colonizados ms hbiles en las artes de la demagogia y la manipulacin de sus pares. La sola enumeracin de sus actos, complicidades y claudicaciones desde 1948 hasta nuestros das prolongara extraordinariamente este artculo. La OEA condon invasiones, asesinatos polticos, golpes de estado y campaas de desestabilizacin contra gobiernos democrticos. Fue ciega, sorda y muda ante las atrocidades del terrorismo de estado enseoreado en la regin en la dcada de los setentas y cuando motivada por un clamor y una protesta generalizadas se decidi a actuar lo hizo tarda y tibiamente. El TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recproca, segn el cual cualquier ataque armado por cualquier Estado contra un Estado Americano ser considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos demostr escandalosamente su hipocresa y falsedad cuando el Reino Unido recuper por la fuerza el control de las Islas Malvinas ante la indiferencia de la OEA. Y cuando en Mayo del 2008 estall la crisis en Bolivia y los caciques de la media luna queran derrocar a Evo Morales -y, eventualmente, crear una repblica independiente- el conflicto fue rpidamente solucionado mediante la intervencin de los pases de Amrica Latina en el marco de la UNASUR y sin que la OEA jugara papel alguno.

La Comisin Interamericana de Derechos Humanos, tal vez lo ms rescatable de la OEA, est de todos modos sujeta a la preponderante influencia de Estados Unidos y slo puede formular recomendaciones ante denuncias relativas a violaciones a los derechos humanos. La Comisin lo hizo en relacin a numerosas violaciones a los derechos humanos cometidas por los Estados Unidos sin que la Casa Blanca se molestara siquiera en tomar nota del mensaje emitido por un rgano de una institucin, la OEA, a la que pertenece desde su fundacin. Y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, creada a partir del Pacto de San Jos de Costa Rica en 1979, que s tiene capacidad para emitir sentencias, no tiene competencia sobre todos los pases miembros de la OEA. Canad no suscribi el Pacto y tampoco lo hizo Estados Unidos, que de esta manera se automargina de la jurisdiccin de la Corte haciendo que cualquier violacin a los derechos humanos cometida por este pas no sea punible por la Corte. [2] De hecho la OEA ha permanecido asombrosamente inactiva frente al torrente de denuncias formuladas en contra de Washington por las atrocidades cometidas en Abu Ghraib y Guantnamo, los vuelos de la muerte, la legalizacin de la tortura y los asesinatos y agresiones cometidos por fuerzas estadounidenses a lo largo y a lo ancho del planeta.

En funcin de tales antecedentes, y teniendo en cuenta adems, como si lo anterior no fuera suficiente, que aproximadamente las dos terceras partes de los fondos con que funciona la OEA son suministrados por el gobierno de Estados Unidos (con lo que esto significa en trminos de condicionamiento poltico) qu sentido tiene promover el retorno de Cuba a una institucin tan desprestigiada como esa? [3] El futuro no est en la OEA sino en la creacin de otro tipo de organizaciones internacionales que reflejen adecuadamente los intereses de la regin. De hecho el ALBA es una de ellas, la UNASUR es otra: pese a sus diferencias son iniciativas que expresan la realidad actual de una creciente reafirmacin de la autodeterminacin nacional frente a las exacciones e imposiciones del imperialismo y una conciencia emancipadora continental cada vez ms clara. Reflejan la histrica derrota del ALCA en Mar del Plata en 2005; la inconmovible consolidacin de la Revolucin Cubana; la profundizacin de las transformaciones sociales, econmicas y polticas en marcha en Venezuela, Bolivia y Ecuador y, a paso ms lento (y a veces titubeante) en otros pases de la regin; y la toma de conciencia de que asistimos a la irreversible decadencia de la hegemona norteamericana en el mundo y, sobre todo, en Nuestra Amrica. Por eso la OEA es una institucin anacrnica: representa una correlacin de fuerzas internacionales que ya se ha disuelto mientras que el ALBA y el UNASUR expresan el nuevo mundo que est surgiendo de nuestras entraas. Un mundo que reclama a los gritos proyectos tendientes a fortalecer econmica y polticamente a las naciones latinoamericanas y caribeas como el Banco del Sur, Telesur, Petrosur, Petrocaribe, el Gasoducto del Sur y otros. Sostener a la OEA es una operacin no slo intil sino adems costosa para nuestros pueblos, que podran reorientar los recursos destinados al sostenimiento de esa organizacin al combate a la pobreza. Lo que corresponde, por lo tanto, no es librar una batalla para asegurar el reingreso de Cuba a la OEA sino organizar una sencilla ceremonia fnebre en donde se le brinde una piadosa sepultura, pero sin honores porque por su historia no los merece.


Notas

[1] Una seleccin de esos escritos se encuentra en la recopilacin de textos de Jos Mart que lleva por ttulo Amrica para la humanidad (La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2001)

[2] De hecho, Estados Unidos prcticamente no ha suscripto ningn tratado internacional bajo el argumento de que tal cosa lesionara irreparablemente su soberana. Para un examen de este asunto ver Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El lado oscuro del imperio. La violacin de los derechos humanos por los Estados Unidos (Caracas: Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, 2009), pp.49-55. Por eso, entre otras razones, Washington no slo no ha ratificado el Estatuto de Roma sino que ha activamente boycoteado a la Corte Penal Internacional y su misin de perseguir y juzgar a quienes hayan cometido crmenes de lesa humanidad, crmenes de guerra y genocidio.

[3] El Senador demcrata Roberto Mel Menndez ha amenazado con promover una ley en el Senado norteamericano mediante la cual se suspendera el apoyo financiero a la OEA en caso de que la reunin de San Pedro Sula llegara a aprobar el reingreso de Cuba a dicha organizacin. Menndez es un tradicional representante y vocero de la poderosa mafia enquistada en el exilio cubano en Miami.

Atilio A. Born es Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educacin a Distancia en Ciencias Sociales Corrientes, Buenos Aires (Argentina)



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