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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2009

El Estado

Alfredo Zaiat
Pgina 12


El pensamiento econmico dominante en los ltimos treinta aos, que con la cada del Muro de Wall Street est cuestionado pero no en retirada, tiene su raz en la concepcin ortodoxa. Esta considera que los agentes econmicos son racionales y egostas en bsqueda de la maximizacin de sus intereses. Se renen en mercados libres, competitivos y autnomos donde interactan, cuyo resultado es el equilibrio de la economa. Basado en esa teora se atribuyen al Estado nicamente las funciones de defensa, seguridad, justicia, educacin y salud, aunque algunas de esas tareas han empezado a ser ocupadas por el capital privado para los sectores acomodados de la sociedad ante el desmantelamiento del aparato estatal. Como ese mundo ideal de la ortodoxia est bastante alejado de la realidad, sus estudiosos avanzaron en la defensa de ese esquema sosteniendo que ante diversas distorsiones externas que interfieren en esa dinmica virtuosa, el mercado concluye en equilibrios sub-ptimos. Esto implica que existe un amplio abanico de ese tipo de equilibrios que requieren de la intervencin de la poltica econmica para ordenar esos desvos del mercado libre. De ese modo, las crisis o el freno al desarrollo de un pas son siempre originados por factores externos que interfieren en las decisiones de los agentes econmicos. Con esa base conceptual, el papel del Estado en la economa resulta un potente perturbador y sus intervenciones slo deberan ser subsidiarias de ese armnico devenir del capital. Este es el pilar del pensamiento ortodoxo que permite empezar a abordar la actual tendencia hegemnica en el debate sobre intervenciones activas del Estado en la economa y tambin sobre nacionalizaciones.

La decisin del gobierno de Venezuela de estatizar compaas controladas por el Grupo Techint provoc una reaccin destemplada de las principales cmaras empresarias locales. En un anlisis rstico expresado en varios comunicados se busc equiparar esa medida con otras tomadas por el gobierno argentino y asociar esa estrategia de Hugo Chvez con la orientacin futura de la administracin kirchnerista. Si se evalan las principales experiencias que derivaron en la transferencia del control de compaas en manos de privados al Estado se observar que el comportamiento oficial fue diferente a un cuco estatizador. En Correos, Aguas y Aerolneas, que se constituyeron en casos emblemticos de ese proceso, los funcionarios intentaron diferentes vas de negociacin con el operador privado para mejorar el servicio con ms inversiones. El objetivo del Gobierno siempre fue mantener bajo dominio privado esas compaas, pero ante el fracaso de la gestin privada y su resistencia a modificar apenas un poco la lgica de su negocio que consista bsicamente en pretender aumentos de tarifas y subsidios pblicos sin desembolsar fondos propios, la recuperacin de esos activos al patrimonio estatal fue el ltimo recurso para preservar esos servicios esenciales.

Desarrollo similar, aunque con otros matices, fue el que desemboc en el fin del negocio de especulacin de las AFJP con el dinero previsional de los trabajadores. El recorrido no fue directo hasta arribar a esa estatizacin e incluso antes se haba dispuesto la opcin de elegir entre los dos sistemas (reparto y capitalizacin), pero el estallido de la crisis internacional aceler esa medida. La debacle global dej al descubierto simplemente el fracaso del rgimen privado como esquema previsional, que expulsaba al descampado a los jubilados, actuando el Estado en ltima instancia como canal de salvataje de esos trabajadores que hubieran pasado a cobrar haberes misrrimos por la licuacin de sus fondos aplicados en la actividad financiera.

En trminos ms amplios, el aspecto que ha emergido con intensidad de la crisis de la economa global se encuentra en el papel estelar que ha empezado a ocupar el Estado. Y como no poda ser de otra manera, las intervenciones pblicas que se estn realizando en pases con gobiernos de origen poltico diversos tienen sus particularidades. La traslacin automtica de cada una de esas experiencias como pauta general slo termina confundiendo. Estados Unidos y Europa destinan paquetes financieros multimillonarios para salvar bancos y grandes empresas. La mayora de las naciones impulsan con ms o menos margen una poltica expansiva del gasto pblico para tratar de amortiguar el impacto negativo de la recesin mundial. Otros disponen de estatizaciones de empresas privadas como recurso final ante experimentos privados fallidos. Y unos pocos, como Venezuela, lo hacen en funcin de un proyecto denominado socialismo siglo XXI. Cada una de esas iniciativas posee su rasgo particular en funcin a sus propias relaciones de poder y tipo de sociedad, as como tambin en funcin al lugar que ha pasado a ocupar el Estado en la economa.

No es un aspecto sencillo ni lineal determinar la caracterizacin que asumir el Estado en la fase que se est abriendo en el desarrollo del capital a partir de la presente debacle. La incertidumbre es el rasgo sobresaliente de la actual fase del capitalismo. Incluso en la Venezuela bolivariana, la activa intervencin estatal no slo recibe las obvias crticas de las fuerzas conservadoras, sino que tambin es cuestionada por corrientes provenientes de la izquierda.

Esas polmicas resultan interesantes porque esquivan el anlisis vulgar sobre el papel del sector pblico en la economa y, en forma general, acerca del rol del Estado en la sociedad. Existe una amplia gama de alternativas que van desde la no intervencin del Estado en los procesos econmicos hasta su total manejo. Por eso hoy, en un momento histrico de temor global sobre lo que vendr, el Estado pas a ocupar un espacio central para preservar el desarrollo de la actividad econmica de los pases, tanto para los intereses comunitarios como para los intereses privados. En esta instancia, las grandes empresas y grupos econmicos ejercen presin sobre los gobiernos en busca de objetivos particulares que poco tienen que ver con el inters general de la sociedad. Esos lobbies utilizan frecuentemente los argumentos ideolgicos de intervencin o no intervencin estatal, de acuerdo a sus conveniencias, en forma alternada.

Los estudios sobre el Estado y la economa son numerosos. Los burdos anlisis que se realizan sobre la calidad y las caractersticas de sus intervenciones buscan ocultar otros intereses. Como antecedente, a partir de mediados de la dcada del 70 no se produjo una retirada del Estado, sino que ste institucionaliz la hegemona de ciertos grupos econmico-financieros y redefini la vinculacin de la economa nacional con el capitalismo global. Los resultados conocidos no fueron por una ausencia de Estado sino de su reorientacin en funcin de otros objetivos y prioridades.

El desafo que se presenta en estos momentos es abandonar las consignas fciles y superficiales, que van de un extremo al otro, para repensar en funcin del inters general y de las particularidades de cada pas qu tipo de Estado y qu nivel de participacin en la economa se le requiere en un escenario global dominado por la incertidumbre. Para ello se deben abandonar prejuicios y estereotipos arraigados en parte de la sociedad, como as tambin la idealizacin de procesos poltico-sociales que tienen peculiaridades propias que no permiten transferirlo en forma mecnica a otros pases. En esa bsqueda se podr encontrar el camino para la reconstruccin de un Estado desquiciado durante dcadas de dominio del pensamiento econmico conservador.

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-125809-2009-05-30.html



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