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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2009

Obama no acab con esa prctica, slo la cambi de lugar, seala el investigador Allan Nairn
Tortura y amnesia histrica (I)

Noam Chomsky
La Jornada


Los memorandos sobre tortura revelados por la Casa Blanca suscitaron asombro, indignacin y sorpresa. El asombro y la indignacin eran entendibles; la sorpresa, no tanto. Por principio de cuentas, aun sin investigacin, era razonable suponer que Guantnamo era una cmara de tortura. Para qu, si no, enviar prisioneros a un lugar donde estaran fuera del alcance de la ley; un lugar, por cierto, que Washington utiliza en violacin de un tratado impuesto a Cuba a punta de pistola? Desde luego, se adujeron razones de seguridad, pero sigue siendo difcil tomarlas en serio. Las mismas sombras expectativas se tuvieron acerca de los sitios negros, prisiones secretas del gobierno de Bush, y por la rendicin extraordinaria, o captura extrajudicial de sospechosos en otros pases, y se cumplieron.

Ms importante es que la tortura ha sido prctica de rutina desde los primeros das de la conquista del territorio nacional, y continu emplendose a medida que las aventuras imperiales del imperio infante como George Washington llamaba a la nueva repblica se extendieron a Filipinas, Hait y dems lugares. Tengamos en mente tambin que la tortura fue el menor de muchos crmenes de agresin, terror, subversin y estrangulamiento econmico que han oscurecido la historia estadunidense, como ocurre tambin con otras grandes potencias.

En consecuencia, lo sorprendente es ver las reacciones a la revelacin de esos memorandos del Departamento de Justicia, incluso las de algunos de los crticos ms francos y elocuentes del mal gobierno de Bush: Paul Krugman, por ejemplo, quien escribi que solamos ser una nacin de ideales morales y que nunca antes de Bush haban nuestros lderes traicionado en forma tan absoluta todo lo que esta nacin ha postulado. Por decir lo menos, esta visin comn refleja una versin bastante sesgada de la historia estadunidense.

De cuando en cuando se ha abordado en forma directa el conflicto entre lo que postulamos y lo que hacemos. Un distinguido acadmico que emprendi esa tarea fue Hans Morgenthau, fundador de la teora de las relaciones internacionales realistas. En un estudio clsico, publicado en 1964 a la luz de Camelot, Morgenthau desarrollaba la visin convencional de que Estados Unidos tiene un propsito trascendental: instaurar la paz y la libertad en su territorio y de hecho en todas partes, puesto que la arena dentro de la cual Estados Unidos debe defender y promover su propsito ha alcanzado dimensiones mundiales. Pero, como acadmico escrupuloso, tambin reconoci que el registro histrico era radicalmente inconsistente con ese propsito trascendental.

No debemos dejarnos confundir por esa discrepancia, aconsejaba Morgenthau; no debemos confundir el abuso de la realidad con la realidad misma. La realidad es el propsito nacional incumplido, como se revela en la evidencia de la historia segn la refleja nuestra mente. Lo que ocurra en los hechos no era ms que el abuso de la realidad.

La revelacin de los memorandos sobre tortura condujo a otros a reconocer el problema. En el New York Times, el columnista Roger Cohen rese un nuevo libro, The Myth of American Exceptionalism, del periodista britnico Geoffrey Hodgson, quien concluye que Estados Unidos no es ms que una nacin grande, pero imperfecta, entre otras. Cohen concede que la evidencia apoya la opinin de Hodgson, pero de todos modos le parece que yerra al no entender que Estados Unidos naci como una idea, y por eso tiene que llevarla adelante. La idea de Estados Unidos se revela en el nacimiento de la nacin como ciudad en una colina, nocin inspiradora que reside muy en el fondo de la sique estadunidense, as como en el distintivo espritu individualista y emprendedor de los estadunidenses, que se demuestra en la expansin hacia el oeste. El error de Hodgson, segn eso, es apegarse a las distorsiones de la idea estadunidense, al abuso de la realidad.

Volvamos la atencin hacia la realidad en s: hacia la idea de Estados Unidos desde sus primeros das.

Vengan a ayudarnos

La frase inspiradora una ciudad en una colina fue acuada en 1630 por John Winthrop, quien la tom de los evangelios para esbozar el futuro glorioso de una nacin ordenada por Dios. Un ao antes la colonia de la Baha de Massachusetts cre su Gran Sello, el cual mostraba un indgena de cuya boca sala un pergamino, en que se lean las palabras Vengan a ayudarnos. As, los colonialistas britnicos se representaban como humanistas benvolos que respondan a las splicas de los miserables nativos para rescatarlos de su amargo destino pagano.

De hecho, el Gran Sello es la representacin grfica de la idea de Estados Unidos desde su nacimiento. Debe ser exhumada desde las profundidades de la sique y desplegada en los muros de todos los salones de clase. Debi aparecer sin duda en el fondo de toda la pleitesa estilo Kim Il-Sung que se le renda a ese salvaje asesino y torturador llamado Ronald Reagan, quien alegremente se describa como el lder de una reluciente ciudad en la colina mientras orquestaba algunos de los crmenes ms espantosos de sus aos en el cargo, notoriamente en Centroamrica, pero tambin en otros lugares.

El Gran Sello fue una proclamacin temprana de la intervencin humanitaria, para usar una frase en boga. Como ha ocurrido comnmente desde entonces, la intervencin humanitaria condujo a una catstrofe para los supuestos beneficiarios. El primer secretario de Guerra, el general Henry Knox, describi la absoluta extirpacin de todos los indios en las partes ms populosas de la unin por medios ms destructivos para los nativos indgenas que la conducta de los conquistadores de Mxico y Per.

Mucho despus de que sus propias significativas aportaciones al proceso quedaran en el pasado, John Quincy Adams deplor el destino de esa infortunada raza de americanos nativos, a quienes exterminamos con tanta crueldad prfida y despiadada entre los atroces pecados de esta nacin, por los cuales creo que Dios algn da la llevar a juicio. Esa crueldad prfida y despiadada continu hasta que se conquist el oeste. En vez del juicio de Dios, los atroces pecados slo han trado hoy elogios por la culminacin de la idea estadunidense.

La conquista y colonizacin del oeste mostraron sin duda ese espritu individualista y emprendedor tan elogiado por Roger Cohen. As ocurre por lo regular con las empresas de colonizacin, la forma ms cruel del imperialismo. Los resultados fueron ensalzados por el respetado e influyente senador Henry Cabot Lodge en 1898. Al convocar a la intervencin en Cuba, Lodge elogi nuestro historial de conquista, colonizacin y expansin territorial, inigualado por ningn pueblo en el siglo XIX, y llam a no detenerlo ahora, cuando los cubanos tambin suplicaban, segn las palabras del Gran Sello, vengan a ayudarnos.

Su ruego fue atendido. Estados Unidos envi tropas, con lo cual impidi que Cuba se liberara de Espaa y la convirti en una colonia virtual, como continu sindolo hasta 1959.

La idea estadunidense fue ilustrada tiempo despus por la notable campaa emprendida por el gobierno de Dwight D. Einsenhower para devolver a Cuba al lugar apropiado, luego que Fidel Castro entr en La Habana en enero de 1959 y liber por fin a la isla del dominio extranjero, con enorme apoyo popular, como Washington reconoci a regaadientes. Lo que sigui fue: una guerra econmica, con la mira claramente delineada de castigar al pueblo cubano para que derrocara al desobediente gobierno de Castro; una invasin; la dedicacin de los hermanos Kennedy a llevar a Cuba los terrores de la Tierra (frase del historiador Arthur Schlesinger en su biografa de Robert Kennedy, quien tena esa tarea entre sus mximas prioridades), y otros crmenes que continan hasta el presente, en desafo a una opinin mundial prcticamente unnime.

Por lo regular los orgenes del imperialismo estadunidense se hacen remontar a la invasin de Cuba, Puerto Rico y Hawai en 1898. Pero eso es sucumbir a lo que el historiador del imperialismo Bernard Porter llama la falacia del agua salada, la idea de que la conquista slo se vuelve imperialista cuando cruza agua de mar. Es decir, si el Misisipi hubiera semejado al mar de Irlanda, la expansin hacia el oeste habra sido imperialismo. De George Washington a Henry Cabot Lodge, los que participaron en la empresa tuvieron una visin ms clara de lo que hacan.

Luego del xito de la intervencin humanitaria en Cuba, en 1898, el siguiente paso en la misin asignada por la Providencia fue conferir las bendiciones de la libertad y la civilizacin a todos los pueblos rescatados de Filipinas (en palabras de la plataforma del Partido Republicano de Lodge) por lo menos a los que sobrevivieron a las matanzas y al uso extendido de la tortura y dems atrocidades que las acompaaron. Esas almas afortunadas fueron dejadas a la merced del gobierno filipino de paz instaurado por Estados Unidos dentro de un modelo recin ideado de dominio colonial, que se apoyaba en fuerzas de seguridad adiestradas y equipadas para aplicar avanzados mtodos de vigilancia, intimidacin y violencia. Modelos similares se adoptaran en muchas otras zonas donde Estados Unidos impuso brutales guardias nacionales y otras fuerzas a su servicio.

Paradigma de apremios

En los 60 aos pasados, las vctimas en todo el mundo han soportado el paradigma de tortura de la CIA, desarrollado a un costo que lleg a mil millones de dlares anuales, segn documenta el historiador Alfred McCoy en su libro A Question of Torture. All muestra cmo los mtodos de tortura desarrollados por la CIA a partir de la dcada de 1950 aparecen, con pocas variantes, en las fotografas infames de la prisin de Abu Ghraib, en Irak. No hay hiprbole en el ttulo del penetrante estudio de Jennifer Harbury sobre el historial de tortura estadunidense: Truth, Torture, and the American Way. As pues, es sumamente engaoso, por decir lo menos, que los investigadores del descenso de la banda de Bush a las cloacas del mundo lamenten que al emprender la guerra contra el terrorismo, Estados Unidos haya extraviado el rumbo.

No se quiere decir con esto que Bush-Cheney-Rumsfeld et al no hayan incorporado innovaciones importantes. En la prctica normal estadunidense, la tortura se encomendaba a subsidiarios, no la ejecutaban estadunidenses directamente en cmaras de tortura propias, instaladas por su gobierno. En palabras de Allan Nairn, quien ha llevado a cabo algunas de las investigaciones ms reveladoras y valerosas sobre el tema: Lo que la [prohibicin de la tortura] de Obama cancela es ese pequeo porcentaje de tortura que hoy realizan estadunidenses, pero conserva el conjunto abrumador de la tortura del sistema, que es llevado a cabo por extranjeros bajo patrocinio estadunidense. Obama podra dejar de apoyar a fuerzas extranjeras que torturan, pero ha elegido no hacerlo.

Obama no acab con la prctica de la tortura, observa Nairn, sino slo la cambi de lugar, restaurando la norma estadunidense de indiferencia hacia las vctimas. Es un retorno al status quo anterior escribe Nairn, al rgimen de tortura que va de Ford a Clinton, y que ao con ao produjo ms agona con respaldo estadunidense de la que se produjo durante los aos de Bush/Cheney.

En ocasiones el involucramiento estadunidense en la tortura ha sido an ms indirecto. En un estudio realizado en 1980, el latinoamericanista Lars Schoultz descubri que la ayuda exterior estadunidense ha tendido a fluir en forma desproporcionada hacia gobiernos latinoamericanos que torturan a sus ciudadanos a los mayores violadores de los derechos humanos fundamentales en el hemisferio. Estudios ms amplios de Edward Herman encontraron la misma correlacin, y tambin sugirieron una explicacin. No es sorprendente que la ayuda estadunidense tienda a correlacionarse con un clima favorable a los negocios, que por lo comn mejora con el asesinato de organizadores de obreros y campesinos y activistas pro derechos humanos y otras acciones semejantes, lo cual produce una segunda correlacin entre la ayuda y las monumentales violaciones a los derechos humanos.

Estos estudios se llevaron a cabo antes de los aos de Reagan, cuando no vala la pena estudiar el tema porque esas correlaciones eran patentes. No es extrao, pues, que el presidente Obama nos aconseje mirar hacia delante y no hacia atrs, doctrina conveniente para los que blanden los garrotes. Los que son golpeados por ellos tienden a ver el mundo en forma diferente, con gran molestia de nuestra parte.

Noam Chomsky es autor de numerosas obras polticas de gran venta. Sus libros ms recientes son Failed States, The Abuse of Power and the Assault on Democracy y What We Say Goes, libro de conversaciones con David Barsamian. La editorial New Press acaba de publicar The Essential Chomsky (editado por Anthony Arnove), coleccin de sus escritos sobre poltica y lingstica de 1950 a la poca actual.

Traduccin: Jorge Anaya

http://www.jornada.unam.mx/2009/05/30/index.php?section=mundo&article=032n1mun



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