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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2009

En respuesta a Vicen Navarro
Una nota sobre consistencias e ideologas

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


En Franquismo o fascismo Pblico, 28 de mayo de 2009, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=86126- Vicente Navarro seala algunas de las razones por las que debemos llamar fascismo a lo que usualmente suele llamarse franquismo o dictadura franquista. El rgimen dictatorial espaol, seala con razones muy atendibles, fue mucho ms que un rgimen autoritario dirigido por un caudillo. Fue, efectivamente, una dictadura de clase que intent imponer a toda la sociedad una ideologa totalizante, que conjugaba un nacionalismo espaolista extremo (promovido por el Ejrcito golpista) y un catolicismo profundamente reaccionario (promovido por la jerarqua de la Iglesia catlica), invadiendo todas las esferas del ser humano desde la lengua hablada al sexo, todas ellas normatizadas, cuya desviacin era brutalmente reprimida. Ese nacionalismo esencialista y misticista tuvo tambin su componente racista, una arista que permita el sometimiento de otras razas inferiores. Entre ellas, claro est, la raza inferior de los republicanos rojos.

Negar que la ideologa de aquel rgimen fuera totalizante, presentndola como meramente autoritaria, no slo es absurdo sino que jug, y juega sin duda, un papel nada inocente en la lucha poltico-cultural. Vicen Navarro remarca nuevamente que el franquismo fue una ideologa y mucho ms desde luego- que cumpla todos los requisitos de la usual definicin de fascismo: nacionalismo extremo, caudillismo, misticismo catlico, control de todos los medios para promover su ideologa, visin imperialista y racista que justificaba su dominio y represin en base a la purificacin de la raza.

Que el rgimen evolucionara y que, an siendo fascista al principio, fuera cambiando y al final fuera slo una cscara de lo que haba sido, dirigida por gente oportunista carente de cualquier ideologa, es una afirmacin de la derecha cultural que blanquea nuevamente lo sucedido. Sin negar que ello fuera as, Navarro seala que lo cierto es que tanto la narrativa como los smbolos fueron fascistas hasta el ltimo da. Para redondear su argumentacin, intentado disolver el punto de las descreencias e inconsistencias, Navarro aade: El hecho de que los que dirigan aquel rgimen no se creyeran la ideologa oficial tambin ocurri en las dictaduras comunistas, sin que por ello se les dejara de definir como comunistas. En realidad, haba ms diferencias entre un Gorbachov (en 1991) y un Stalin (en 1924) que entre un Franco del 1975 y un Franco del 1936. Por qu se defini entonces al rgimen de la Unin Sovitica como comunista hasta el ltimo da de su existencia y al rgimen espaol no se le defini como totalitario y fascista?

Sorprende la comparacin. No resulta tan obvia como parece. Tiene nuevamente razn Navarro cuando apunta que no es inocente que se siguiera usando el trmino comunista para designar a la Unin Sovitica hasta el final de su existencia. No lo era y no lo sigue siendo. Tampoco lo es que se usaran trminos como autoritarismo o rgimen fuerte para hablar del franquismo-fascismo pero sorprende el ejemplo elegido para mostrar inconsistencias entre denominaciones y realidades sociales a lo largo del tiempo. Otras situaciones cercanas estaran al alcance del doctor Navarro. Dos ejemplos:

El perverso y nada inocente uso de trminos como democracia o demcratas para hacer referencia a situaciones polticas y a organizaciones y lderes polticos que de ningn modo, en rigor o incluso con escaso rigor, y por demediado que sea nuestro concepto de democracia, pueden ser designados de ese modo. O, en segundo lugar, el perverso uso, tan frecuente como impropio, de trminos como socialista, socialismo, laborismo o afines para hablar de organizaciones y aspiraciones polticas que no tienen nada que ver, ms bien lo contrario, con las finalidades asociadas a esas tradiciones de emancipacin y transformacin social. Hay alguna forma razonable, que no sea mera publicidad poltica interesada, de llamar socialista al comportamiento poltico de, pongamos por caso, el seor Anthony Blair? A las polticas del vicepresidente econmico de varios gobiernos del socialista Rodrguez Zapatero se las puede caracterizar de ese modo? A las orientaciones de poltica educativa del conseller Maragall se las puede llamar socialistas? Al mismo gobierno o partido del que forma parte? No parece, no es fcil ver una forma consistente de hacerlo.

No son esos los ejemplos citados por el doctor Navarro. l habla de las dictaduras comunistas y del descreimiento ideolgico-cultural de todos sus dirigentes. Paso por alto la extraa comparacin entre el Gorbachov de 1991 y el Stalin de 1924, sorprende que, sin aclaracin alguna, Navarro afirme que a aquellas sociedades se les sigui llamando comunistas hasta el final (lo hizo as la publicidad tardocapitalista de la guerra fra pero, en el mbito socialista-comunista, fueron legin las voces que se manifestaron contrarias a tal designacin), pero, sea como fuere, no estoy seguro que ese descreimiento fuera as en todos los casos ni que se pueda aplicar, sin ningn matiz, el trmino dictadura comunista a todas las sociedades del Este de Europa de aquellos aos a las que creo que apunta de forma global Vicen Navarro.

Que numerosas personas -militantes o no en partidos que dirigan aquellas sociedades con mano de hierro y con serrn en el cerebro en ocasiones- creyeron hasta el final en valores y finalidades socialistas est fuera de toda duda. Los ejemplos se agolpan. Sostener que aquellas sociedades fueron algo ms, mucho ms, que dictaduras comunistas me parece de simple justicia histrica y conceptual. Que algunos dirigentes, sin poder precisar ms, sin poder indicar porcentajes ni influencia real, creyeron hasta el final en que estaban embarcados en un combate contra el capitalismo y el imperialismo, no debera ofrecer un rechazo de entrada (hay indicios de ello) y s, en cambio, programas de investigacin que permitieran realizar balances histricos equilibrados de aquellas experiencias. No todos los gatos fueron grises, no todos quisieron cazar ratones ni conquistar privilegios fuera como fuese.

Es cierto que esa coherencia ideolgica no siempre fue ni es admirable poltica ni ticamente. Sin atisbos de duda. Vasil Bilak, un dirigente checoslovaco beligerante con la primavera de Praga, falsario en ms de una ocasin con Alexander Dubcek, probablemente crey, y tal vez siga creyendo, que su posicin poltica no slo fue justa y necesaria para la salvacin de su pas sino que, adems, representaba la autntica tradicin comunista. Probablemente fuera as, sin poder corroborarlo. Saramago ya lo advirti: la ceguera ciega. Pero no todos los dirigentes comunistas estaban ciegos, no todos vivan cmodamente instalados en un hipcrita y falsario mar de inconsistencias, no todos fueron miembros de un conjunto alfico de indocumentados irresponsables y no todos tuvieran el mismo comportamiento ruin en unas circunstancias donde los testaferros del Imperio tena pintada en su frente, con letras negras y smbolos blicos, la consigna que los enchufaba y movilizaba: Hay que destruir cualquier vestigio que recuerde que los cielos pueden ser asaltados comunitariamente y en beneficio de eso que alegremente cantan y llaman la Internacional, el gnero humano.



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