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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2009

La educacin en almoneda, la fbrica de tecncratas y la tortura de las almas

William Astore
CounterPunch


Difcilmente pasa una semana sin que se registren titulares sobre el fracaso del sistema educativo norteamericano. Nuestros estudiantes no tienen buenos resultados en matemticas ni en ciencias. La tasa de abandonos en la educacin secundaria es demasiado alta. Los estudiantes de los grupos minoritarios se estn quedando rezagados. Cuando no se presenta a los profesores como znganos excesivamente bien pagados atrincherados en cargos vitalicios, se los pinta como santos mal retribuidos a merced de unos gestores indolentes y de unos padres impertinentemente hostiles.

Desgraciadamente, ninguno de esos titulares acierta a plantear la cuestin fundamental: para qu sirve la educacin? Muchas de las llamadas instituciones de educacin superior de nuestros das ofrecen a los estudiantes una respuesta expedita: para conseguir un mejor puesto de trabajo, para lograr un salario ms alto, para hacerse con unas aptitudes que respondan mejor a las necesidades de los mercados y para conseguir unos ttulos ms atractivos. Tanto ms ahora, en un mercado laboral en colapso.

Y yo, que he tenido una vida no precisamente bohemia 20 aos como militar en cativo y 10 aos como profesor universitario, estoy convencido de que la educacin norteamericana, y aun reconociendo que nos halamos en tiempos muy malos, en tiempos en que el grueso de los estudiantes necesitan desesperadamente encontrar un puesto de trabajo, es demasiado utilitaria, vocacional y estrecha. Sencillamente, no basta con preparar a los estudiantes para un puesto de trabajo: necesitamos prepararles para la vida, acucindoles a pensar ms all de las fronteras trazadas por sus orgenes parroquianos y provincianos. (Procedente de una clase obrera provinciana, hablo por experiencia.)

Y hay una leccin obligada que todos nosotros, estudiantes y profesores, tenemos que aprender y reaprender constantemente, a saber: si se ve la educacin en trminos puramente instrumentales, como una va para acceder a mejores ingresos, si se trata meramente como un mecanismo de produccin de mercancas en masa para un mercado de efmeros bienes de consumo, entonces se ha franqueado ya el camino para la marcha triunfante de la maquinaria del poder y de quienes la manejan.

Tres mitos de la educacin superior

Tres mitos sirven para restringir nuestra educacin a lo estrechamente utilitario y prctico. El primero, particularmente difundido entre los crticos de orientacin conservadora, es que nuestro sistema de educacin superior es demasiado liberal y est completamente dominado por radicales anti-mercado y refugiados marxistas de los 60 que, como tantos otros Ward Churchills, lo que hacen es adoctrinar a nuestra juventud para que odien a los EEUU de Amrica.

Tonteras.

Los estudiantes de secundaria de nuestros das lo que son es adoctrinados en la idea de que necesitan conseguir titulaciones que funcionen (la consigna official de la institucin en la que yo trabajo). Se les ensea a medir su propio valor conforme al salario que recibirn cuando salgan de la vida acadmica. Se les urge a ser aprendices de por vida, no porque aprender genere un dinamismo de cambio y sea disfrutable en s mismo, sino porque estar al tanto es mantenerse competitivos en el mercado global. (Se calla por sabido que estar al tanto difcilmente evitar que tu puesto de trabajo sea deslocalizado y trasladado all donde se halle el postor que haga la oferta ms barata.)

Y hay un segundo mito, ms difundido an y procedente del mundo de la tecnologa: las aptitudes tcnicas son la clave del xito y de la vida misma, y quienes se hallan en el lado equivocad de la divisoria digital estn condenados a vidas miserables. De eso se sigue necesariamente que los computadores son una panacea, que introducir en el aula la tecnologa correcta y ponerla en manos de los estudiantes y de los profesores resuelve todos los problemas. La clave del xito, en otras palabras, son las pantallas interactivas inteligentes, no los profesores inteligentes en interaccin con estudiantes curiosos. Consecuencia: dosis de lecciones enlatadas servidas con eficiencia PowerPoint y estudiantes que se esfuerzan como robots en copiar todo lo que aparece en las diapositivas, cuando no se limitan a exigir que todas las presentaciones se cuelguen en el servidor local.

Un extra de ese enfoque es que los institutos de enseanza secundaria pueden medir ms fcilmente (o evaluar, como ellos dicen) cuntas aulas tienen conectadas a la red, cuntas lecciones on-line imparten, incluso cunto dinero reportan sus profesores a la institucin. Con esas y otras mtricas en mano, puede reclutarse, o retenerse, a estudiantes y a padres, con datos de aparente autoridad: tasas de xito en la colocacin laboral, remuneraciones salariales promedio de los graduados, incluso tasas de satisfaccin de los alumnos (que arrojan, normalmente, sus mejores resultados cuando su equipo de ftbol va ganando).

Un tercer mito muy difundido que se abre camino hacia la educacin superior desde el mundo militar y desde el mundo de los negocios es el siguiente: si no es cuantificable, no es importante. Con tal formato mental, la anticuada idea de que la educacin tiene que ver con el troquelado del carcter, con la formacin de una identidad moral y tica, o aun con el logro de una personalidad autoconsciente, se despea por un derrotadero. Despus de todo, cmo podran cuantificarse en trminos de objetivos evaluables rasgos tan elusivos? Cmo presentar esas difcilmente metrizables propiedades en unos folletos de marketing, o en encendidos comunicados de prensa, o en impactantes DVDs destinados a competir en el encandilamiento de potenciales estudiantes y de sus angustiados padres, a fin de que suelten grandes cantidades de dinero para asegurarse un futuro lucrativo?

Tres realidades de la educacin superior

Qu tienen que ver la tortura, una recesin descomunal y dos guerras debilitadoras con nuestro sistema educativo? Digo yo: mucho! Son las tres realidades ms inmediatas de un sistema que fracasa en la tarea de desafiar, o hasta de criticar, de alguna manera mnimamente significativa a la autoridad. Carencia debida en gran parte al sesgo tecnocrtico de este sistema y a sus insuficiencias pedaggicas: debida, esto es, a lo que se nos ensea a ver y a no ver, a apreciar y a no apreciar, a valorar y a despreciar.

En las dos ltimas dcadas, la educacin superior, como el mercado inmobiliario, disfrut de su propia burbuja de crecimiento: matriculaciones crecientes, lujosas instalaciones de alta tecnologa y dotaciones hinchadas como globos. Los norteamericanos invirtieron mucho en esos productos derivados como parte de un incremento educativo que puede terminar resultando tan caro y tan unidimensional como nuestros incrementos militares en Irak y Afganistn.

Como de costumbre, se consinti el deterioro de las humanidades. Qu no se sabe mucha historia? Pues nada, adelante y autorcese la tortura del submarino, que los EEUU persiguieron como un crimen despus de la II Guerra Mundial. Qu no se sabe mucha geografa? Pues nada, adelante, y envense tropas al montaoso Afganistn, ese cementerio de imperios, para que se las trague el terreno mientras luchan en una guerra aparentemente interminable.

Tal vez est yo sesgado porque enseo historia, pero obsrvese el hecho siguiente: a menos que un cadete de la Academia de las Fuerzas Areas (en donde yo di clase) decida especializarse en el asunto, nunca tendr que rendir examen de un de historia de los EEUU. Sin embargo, a los cadetes se les exige la matrcula en un mareante rimero de cursos sobre distintas disciplinas de ciencia y de ingeniera, as como de clculo. O, civiles, pensad esto: en el Pennsylvania College of Technology, en donde ahora doy clase, de los cerca de 6.600 estudiantes actualmente matriculados, slo 30 optaron este semestre por un curso de historia de los EEUU desde la Guerra Civil, y slo a tres se les exigi acadmicamente hacerlo.

No tenemos que preocuparnos porque nuestros graduados olviden las lecciones de la historia, porque nunca llegaron a aprenderlas.

Nuevas gafas de sol

Una actitud muy extendida en la educacin superior de nuestros das es esta: los estudiantes son clientes a los que hay que gratificar con profesores y gestores orientados al servicio. Por eso, en gran medida, al menos en mi institucin, los asuntos ms acaloradamente debatidos en el Consejo estudiantil no son las guerras del gobierno, la tortura o los rescates bancarios, sino la falta de estacionamiento y la calidad de la comida servida en la cafetera.

Es mucho decir, pero mientras sigamos tratando a los estudiantes como clientes y a la educacin como una mercanca, nuestras esperanzas de cambios verdaderamente sustantivos en la direccin de nuestro pas se vern frustradas. Mientras la educacin est gobernada por imperativos tecnocrticos y por la tirana de lo prctico, nuestros estudiantes fracasarn a la hora de hacer suyo el precioso objetivo sentado por Scrates: concete a ti mismo, y as, tus propios lmites y los de tu pas.

Saber cmo salir airoso o cmo salir adelante es una cosa, pero conocerte a ti mismo es luchar por reconocer las propias limitaciones y las propias ilusiones. Ese conocimiento es perturbador, peligroso incluso: como las gafas de sol furtivamente regaladas por Roddy Piper en la pelcula de serie B They Live (1988). En el caso de Piper, las gafas revelaban una pesadilla en blanco y negro, un mundo en el que una elite aliengena rapaz manejaba las palancas del poder, al tiempo que unos humanos semejantes a un rebao de corderos pastaban pasivamente, mecidos por consignas que les incitaban a la conformidad, el consumo, la vigilancia, el matrimonio y la reproduccin.

Como esas gafas de sol, la educacin debera ayudarnos a vernos a nosotros mismos y a nuestro mundo de maneras frescas y aun perturbadoras. Si, como nacin, estuviramos educados de manera adecuada, la nica tortura en marcha sera la que aconteciera en nuestros propios corazones y en nuestras propias mentes: una lucha contra la aceptacin del mundo tal y como nos lo empaquetan y venden los pragmatistas, los tecncratas y todos quienes creen que la educacin no es sino un pasaporte al xito material.

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Texto tomado de http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2605

William Astore, coronel retirado, ense seis aos en la Air Force Academy de los EEUU. Profesa actualmente en el Pennsylvania College of Technology. Escribe regularmente en TomDispatch , The Nation, Salon.com, Asia Times y Le Monde Diplomatique.

Traduccin para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench



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