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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2004

Los transgnicos: Solucin o problema?

Manuel Moncada Fonseca
Rebelin


La discusin en torno a los organismos genticamente modificados (OGM) va ms all de consideraciones cientficas, tcnicas o acadmicas. De hecho, su fondo es poltico-ideolgico. Porque los grandes productores, comercializadores y, por ende, promotores de los OGM son las empresas transnacionales, cuyos propsitos no son, ni por cerca, humanitarios, sino estrictamente comerciales. As las cosas, conocindose que el actuar pasado y presente de estas fuerzas dueas del mercado ha sido por completo contrario a los intereses de la humanidad, es iluso pensar que su nueva oferta, los OGM, pueda ser benfica para el medio ambiente, para las plantas, los animales o el ser humano. Prueba de ello es que son primordialmente los investigadores de las transnacionales los que realizan una permanente labor de proselitismo en favor de los transgnicos que deja fuera de todo anlisis los daos que stos causan y puedan causar al medio ambiente, a la biodiversidad y a la soberana alimentaria
de los pueblos. Bajo estas circunstancias, organismos encargados de la proteccin al medio ambiente, de velar por la independencia real de los pueblos y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) se pronuncian por la aplicacin del principio precautorio en relacin con el consumo de transgnicos, hasta tanto no se conozcan a profundidad los efectos reales que pueden derivarse de su consumo y se llegue a un consenso alrededor de ello; y mientras el sesgo librecambista y de apropiacin de los bienes naturales -a travs de las patentes-, no sea plenamente superado.

El fondo del problema

La controversia alrededor de los transgnicos no tiene que ver precisamente conque si los organismos genticamente modificados (OGM) deban o no satanizarse, ni por ende, conque si son o no benficos para la salud y la alimentacin humana. La tecnologa en general, incluyendo la biotecnologa, no es en s misma, buena ni mala. El problema es en esencia de otra ndole: El control monoplico que sobre la tecnologa, en todas sus variantes, tienen las grandes transnacionales. Este y no otro es, por tanto, el centro del debate.

Todo estriba en que por ms que parezca lo contrario, nadie acta inocuamente, en un plano estrictamente cientfico, acadmico o neutral, porque siempre se inclina de lado de unos u otros intereses. Actuando de hecho en favor de las transnacionales, aunque diga estar dedicada al bienestar de la humanidad en cosas de agricultura y alimentacin, la FAO recientemente present un informe que rechazaron 650 organizaciones de 83 pases por avalarse en l, bajo supuestas consideraciones cientficas, la produccin de transgnicos. Y pese a que cada vez ms gente reconoce que el sistema de patentes, entre otras las de los OGM, va en contra del desarrollo de los pases del Tercer Mundo, la FAO se coloca en este punto de parte de las transnacionales y en contra de los propios gobiernos miembros de este organismo de la ONU.

Sera iluso pensar que un capital transnacional tenga propsitos humanitarios y no estrictamente comerciales. La experiencia histrica demuestra con creces que detrs de las transnacionales slo se esconden protervos intereses comerciales que, en aras del control monoplico de la riqueza y del dominio mundial, son los que han desatado las guerras ms devastadoras que la humanidad haya conocido. La guerra contra Iraq es tan slo una muestra ms de ello. De hecho, como sealan los autores estadounidenses Scout Nearing y Joseph Freeman (1973), no ha existido una lnea divisoria entre los intereses comerciales y las intervenciones poltico-militares. En el caso de Nicaragua, la United Fruit Company aport barcos que transportaron hombres y municiones para derrocar al rgimen burgus nacionalista de Zelaya. Y hoy ocurre igual que ayer: Cuando los grandes intereses transnacionales no logran imponerse por las buenas, recurren abierta o solapadamente a las armas, como est ocurriendo en Colombia, donde esas empresas estn contratando paramilitares que resguarden las zonas en que ellas tienen intereses econmicos estratgicos (Rebelin, 25 de septiembre de 2004).

No debe provocar asombro alguno que los que apenas ayer, bajo el supuesto afn de eliminar el hambre y la desnutricin envenenaban al mundo con sus agroqumicos, afectando al medio ambiente en su conjunto; hoy prometan lo mismo con sus transgnicos, con sus semillas, fertilizantes y qumicos mortales, para todo lo cual imponen el libre mercado y multas millonarias para quienes afecten sus intereses. Y, por si fuera poco, esas mismas fuerzas pretenden despojar despiadadamente a los pueblos de su soberana alimentaria para arrodillarlos por hambre.
Valorndose el nivel de dominio que el capital internacional ha logrado imponer sobre el planeta, en el artculo La Ingeniera Gentica y la Nanotecnologa Pasos en el camino de Artificializacin de la Humanidad, de la Naturaleza y de La Tierra, se establece que si la humanidad se haba enfrentado a una domesticacin generalizada de mentes, animales, vegetales, ecosistemas y procesos, ahora, en cambio, el hombre y todo lo que le rodea se enfrenta a la manipulacin ntima de la materia de la que estamos formados, manipulacin a escala industrial y al servicio de la dominacin civilizadora del actual mundo corporativizado. Y ms adelante se anota: en un futuro que de hecho es ya un ahora a los privilegios socioeconmicos se aadirn los privilegios genticos, y en una lejana cada vez menos lejana la posibilidad de una humanidad de primera, (a la par de) una humanidad de segunda.

Se puede entonces creer en los cantos de sirena que entonan las transnacionales y sus aclitos locales en relacin con los transgnicos?

La contaminacin transgnica y sus riesgos


Guliaev (1977), autor sovitico, sostena a fines de los setenta que, en un futuro cercano, el descubrimiento de la transcripcin recproca convertira en realidad la ms avanzada ingeniera gentica, sintetizando los genes necesarios e insertndolos en un gen del organismo en que se espera modificar, agregar, o corregir uno de sus rasgos. Pero, al mismo tiempo, anotaba que la transferencia de un gen a una clula ajena estaba vinculada con la superacin de una serie de dificultades tcnicas; que aislar o sintetizar un gen necesario o un conjunto de genes por medios qumicos o a travs de la fermentacin no era menos complejo. No obstante, las mayores complicaciones surgan en relacin con la necesidad de adaptacin del gen introducido a un nuevo medio fsico y gentico. Cul es en la actualidad el orden de dificultades que la transgnesis implica? Por lo visto el fenmeno indicado ha resultado incomparablemente ms complicado de lo que planteaba Guliaev, por mucho que haya cientficos expresando lo contrario.

En pases como Estados Unidos, actualmente la ingeniera gentica se utiliza para producir maz de bajos costos y algodn con una drstica reduccin de las plagas que lo atacan y con capacidad para prescindir del uso de pesticidas. En el mercado ya hay en existencia toda una diversidad de OGM, lo que va desde microorganismos hasta mamferos. Incluso existen patentes de genes humanos.

Pero resulta insuficiente an el conocimiento sobre los OGM. Como sealan muchos investigadores -por ejemplo, la catedrtica Carolina Vega, de la Universidad Nacional Agraria (UNA)-, la modificacin gentica aplicada en variedades de plantas atae, por ahora, slo a sus caractersticas genticas relativamente simples. El gran problema de ello radica en que se desconocen casi por completo, los efectos que pudiera acarrear la contaminacin gentica, ya comprobada y registrada, sobre el medio ambiente.

Lorna Haynes anota que en EEUU un estudio sobre cultivos supuestamente no-transgnicos encontr contaminacin gentica en 50% de las muestras de maz y soya, y en el 100% de las de colza. La autora se cuenta entre los especialistas que consideran que la contaminacin gentica, con genes de tolerancia a herbicidas, puede dar lugar a sper-malezas difciles de eliminar. Y no se puede descartar el riesgo, anota, de que estos cultivos contaminen genticamente a los cultivos destinados al consumo humano y que entren en la cadena alimenticia por error o negligencia, produciendo alimentos contaminados con frmacos u otras substancias de uso industrial, como ya ocurri con el maz Starlink.

En el ya citado artculo sobre la Ingeniera Gentica y la Nanotecnologa se seala que este maz transgnico contamin en EEUU la cadena alimentaria humana (productos Kraft), con una protena de la que se sospecha una condicin alergognica, lo que oblig a que se retiraran del mercado ms de 300 productos. Adems, dicha contaminacin apareci por todas partes, afectando de esta forma incluso a variedades alejadas del maz. Y esto no constituye un caso aislado de contaminacin, porque sta se ha detectado igualmente en variedades silvestres de maz en estados mejicanos como Oaxaca y Puebla, as como en muchas otras partes del orbe. Lo mismo puede decirse de la colza en Europa, del algodn en la India y de alimentos aportados como ayuda a Amrica del Sur y frica.
El asunto de la tolerancia a un herbicida no puede contemplarse como algo secundario porque ello lo dice todo: El predominio de la tolerancia a un herbicida es prueba fehaciente, sostiene Liliane Spendeler, de que los intereses de las grandes corporaciones no se centran en la conservacin de la biodiversidad, la sostenibilidad de la agricultura, la proteccin del medio ambiente, la reduccin de los perodos de hambruna y la erradicacin de la pobreza, como quiere hacer creer el Servicio Internacional para la Adquisicin de Aplicaciones Agrobiotecnolgicas (ISAAA), encargado exclusivo de proporcionar los datos sobre la extensin de los cultivos transgnicos en el mundo. De lo que se trata es de volver cada vez ms rentables las semillas transgnicas, vendiendo productos asociados como los herbicidas. Para el caso de Mesoamrica, sealaba Allan J. Khruska (1996), en el Taller Plantas Transgnicas Bacillus thuringiensis en la Agricultura Mesoamericana, probablemente el ms grande peligro que los OGM presentan a esta regin es la posible creacin de nuevas malezas y la erosin de la diversidad gentica debido al intercambio gentico entre plantas transgnicas y plantas silvestres.

Se recalca que al encontrarse la ciencia gentica an en su infancia, no conoce mucho acerca de las consecuencias de la manipulacin gentica. As las cosas, junto al gen que se desea introducir en una especie, se introducen otros genes promotores y marcadores. La transferencia de grandes bloques de genes de una a otra planta siempre se produce tambin en todo cruzamiento. Por si fuera poco, no se cuenta an con la informacin necesaria para determinar los efectos de los transgnicos sobre el ser humano. Ello porque casi no hay financiamiento para realizar investigaciones independientes y porque los reportes sobre los riesgos carecen de seguimiento adecuado.
Segn muchos estudiosos, como la ya citada Lorna Haynes, los transgnicos pueden cambiar las propiedades nutritivas de los alimentos, aunque las empresas promotores de transgnicos sostengan lo contrario, propiamente que los cultivos transgnicos son esencialmente idnticos a los cultivos no-transgnicos; que su composicin en carbohidratos, aceites y otras sustancias, no difiere significativamente entre uno y otro tipo de cultivo. Pero siendo estos cultivos realmente muy distintos entre s, las nuevas interacciones entre sus genes podran alterar la produccin de nutrientes y anti-nutrientes en la planta suprimiendo, reduciendo o aumentando la actividad de los respectivos genes asociados. Sin embargo, por lo general, es aceptada la imposibilidad para evitar la contaminacin gentica y, por tanto, la de que los cultivos transgnicos y los no-transgnicos puedan coexistir. Haynes agrega que la contaminacin gentica es irreversible; imposible de controlar y que las semillas que surgen de este tipo de interaccin son tambin transgnicas.

La misma autora sostiene que el polen del maz transgnico Bt resulta txico para determinados insectos benficos y que los exudados de sus races son txicos para algunos microorganismos del suelo; que la presencia de toxinas Bt. en los cultivos inhibe la descomposicin de su materia orgnica, eslabn del ciclo planetario del carbono.
En su artculo Transgnicos, salud y contaminacin, Silvia Ribeiro pone sobre el tapete que las familias del pequeo pueblo de Mindanao, en Filipinas, que viven alrededor de unos campos de maz transgnico, comenzaron a mostrar problemas respiratorios e intestinales, con fiebre y reacciones en la piel, durante el perodo en que se registra la mayor cantidad de polen de maz en el aire. Se procedi entonces a tomar pruebas de sangre a los afectados, detectndose en ellas anticuerpos IgA, IgC e IgM, indicadores de respuesta inmunolgica a la presencia de la toxina Bt., justamente la del maz transgnico sembrado en los campos indicados.

En relacin con este peligro, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUD), asumiendo una posicin diametralmente opuesta a la de la FAO, hizo en febrero del presente ao, en Mxico, una seria advertencia en su informe GEO 2003 (Consumers International, enero-abril 2004). En ste se acusa que la posibilidad de que genes modificados pasen sin control alguno de una especie a otra es un riesgo real que amenazara la biodiversidad que es fundamental para la seguridad alimentaria de la humanidad. El informe expresa as mismo que, en el debate sobre los transgnicos interfieren posiciones polarizadas y grandes intereses comerciales, por lo que el principio precautorio debera aplicarse como regla principal hasta que exista un consenso cientfico sobre el tema.

Por ello resulta irresponsable que J. Antonio Serratos Hernndez (1996), del Programa de Biotecnologa, valle de Mxico y del Instituto de Investigaciones, Forestales, Agrcolas y Pecuarias, Mxico, haya expresado en el Taller Plantas Transgnicas Bacillus thuringiensis en la Agricultura Mesoamericana que en el CNBA de su pas no se desea imponer barreras al desarrollo de la biotecnologa. Por lo mismo, suena quimrico o al menos ingenuo que haya quienes, haciendo abstraccin del dominio que las grandes transnacionales ejercen sobre los pases tercermundistas, anoten como Mark E. Whaloon y Deborah L. Norris (1996), participantes del mismo taller, que a medida que los OGM se registren y comercialicen en tales pases necesitarn determinar el uso apropiado de esta tecnologa y cada pas tomar en cuenta su propia y nica realidad poltica y socioeconmica. Ms quimrico resulta, sin embargo, que los mismos autores expresen que lo ideal sera que los pases en desarrollo trabajaran a la par de las compaas de semillas para formar una sociedad y as asegurar el uso propio y manejo de las semillas transgnicas. Ello equivale, ciertamente, a meterse en la boca del lobo.

Crtica a los partidarios de la manipulacin gentica

Ante los planteos de Norman Borlaug -padre de la Revolucin Verde de los aos 50s y 60s y defensor de una segunda revolucin verde-, Lorna Haynes sostiene que sus premisas son falsas:

1. El problema del hambre se solucionar produciendo ms alimentos, afirma Borlaug; sin embargo, actualmente se produce ms alimentos del necesario para alimentar a todo el mundo. Empero 40% del maz producido se destina a la alimentacin de animales, lo cual evidencia que no se trata simplemente de producir ms alimentos. Las corporaciones encargadas de producir transgnicos saben esto, seala la especialista, haciendo la siguiente cita de Steve Smith, director de la compaa de biotecnologa Novartis: Si alguien le dice que la manipulacin gentica va a alimentar al mundo, dgales que no lo har. -Para alimentar al mundo, se requiere de voluntad poltica y financiera- no se trata de produccin.

2. La agricultura transgnica aumentar la productividad, mantiene Borlaug. No obstante, estudios demuestran que: Los transgnicos no rinden ms que los cultivos naturales; pueden ser ms contaminantes e introducen nuevos riesgos; la productividad no es una caracterstica de una planta asociada a un slo gen cuya insercin pueda darle esta caracterstica. Por ello, no es objeto de desarrollo por parte de las empresas, cuya poltica se concentra en rasgos controlados por un slo gen, ya que ello s resulta rentable.

En Centroamrica organismos de la sociedad civil y movimientos ambientalistas, como la Red Ciudadana frente a los Transgnicos en El Salvador, acusan que se est haciendo hincapi en los beneficios potenciales que los OGM encierran para los pases, pero soslayando los impactos que pudieran tener en la salud, el medio ambiente y la economa, que a su entender son muchos. En este pas centroamericano, un 80% de los alimentos consumidos son o contienen elementos transgnicos; se mencionan como ejemplos el aceite de canola, el cereal de trigo, la soya y algunos frmacos.

El ingeniero agrnomo y profesor de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Panam, Pedro Rivera Ramos, despus de plantear que la principal caracterstica del proceso que hoy se desenvuelve es que por primera vez se hace posible una transferencia gentica horizontal que implica el intercambio de material gentico de animales a plantas y viceversa -ponindose as fin a las insuperables barreras que la misma evolucin haba impuesto-, hace, con franqueza sea dicho, un profundo razonamiento que merece tomarse muy en cuenta: A los partidarios y entusiastas de estas tcnicas de manipulacin gentica, no parece haberles importado demasiado este comportamiento tan precavido y tan asombroso de la Naturaleza.

El problema de la seguridad alimentaria

Gran parte del problema del hambre descansa en que el sistema agroalimentario est en manos de unas pocas corporaciones transnacionales que controlan el suministro de alimentos desde la semilla hasta el producto (Monsanto, Cargill; Syngenta, Dupont, Archer Daniels Midland, etc.), cuyo inters primordial no es resolver los problemas del hambre, sino obtener cada vez mayores ganancias. De estas empresas, Monsanto es la que vende incomparablemente ms semillas transgnicas: Su informe anual la cataloga como el lder mundial en agricultura biotecnolgica y sostiene que sus variedades cubren ms del 90% de la superficie total sembrada con cultivos transgnicos. Para colmo de males, acusa Liliane Spendeler, Monsanto est llevando hasta el extremo su afn por las patentes, ya que denuncia a los agricultores que han visto sus campos contaminados por semillas transgnicas patentadas por utilizarlas sin pagarlas!. Priva de esta manera a los agricultores del derecho fundamental a guardar, mejorar, utilizar e intercambiar sus propias semillas.

Es en verdad alarmante lo cada vez ms lejos que da a da avanza la apropiacin capitalista. El seis de mayo del presente ao, la Monsanto consigui hacer valer su patente de especie (PE 301 749 de 1994) para toda la soja transgnica. Ello significa que, desde ahora, esta especie se encuentra en manos de una corporacin, que gracias a ello controla, un 50% de la soja a escala internacional.

En correspondencia con lo anteriormente expresado, en las conclusiones de un panel sobre transgnicos promovido por el Consejo Nacional de Universidades (CNU), efectuado en la Universidad Politcnica de Nicaragua, en parte se concluy que la raz del hambre y la desnutricin no es la carencia de alimentos, sino la falta de acceso a los mismos. Esto ltimo est, a su vez, condicionado por la pobreza y la enorme diferencia de ingresos entre los ricos y los pobres del mundo, y se ve agravado por la situacin de conflicto armado y degradacin ambiental.

Con la contaminacin gentica se puede perder definitivamente la opcin y el derecho a consumir alimentos libres de transgnicos. En Mxico, centro de origen y diversidad del maz, muchas variedades tradicionales de maz ya estn contaminadas con maz transgnico Bt (Bacillus thuringiensis). Ello constituye una prdida irreversible de este patrimonio humano, fuente nica para el desarrollo de nuevas variedades. Las variedades de maz existentes en Mxico, aporta Carmelo Ruiz Marrero, se desarrollaron buscando resaltar rasgos favorables como su valor nutricional, la tolerancia a suelos cidos o salinos, la resistencia a sequas, heladas o vientos fuertes, su inmunidad a enfermedades, y otros; existe incluso una variedad, agrega, que puede fijar su propio nitrgeno.

De gran importancia en el debate sobre los transgnicos es, pues, lo relativo a la seguridad alimentaria. Aurelio Surez Montoya, en su artculo El debate y la resistencia en la globalizacin de la agricultura, expone que los librecambistas reducen unilateralmente este asunto tan vital a la disponibilidad que tengan las naciones para acceder a los alimentos, lo que al entender de los mismos se garantiza por el libre comercio que, pretendidamente, permite a las naciones que no son autosuficientes en la produccin alimenticia subsanar sus carencias comprando a quien posea en exceso los gneros principales de la dieta bsica. No obstante, la experiencia de Gambia, por ejemplo, es en este sentido aleccionante. El colonialismo oblig a este pas a pasar de su condicin de gran productor de arroz, agrega el mismo autor, a la de productor de almendras, obligndolo luego a minimizar el hambre sobre su territorio importando arroz.

En este sentido, en el debate sobre transgnicos en la UPOLI al que ya se hizo referencia, se plante que si los OGM se desarrollan y aplican sin tener en cuenta la proteccin de la biodiversidad, en particular si se desarrollan exclusivamente para los monocultivos intensivos, representarn un peligro todava mayor para una agricultura basada en la diversidad. En el mismo foro, se advirti que los monopolios nunca han sido benficos porque atan a los pueblos al privarlos de la capacidad de decisin. Del rico historial de abusos de las transnacionales dueas de patentes, en especial la Monsanto, se derivan consecuencias preocupantes. Propiamente se trata de que, de imponerse la voluntad de las trasnacionales, las economas pobres quedaran an ms sometidas a sus dictados, recurriendo a la propiedad de sus patentes. Lograran as uniformar a los pases, indicndoles qu, cmo y cundo sembrar, as como el precio a pagar. Si a esto le unimos los subsidios agrcolas que los pases desarrollados pagan a sus productores, veremos que el sometimiento de la periferia al centro ser an mayor, leemos en las conclusiones de dicho debate. A lo anterior se agrega que la firma del CAFTA en lo tocante a los transgnicos, se destina a lograr su libre produccin y comercializacin, sin que sea posible aplicarles regulaciones legales de ningn tipo.

Ante la amenaza que representan las grandes corporaciones de transgnicos para la soberana alimentaria de los pueblos, Va Campesina (movimiento internacional que coordina organizaciones campesinas de Asia, frica, Amrica y Europa), define la Soberana Alimentaria como el derecho de los pueblos, de sus pases o uniones de Estados a definir su poltica agraria y alimentaria, sin dumping frente a terceros pases.

El mismo movimiento desenvuelve el concepto de Soberana Alimentaria explicando que ste va ms all del concepto de Seguridad Alimentaria que se limita a asegurar que se produzca suficiente cantidad de comida con garanta sanitaria, pero sin considerar la comida que se produce y obviando cmo, dnde y en qu escala producirla. Para este movimiento, la Soberana Alimentaria involucra entre otras cosas, dar prioridad a la produccin agrcola local para alimentar a la poblacin; el acceso del campesinado a la tierra, al agua, a las semillas y al crdito; su derecho a producir alimentos y el de los consumidores a decidir lo que quieren consumir y cmo y quin se los produce; el derecho de los pases a protegerse de importaciones agrcolas y alimentarias muy baratas; precios sobre los productos agrcolas vinculados con los costos de produccin; participacin real de los pueblos en la definicin de polticas agrarias.

La alternativa agroecolgica

A la hora de examinar el problema del hambre, es esencial considerar los sistemas agrcolas que se proponen para ello. El de la de la Revolucin Verde es uno de ellos, pero ya se conocen sus impactos negativos en el ambiente y en las condiciones socio-econmicas predominantes en el Sur. Baste sealar para el caso de Nicaragua, lo que acota Edgardo Garca, quien recuerda lo siguiente:

en esa zona algodonera (la de Occidente) el hombre del campo ni siquiera animales domsticos poda criar, porque la fumigacin acab con los peces de los ros () el veneno envenen los ros, mat los peces () acab con los pjaros, termin con el ganado, con algunos animales, vacas que poda criar el campesino, arras con las gallinas, con los chanchos () con el perro () compaero del hogar de los trabajadores del campo. Las secuelas de esa contaminacin, como se sabe, se hacen sentir hasta el da de hoy: Al respecto, el terrible drama de los afectados por el Nemagn es ms que elocuente.

Conviene, entonces, considerar el enfoque tecnolgico propuesto por la Agroecologa, porque, como sealan Altieri y otros autores, basndose en la experiencia de muchos pueblos del mundo:

a) Es un camino alternativo a la productividad (intensificacin agrcola); se fundamenta: en el conocimiento agrcola del lugar y en tcnicas que se adecuan a las condiciones locales; en el manejo de diversos recursos e insumos de la unidad productiva donde se aplica y en la incorporacin de los principios y recursos biolgicos -aprovechables por los sistemas agrcolas- en el conocimiento cientfico actual.

b) Ofrece la nica va prctica de recuperacin real de tierras cultivables degradadas por prcticas convencionales.

c) Es la nica manera segura de preservar el ambiente y es un sistema solventable para los pequeos productores de las zonas marginales, con lo que stos pueden intensificar su produccin de forma sustentable.

d) Slo este sistema hace posible la reversin de la tendencia contra los trabajadores rurales, propia de aquellas estrategias que hacen hincapi en la adquisicin de insumos y maquinaria.

Finalmente, debemos decir que no se duda que los transgnicos, en s mismos, podran ser potencialmente beneficiosos para la humanidad en su conjunto, pero, hoy por hoy, en manos del capital transnacional, representan incomparablemente ms riesgos que beneficios y una amenaza directa a la soberana alimentaria de los pueblos del mundo. Este y no otro es el quid del asunto. Por ello se impone la necesidad de rechazar su promocin y consumo; as como profundizar su investigacin hasta niveles que superen notablemente su estado actual, librndola eso s, del sesgo librecambista que hoy le imponen las grandes transnacionales.

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