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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2009

Sociedad de masas

Carlos X. Blanco
Rebelin

Fanatismo de los seguidores del ftbol, una masa manipulable creada por los poderes; una agresividad colectiva canalizada con la misma eficacia que los comportamientos de consumo


Carlos X. BlancoTodo el mundo sabe que vivimos en una sociedad de masas. Es muy conocido el tpico de la individualidad sumergida en una masa que es capaz de anular, de hacer desaparecer al sujeto individual en medio de ruidos y muchedumbres. En gran medida vivimos dentro de una espiral que Veblen analizaba por medio de dos categoras: trabajo y trfago. La gente, dentro de la sociedad de masas, realiza fundamentalmente dos tipos de operaciones: trabajar e ir de un lado para el otro.

El trabajo es la categora marxista fundamental para comprender la historia y la sociedad. Constituye, segn Marx, el metabolismo entre el hombre y la naturaleza. Antes, durante y despus del capitalismo, el hombre necesita y va a necesitar trabajar para producir lo necesario en su existencia social, y para que sta forma de existencia se reproduzca, contine siendo. Morir el capitalismo (pese a que sus apstoles lo consideran eterno) no sabemos cundo, pero lo que nunca morir es el trabajo. ste no tiene por qu darse en condiciones asalariadas. El trabajo puede adquirir muchas otras formas que el capitalismo bloquea, oscurece, prohbe. No tiene por qu pensarse que el trabajo se transformar en juego, tal y como pronostic utpicamente Marcuse. El trabajo, incluyendo en este trmino el esfuerzo y su consecuente, el cansancio, difcilmente puede desaparecer en la existencia humana. Otra cosa sera hablar del trabajo alienado y del trabajo asalariado. Estas formas se encuentran de manera implcita en nuestro modo de produccin, que necesita hacer del trabajo una mercanca. Ser anti-capitalista hoy en da, como en tiempos de Marx, no consiste en oponerse al trabajo. Sensu stricto consiste en abolir la situacin actual en la que la fuerza de trabajo es mercanca, y se compra y se vende como cualquier otra.

La conexin entre esta mercanca tan especial, la fuerza de trabajo, y la sociedad de masas merece ser analizada. De ah pasamos al trfago, el segundo concepto de Thorstein Veblen. El capitalismo ha supuesto un incremento desmesurado de la poblacin mundial, un desarrollo ingente de la vida urbana. Este modo de produccin ha significado, al mismo tiempo, una subordinacin atroz del campo a la ciudad. El campo ha pasado a ser, l mismo, una periferia urbanizada de la ciudad, una cuadrcula en la que progresivamente quedan menos recintos autnomos, vrgenes y autosuficientes. El planeta entero va camino de ser una gran ciudad superpoblada que consiente ciertas manchas cultivables para el alimento de la plaga humana, es decir, de una especie parasitaria de todas las dems: la especie humana.

Con el surgimiento del capitalismo, pues, aparece la sociedad de masas que, empezando por Europa, implica un trfago constante, una bulliciosa madeja de intercambios de personas, moneda, mercancas. Sera ms rpido y estricto decir: una red de intercambios de mercancas, donde incluimos las personas. stas, ya en su condicin de esclavas (es indudable el auge de la esclavitud en el siglo XXI) o de oferentes de fuerza de trabajo, circulan febrilmente tanto como las dems cosas en este universo de intercambio, universo que quiere siempre ocultar la trastienda de la Produccin.

La masa es un producto del capitalismo, y su existencia obedece a un proyecto poltico bien claro: un proyecto de control, de sometimiento, de dominacin. Siete mil millones de seres originales son una masa imposible de gobernar. Los estados necesitan sustituir la antigua homogeneidad campesina, forjada por siglos de tradicin, con nuevos mecanismos para empaquetar, clasificar, enfrentar y distribuir contingentes humanos. Los grandes crticos de la sociedad de masas (Nietzsche, Ortega, Escuela de Frankfurt) cayeron en un aristocratismo que desvirta el alcance y la potencia de sus ataques. Adems, ellos no conocieron por razones cronolgicas- la enorme capacidad de prostitucin que poseen los medios de comunicacin masivos. La televisin e internet se suman ahora a los medios tradicionales (peridicos, radio y dems sistemas de comunicacin) y poseen la virtualidad de subastar en el sentido literal- a personas. La categora mercanca posee la nefasta potencialidad de aplicarse a toda cosa o relacin social. Ella, la clula misma del capitalismo, aterriza sobre cualquier elemento o relacin humana y al igual que las bacterias o los virus, posee una capacidad enorme de contaminacin.

El capitalismo no puede existir sin llevar hasta el lmite todas sus posibilidades de mercantilizacin general de la vida, de los seres, de las cosas. Por ello es preciso para que se cumpla su ley inexorable que deje de haber personas y en vez de eso solamente existan contingentes fcilmente distinguibles bajo colores o banderas absolutamente arbitrarias. Por ejemplo, el nacionalismo inventado de no pocos estados-nacin, de muy distinta manera al nacionalismo resistente de un pueblo oprimido, es enteramente comparable al fanatismo de los seguidores de un club de ftbol. La misma estupidez ensalzada por los medios de comunicacin, el mismo comportamiento lanar y ovino de quienes necesitan ir a por ellos, siendo ese conjunto, ellos, una masa aborregada que se ha formado nicamente bajo agrupamientos artificialmente creados por los poderes (estados, corporaciones, medios de masas).

No se puede entender la sociedad contempornea sin conocer quin mueve los hilos de estas masas teledirigidas, fcilmente manipulables. Cuando hay una final de ftbol, la explosin de banderas y exabruptos revela hasta qu punto es dcil el ser humano. Se trata de una agresividad colectiva canalizada con la misma eficacia con la que se canalizan los comportamientos de consumo. La simple necesidad social de consumir se transforma en compulsin, y de esa manera se activa an ms la demanda de explotacin de los trabajadores que sostienen ese ciclo consumista. El ftbol y dems vergenzas de la sociedad opulenta (en versin hispana: los toros, los macroconciertos de pseudomsica, el Roco y las procesiones de semana santa) son fenmenos masivos de consumo en los que hay implicacin de no pocos sectores econmicos, como la hostelera, el turismo, la prensa, la beautiful people, que necesitan de ellos y viven de ellos. La verdadera cultura, en cambio, debe quedarse arrinconada en los mrgenes del sistema. Los artculos de consumo intelectual o creativo que pudieran contener algn sentido crtico, subversivo para el sistema, una de dos, o son fagocitados por el sistema y ya por ello descargados de toda peligrosidad revolucionaria, o bien se transforman en productos especializados que no rompen las barreras que los agentes de planificacin capitalista han fabricado.



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