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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-06-2009

Fatiga electoral

Editorial de La Jornada
La Jornada


En medio de un alto ndice de abstencionismo, las derechas del Viejo Continente lograron un importante triunfo en las elecciones al Parlamento Europeo, realizadas ayer, y en las cuales las formaciones socialdemcratas, socialistas y de izquierda en general, experimentaron, por su parte, una preocupante derrota, especialmente aguda en Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Espaa y Polonia. Los nicos tres pases en los que se observ una tendencia contraria a la sealada fueron Grecia, Dinamarca y Malta. Especialmente alarmante es el avance de grupos ultraderechistas en Holanda, Rumania y Hungra, y no debe dejar de mencionarse la obtencin de eurodiputados por los partidos ambientalistas.

Pese a la importancia de las decisiones y orientaciones de carcter regional que estn en juego, los votantes se redujeron a un mnimo histrico (votaron slo 43 de cada cien ciudadanos inscritos) y, a primera vista, parece un contrasentido que los electorados hayan refrendado o incluso fortalecido a opciones polticas como las que encabezan Silvio Berlusconi, en Italia; Nicolas Sarkozy, en Francia, y Mariano Rajoy, en Espaa (en la oposicin), habida cuenta que esas personalidades, o sus entornos partidarios, se han visto envueltos en escndalos de diversa ndole. En contraste, los laboristas britnicos, an en el gobierno, fueron sometidos a un despiadado voto de castigo por el escaso electorado que decidi sufragar.

El corolario es inocultable: la altsima abstencin favoreci a las derechas y debilit a las izquierdas. Sin caer en la tentacin de convertir este dato en una regla general, el hecho es que la llegada de regmenes progresistas al poder suele ser producto de desbordes de la participacin ciudadana que se traducen en altas cifras de votacin, mientras que los avances de la derecha se producen, por lo general, en contextos de desnimo democrtico.

En el caso de los eurocomicios de ayer, parece ser justamente ese desnimo el factor fundamental. Si hace tres lustros o una dcada el desencanto ciudadano hacia los partidos y sus candidatos se deba, primordialmente, al corrimiento hacia el centro y a la prdida de contrastes ideolgicos, sociales y econmicos que produjo el fin de la guerra fra y la disolucin del bloque oriental, hoy en da el desinters de los votantes parece producido, en primera instancia, por la putrefaccin, la frivolidad y el descaro de funcionariatos y estructuras partidistas ms interesadas en repartirse las posiciones de poder en juego que en resolver los problemas de las diversas naciones. Actualmente, los polticos acceden a ponerse en contacto con los ciudadanos -que son quienes, en ltima instancia, los financian, y a los que, en teora, representan- slo para solicitarles el sufragio, y despus prefieren tratar con las corporaciones y con otros grupos de poder formal o fctico, legal o ilegal, y el caso ms claro de ello es el del magnate Berlusconi, devenido dueo y seor de Italia y de sus instituciones, convertidas en poco ms que instrumentos de impunidad para Il Cavaliere y sus socios en negocios turbios.

Esta fatiga electoral que ayer se expres en Europa con toda su crudeza, puede verse en Mxico con cierta familiaridad: en el momento actual, ante las campaas de lodo que protagonizan los partidos, una vez comprobada la falta de diferencias sustanciales en las formas de gobernar de tricolores y blanquiazules, y frente a la descomposicin generalizada que afecta a los partidos polticos, diversos sectores promueven el voto en blanco, el voto nulo o la abstencin simple, como si se tratara de maneras eficaces de expresar repudio o, al menos, desaprobacin, hacia los tremedales a los que ha sido conducida la vida republicana del pas.

Tales campaas encuentran, por supuesto, un terreno frtil ante el justificadsimo hartazgo de los ciudadanos frente a la clase poltica en general, por ms que no resuelvan el asunto esencial: la ausencia de electores en las urnas, por s misma, no va a cambiar en nada las desviaciones y miserias de la democracia formal; en el pas real y con la institucionalidad vigente, la transformacin y el saneamiento de la vida poltica slo pueden provenir, en cambio, del sufragio consciente, informado y multitudinario.

http://www.jornada.unam.mx/2009/06/08/index.php?section=opinion&article=002a1edi



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