Portada :: Europa :: Elecciones europeas 2009
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2009

Reidas elecciones fuera del mundo

Santiago Alba Rico
Diagonal


Una vieja pelcula de la primera dcada del siglo XXI: eso es, en realidad, la primera dcada del siglo XXI. Pero habr que esperar unos aos, e introducir algunas transformaciones radicales, para que nuestros vestidos y nuestras ideas nos parezcan de poca . El cine nos permite percibir, como escriba hace unos das Asor Rosa en Il Manifesto , todo el ridculo trgico de los discursos de Mussolini desde el balcn del Palacio Venecia en la Roma de los aos veinte. Cmo es posible que, ante un espectculo as, la muchedumbre que atestaba la histrica plaza, en lugar de aclamarlo rabiosamente, no lo despachara de inmediato con una carcajada colosal?, se pregunta el periodista italiano. Es que entonces Mussolini estaba en el mismo mundo que los que lo aclamaban; juntos, de hecho, formaban el mundo dentro del cual las palabras del fascismo, lejos de sonar altisonantes y vacas, recogan y consolidaban una realidad seria, evidente e incontestable. Mussolini fue sacado de ah no por el tiempo -ni siquiera por el cine, para el que todo es siempre ya pasado- sino por el antifascismo, la resistencia y la guerra.

Esa atmsfera compartida que Gramsci llamaba hegemona no se agota en los medios coercitivos o fraudulentos con los que se construye: evidencias ancladas en la experiencia del mercado laboral, monopolio de las imgenes y las frases, saturacin digestiva de las mercancas. Una vez se ha formado, porque se han formado all, todos corren a sostenerla, de manera que el aire mismo se reproduce por aclamacin o por votacin. El mundo real, aunque no sea ni bueno ni verdadero, tiene siempre la ventaja de que es real, y se impone -y lo reclamamos- precisamente por eso: su realidad es el campo gravitatorio que nos atrae de manera irresistible y hacia el que nos lanzamos con entusiasmo. Mussolini estaba en el mundo y nadie se rea de l. Por el mismo motivo, en los peridicos de Europa resulta hoy mucho menos risible Berlusconi, que se burla de sus votantes, cuando no los acosa sexualmente, que el presidente de Venezuela Hugo Chvez, aunque cumpla sus promesas electorales; y parecen mucho ms reales, mucho ms consistentes, mucho ms maduras las complacidas adolescentes manoseadas por el stiro que las amas de casa cincuentonas, tocadas de gorra roja, que blanden en las calles de Caracas la constitucin bolivariana. Fuera del agua, ni las verdades ni los peces sobreviven; fuera de la atmsfera, ni la sensatez ni los cuerpos tienen peso. Cul es el mundo europeo del ao 2009? Digamos que la interseccin estadstica entre el PP y el PSOE; es decir, ese 70% de leyes votadas de comn acuerdo en el parlamento de la UE durante la ltima legislatura; ese 70% de afinidad (una visin de la banca, el trabajo, la educacin, la inmigracin) refrendado en votacin el pasado 7 de junio por los electores.

Fuera de ese mundo, qu hay? La sensatez, la tica, la lucha? O el no-mundo? O las dos cosas juntas? Si la realidad realiza sin escrpulos todo lo que toca, la irrealidad irrealiza por igual cuanto se precipita en su vaco. La ausencia de mundo tiene consecuencias trgicas para los que viven en ella.

En ausencia de mundo, todo es polems . Cuanto ms se enrarece el aire ms se enrarece el aire; cuanto menos poder hay en juego, con ms saa se disputa.

En ausencia de mundo, todo es psicologa. Cuanto menos decidimos los conflictos reales, ms se activan nuestros egos; cuanto menos se puede intervenir en las causas, ms intervienen los motivos .

En ausencia de mundo, todo es doctrina. Cuanto menos puede ponerse a prueba, ms se carga uno de razn ; y cuanta ms razn tiene uno, menos se negocia.

En ausencia de mundo, todo es voluntad. A mayor impotencia, mayor susceptibilidad; a mayor semejanza con el compaero acsmico , mayor obstinacin en distinguirse de l.

Reconozcamos que el problema de la izquierda europea es que no tiene mundo. Que carezca de l tiene que ver, claro, con una derrota histrica, pero una de las consecuencias de su ausencia es precisamente que, una vez sin l, el acosmismo escoge y acelera su propia ingravidez, tambin porque, en estas circunstancias, slo puede pesarse , como lo demuestra la deriva de IU, del lado malo. Eso ha pasado en Espaa en las recientes elecciones europeas. Al menos cuatro fuerzas de izquierdas decidieron presentar su candidatura, para desesperacin de los asnos de Buridn que nos hemos quedado paralizados frente a ellas. Pero este acto, que podra interpretarse ingenuamente como un abandono del acosmismo, en realidad ha sido todo lo contrario. IU, II, IA y el PCPE, al presentarse a las elecciones aceptaban en mayor o menor medida renunciar a la realidad del balcn mussoliniano; lo hacan dando por perdidos, como no poda ser de otro modo, los 20 millones de votos potenciales dirigidos a la interseccin csmica PP-PSOE. Lo hacan, por lo tanto, aceptando tambin -y esto quizs s poda ser de otro modo- disputarse entre ellos los tres millones residuales, sin conexiones, que flotan a la deriva, como todos nosotros, lejos del mundo. Presentarse a las elecciones, fuese o no una buena idea, significaba renunciar pblicamente al mundo; significaba resignarse, s, a hacer campaa en intersticios cerrados y habitaciones mal ventiladas. Presentarse adems por separado, significaba -como as ha ocurrido- remedar fuera del mundo, sin poder intervenir en l, a pequea escala y entre aliados potenciales, la campaa electoral que los grandes partidos capitalistas han escenificado a la luz del da (de los grandes medios de comunicacin). Al final, hemos tenido dos campaas idnticas, paralelas, en el espejo, muy reidas ambas; slo que una real (en una realidad abierta muy mala) y la otra irreal (en una irrealidad cerrada que, a fuerza de imitar la realidad mala, tampoco ha invitado mucho a la esperanza). En una, el PP y el PSOE se disputaban con electoralismo y mezquindad los votos reales de la mayora; en otra, IU, IA, II y PCPE se disputaban, tambin con electoralismo y tambin a veces con mezquindad, los votos irreales de la minora. La diferencia entre la realidad y la irrealidad, en cualquier caso, no tiene nada que ver con la verdad o la tica; es que la realidad siempre parece seria y la irrealidad da siempre un poco de vergenza.

Como dice Beln Gopegui, el pesimismo puede ser de izquierdas, pero el desnimo nunca. Pero pesimismo: no cabe otro mundo real dentro de ste; no cabe tampoco una realidad fuera del mundo. Pero sin desnimo: una realidad debe desplazar a otra, a codazos, a empujones, por debajo de la lnea de flotacin; y conviene, claro, que todos empujemos en la misma direccin.

***************************************************************

Esta reproducida aqu es la versin completa del artculo publicado en:

http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article8244


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter