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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2004

El crimen de la habanera
Anlisis del discurso y del estilo expresivo de IU en su vdeo electoral

Mara Toledano/Fermn Casares
Rebelin


Izquierda Unida somos t y yo
Versos del nuevo himno de IU

En este perodo electoral, igual que el resto de los partidos polticos, IU ha presentado su vdeo promocional. Muchos dirn -tras complejos estudios y estadsticas- que el modelo de campaa electoral de las democracias de mercado no le importa a nadie y que influye poco en el resultado final. No les faltar razn. Como media, alrededor de un 80% de los votantes ha decidido a quin apoyar tres meses antes de las elecciones. El resto de los electores, en general, no reflexiona sobre los diferentes partidos y sus programas; reflexiona, ms bien, sobre si acudir a votar o se abstendr.

Visto este panorama, para qu sirven las campaas electorales? Por qu los partidos invierten enormes cantidades de dinero, esfuerzos y recursos? Las campaas electorales de IU -o de cualquier formacin- repercuten poco en el llamado cuerpo electoral, pero influyen. En elecciones en la que ganar o perder depende de porcentajes que varan entre un 5 y un 10% del voto vlido, poco puede convertirse en mucho, y los que compiten lo saben, son conscientes de esta cuestin. Nada, por tanto, se suele dejar al azar. Aunque en IU lo parezca.

El PSOE compite en estas elecciones generales por reducir una distancia que oscila entre 6 y 8 puntos porcentuales con el Partido Popular. El PP se presenta con la idea de mantener sus resultados o, en el peor de los casos, no caer ms de 2-3 puntos. IU compite por preservar, como mnimo, un 5% y, en el mejor de los casos, crecer hasta un 7% del voto vlido. Teniendo en cuenta la distribucin desigual de la abstencin, el PSOE e IU compiten -mucho ms que el PP- contra la abstencin, ideolgicamente sesgada -es costumbre- hacia la izquierda. Slo en situaciones excepcionales, las campaas electorales logran un efecto de conversin, es decir, que un porcentaje significativo de votantes del partido A se vaya al partido B. En su mayora, y es el caso de estas importantes elecciones, las campaas se centran en la movilizacin de un electorado potencial que se encuentra cansado o aburrido y, por otro lado, se dirigen hacia el reforzamiento de los votantes menos firmes (indecisos), proporcionndoles argumentos para apoyar a la formacin hacia la que, en principio, perciba o sienta una mayor proximidad (Lazarsfeld/Berelson/Gaudet The peoples choice, CUP, EE.UU., 1944).

Desde esta perspectiva -teniendo en cuenta estas cuestiones previas- las campaas electorales dejan de ser algo intrascendente para convertirse en un momento estratgico decisivo y, aunque su influencia sea pequea en trminos directos y absolutos, la escasa distancia que separa el xito del fracaso las transforman -agitacin y propaganda en estado puro- en una herramienta bsica para la accin poltico-parlamentaria y electoral. En este sentido, resulta importante destacar que los electores susceptibles de modificar su predisposicin a votar durante los 3 meses anteriores al da de los comicios suelen ser los menos expuestos al influjo de los medios de comunicacin y los menos interesados en la poltica, es decir, los que se encuentran ms alejados de los circuitos en los que los partidos formulan sus propuestas o sus (increbles) concepciones de la realidad. Por esta razn, tratando de llegar a este tipo particular de elector, es fcil encontrar durante las campaas a los diferentes candidatos acudiendo a programas deportivos, apareciendo en la prensa femenina o en otros lugares estrambticos o pintorescos. Todo por el clima ya que el objetivo final es influir en lo que se palpa en el ambiente, hasta alcanzar un espectro favorable de poltica de sensaciones y sensibilidades que dira algn suplemento dominical o algn iluminado asesor de IU en un arranque de empacho terminolgico. Los desmovilizados o desinteresados, los que no saben si votarn o no, o por quin lo harn, pueden ser poco accesibles al discurso articulado de los partidos, pero s son permeables al clima, al ambiente que se crea durante las pre-campaas y las campaas. Es aqu donde entra con fuerza la cuestin del anlisis de los pequeos elementos que configuran los epicentros de la campaa: los mtines, discursos, variadas visitas, carteles, vdeos publicitarios, eslganes, etc. La chatarrera, por tanto, influye. Y lo hace sobre un grupo de votantes que puede decidir, por increble que parezca, el futuro gobierno.

Todas estas cosas pueden ser ms o menos nimias en s mismas. No se pude creer, en serio, que alguien est dispuesto a cambiar el signo de su voto por tener una farola decorada con una pancarta frente a la puerta de su casa o una octavilla en su buzn. De hecho, nadie lo cree. Sin embargo, las personas interesadas en este tipo de representaciones simblicas de la poltica, los periodistas, los cuadros profesionales, los autodenominados analistas y toda la elegante fauna que vegeta alrededor -especialistas en generalidades y oraciones subordinadas- s prestan atencin -mucha- a todos estos elementos. En principio, la mayora de estos grupsculos -creadores de opinin comn- no modificar su comportamiento electoral en funcin de la campaa, salvo situaciones excepcionales. Sin embargo, sern elementos centrales, determinantes, en la construccin social y colectiva del comentado clima -impresiones generales de difcil definicin- de la propia campaa. Un factor insignificante en trminos de influencia directa, pero esencial en trminos de mediacin. Estos grupos vern los anuncios publicitarios de las principales fuerzas polticas y se harn -en dos minutos, sin reflexin, a pelo- una composicin de lugar sobre el estilo y la capacidad, de los partidos basndose, al menos en parte, en esa pequea unidad de discurso. Es, por tanto, importante -como se ha mencionado- que estas mnimas unidades discursivas sean coherentes con el contenido general del partido poltico en cuestin. En IU, como es norma, reina -como veremos a continuacin- el desconcierto. Y as, claro est, no hay manera de ganar una guerra (electoral).

El vdeo elaborado por Izquierda Unida para la campaa electoral 2004 responde a una estructura narrativa similar a los del PP y PSOE. Todos se parecen. Juegan en el mismo campo semntico y reproducen una estructura narrativa (formal) similar. En una primera parte, voces distintas al cabeza de lista, definen la realidad y, en una segunda, el principal responsable de la formacin apuntala esa representacin de lo real, la confirma y plantea sus propuestas programticas. Tanto el PSOE como el PP se han encargado de que ambas partes estn equilibradas en cuanto al tiempo se refiere. Los dos partidos mayoritarios han adjudicado 1 minuto a las supuestas voces de la gente y otro minuto al representante visible de la formacin. Los publicitarios saben -y es sabido por todos menos por aquellos que trabajan en/para IU- que los polticos profesionales aburren al personal y que una secuencia de un candidato hablando ms de un minuto en plano fijo a la cmara es excesiva -en esta sociedad de capital espectacular- para cualquier persona sensata. Los medios de transmisin se han construido de esta manera; as es el escenario y con estos arquetipos se tejen los juncos -con permiso de Mao- con los que, visto el contexto hostil, se pueden hacer los cestos. Que este modo de abordar lo real deba cambiarse de raz es indiscutible, pero mientras la revolucin est a las puertas, ste es el hostil territorio. Conocer el funcionamiento de las herramientas y los mecanismos resulta, a priori, determinante.

As las cosas, mientras Rajoy y Rodrguez Z. utilizan su minuto para repetir, apuntalando, lo que las gentes representadas en la primera parte exponen, Llamazares rompe (valiente!) con este conocido esquema, llenando su intervencin de novedosas palabras, palabras y ms palabras. Todas esas palabras (vacas) no duran 1 minuto, como en el caso de los contrincantes. El candidato de IU se recrea en 1 minuto y 30 segundos. Por qu Gaspar Llamazares no para de hablar? La respuesta es sencilla: no le queda ms remedio. Durante los interminables 30 primeros segundos del vdeo de IU -repetidos al final del anuncio como si no hubiramos tenido bastante con atragantarnos con la estupidez meditica una vez- decir, decir, lo que se podra definir como contenido ideolgico, no se dice nada. Nada. Con este planteamiento comunicativo -propio de los publicistas contratados por IU- el portavoz de la formacin est obligado a decirlo todo despus, sea esto lo que sea. Conclusin preliminar: un caos.

Pero vayamos por partes. El anuncio de IU dura 2 minutos y 30 segundos, es decir, 30 segundos ms que el tiempo utilizado por el PP o el PSOE. Es cosa vista que los osados publicitarios de IU han decidido utilizar 2'30'' ms all de cualquier otra consideracin relativa a la oportunidad, adecuacin o idoneidad narrativa. Y, qu han hecho con ese tiempo? Primero, lo reparten de forma desequilibrada: 1 minuto para la representacin de la voz de la gente, y 1'30'' para el portavoz de la formacin. El primer problema (grave) proviene de la utilizacin de ese minuto en el que, desde el punto de vista publicitario, se le da la voz y el protagonismo al personal. Ese minuto se divide en dos unidades idnticas de 30 segundos, que han sido colocadas al principio y final del vdeo. Qu ocurre en esos 30 segundos? Los publicitarios de IU han decidido convertir la voz colectiva en un himno de la alegre pandilla. En una representacin -un breve musical postconciliar- del sentir de los eventuales votantes de IU. El caso es cantar. Dar la nota.

El arranque del engendro de IU es un video-clip. El nuevo himno de IU protagoniza el mensaje, visualmente construido sobre -increble pero cierto- 16 cambios de plano en apenas 30 segundos, ms de 10 planos distintos y un escenario con protagonistas sublimados en su individualidad (ella y l, modelos tipo moderno) que se integran con alegra en una masa coreogrfica de figurantes. Los publicistas de IU creen hacer Noveccento y les sale -sin querer- un clsico de Ozores con un poco de Jarcha; de una manifestacin con banderas blancas y el logotipo de IU (difuminado) a Mocedades y a la exaltacin -tradicin siempre respetable- de la vieja y cristiansima HOAC. Todo blanco, virginal, religioso. La estructura del discurso visual es dinmica y juvenil, cargada de planos atrevidos, oblicuos, vistosos y muy caros (travelings y planos areos forzosamente realizados con un helicptero o con algo que vuele).

Se trata de construir un relato de espaldas al sentido referencial de las cosas. En su clasificacin de las ideologas de la publicidad, es lo que Jean-Marie Floch (Semitica, marketing y comunicacin. Bajo los signos, las estrategias. Paids, 1993) denomina publicidad mtica. Es decir, un estilo publicitario en el cual lo que se pretende vender no son valores (ms o menos) objetivos de lo ofertado -en este caso seran las propuestas polticas programticas- ni los componentes crticos de la oferta (una descripcin del estado en el que el PP est dejando el pas), si no que se intenta edificar una realidad mtica, basada en la negacin de los valores pragmticos o crticos, una realidad en la que los sujetos se subliman a si mismos. Es decir, se busca una idea de felicidad basada en la construccin visual (travelings) y oral (coplilla) de un mito, todo resumido en la sentencia Vota IU, sers feliz. En el mbito del consumo, el mejor ejemplo de este tipo de publicidad es el jinete de Marlboro. Ningn partido poltico -por torpes que parezcan- utiliza esta forma ideolgica de planteamiento publicitario para sus anuncios ya que la publicidad mtica se encuentra en una relacin de contradiccin directa con la publicidad referencial, ya sea con los valores positivos (utilizados por las formaciones en el poder) o con los valores crticos (utilizados por los partidos de la oposicin) Esta visto que la ignorancia (tcnica e ideolgica) de los responsables de comunicacin de IU y sus atrevidos publicistas no tiene lmite.

La construccin de verosimilitud, objetivo ltimo de toda campaa publicitaria, necesita de postulados coherentes y compatibles entre s. La convencin aceptada dentro del universo de la publicidad de los partidos polticos indica que resulta adecuado, til, la aparicin del candidato explicando el programa de la formacin o definiendo la realidad social en la que estamos. Por fuerza, ese tipo de secuencia se apoya (siempre) en la presentacin de cuestiones que el electorado real o potencial considera ms o menos objetivas (el paro, la precariedad laboral, la situacin de la sanidad, la guerra, etc.), ya sean positivas (si se est en el gobierno) o negativas (si se est en la oposicin). Algo as como compre este detergente porque mire qu limpio est esto frente a Fjese qu manchas! Slo Mr.Proper/don Limpio puede con ellas.

Por tanto, si se sostiene la necesidad de que aparezca el candidato definiendo la realidad y haciendo propuestas, no se puede construir un bloque complementario que se apoye en valores narrativos contradictorios con la forma de relato que, forzosamente, caracterizar la secuencia del portavoz del partido. Aunque los publicistas de IU no lo sepan y los responsables de la comunicacin lo ignoren, la publicidad mtica -que busca la construccin de una identidad- y la publicidad referencial -que busca convencer con argumentos- son incompatibles entre s. Si se mezclan, el discurso pierde verosimilitud. O bien te compras los pantalones vaqueros porque as formars parte del grupo exclusivo y estupendo que lleva esa ropa y veranea en la Costa Azul o en algn pueblo gaditano o almeriense (poco frecuentado, se entiende), o bien te los compras porque son los que ms resisten a la lavadora o los que tienen una mejor relacin calidad- precio en el mercado. Transmitir los dos mensajes a la vez y tratar de generar credibilidad en un solo acto comunicativo de 2 minutos y 30 segundos es imposible. No hace falta ser un lince para conocer estos asuntos. Basta con repasar un manual de estilo publicitario. Pero claro, eso supondra leer.

En realidad el problema es sencillo. Desde un punto de vista narrativo-formal este anuncio publicitario es, en resumen, de derechas -como la mayora de los video-clips- ya que reproduce un mundo inexistente con planos engaosos, trampas narrativas y una puesta en escena ms propia de un anuncio de prendas deportivas que busca sublimar la imagen del mundo construida por el imperio del capital -el pensamiento dominante es el pensamiento de la clase dominante, escriba Marx- alejndolo de la realidad. Unos personajes inexistentes -por imposibles- van al encuentro de una falsa manifestacin en un pramo que recuerda el terrible paisaje, con olivos, de la pelcula de Wim Wenders, Paris-Texas. Otra conclusin rpida: los responsables directos de tal estropicio visual y los dirigentes polticos que refrendan esta imagen de IU son de derechas. Su pensamiento es reaccionario. El drama, como siempre en estos casos, es que no lo saben.

Dicho esto, consideremos ahora lo que dice el portavoz de IU en su singular minuto y medio de intervencin. La alocucin del candidato puede dividirse entre tres grandes campos semnticos. Un primer bloque, de 1 minuto de duracin, en el que el portavoz de IU construye la realidad, arrancando con Frente al periodo negro de la derecha... concluyendo con la necesidad de transformar la realidad. Un segundo bloque, de 10 segundos de duracin (s, han ledo bien slo 10 segundos), en el que Llamazares (mal iluminado) explica sus propuestas: empleo con derechos, bienestar, una Espaa plural y otra poltica exterior de dilogo y paz. Por ltimo, un tercer bloque de 20 segundos en el que se pide el voto. Fin de la intervencin de Llamazares y vuelta otra vez con el video- clip, recordemos, apoyado nicamente en valores mticos alejados de la realidad social Qu propone IU en su programa electoral? Apenas tenemos tiempo para saberlo: slo 10 segundos han sido utilizados (de dos minutos, treinta segundos) para enumerar, al galope, cuatro (4) cuestiones genricas. En el vdeo electoral del PP se enumeran once (11) cuestiones genricas y en el del PSOE, doce (12). En el de IU slo cuatro (4) y todas ellas en boca exclusiva del candidato Llamazares.

La publicidad de IU no se centra en la presentacin de su programa, que casi est escondido; se basa -ms bien- en su capacidad para resultar verosmil en la descripcin de la realidad social espaola, ms all de lo que, en caso de ganar las elecciones, quisiera hacer con ella. Teniendo en cuenta que uno de los puntos ms dbiles de la identidad de IU entre sus potenciales votantes es su falta de credibilidad como partido preparado para gobernar, con ideas claras y capacidad para ejecutarlas, la elaboracin de un spot publicitario que no presta la ms mnima atencin a las propuestas programticas no puede ser considerado otra cosa que un gran desatino, propio de gentes -cuando menos- con escasa capacidad para la gestin de los recursos econmicos de la Organizacin. Vamos, tirar el dinero -o drselo a algn amigo- que se dice.

Al resto del tiempo hay que restar los 20 segundos dedicados a pedir el voto, una convencin que los publicistas de IU han querido respetar. Queda, por tanto, un minuto, que se ha consagrado ha describir el catastrfico escenario que ha dejado el gobierno de la derecha. Cierto: el escenario es catastrfico. Ahora bien, en el discurso oral, Llamazares presenta a IU una y otra vez como principal partido representante de los movimientos de contestacin social articulados en los ltimos dos aos frente a la Guerra en Iraq y la gestin de la catstrofe del Prestige. IU se dice a s misma orgullosa de haber representado ese universo plural en las instituciones y otros foros. Eso esta bien, aunque esta atribucin, a modo de brindis al sol, tenga un pequeo problema.

La construccin ideolgica y discursiva de lo que ha ocurrido en las calles espaolas en los ltimos dos aos est muy lejos de ser unvoca o mayoritaria. Es ms, un amplio nmero de personas participantes en las movilizaciones contra el desastre social y ecolgico del Prestige o frente a la Guerra de Iraq est muy lejos de sentirse representada por IU y, en consecuencia, lejos de darle a IU su apoyo electoral. En realidad, la inmensa mayora de la sociedad espaola ha interpretado esas manifestaciones como una cuestin transversal. Algo as como lo ocurrido con la masiva respuesta frente al secuestro y posterior asesinato de Miguel ngel Blanco. Esta inmensa mayora, incluidos los votantes de IU, entiende que las protestas colectivas contra la Guerra y la crisis desencadenada tras el hundimiento del Prestige no fueron lideradas por ningn partido y, por tanto, ninguno de ellos puede presentarse como nico/principal representante de las mismas sin generar un cierto rechazo, sin que se produzca un cierto olor a manipulacin de los hechos vividos comparable a lo que trat de hacer el PP cuando -cuatro meses despus del asesinato de Miguel ngel Blanco- organiz aquel memorable espectculo musical en el Plaza de las Ventas, infantas incluidas. En realidad, los publicistas de IU y los responsables polticos de tamao despropsito no saben lo que hacen, ni lo que dicen, ni el mensaje que desean transmitir. En dos palabras, no saben. Y as nos luce el pelo.

El anlisis podra proseguir con cuestiones menores aunque no menos significativas. Basta enumerar el vestuario de los modelos, el arranque con un plano sobre unas zapatillas deportivas, la incoherencia de mostrar un cruce de caminos desrtico, la mirada de la protagonista femenina, la burda imitacin de planos de anuncios conocidos, el pelo al viento del joven, el logotipo de IU difuminado en las banderas, la ausencia -inimaginable en una formacin que se reclama parte de la izquierda- del color rojo, la colorista metfora de Llamazares, repetida dos veces, millones de ciudadanos han pintado (monas?) el escenario poltico con los colores de la solidaridad, de la paz y de la defensa del medioambiente para terminar con podemos y debemos transformar los colores de la contestacin en una alternativa de gobierno o el magnfico fin de fiesta Palabra -de dios-. Para qu ahondar. Da pena.

La propaganda electoral, hemos repetido, busca generar confianza y para eso necesita producir lo que se denomina verosimilitud. El vdeo de IU no genera credibilidad por su (im)propia estructura narrativa, ya que no explica su programa poltico y le dice a la gente, a los receptores y potenciales votantes, cosas que la inmensa mayora no est dispuesta a creer. El vdeo est mal planteado y mal realizado. La imagen proyectada por IU es un inmenso error. Un dislate -uno ms de la cadena- que parece, a tenor de los medios materiales empleados, que no ha resultado barato.

Dice la ecumnica habanera: Izquierda Unida somos t y yo. Y como sigas as te vas a quedar t slo, compaero del alma, camarada. Slo o formando un club de fans con una pgina web, por decir algo.



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