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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-06-2009

Quin teme a la deslocalizacin?

Fernando Luengo
Sin Permiso


La deslocalizacin internacional es un juego de suma positiva en el que, finalmente, todos los participantes ganan. Con diferentes nfasis y matices, ste es el argumento esencial de quienes rechazan todo tipo de regulacin que intente limitar la libertad de las empresas para abandonar el pas en el que se ubican y relocalizarse en cualquier otro que convenga a sus objetivos e intereses. Desde esa perspectiva, slo los mercados deberan decir la ltima palabra en materia de localizacin empresarial, ya que cualquier intervencin reguladora impedira a las empresas aprovechar las oportunidades que brinda la globalizacin y terminara por repercutir negativamente en la competitividad de las naciones y en el bienestar de sus ciudadanos.

Vista as, la deslocalizacin no debera atemorizar a nadie. El peligro real no residira tanto en la creciente capacidad de movilidad internacional del capital productivo y comercial como en las respuestas inadecuadas, proteccionistas o defensivas, de empresas y gobiernos, que impiden transformar en beneficios, competitividad y modernizacin las nuevas posibilidades de localizacin, la nueva demanda y los nuevos mecanismos de revalorizacin del capital y del conocimiento que ofrece la creciente mundializacin de las transacciones econmicas y los mercados.

Como es lgico, frente a tan favorable lectura de las deslocalizaciones internacionales, existen otras aproximaciones que no aceptan, sin ms, las hipotticas bondades que tericamente se derivan de tales procesos. El actual panorama de mundializacin econmica ofrece suficientes ejemplos y razones para sustentar una visin ms crtica o menos complaciente con las dinmicas deslocalizadoras que con intensidad creciente protagonizan, especialmente aunque no slo, los grandes grupos transnacionales.

Los impactos econmicos, laborales y sociales de los movimientos de relocalizacin internacional del tejido productivo y empresarial que, con intensidad creciente, experimentan las economas europeas no pueden ser definidos de antemano ni globalmente como beneficiosos. Los resultados de cada proceso deslocalizador han estado condicionados por las modalidades adoptadas, los ritmos con los que se ha desarrollado, la intensidad tecnolgica de las actividades suprimidas y la cuanta y el nivel de cualificacin de los empleos afectados temporal o permanentemente; dichos resultados tambin se han visto afectados, como no poda ser de otra manera, por los intereses y la capacidad de presin de los grupos sociales implicados: directivos, accionistas, intermediarios, proveedores y trabajadores.

Del mismo modo que resulta evidente que algunas decisiones de cierre y desplazamiento al exterior de capacidad productiva han sido imprescindibles para garantizar la supervivencia de determinadas empresas y han formado parte de procesos modernizadores que han reforzado sus capacidades competitivas y rentabilidad, tambin debe admitirse, porque es una realidad innegable, que otras experiencias deslocalizadoras han dejado un reguero de objetivos incumplidos, psima gestin de los recursos pblicos implicados, empleos y actividad productiva innecesariamente suprimidos y una ms que dudosa responsabilidad social corporativa.

Sin situarse en las antpodas del argumentario que defiende los beneficios de la deslocalizacin internacional ni rechazar, sin ms precisiones, cada uno de las razones que subrayan las oportunidades que ofrece, existen marcos alternativos de anlisis que sitan la reflexin en unas coordenadas ms abiertas a la complejidad de sus causas y al anlisis particular de sus contradictorios impactos econmicos y sociales, tanto en el pas de origen como en la economa de destino en la que acaba ubicndose la actividad productiva.

Convendra partir de un hecho poco cuestionable: la deslocalizacin internacional, sin haber alcanzado todava una intensidad significativa en los pases europeos, atemoriza e inquieta a un nmero considerable y creciente de trabajadores, mientras la direccin de una parte de las empresas que maneja la posibilidad de desplazar su produccin a otros pases, o sustituir a sus antiguos proveedores por otros situados en el exterior, la contemplan como una oportunidad a explorar y como una herramienta que refuerza su posicin en la negociacin colectiva.

Apreciaciones tan dispares sobre la deslocalizacin estn incubando un conflicto de percepciones e intereses que no podr mantenerse por largo tiempo en la situacin aletargada en la que hoy se encuentra. Los agentes sociales y las autoridades econmicas haran bien en preocuparse por proteger y reforzar unos acuerdos sociales que no pueden sostenerse en tan desequilibrado reparto de poder y de capacidad negociadora ni en tan contradictorias actitudes ante las oportunidades y riesgos que conllevan los fenmenos deslocalizadores; menos an, en los nuevos tiempos de zozobra econmica internacional que han abierto la crisis del sistema financiero estadounidense y su contagio a todo el mundo desarrollado.

El temor y la inquietud se han extendido a sectores sociales que parecan hasta ahora a resguardo de la competencia proveniente de los pases de bajos salarios. La resonancia meditica de algunos procesos concretos de deslocalizacin internacional ha tenido la virtud de encender las alarmas; la ciudadana ha comenzado a percibir que tambin las actividades y los empleos vinculados a un tejido empresarial de mayor densidad tecnolgica que requiere altos niveles de cualificacin de la fuerza de trabajo pueden estar en peligro. La amenaza ya no slo afecta a los asalariados de menor formacin, se ha extendido a profesionales, trabajadores con mayor destreza tcnica y grupos sociales mejor representados social y sindicalmente que tienen mayor capacidad de denuncia y presin poltica.

Por otro lado, ms all de impresiones y temores, fundados o no, est fuera de toda duda que la deslocalizacin internacional implica, al menos a corto plazo, la desaparicin de empleos y tejido productivo y empresarial que emigran a otros pases. Suprimen actividades y ocupaciones las firmas que protagonizan la deslocalizacin, pero tambin se ven afectadas sus empresas proveedoras que, arrastradas por la decisin de sus clientes, se ven abocadas a cerrar, recortar su oferta productiva o sumarse, como un nuevo eslabn, a la cadena deslocalizadora. Por lo general, los recursos laborales liberados por los procesos de reestructuracin que emprenden las empresas que pugnan por mantenerse activas tras su deslocalizacin o la de sus clientes no encuentran un espacio para ser reocupados, incluso en el caso de que tal proceso haya sido un xito en trminos de rentabilidad y competitividad. Tampoco est claro que los empleos que desaparecen como consecuencia de la reorganizacin productiva inducida por los procesos deslocalizadores sean reabsorbidos en otras actividades o sectores. Las experiencias y la evidencia emprica obtenida en los pases ms afectados por estos procesos son, en este sentido, muy dispares: mientras en algunas economas resulta relativamente fcil encontrar nuevos puestos de trabajo, en otras, un alto porcentaje de los afectados por las deslocalizaciones no es reempleado.

A menudo, la prdida de empleos que provoca la deslocalizacin va acompaada de prdidas de cualificacin laboral y, en el mejor de los casos, cuando los trabajadores afectados encuentran una nueva ocupacin, de una disminucin duradera e importante de sus rentas salariales; sobre todo, cuando el puesto de trabajo se sita en otra industria o actividad.

La deslocalizacin internacional constituye un cctel de amenazas y oportunidades que exige un mayor grado de acuerdo entre los agentes econmicos y una mayor presencia de los actores sociales e institucionales para definir qu mrgenes de intervencin en los procesos deslocalizadores son posibles y beneficiosos para la economa espaola y para la mayora de la ciudadana.

En sentido contrario, sera demasiado imprudente aceptar que la deslocalizacin, sean cuales sean las formas que adopte y las actividades y empleos afectados, es inevitable o que no puede hacerse nada por sortear sus efectos ms negativos. Sera lo mismo que afirmar que la ciudadana y las instituciones regidas por polticos democrticamente elegidos carecen de margen de actuacin y de poder para gestionar esos procesos o que su accin debe quedar supedita al dictado de los grandes poderes financieros y limitada a reparar los daos econmicos y sociales ocasionados por las insuficiencias, escasa flexibilidad y mal funcionamiento de los mercados realmente existentes.

Fernando Luengo es Profesor de Economa Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid y director del Grupo de Investigacin del Instituto Complutense de Estudios Internacionales Pases del Este y nuevo entorno Internacional y de la revista Papeles del Este. Autor de diferentes libros, monografas y artculos sobre el mercado de trabajo, el comercio exterior y las inversiones extranjeras directas en los pases de Europa central y oriental.


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