Portada :: Iraq
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2004

Iraq ao cero

Santiago Alba
Diagonal


Ao y medio despus de la invasin estadounidense, nos hemos acostumbrado a que haya una Ocupacin en Irak como nos hemos acostumbrado a que haya una Torre Eiffel en Pars o un Gugenheim en Bilbao: gran parte del poder ansioltico de los medios de comunicacin procede, en efecto, de su tendencia a tratar la destruccin, el crimen, el poder siempre eficaz de la violencia, como si fuesen monumentos; es decir, de su capacidad para naturalizarlos en el horizonte de la percepcin, para inscribirlos blandamente -como puros smbolos de intermitente comparecencia- entre los escombros con los que tenemos que construir nuestro conocimiento del mundo y nuestras defensas frente a l. Porque el problema no es slo que nuestra costumbre sea, al mismo tiempo, la zozobra de los otros; el problema es que la costumbre deja pasar, sin que las reconozcamos, las fuerzas que amenazan con desmoronar ventajas y seguridades que slo la costumbre nos hace creer indestructibles.

Podemos abordar la cuestin iraqu desde un punto de vista econmico y hablar, entonces, de los precios del petrleo, de la gresca del dlar contra el euro, de la defensa numantina de Wall Street o de la expansin estadounidense de su lebensraum econmico al socaire de una debilidad estructural sin precedentes y en el marco de una globalizacin capitalista que erosiona los procedimientos de acumulacin tradicionales.

Podemos abordar la cuestin iraqu desde un punto de vista geo-estratgico y hablar, entonces, de la necesidad creciente de asegurar el acceso a las fuentes de combustible fsil (segn lo que Michael T. Klare llama Doctrina Crter) y de cubrir, por tanto, mediante metstasis aparentemente caprichosas, la totalidad de los territorios explotables (el Golfo, el Cacaso, Africa Subsahariana y Latinoamrica). O tambin de la supervivencia de Israel, como de la supervivencia de un pual o de un gusano en la manzana, asociada a su control econmico y territorial del mundo rabe.

Podemos abordar tambin la cuestin iraqu desde un punto de vista humano y hablar, entonces, de las miles de vctimas civiles de los bombardeos estadounidenses como colofn -o simple punto y seguido- de doce aos de embargo, con su milln de muertos reconocido por la ONU; de la destruccin premeditada de toda la infraestructura social del pas con su secuela de enfermedades inducidas, inseguridad cotidiana y deterioro extremo de las condiciones ms elementales para la supervivencia; o del allanamiento del patrimonio cultural de un pueblo y de la sustitucin, en las escuelas, de la memoria histrica de una nacin por una prtesis hollywoodesca. O podemos lamentarnos muy justamente de la degradacin moral que para toda la humanidad implica una situacin en la que, al bombardeo intencionado de mercados y el uso de uranio empobrecido, han seguido las torturas de Abu Ghraib y las decapitaciones en directo, en una dinmica de superacin deportiva que emborrona interesadamente la posibilidad de establecer diferencias.

Una sociedad desmemoriada, que se reconstruye mentalmente al ritmo de las mercancas, es una sociedad incapaz de distinguir entre la continuidad y la discontinuidad, salvo por mandato de sus peridicos o sus gobernantes. Una sociedad desmemoriada es incapaz de percibir todo lo que hay de viejo en esta situacin: la invasin de Iraq, y los desmanes que la acompaan, est inscrita, como desde su huevo, en la normalidad de la poltica exterior estadounidense, y la idea de "excepcin", de ruptura con una tradicin pura y democrtica, se repite en su propaganda con la misma regularidad que sus tropelas. Pero una sociedad desmemoriada es igualmente una sociedad incapaz de percibir lo nuevo. Y en este caso lo que hay de nuevo en la cuestin iraqu es justamente un retorno. Hablar, por ejemplo, del gobierno "ttere" de Iyad Alawui es pretender que los dems gobiernos rabes no lo son. La diferencia reside en que, en el caso de Iraq, no han bastado presiones econmicas o intrigas golpistas para imponerlo: ha hecho falta la invasin y ocupacin estable del pas, en una restauracin del modelo colonial decimonnico. Econmica, geo-estratgica y moralmente todo es aqu bastante viejo; lo que es terriblemente nuevo -porque es mucho ms antiguo- son los medios simblicos puestos en juego, mucho ms destructivos que los propios crmenes en los que han desembocado. Para invadir Iraq, asesinar a sus nios y apoderarse de sus riquezas haba que destruir -al menos formalmente- la Humanidad: as la liquidacin definitiva del Derecho Internacional inestablemente depositado en la ONU, desprovista ahora incluso de su legitimidad moral; o la suspensin brutal de todo marco de credibilidad a travs de mentiras pblicas y explcitas encaminadas menos a hacer creble una mentira que a hacer increbles todas las verdades; o la construccin meticulosa, perfectamente planificada, de una Gran Narracin de enfrentamiento identitario de carcter retrolegitimador. En definitiva, la novedad en este viejo ajedrez de intervenciones imperialistas y ruinas dinamitadas es este proceso de feroz nihilismo racionalizador en virtud del cual un puado de olmpicos matones -soberanos detrs de sus ventanas- llegan a la conclusin de que vale la pena destruir las condiciones mismas de todo contrato social si de lo que se trata es de matar, robar y humillar a las iraques. La novedad reside en este aplanamiento radical del suelo -de todo suelo-, causa y efecto, al mismo tiempo, del restablecimiento de una legitimidad metafsica que viene a sustituir la legalidad (ya tan frgil, tan malversada) y a hacer imposible la idea misma de la poltica. A partir del 11-S y al hilo de la guerra contra el Terrorismo, nos hemos ido acostumbrando insensiblemente a nuevas categoras de percepcin espontnea y de intervencin sumarsima en la selva de los datos: los delirios alrgicos de Oriana Falaci o de Csar Vidal, el dislate autorizado de Sartori, el imperialismo light de los editoriales de The Wall Street Journal o de El Pas, las elucubraciones antisocrticas del hobssiano Kagan o del moderado Ignatieff, toda una balacera -en fin- de frases sueltas e imgenes metereolgicas han acabado por imponer dulcemente la terrible teologa laica del siglo XIX: la civilizacin. Hace tan slo cuatro aos Aznar no se hubiera atrevido, como hizo en su leccin magistral del pasado 21 de septiembre en la Universidad de Georgetown, a convertir a Tariq Ibn Ziad, primer musulmn en cruzar el estrecho en el siglo VIII, en el fundador de Al-Qaida ni a identificar la lucha contra los terroristas del 11-M con las glorias nacionales de la llamada Reconquista. Pero tampoco hace cuatro aos se le habra ocurrido a Zapatero, como hizo el mismo 21 de septiembre ante la Asamblea General de la NNUU, proponer un pomposo, vacuo y peligroso Pacto o Alianza de Civilizaciones, aceptando as el mismo marco de inteligibilidad e intervencin que su oponente. El "talante" bueno elude la poltica no menos que el malo: aparte la inaplicabilidad de la propuesta (si apenas sabemos ya quin representa a las "naciones", quines seran los interlocutores de las "civilizaciones"?), el parlamento de Zapatero ante la ONU acab, no por casualidad, con unas declaraciones que casi nadie ha comentado y que demuestran hasta qu punto la lgica, una vez sobre ruedas, nos desliza inevitablemente del buen talante al colaboracionismo imperial: "El terrorismo no tiene justificacin. No tiene justificacin, como no la tiene la peste, pero como ocurre con la peste, se puede y se deben conocer sus races, se puede y se debe pensar racionalmente cmo se produce, cmo crece, para combatirlo racionalmente". Reducido a un problema sanitario -una vez ms el virus, la bacteria, el chinche del que hay que desinfectar el mundo-, el "terrorismo" debe ser estudiado a la luz de la Razn, mediante los instrumentos de nuestra ciencia superior, en el marco de una campaa higienista en la que el conocimiento refuerza la eficacia de la desinfeccin. No es esto una aznarada en toda regla? No encaja perfectamente en la Doctrina Bush? El concepto de Civilizacin naci a mediados del siglo XVIII, al hilo de la expansin colonial europea, para "liberar" los pases que antes haba que destruir y saquear: como bien recuerda Jean Starobinski, vino a reemplazar y prolongar el discurso evangelizador de los misioneros de la Cristiandad. "Civilizacin", derivado perverso del "cives" y la "civitas" romanas, traduccin al latn de la "polis" y la "politeia" griegas, es la inversin y negacin paradjica de la "poltica": de lo que se trata es de negar al otro la condicin humana, de retirar a los explotados el derecho a la ciudadana y de evitar por todos los medios el anlisis y la accin polticas, que podran iluminar nuestra responsabilidad en esta carnicera.

Teologa laica o teologa religiosa, teologa laica contra teologa religiosa, toda la estrategia del nuevo colonialismo pasa precisamente por impedir el uso de categoras polticas. Lo estamos viendo en Iraq: incluso si Ben Laden y Al-Zarqawui existieran, si realmente existieran como agentes independientes, su funcionalidad performativa debera mantenernos muy alerta. La condicin del xito estadounidense es que no haya poltica en Iraq, que no haya poltica en el mundo, y para ello est dispuesto a dejar el suelo, como Atila, sin una brizna de hierba. Por eso hay que recordar una vez ms que la resistencia frente a la Ocupacin es tanto legtima como legal y que debe inscribirse, no en el seno de una confrontacin de civilizaciones, sino de un combate poltico por la independencia y la autodeterminacin. Cada vez que olvidamos esto, de este lado o del otro -donde el peligro es mayor y la frustracin ya secular-, tanto ms aumenta la amenaza muy real de que el siglo XXI desemboque de nuevo en el ao I de la Prehistoria.




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter