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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-06-2009

Un milln desafa prohibicin y marcha en apoyo a Musavi

Robert Fisk
La Jornada / The Independent

Milicianos de Basiji disparan a la multitud; al menos seis muertos, cinco en campus de Tehern. El ayatola Ali Jamenei acepta investigar los resultados de la impugnada eleccin presidencial


Fue el da del destino en Irn, y el da del valor. Un milln de sus pobladores marcharon de la plaza Engelob a la plaza Azadi de la Plaza de la Revolucin a la Plaza de la Libertad, bajo la mirada de la brutal polica antimotines de Tehern. Las multitudes cantaban, gritaban, rean y lanzaban ofensas a su presidente, llamndolo polvo.

Mirhosein Musavi estaba entre ellos, viajando en el toldo de un vehculo, entre el humo del escape y el calor, sin sonrer, asombrado, sin dar crdito a que una demostracin tan pica pudiera florecer entre la desesperanza del bao de sangre que sucedi a la eleccin en Irn. Tal vez perdi los comicios del viernes segn las cifras oficiales, pero este lunes fue su desfile de la victoria electoral en las calles de su capital. Termin, como era inevitable, entre sangre y disparos.

Jams desde 1979 la revolucin iran haba acumulado manifestantes en nmero semejante, o con popularidad tan abrumadora, por los bulevares de esta ciudad trrida y desesperante. Se abran paso a codazos, se empujaban y arremolinaban por calles estrechas para llegar a la avenida principal, y luego se encontraron con antimotines de cascos de acero y garrotes alineados a cada lado. No les hicieron caso. Y los policas, horriblemente rebasados en nmero por estas decenas de miles, sonrieron con mansedumbre e hicieron con gran asombro nuestro seales afirmativas a los hombres y mujeres que exigan libertad. Quin hubiera credo que el gobierno haba prohibido esta marcha?

Asesinan a cinco en universidad

La valenta de los manifestantes era an ms pasmosa porque muchos ya se haban enterado de la salvaje matanza de cinco iranes en el campus de la Universidad de Tehern, abatidos, segn alumnos, por integrantes de la milicia estudiantil Basiji (partidarios del presidente). Cuando llegu a la entrada de la universidad, la maana de este lunes, muchos estudiantes sollozaban detrs de la reja de hierro, lanzaban gritos de masacre y extendan un pao negro sobre los barrotes. Fue entonces cuando los antimotines regresaron y volvieron a invadir los terrenos universitarios.

Por momentos, la marcha de la victoria de Musavi amenazaba con aplastarnos entre murallas de hombres y mujeres que cantaban. Caan sobre rejillas para el agua de lluvia, tropezaban con rboles cados y trataban de mantenerse al paso del vehculo del candidato, de cuyo frente colgaban vastos pendones de lino verde. Cantaban al unsono, una y otra vez, las mismas palabras: Tanques, armas, Basiji, ya no tienes efecto. Mientras los helicpteros del gobierno rugan en lo alto, esos miles miraban hacia arriba y aullaban por encima del matraqueo de las hlices: Dnde est mi voto? En das titnicos acuden a la mente con facilidad los lugares comunes, pero aquello era sin duda un momento histrico.

Servira para cambiar la arrogancia del poder que Mahmud Ahmadinejad demostr en forma tan precipitada apenas un da antes, cuando invit a los opositores se informaba de enormes multitudes que protestaban en las calles de otras ciudades iranes a ser sus amigos, mientras lanzaba la ominosa advertencia de que Musavi se haba pasado la luz roja?

Ahmadinejad afirm haber obtenido un triunfo de 66 por ciento en las urnas, concediendo a Musavi un escaso 33 por ciento. No es extrao que las multitudes de este lunes tambin corearan y quiero decir que efectivamente cantaban a coro: Nos robaron el voto y ahora lo usan contra nosotros.

Un polvo pesado y benvolo cay sobre nosotros cuando avanzamos por la gran avenida hacia la amedrentadora pirmide de concreto que el sha construy en honor de su padre y que los revolucionarios de 1979 rebautizaron como Plaza de la Libertad. Detrs de nosotros, entre los marchistas que se disgregaban, comenzaron a caer piedras en el camino mientras los basiji ponan sitio a la Universidad Sharif (parece que tienen algo en contra de las instituciones de educacin superior en estos das) y un hombre se derrumb al suelo con el rostro baado en sangre. Pero la gran masa de gente continu avanzando, ondeando sus banderas verdes y lanzando gritos de jbilo a los miles de iranes que observaban desde las azoteas.

A la derecha, todos vieron un asilo a cuyo balcn acudieron los ancianos, algunos baldados, que deban de recordar el reinado del odiado sha, tal vez incluso el de su perverso padre, Reza Khan. Una mujer que deba de tener 90 aos onde un pauelo verde, y un hombre an ms viejo que ella sali al estrecho balcn y agit su muleta en el aire. Miles respondieron al gesto con alaridos de euforia.

Mientras caminbamos en este vasto diluvio de humanidad, una extraa temeridad se apoder de nosotros. Quin se atrevera a atacarnos ahora? Qu gobierno podra negar una multitud de este tamao y determinacin? Peligrosas preguntas.

Hacia el crepsculo, los basiji eran perseguidos por cientos de manifestantes en el oeste de la ciudad, pero al caer la noche comenzaron a orse disparos en los suburbios. Los que tardaron demasiado en salir de Azadi fueron alcanzados por las armas de los basiji. Un muerto, miles presas del pnico, escuchamos detrs de nosotros.

Luego de cada da soleado viene por lo regular una peligrosa oscuridad, la cual tal vez fue prefigurada por la extraa nube gris que se cerni sobre nosotros cuando nos acercbamos a la plaza Azadi la tarde de este lunes. Muchos de los miles que me rodeaban la notaron y, quemados por el sol de la tarde, parecieron caminar ms rpido para acogerse a su sombra. Luego rompi en lluvia y nos empap. Existe una dbil estacin lluviosa a mediados del verano en Tehern, pero lleg antes de tiempo, con la luz describiendo un arco entre las nubes como el horizonte en una pintura bblica.

Moin, estudiante de ingeniera qumica en la Universidad de Tehern el mismo campus en el que se haba derramado sangre apenas unas horas antes, caminaba a mi lado y cantaba en persa bajo la lluvia. Le ped que me tradujera.

Es un poema de Sorba Sepehri, uno de nuestros poetas modernos, explic. Sera verdad?, me pregunt. De veras cantan poemas en Tehern mientras intentan cambiar la historia? He aqu lo que cantaba:

Debemos ir bajo la lluvia.

Debemos lavarnos los ojos

Y mirar al mundo en forma diferente.

Nos sonri a m y a dos amigos estudiantes que lo acompaaban. El verso siguiente se refiere a hacer el amor a una mujer bajo la lluvia, pero no parece muy apropiado aqu.

Estuvimos de acuerdo. Nos dolan los pies. Todava tropezbamos con tapas de atarjeas y con bordes de aceras ocultos bajo los pies de los hombres y los velos de las mujeres. Porque no slo estaban aqu las damas jvenes del norte de la ciudad, que visten a la moda y llevan lentes oscuros: tambin marchaban las mujeres pobres, las que trabajan en las calles y las seoras de mediana edad con el chador completo. Algunas, muy pocas, llevaban bebs a hombros o nios del brazo, y les hablaban de cuando en cuando, tratando de explicar la significacin de este da a mentes que no recordarn en los aos por venir que estuvieron aqu en el da de das.

El vasto monumento Azadi apareci a travs de la luz gris como una nave espacial habamos caminado ms de seis kilmetros, y Moin y sus amigos pasaron una hora escurrindose entre una masa humana tan compacta que estuvo a punto de aplastarme el pecho. Hace mucho tiempo, el sha construy un montculo alrededor del monumento y lo cubri de csped. Subimos trabajosamente a l y ah, de pronto, nos sorprendi la naturaleza de todo este acto. Los lectores que han visto la pelcula Atonement recordarn la escena en la que el hroe, un soldado britnico, trepa a una duna y de pronto observa a miles de camaradas en las playas de Dunquerque. La escena que contemplamos no era menos portentosa.

En la gran zona de hierba y concreto que rodea el monumento haba millares de almas que se movan, se mecan y cantaban bajo la nueva luz surgida tras la lluvia. Deban de ser por lo menos un milln y aqu uno se esfuerza por conjurar una metfora eran como un gran animal, una bestia enorme que se levantaba, que resoplaba, ruga y se mova con torpeza bajo esa monstruosa flecha de concreto. Moin y sus amigos se acostaron en la hierba, fumando cigarrillos. Se preguntaron unos a otros si el lder supremo entendera lo que este acto significaba para Irn. Tiene que realizar nuevas elecciones, le dijo a Moin uno de sus amigos.

Se volvieron a mirarme. No le pregunten a un extranjero, dije. Porque no estoy muy seguro de que los padres de la revolucin de 1979 miren con tanta benevolencia esta evidente demanda de libertad.

Cierto, el ayatola Ali Jamenei, el lder supremo qu anticuado pareca el ttulo este lunes, haba accedido a investigar los resultados de la eleccin, tal vez para revisar una estadstica o dos. Pero Ahmadinejad, pese a su mente obtusa y a su sonrisa perenne, es un tipo rudo, en un rudo entorno clerical. Su glorioso predecesor, el hojatoleslam Mohamed Khatami, estaba en algn lugar entre la muchedumbre, junto con Musavi y la esposa de ste, Zahra Rahnavard, pero no podan proteger a esta gente.

El gobierno no es cuestin de chicos buenos y malos. Es cuestin de poder, de poder estatal y poltico no es lo mismo y, a menos que esos policas de sonrisas vacas se pasen a la oposicin, las armas de la repblica islamica permanecen en manos del gobierno de Ahmadinejad y sus protectores espirituales. Como, a no dudarlo, lo veremos pronto.

The Independent

Traduccin: Jorge Anaya

http://www.jornada.unam.mx/2009/06/16/index.php?section=mundo&article=022n1mun



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