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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-06-2009

Irn: crisis poselectoral

Editorial de La Jornada
La Jornada


Por tercer da consecutivo, las calles de Tehern, capital de Irn, se poblaron con decenas de miles de personas que protestaron en contra de un supuesto fraude durante las elecciones del viernes pasado, en las que el actual presidente Mahmoud Ahmadinejad obtuvo, segn cifras oficiales, 66 por ciento de los sufragios. Estas movilizaciones las ms numerosas que ocurren en ese pas en las ltimas tres dcadas, desde la Revolucin Islmica de 1979 culminaron ayer con escenarios de violencia alarmantes, que dejaron decenas de detenidos y al menos un muerto. La crispacin social ha llegado a tal nivel que el propio el presidente Ahmadinejad se ha visto obligado a posponer viajes de trabajo al extranjero, mientras el lder supremo de Irn, el ayatola Al Jamenei, quien en un principio aval los resultados, ha pedido al Consejo de Guardianes de la Revolucin Islmica que investiguen las acusaciones de fraude, al tiempo que ha exhortado al candidato opositor, Mirhosein Musavi, quien encabeza las protestas a conducir sus reclamos por la va legal.

La postura de la comunidad internacional frente a estos acontecimientos no se ha hecho esperar. El secretario general de la Organizacin de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, pidi ayer respeto para la voluntad genuina del pueblo iran. En tanto, el ministro espaol de Asuntos Exteriores, Miguel Morantinos, seal que los pases miembros de la Unin Europea han aprobado un resolutivo en el que se solicita a Irn esclarecer y transparentar los comicios. Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, manifest sentirse profundamente preocupado por los sucesos de violencia que se viven en Irn y pidi respetar el deseo y los derechos fundamentales de los ciudadanos de la repblica islmica; no obstante, el mandatario advirti que corresponde a Irn decidir cmo elige a sus lderes y asegur que Estados Unidos no intervendr en la poltica interna iran.

Ciertamente, no dejan de ser sorprendentes los resultados de las elecciones iranes del viernes pasado que colocan al actual mandatario con una ventaja prcticamente de dos votos a uno sobre su contendiente ms cercano, sobre todo a la luz de la informacin de encuestas y sondeos que sugeran un equilibrio de fuerzas entre Ahmadinejad y Musavi tal que habra hecho obligada una segunda vuelta electoral.

Esta consideracin por s sola no desacredita los comicios celebrados el viernes pasado en territorio persa, pero s pone en perspectiva la pertinencia y la necesidad de transparentar la eleccin y de dotar de certeza a una ciudadana que asisti a sufragar con gran entusiasmo (la participacin electoral ascendi a ms de 80 por ciento del electorado). A lo anterior debe aadirse el hecho de que las protestas ocurridas en ese pas en los ltimos das dan cuenta de un descontento social de tal profundidad que pudiera resultar problemtico, no slo para el actual gobierno iran, sino tambin para el rgimen teocrtico de esa nacin, y que abona, por tanto, a la necesidad del esclarecimiento, as sea para evitar escenarios maysculos de inestabilidad poltica y social.

Por lo dems, cabe advertir que, como dijo ayer mismo el presidente Barack Obama, la solucin a la coyuntura que vive Irn pasa nica y exclusivamente por las decisiones y los acuerdos que logren los habitantes de ese pas y sus dirigentes, y que, en consecuencia, es imprescindible que tanto Washington como el resto de las potencias occidentales y los aliados de stas que, como Israel, mantienen serias diferencias con el rgimen de Tehern se mantengan al margen del conflicto poselectoral iran. No es ningn secreto que Ahmadinejad representa a los sectores ms reaccionarios y autoritarios de la revolucin islmica; que incluso ha llegado a extremos discursivos lamentables y condenables como sostener que en Irn no hay homosexuales, o instar a que Israel sea borrado del mapa, y que se ha vuelto en aos recientes uno de los villanos favoritos de Occidente: esto ltimo se ha reflejado en una poltica de hostigamiento emprendida por el gobierno de Washington en contra del de Tehern desde 2002, en el que se le ha instado a abandonar sus programas nucleares y se le ha acusado de patrocinar terroristas. Todo ello, sin embargo, no debe servir de pretexto para que naciones extranjeras intervengan en una crisis cuya solucin corresponde nica y exclusivamente a la sociedad persa.

Es alentadora, al respecto, la posicin asumida por el mandatario estadunidense, en concordancia con el acento moderado de la poltica exterior que su administracin ha practicado de enero a la fecha y que ha estado orientada, entre otras cosas, a lograr un acercamiento con la Repblica Islmica de Irn. Cabe esperar, en suma, que el resto de las naciones occidentales acten con la sensatez y la responsabilidad correspondientes y que contribuyan con ello a que el conflicto iran se solucione por cauces pacficos.

http://www.jornada.unam.mx/2009/06/16/index.php?section=opinion&article=002a1edi



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