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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-06-2009

Crtica de la Objecin Fiscal

Ricardo Rodrguez
Rebelin


1.

Todo el mundo sabe que la primavera acostumbra a traer la floracin de los jardines, los calores del amor y la obligacin de presentar la declaracin de la renta, cosas todas ellas que excitan por igual, aunque en zonas ergenas diferentes. Hace ya unos cuantos aos que tambin por estas fechas suelen algunas organizaciones sociales difundir sus campaas en pro de la llamada objecin fiscal, de manera simultnea a la tenaz propaganda clerical para que los buenos catlicos marquen la casilla correspondiente a la Iglesia catlica. La comparacin no es ociosa, porque veremos que unas y otra campaa se asientan sobre la misma concepcin fiscal, una concepcin a mi juicio alarmantemente reaccionaria, por ms que se vista, aun con la mejor voluntad del mundo, de las ms altruistas y nobles intenciones.

La forma en que se trata de estimular a la ciudadana para que objete fiscalmente y el mtodo que se propone para hacerlo pueden variar en algunos detalles, dependiendo de la organizacin o la plataforma social de que se trate, pero siempre se repiten unos rasgos elementales. Se denuncia la manifiesta e indiscutible injusticia de que el Estado dedique cada vez menos recursos al sostenimiento de los servicios pblicos bsicos de sanidad o de educacin, o a la ayuda a las capas sociales ms desfavorecidas, invirtiendo en cambio cantidades desorbitadas en armamento, en industrias muy contaminantes o en cualquier otro fin daino para la comunidad. La ms extendida es la objecin fiscal que se justifica como protesta por los gastos militares, pero no es la nica posibilidad. Este ao, por ejemplo, cobra particular relevancia la oposicin a la transferencia de miles de millones de dinero pblico a los bancos y al sector inmobiliario, entre otros causantes principales de la crisis, lo que, sin duda alguna, constituye una obscenidad.

La objecin se concreta en dejar de ingresar, en el momento de presentar la declaracin de IRPF, una cantidad de dinero determinada que con anterioridad se habr entregado a alguna organizacin social que luche por la paz, por la justicia social o por la conservacin de la naturaleza. La cuanta suele ser pequea, fija, calculada por un porcentaje de la cuota o decidida libremente por el objetor. Como cantidad fija se vienen proponiendo 84 euros, con los que se quiere simbolizar los 84 pases ms empobrecidos del planeta. Y la opcin del porcentaje de la cuota es singularmente cmica, porque supone que por lo general se librar de pagar a Hacienda ms dinero quien ms ingresos tiene, o visto de otra forma, que el derecho a objetar crece en proporcin con la riqueza del contribuyente. Extraa nocin de la justicia fiscal para ser avalada por grupos de izquierdas.

La frmula ms comn para reflejar esta mengua en nuestra declaracin consiste en consignarla sin ms en la casilla en blanco de cualquier deduccin o restarla a la cuota. De una u otra forma, como lo que se persigue es expresar una protesta, ha de ser lo suficientemente visible, no estar camuflada en concepto alguno que pudiera pasarse por alto con facilidad. Se recomienda por ello mismo que se dirija a la Administracin de la Agencia Tributaria un escrito explicativo, reclamando que el dinero por nosotros restado de nuestra liquidacin se reduzca de los gastos militares (o de las centrales nucleares o de las ayudas pblicas a la banca o de todo a la vez), as como que se adjunte una copia del justificante de nuestra aportacin a la organizacin o proyecto social que hubisemos elegido.

Quede claro que comparto de corazn la idea de luchar para que los fondos pblicos se destinen a garantizar servicios sociales de calidad a toda la ciudadana y por reducir las desigualdades y combatir la injusticia. Las preguntas a resolver son si la objecin fiscal ayuda a tal fin, en la medida que sea, y si no tiene, en cambio, otras consecuencias incluso contrarias a las perseguidas.

Tras presentar nuestra declaracin de la renta con su correspondiente acto cvico de objecin, pueden ocurrir dos cosas. Es previsible que la Agencia Tributaria emita una declaracin paralela y nos cobre lo que dejamos de ingresar. Para esta eventualidad, los promotores de la objecin nos piden que recurramos hasta el final, con el propsito de convertir cada escrito de recurso en un nuevo acto de protesta (protesta, eso s, que parar en las manos de un funcionario pblico al que normalmente nuestros anhelos de justicia social no le darn ni fro ni calor, y que se limitar a desestimar nuestras pretensiones segn el procedimiento estipulado). Sera conveniente que se aclarase a los potenciales objetores de buena fe que cuanto ms lejos lleguen con sus escritos de recurso ms dinero van a pagar. Sobre todo, si se tiene presente que las organizaciones sociales defensoras de la objecin fiscal se suelen incluir ellas mismas entre las beneficiarias del dinero detrado al fisco y que es obligado observar una mnima honestidad con nuestros proveedores. De cualquier manera, en el mejor de los casos se nos cobrar la deuda ms los intereses de demora. Aunque hay que saber que, habiendo manifestado nosotros la voluntad inequvoca de no ingresar una parte del impuesto, a sabiendas de que legalmente hemos de hacerlo, la Ley General Tributaria ofrece cobertura para sancionar el incumplimiento, sin ningn gnero de dudas. Otra cosa es que usualmente no se haga.

Ocurre en no pocas ocasiones, no obstante, que la Agencia Tributaria no nos hace ninguna reclamacin. En algn artculo favorable a la objecin publicado recientemente he ledo la piadosa explicacin de que el motivo de tal indulgencia puede ser que no se detecte el menor ingreso, la desidia administrativa o incluso la complicidad. En realidad, no funcionan as las cosas. En la prctica totalidad de las declaraciones, la falta de ingreso es detectada por el sistema informtico (salvo que se escabulla en desgravaciones que no se comprueban no habiendo indicio de irregularidad, prctica que sera contradictoria con la intencin de usar la objecin fiscal como denuncia pblica). Y si una vez detectada no se cobra es, o bien porque la deuda es tan exigua que resulta mayor el coste del procedimiento administrativo para instar el pago, o bien porque, dada la creciente escasez de personal, las oficinas de la Agencia Tributaria se concentran en las deudas mayores. Siento, por lo dems, defraudar la confianza en la existencia de funcionarios solidarios con nuestra causa, pero me cuesta imaginar que haya muchos dispuestos a arriesgar su trabajo pasando por alto procedimientos que estn estrictamente reglamentados, sobre los que cada decisin queda registrada con claves informticas personales y que cuentan con multitud de controles, amn de ser auditados con relativa frecuencia.

Por un motivo o por otro, a menudo nos saldremos con la nuestra y pagaremos de menos a Hacienda. Qu habremos conseguido con ello? Solamente reducir, mucho o poco, el volumen de los ingresos pblicos del Estado. Desde luego, el gobierno destinar la suma de lo recaudado a los gastos que decida, y no a lo que los objetores le reclamen, y, de tener que reducir alguna partida, lo har en la que le parezca bien. Un gobierno que realice una poltica econmica conservadora y, francamente, yo no espero otro tipo de gobierno, al menos en los aos prximos-, tender a sacrificar justamente los gastos sociales y, en cualquier caso, cumplir siempre sus compromisos con el ejrcito, con la OTAN, con las grandes empresas y con la banca. Si para hacerlo tiene que sacrificar gastos en la sanidad o la educacin, lo har. De manera que nuestra bienintencionada objecin fiscal, de ser exitosa, podran notarla las capas sociales ms desprotegidas por el empeoramiento de los servicios pblicos. Nosotros habremos dado nuestro dinero a comprometidas organizaciones sociales, es cierto. Pero stas, por muy diligentes que sean, constituirn siempre una red asistencial privada. Es decir que podemos estar provocando un traspaso de recursos de servicios pblicos universales y gratuitos a entidades privadas. Es una forma ms de privatizar o, dicho con otras palabras, de transformar el ejercicio de derechos, que hemos de exigir que presten los poderes pblicos, en caridad dependiente de los buenos samaritanos. James Petras nos ha obsequiado con unos cuantos excelentes textos al respecto, no muy del gusto, claro, de ciertas ONG.

2.

Cabra pensar, sin embargo, que, aunque la objecin fiscal carezca de efecto alguno sobre los ingresos y los gastos pblicos o incluso lo tenga ligeramente indeseable, pueda en compensacin desatar un eco social de rebelda contra las patentes injusticias del Estado capitalista. Pero el examen de los resultados de todas las campaas de objecin fiscal de los ltimos aos tendra que haber desengaado ya a sus instigadores en este punto. Nadie se hubiese enterado de que tales campaas se llevan a cabo si no es por la publicidad que a las mismas dan las organizaciones sociales promotoras. Y, por supuesto, los escritos dirigidos a la Agencia Tributaria no tienen absolutamente ninguna repercusin. En general, los funcionarios de turno van a prescindir de cualquier argumentacin de naturaleza poltica al resolver los recursos; si acaso, la recordarn dentro del anecdotario de su trabajo. La visin mtica de docenas de altos cargos de la Administracin aterrorizados por el valor ejemplarizante de la insumisin fiscal es una puerilidad que nada tiene que ver con el mundo real.

Ahora bien, si el mero ejercicio de la objecin fiscal no alcanza significacin ni de manera simblica, la propagacin de las campaas s puede alimentar entre la ciudadana una visin de los tributos de sorprendentes resonancias neoliberales.

Para empezar, tendramos que cuestionarnos si es muy de izquierdas, o siquiera progresista, reclamar el derecho de cada ciudadano a decidir individualmente qu ha de hacer el Estado con lo que ingresa de sus impuestos. Por ir an ms lejos: si nos figursemos una sociedad que hubiese superado el capitalismo socialista, comunista o libertaria-, proclamaramos como derecho de cada persona el de dictar a la comunidad qu destino dar a su aportacin particular? De qu demonios se habla entonces cuando se alude al objetivo de hacer a cada ciudadano dueo de su Impuesto de la Renta? En qu ndole de democracia econmica estamos pensando, en la misma que Milton Friedman y Hayek? No se trataba de la gestin colectiva de la riqueza de toda la sociedad? O es que soy yo un antiguo? Qu grado ha alcanzado la destruccin del pensamiento econmico de la izquierda para que acerca de estos asuntos persista ni un atisbo de duda?

En el fondo, el fundamento sobre el que los partidarios de la objecin alzan sus pretensiones es el mismo que sirve a la Iglesia catlica para reclamar del Estado un bocado del IRPF, tal como qued dicho al principio. La Conferencia Episcopal y el Estado confesional espaol ofrecen a los ciudadanos ms fervientes la posibilidad de que, en conciencia, destinen un porcentaje de su contribucin fiscal a la impagable labor pastoral de don Rouco Varela. Y los partidarios de la objecin reclaman que idntica posibilidad exista para los antimilitaristas o para aquellos a los que les repugna el saqueo del pas a manos de los banqueros. En los dos ltimos grupos me incluyo. El problema es que, cuando alguien reivindica un derecho poltico con carcter universal, debe contar con que no todos los ciudadanos van a hacer el mismo uso de l y admitir, a pesar de ello, que cualquier uso ser legtimo. Muchos objetaremos a los gastos militares y entregaremos nuestra porcin de ahorros a organizaciones progresistas, y otros los querrn sustraer de lo que invierta la sanidad pblica en practicar abortos con dignidad y seguridad para las mujeres o del subsidio del desempleo, o incluso desearn que los gastos militares se incrementen, ya que a fin de cuentas el patriotismo tambin puede ser tenido por asunto de conciencia. Quin decidir y con qu criterio hasta dnde llega la conciencia de cada uno? Y siendo Emilio Botn tan ciudadano como nosotros, habr que concederle su derecho correspondiente a objetar y hasta, si decide hacerlo con la frmula de un porcentaje de su cuota fiscal, tolerar que su derecho sea infinitamente ms voluminoso que el de su jardinero.

En coherencia con el individualismo del modelo de sociedad que subyace en la aceptacin de la objecin fiscal, est el individualismo de la objecin como medida reivindicativa de que el derecho a objetar se reconozca por la Ley. Los medios se ajustan con fidelidad al fin propuesto en este caso, tal como gustaba que sucediera a los primeros jesuitas. Quiero decir que, en la actual configuracin del IRPF en nuestro pas, la objecin fiscal como protesta slo puede ser un acto eminentemente individual y adems de elite, o cuando menos no igual para todos.

Se parte de la ficcin de que pagamos nuestro Impuesto de la Renta en el momento de presentar la declaracin, y no es as. En realidad, en los meses de mayo y junio lo nico que hacemos es aportar a la Hacienda Pblica un balance final de lo que hemos ido pagando a lo largo del ao anterior por el conjunto de nuestras rentas. Los trabajadores asalariados habrn pagado su impuesto cada mes con la retencin que se les ha ido practicando en nmina. Y los pequeos empresarios y profesionales obligados a efectuar pagos trimestrales a cuenta lo habrn hecho en la autoliquidacin de cada periodo. Es realmente difcil practicar la objecin fiscal si a uno la declaracin le sale a devolver; pero que le salga a devolver no significa que no haya pagado su IRPF, sino que en el balance final que aporta a la Hacienda Pblica resulta que haba ingresado de ms y pide que se le restituya la cantidad sobrante. Si ni siquiera est uno obligado a declarar y no tiene tampoco derecho a devolucin -situacin en la que se encuentran cada ao miles de ciudadanos, casualmente los de menores ingresos-, la objecin ya es del todo imposible, a pesar de que, como en el caso anterior, uno habr pagado tambin religiosamente su impuesto. Por no hablar de los ciudadanos y ciudadanas ms pobres, parados, pensionistas, marginados sociales cuyos ingresos, o absoluta falta de ellos, no les dan ni para que tengan retenciones del impuesto, que no pagan por IRPF, pero s otros muchos impuestos al consumo bastante ms injustos que el de la Renta, cada vez que compran el pan, suben al autobs o se comen una sopa que no les haya regalado la beneficencia.

Todos estos miles de personas quedan pues excluidos de la posibilidad de objetar fiscalmente. Es decir, hablamos de un derecho que podrn ejercer con todas las facilidades los empresarios, individuales o societarios, y al que les resultar muy difcil acceder, si no imposible, a los trabajadores asalariados, los pensionistas y los parados. En los viejos tiempos, a un derecho de esta naturaleza se le llamaba privilegio. Vamos a creernos la sinceridad de las organizaciones sociales que reivindican el derecho a objetar, pero lo cierto es que lo que piden es una opcin fiscal de la que podran disfrutar principalmente las clases sociales ms altas, a las que yo no encuentro muy entusiasmadas con la paz mundial ni partidarias de la reduccin de los gastos militares, o furiosas por las inyecciones de dinero pblico a la banca.

En ciertos folletos explicativos de los promotores de la objecin se trata de resolver el problema con la curiosa sugerencia de que quienes no presentan declaracin de la renta enven no obstante escritos pidiendo el reconocimiento del derecho a objetar. Muy elegante: que los pobres se solidaricen con nuestra accin fiscal responsable de pacficos ciudadanos de clase media. Tambin les podran proponer que, con todo, colaborasen en sufragar los intereses de demora si la Agencia Tributaria nos reclama el ingreso. Para que se sientan ms realizados, vaya.

Es muy significativo, por lo dems, que la objecin se proponga casualmente sobre el IRPF, uno de los pocos tributos de nuestro pas ya casi el nico-, que conserva algn rastro de progresividad, si bien cada vez ms exiguo por las sucesivas contrarreformas fiscales aprobadas en estas dos dcadas tanto por los gobiernos del PP como por los del PSOE. Al menos desde que Marx y Engels incluyeron la exigencia de fuertes impuestos progresivos como una de las diez grandes propuestas para la transformacin social en el Manifiesto comunista, el movimiento obrero sola otorgar gran importancia a la existencia de altos y muy progresivos impuestos de la renta para alcanzar la justicia social.

Por qu no, por ejemplo, una movilizacin social en contra del pago del IVA en la compra alimentos y otros artculos de primera necesidad? Por qu no buscar la solidaridad de pequeos comerciantes para realizar actos simblicos de venta sin IVA? Hace como un siglo que Rosa Luxemburgo escribi, en su obra La acumulacin de capital, un conciso pero visionario captulo en el que probaba la relacin econmica y social de los aumentos de los impuestos indirectos y al consumo con el militarismo. El incremento artificial de los precios que provocaran los tributos al consumo causara un desvo de recursos productivos hacia un sector, el militar, en el que el gran capital poda resolver sus problemas de carencia de mercados garantizndose la demanda por decisin poltica del Estado y transformando la guerra, en s misma, en terreno especfico de acumulacin. Rosa Luxemburgo ofreci datos que hacan sospechar que esto estaba sucediendo en los aos inmediatamente anteriores al estallido de la Primera Guerra mundial. Tal vez no estara de ms reflexionar sobre las contrarreformas fiscales y las guerras actuales y ver si podemos hacer algo al respecto, en caso de que queramos que, como antimilitaristas, se nos tome en serio.

3.

Voy a reconocer para finalizar que hasta por temperamento soy muy escptico con las propuestas de lo que se llama objecin de conciencia. Nunca me he planteado como fin principal de mi accin social tranquilizar mi conciencia sino cambiar la realidad para que sea menos odiosa. No quiero que me dejen al margen de las injusticias, sino que las injusticias no se cometan. No pienso hacerme a un lado mientras siga vivo. No aspiro a que lo que pague de mi Impuesto de la Renta no vaya a gastos militares o a ayudar a banqueros y especuladores, sino que no se aumenten los gastos militares y no se concedan ayudas pblicas a banqueros y especuladores. Y tampoco persigo una sociedad en la que yo tenga derecho a decidir el destino de mis aportaciones a la comunidad. Mi ideal es la sociedad en la que todas y todos los que creamos la riqueza comn decidamos colectivamente cmo gestionarla, para hacer verdad el principio de que cada cual aporte en la medida de su capacidad y cada quien reciba segn su necesidad. Lo que slo ser viable si se acaba con el capitalismo, claro, y si el Estado capitalista como tal se transforma en una red de consejos populares que posibiliten que cada decisin pblica sea adoptada de manera democrtica y libre por la totalidad de la ciudadana.

Quienes compartimos un ideal semejante, hoy desde luego remoto, tendramos que convenir al menos en que las acciones que emprendamos para alcanzarlo han de ser esencialmente colectivas y caminar hacia l y no en sentido opuesto.

En la lucha cotidiana las formas de intervencin pueden ser muchas. Con el simple acto de juntar a medio centenar de personas en la Delegacin de la Agencia Tributaria de Madrid el primer da de la campaa de la Renta para protestar contra las guerras y la complicidad del Estado con los saqueadores del pas se puede lograr aparecer en todas las televisiones y alcanzar un impacto en la opinin pblica muy superior al de todas las campaas de objecin fiscal. En ocasiones se ha hecho. De manera ms profunda y estable, no sobrara la organizacin de un movimiento ciudadano para exigir un sistema fiscal justo y progresivo, lo que es incluso un principio reconocido en el articulo 31 de la Constitucin de 1978, pertinazmente incumplido como todos los dems que no convienen a los dueos de la patria. No es tan difcil explicar a la ciudadana la intolerable injusticia que supone un Impuesto de la Renta dual, en el que se paga mucho ms por los ingresos provenientes del trabajo que por los ingresos del capital, o cmo se ha ido menguando a marchas forzadas la progresividad del tributo en los ltimos lustros. Hay que denunciar a quin benefician la supresin del Impuesto de Patrimonio y las rebajas constantes del Impuesto de Sociedades, y desenmascarar a la patronal de las inmobiliarias, que de nuevo solicitan la elevacin de tipos del IVA. Propendemos a pensar que los impuestos son una materia en exceso rida para organizar movilizaciones sociales en torno a ella, a pesar de que constituyen la espina dorsal que sostiene el conjunto de servicios sociales ante cuya privatizacin nos rebelamos con razn.

Entre las acciones de lucha puede caber en ocasiones, por supuesto, la negativa cvica a pagar ciertos impuestos, bien porque sean injustos o bien porque en situaciones extremas decidamos romper con cualquier ndole de colaboracin con el Estado y arrostrar el riesgo de recibir el castigo correspondiente. En esto ltimo consiste la verdadera desobediencia civil, que no deberamos nunca trivializar, porque es algo demasiado serio. Cuenta el novelista Norman Mailer en su libro Los ejrcitos de la noche que, dentro del movimiento social opuesto a la guerra de Vietnam en Estados Unidos, se incluy, como gesto de desobediencia solidario con la quema de cartillas militares por los reclutas, el impago de impuestos. La idea era retar al Estado y declararse en completa rebelda ante l hasta que saliera de Vietnam y dejara de asesinar a inocentes. En el sistema fiscal norteamericano, una accin tal puede ser muy visible porque, a diferencia del nuestro, en el que la Administracin pblica concentra sus medios en cobrar la deuda tributaria y la cuanta del delito fiscal es muy elevada, all la consecuencia de no pagar es ms a menudo acabar en la crcel. En cualquier caso, se trata siempre de actos de autntica insumisin fiscal, y no de mera objecin que incluso aspira a ser reconocida por el sistema de forma pacfica. Nada tiene que ver con un ridculo sucedneo al estilo del bandido Fendetestas de El bosque animado. No puede uno declamar contra el imperialismo y los crmenes masivos del sistema y a continuacin conformarse con sisar la calderilla del monedero.

Cuando ciertos ciudadanos han acometido actos radicales de resistencia civil, de honda significacin tica y poltica, han podido correr con los graves riesgos personales si exista un enrgico movimiento social organizado que los respaldaba e incluso tena fuerza suficiente para acobardar al poder. Es evidente que hoy no es ste el punto en el que se encuentran las sociedades occidentales, a pesar de que la indecencia y la dimensin de la rapia, en un pas con ms de cuatro millones de parados, tendra que dar como para que habitramos sobre un volcn social. No obstante, no por ello hemos de paralizarnos.

Cmo no hemos puesto an en marcha una amplia campaa para proponer a la gente que saque sus ahorros de los bancos? Algo que sera del todo legal, pero que hara tambalearse de verdad los pilares del sistema y que es probable que aturdiera a ms de uno aun en el caso de que no logrramos que nos hiciesen caso muchas personas de momento. Si de lo que se trata es de oponernos cvicamente con medidas efectivas a la entrega de miles de millones de dinero pblico a Botn, dejmosle claro al gobierno que el dinero que ellos les dan nosotros se lo vamos a retirar. Cmo no se han generalizado acciones de ocupacin de sucursales bancarias? En el encuentro de movimientos sociales celebrado en el ao 2006 en la Universidad Complutense de Madrid, el economista Fernando Urruticoechea propuso animar a los propietarios de viviendas a que las vendieran, para estimular la sustitucin de la vivienda en propiedad por el alquiler, pero tambin para provocar un desplome del mercado inmobiliario que desatascara por fin el tinglado econmico infernal y corrupto en que se revuelve nuestro capitalismo nacional. Si mi memoria no falla, fueron algunas de las organizaciones sociales que hoy hacen audaz apostolado de la objecin fiscal las que no vieron con ojos muy amables la iniciativa.

Hay muchas formas de oponerse a las iniquidades del mundo, muchas, salvo la de hacer de la necesidad virtud y ocultar nuestros fracasos bajo la versatilidad de la conciencia privada.



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